momentos convivium convite xuntanza celebración
Casi casi, un sagrado convite
Aquí estuvo a noche viendo con nosotros el partido. Se dejó invitar y quiso pagar una ronda. Durmió en el anticuerpo de la capilla en donde antaño dormían los gitanos y los caminantes sin hogar. Esta mañana vino a tomar café y se fue. Nos dio la impresión de ser un vagabundo que va a donde le lleve el viento. Paree vivir como las flores del campo, sin nada, a la intemperie. Habla con pasión de la paz. “Los que mandan en el mundo, a falta de liderazgo, quieren meternos a todos el miedo en el cuerpo para tener el mundo sometido, dominado, sus pies”, dijo. A pesar de haber hecho un trecho de camino con él y aunque sus silenciosas llamadas, como rumores de lejanías, la vida interior que borbollaba detrás de su mirada y bisbiseaba continua acción de gracias, me llamaron la atención, mi alma, el más triste de los encarcelados, cercada por un montón de preocupaciones y dilatados propósitos, no lo reconoció. ¿Sabéis hacía donde tiró? Aunque cualquier sitio es su sitio, dio a entender que la humanidad que pulula por los inmundos tugurios y tristes tabernas le interesa en primer lugar.
También te puede interesar
momentos convivium convite xuntanza celebración
Casi casi, un sagrado convite
recuerdos multitud verano encuentros
Multitud inmensa
fuego incendios negocios politica
La gestión de los incendios
incendios pactos leyes campesinos rurales
Una secretaria para cada oveja
Lo último
A propósito del despliegue religioso en la posesión de Abelardo de la Espriella
Cosas extrañas de un cristianismo de Estado