I Encuentro Diocesano de la Esperanza en Sevilla Luis Marín: "La participación dentro de la Iglesia es una exigencia del bautismo"
"Los cristianos no somos meros espectadores, ni ejecutivos de una empresa, somo profetas de un tiempo nuevo, guiados por los criterios del Evangelio que hemos asumido y hecho vida"
| Archisevilla
A lo largo de esta mañana, la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla, acoge el Encuentro Diocesano de la Esperanza, en el marco del Año Jubilar. Unas 400 persona han acudido a la convocatoria en representación de todos los sectores de la Iglesia diocesana.
La jornada, presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha comenzado a las diez y media de la mañana, con la oración inicial. Seguidamente ha tomado la palabra monseñor Luis Marín de San Martín, OSA, subsecretario del Sínodo, para pronunciar una ponencia titulada “Una Iglesia que peregrina con esperanza: comunión, participación y misión”.
Acontecimiento providencial
En palabras de monseñor Saiz “comenzamos este encuentro haciendo memoria agradecida de las gracias recibidas a lo largo de este año jubilar en el que toda la Archidiócesis ha peregrinado al corazón mismo de la fe, renovando el impulso vital de nuestra vida cristiana”.
En este sentido se refirió al Jubileo Peregrinos de la Esperanza “como un año de gracia, un momento providencial para renovar la fe, robustecer la esperanza cristiana y promover la unidad en un mundo herido por tensiones, incertidumbres y una creciente polarización”.
Kairós Sinodal
Monseñor Luis Marín inició su intervención dando las gracias por esta oportunidad “de reavivar la esperanza”, en el contexto del Encuentro Diocesano. Durante su intervención relacionó el proceso sinodal dentro de la Iglesia con la celebración del Año Jubilar que está a punto de finalizar. Reflexionó sobre la sociedad actual, marcada “por la tristeza y el pesimismo resignado que se va filtrando en todo”. Lo que va relacionado directamente con el crecimiento del negativismo, egoísmo y soledad”. Frente a estos rasgos “los cristianos debemos sentirnos llamados a la esperanza”.
Sobre la esperanza del cristiano, advirtió monseñor Marín que, “no se trata de la que proporciona el mundo, sino de aquella fundamentada en la fuerza del Espíritu, que nos une a Cristo y a la Iglesia en este momento de la historia”. Solo así “será posible el entusiasmo vocacional, el testimonio dinámico y creativo y las opciones de vanguardia”. En definitiva, “solamente así seremos creíbles”.
En este contexto dijo que «el Señor nos da todo, para que los cristianos demos todo. No solo basta dar, sino darnos, sin tener otra seguridad, nada más que Él». Dijo que esa es la clave de interpretación, «los cristianos no somos meros espectadores, ni ejecutivos de una empresa, somo profetas de un tiempo nuevo, guiados por los criterios del Evangelio que hemos asumido y hecho vida», lo que quiere decir «que comunicamos la esperanza que Cristo nos da».
Con contundencia, monseñor Marín, declaró que la esperanza tiene un nombre «Cristo y su promesa de vida eterna, Cristo resucitado». Para desarrollar este segundo punto llamado Kairós sinodad, se basó en la encíclica del papa Benedicto XVI, Spe Salvi. «Cristo resucitado está indisolublemente unido a la Iglesia. Cristo cabeza, la Iglesia el cuerpo, lo que san Agustín llama el Cristo total, Cristo resucitado».
Proceso sinodal
Sobre el proceso sinodal dentro de la Iglesia subrayó que «tiende directamente a la relación personal con Cristo», este proceso personal «nos lleva a asumir la propia vocación». Dijo que se trata «de un momento de esperanza enorme que nos lleva a una coherencia cristianos que nos lleva a dar testimonio en medio del mundo de hoy». Monseñor Marín ha subrayado que “la unión con Cristo-cabeza nos lleva a procurar la santidad en nuestra vida cristiana, el que se deja llevar por el Espíritu, el que se configura con Cristo, esa es una exigencia del bautismo”.
Comunión, participación y misión
Sobre la comunión, monseñor Marín destacó que el cristiano debe vivir su fe y pertenencia a la comunidad eclesial, “sin desgajarnos ni apartarnos del tronco, para no correr el riesgo de secarnos al apartarnos de Cristo-cabeza, esa es la salvación: No puede entenderse Cristo sin Iglesia ni Iglesia sin Cristo, es importante la vivencia comunitaria de la fe”. En esta línea, “la categoría de sinodalidad no se presenta como alternativa de comunión”. Por ese motivo, «hay que cuidar la comunión con Cristo y entre nosotros».
En relación a la participación “nos referirnos a sentirnos partes y actores de un destino común”. Al destino común “nos referimos a sentirnos corresponsables de la marcha de la Iglesia, integrando la armonía en la igual, no hay mayor dignidad que ser hijos de Dios”. Con lo cual, “la participación dentro de la Iglesia es una exigencia del bautismo, cada uno dentro de su vocación”.