El cardenal Cobo inicia el curso del Seminario Conciliar de Madrid: La vocación y la comunidad en el centro del camino
El arzobispo presidió la Eucaristía de inicio de curso recordando las palabras de san Pablo, quien sitúa "el amor como aquello que da sentido a todos esos dones" y señalando la comunidad como "el lugar donde amar y dejarse amar"
(Archimadrid).- «Seguid alzando la mirada al corazón de Cristo, pero hacedlo juntos. Si falta el amor, es tiempo perdido». Con estas palabras del apóstol san Pablo, el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid comenzó la homilía de la Eucaristía de inicio de curso en el Seminario Conciliar de Madrid. Los rostros de los 108 seminaristas y formadores reflejaban el regreso a la vida ordinaria del Seminario y la ilusión por afrontar un nuevo curso. Ante este inicio, el arzobispo lanzó una pregunta: «¿Qué quiere Dios de nosotros para este mundo?». Una cuestión que amplió la mirada desde la vocación personal hacia la dimensión comunitaria de la llamada. «No se trata simplemente de decir: Señor, ¿qué quieres de mí?», señaló, sino de aprender a preguntar también: «Señor, ¿qué quieres de nosotros?».
El cardenal Cobo recordó que el Seminario no es una carrera que haya que terminar ni una sucesión de cursos que aprobar. «El Seminario es un camino», afirmó, un camino que forma parte de la vida y de la acción de Dios en cada persona y en la Iglesia. En ese camino, cada seminarista recibe dones y carismas que están llamados a ponerse al servicio de la comunidad. San Pablo, explicó el cardenal, sitúa el amor como aquello que da sentido a todos esos dones: «Podéis tener la fe más grande de toda la cristiandad, pero si falta el amor, es tiempo perdido».
La formación sacerdotal se desarrolla así también en las relaciones concretas que cada seminarista establece a lo largo de estos años. Los formadores, los compañeros, los sacerdotes, las parroquias y las personas con las que se comparte la vida pastoral forman parte de la propia vocación. «No son añadidos a la formación, son parte de la vocación», afirmó.
La convivencia, la escucha, la capacidad de pedir perdón, de dejarse ayudar y de trabajar con otros son, en este sentido, espacios en los que se configura el corazón del futuro sacerdote. También las comunidades pastorales en las que los seminaristas son enviados forman parte de ese proceso: son lugares donde aprender a amar y a dejarse amar y donde descubrir cómo Dios continúa actuando en medio de su pueblo.
El cardenal Cobo invitó asimismo a los seminaristas a aprender a reconocer el «ritmo de Dios». Frente a la tentación de pretender que Dios se adapte a los propios planes, planteó la necesidad de discernir qué está haciendo Dios en cada momento y cuál es el camino que propone. Para ello, señaló, es necesario cultivar una espiritualidad abierta a Dios, a la oración y a quienes caminan junto a cada seminarista. «Se trata de escuchar y discernir», afirmó. El sacerdote, añadió, está llamado a ser alguien capaz de reconocer por dónde Dios está actuando y de trabajar con otros para generar comunidad.
Después de la celebración, la vida del Seminario ha continuado con la naturalidad propia de estos primeros días de curso. Reencuentros, abrazos y conversaciones han dado paso a tiempo compartido entre seminaristas, formadores y sacerdotes. La jornada ha concluido alrededor de la mesa, con una cena fraterna que ha prolongado el encuentro y la celebración del comienzo de este nuevo curso