La diócesis de Zamora abre, por primera vez, el retiro trimestral de curas a todo el Pueblo de Dios

En coherencia con el cambio de estructuras, la diócesis pilotada por Valera Sánchez rompe otro de los dinamismos clericales. Fieles, curia, trabajadores de la diócesis, delegados, vicarios, diáconos, sacerdotes, catequistas…, juntos de ejercicios

Retiro en Zamora
Retiro en Zamora
20 feb 2026 - 10:01

“Para un obispo que ama a su diócesis, la conversión nunca es un ejercicio solitario” ha dicho el obispo de Zamora, Fernando Valera, en un templo a rebosar de fieles. A partir de las 11 de la mañana, la diócesis inauguraba así una nueva dinámica que “ya no tiene marcha atrás”. El retiro trimestral de los sacerdotes abre sus puertas para ser un momento diocesano de preparación para la cuaresma.

“Hoy, en esta iglesia de san Andrés, la palabra de la diócesis de Zamora al mundo es el silencio, es el retiro, es el paréntesis, es la desconexión. Todo nuestro trabajo diocesano -ha dicho el obispo- se para para que funcione; se detiene para que pueda seguir; se aparta para que pueda inmiscuirse del todo". Toda la iglesia de Zamora, en esa horizontalidad que pide la sinodalidad, expresa el profundo cambio de estructuras que visibilizan el tiempo nuevo que el Espíritu impulsa en la iglesia".

Fieles, curia, trabajadores de la diócesis, delegados, vicarios, diáconos, sacerdotes, catequistas… todos estaban llamados por primera vez a vivir el punto de partida de la cuaresma que el obispo ha querido que sea desde el texto de Filipenses 2, 1-11. Con su magisterio habitual empeñado en el camino de la espiritualidad y de la mística, del que es experto en su preparación y en su pasado ejercicio docente, Fernando Valera ha insistido en que el camino de la cuaresma es el trayecto de la interioridad que tiene, para hacerse con los “mismos sentimientos de Cristo Jesús” solo un camino: el del silencio y el de la escucha.

Recordando el mensaje del Papa León XIV, el prelado ha pedido a sus diocesanos, descalzarse ante la realidad, mirar la herida del crucificado, abismarse ante su misericordia. Valera ha puesto la humildad como camino especial para la cuaresma, la kénosis como la trayectoria de la santificación y la esperanza como horizonte que vaya construyendo el castillo interior tanto más necesario cuanto más nos descubrimos puro barro siempre habitado y sostenido por su gracia.

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