El Athletic visita a la patrona de Bilbao al comenzar la Liga
Un año más, el Athletic Club ha cumplido con una de sus tradiciones más arraigadas: la visita a la basílica de Begoña al comienzo de la temporada. La familia rojiblanca se acercó ayer al templo para presentar su ofrenda y poner ante la Virgen los deseos, ilusiones y retos de un nuevo curso deportivo
(Bizkeliza).- La expedición estuvo encabezada por el presidente del Athletic, Jon Uriarte, y contó con la presencia de los dos primeros equipos, masculino y femenino, sus respectivos cuerpos técnicos y la directiva. Por otro lado, el nuevo entrenador del equipo masculino, Edin Terzic, tuvo la oportunidad de participar por primera vez en este acto. En cada temporada, coincidiendo con la Aste Nagusia, la ofrenda reúne a la familia del Athletic en torno a la Amatxu.
La Copa, a los pies de la Amatxu
A los pies de la Virgen, en el presbiterio de la Basílica, se situó la Copa, uno de los símbolos de la trayectoria reciente del club. Además, la ofrenda corrió a cargo de los capitanes de los dos primeros equipos. Iñaki Williams, presentó la camiseta y Ane Azkona, el balón.
Ofrenda de los capitanes a la Amatxu
Durante la celebración se tuvo un sentido recuerdo para los socios, socias, fundadores y demás miembros de la familia del Athletic fallecidos a lo largo del último año.
El presidente Jon Uriarte destacó el sentido de continuidad y agradecimiento. «Una vez más presentamos la ofrenda a la Virgen de Begoña y en memoria de todos los que no están con nosotros», señaló. «Es algo que hacemos todos los años por respeto a las generaciones anteriores. Venimos a honrar y dar las gracias a quienes nos han precedido».
El presidente y el presbítero en la entrada del templo
Uriarte miró también hacia la temporada que acaba de comenzar, consciente de los desafíos que afrontará el club: «La nueva temporada que ha comenzado será complicada, como todas, pero, como siempre, como bien sabe la Amatxu de Begoña, saldremos adelante de una manera o de otra».
Las oscuridades de este mundo
El acto religioso estuvo presidido por el presbítero Ángel Unanue, socio del Athletic, quien dirigió la celebración en memoria de todos los miembros de la familia rojiblanca. En su intervención, partió de la ofrenda para recordar que la camiseta y el balón «representan vuestra vida, vuestro trabajo, vuestras ilusiones, todo lo mejor que deseáis para el club».
Los capitanes con las ofrendas, antes del inicio del acto
Unanue propuso una reflexión a partir de un acontecimiento reciente: el eclipse que pudo contemplarse días atrás. «Todos nos conmovimos al ver la oscuridad que se produjo cuando la luna tapó el sol», subrayó. Una imagen que le sirvió para referirse a las numerosas «oscuridades» que atraviesan hoy el mundo.
Mencionó, entre otras realidades, las guerras, la situación de los niños y niñas de Ceuta, los terremotos o la violencia y las expresiones que deshumanizan la vida. También señaló: «Oscuridades, negrura en nuestras vidas», resumió.
Ante esta realidad, el presbítero incidió en la responsabilidad que recae sobre quienes, por su profesión y su exposición pública, son considerados puntos de referencia. Además, los futbolistas, señaló, vivís «bajo la lupa del juicio público permanente». Sin embargo, precisamente por ello podeis convertiros en «espejo y referente, proyectores de valores y modelos, símbolos de esfuerzo».
Una llamada al sentido
Unanue insistió en que esta responsabilidad no implica exigir «santidad ni perfección» a los deportistas, sino recordar que también ellos necesitan acompañamiento. «Como futbolistas necesitáis no solo un entrenador físico sino sentiros acompañados por un equipo», afirmó. Porque, añadió, «no basta con tener talento, hay que saber sostenerlo sin caer».
En su reflexión, reivindicó finalmente el deporte como un espacio que va más allá de la competición y los resultados. Dijo que «El deporte también puede ser una escuela de sentido». Además, añadió: «un espacio donde aprendamos a convivir con nuestros límites, a descubrir que necesitamos de los demás y a preguntarnos qué permanece cuando se apagan los focos y termina la competición».
A son del himno
El acto finalizó con los sones del himno del Athletic, que en esta ocasión no fueron interpretados en directo por la organista de la basílica, Miriam Cepeda, al encontrarse convaleciente. Sin embargo, este detalle no impidió que la música grabada pusiera el punto final a una celebración cargada de simbolismo.
La jornada concluyó con la tradicional fotografía de la familia del Athletic junto a los niños, niñas y jóvenes que acudieron al acto. Por otro lado, la imagen puso el broche de oro a una mañana en la que muchos aficionados, especialmente los más jóvenes, tuvieron la oportunidad de ver de cerca a sus ídolos. Incluso pudieron conversar con ellos.