Enrique Benavent: "Como arzobispo de Valencia me siento en mi casa"
De vacaciones y preparando el próximo curso, el arzobispo de Valencia comparte sus reflexiones con la comunidad diocesana, una comunidad rica en movimientos eclesiales y en nuevas experiencias, pero unida en lo fundamental
(Archivalencia).- “Nuestra diócesis vive un sentimiento de pertenencia, de sentirse miembros, que está impregnando la vida de la comunidad cristiana”. De vacaviones y preparando el próximo curso, el Arzobispo comparte sus reflexiones con la comunidad diocesana
Este ha sido un curso especialmente intenso con la clausura del Año Jubilar de la Esperanza, el Año jubilar del Santo Cáliz, las orientaciones pastorales, la visita del Papa…Todos merecemos algo de descanso
Ciertamente, hemos tenido tantas actividades…tantas visitas a la diócesis, para presentar las líneas de las orientaciones pastorales, tanto como las visitas pastorales, también con los obispos auxiliares. Hemos visitado cuatro arciprestazgos y eso supone un esfuerzo muy grande. Hemos recorrido también la diócesis, reuniéndome con los sacerdotes en las distintas vicarías, y el gran esfuerzo que estamos haciendo para que las orientaciones pastorales vayan calando en la diócesis de Valencia y en el Pueblo de Dios, y se vayan incorporando todos a esta dinámica. La verdad es que después de un curso tan intenso creo que todos necesitamos unos días de descanso que nos ayudan a dar gracias a Dios por todo lo que hemos visto, los frutos del trabajo pastoral, que nos ayudan también a pensar en el futuro, pero sobre todo en un ritmo de vida más tranquilo, teniendo más tiempo para la lectura, para la oración, para el encuentro con la familia, con los amigos, en definitiva todo lo que nos ayuda a descansar en el cuerpo y en el espíritu, que es importante.
-Uno de los grandes acontecimientos para la Iglesia y para la sociedad en general, como hemos visto, ha sido la visita de León XIV. Nos gustaría su reflexión para incidir en los mensajes internos que ha dirigido a la Iglesia. Por ejemplo, el Papa nos hablaba de: dejar atrás algunas estructuras, nuevos lenguajes y unidad.
El Papa insiste mucho en la importancia de la comunión en la Iglesia. De hecho, su lema habla de la unidad, pero de la unidad en Cristo, el centro de la vida eclesial y el fundamento de la unidad entre los cristianos. En la medida en que todos los cristianos permanezcamos unidos a Cristo, estaremos unidos entre nosotros en Cristo. Eso significa que hay muchas opiniones a las que debemos dar un valor secundario, mientras que la esencia de la fe, en lo fundamental de la vida cristiana, hemos de mantener esa comunión y esa unión entre todos los cristianos. El Papa tiene la idea de que es más importante la unidad, aunque no tengamos una eficacia rápida, que hacer muchas cosas que nos puedan llegar a dividir, como si dijéramos en un lenguaje familiar: vale más menos unidos que muchos separados. Me parece que eso es un valor, porque la unidad, en un mundo tan dividido como el nuestro, es algo que evangeliza y que ya da un mensaje a la sociedad.
San Agustín decía que la Iglesia está llamada a ser, en medio de un mundo tan dividido, mundo reconciliado. Me parece que es un programa del Papa, que quiere que lo vivamos en toda la Iglesia, comenzando evidentemente por los obispos. De hecho, fue uno de los temas fundamentales en la alocución a los obispos en la sede de la Conferencia episcopal.
El Papa nos invita también a buscar nuevos lenguajes. Evidentemente, cada momento cultural tiene unas claves, y la Iglesia no puede estar al margen de las claves de la comunicación que rigen en un momento cultural, o en una determinada sociedad, si quiere anunciar el Evangelio. En ese sentido, buscar nuevos lenguajes, buscar nuevos caminos para que el Evangelio despierte el interés de muchas personas y pueda ser acogido en el corazón de muchas personas, es siempre un reto para la Iglesia. Tal vez ahora, como la cultura es más cambiante, los cambios son más rápidos.
También las necesidades de adaptarnos a estos cambios, a veces nos suponen una cierta urgencia, y en la Iglesia, a veces, por nuestra historia, tenemos como una lentitud. No somos rápidos, pero a veces también hay modas que pasan rápidamente. Por eso pienso que, evidentemente, la búsqueda de nuevos lenguajes es un reto, pero esos nuevos lenguajes tienen que ser para transmitir de manera nueva lo que es la fe de siempre de la Iglesia.
Desde que llegó a la diócesis como arzobispo de Valencia ha hablado de integración de todos los carismas. En este tiempo como pastor de la diócesis de Valencia, ¿cree que ha encontrado esa siembra, percibe que sí vamos evolucionando a esa unidad?
Yo creo que sí. En lo fundamental nuestra diócesis de Valencia vive un sentimiento de pertenencia, un sentimiento de que todos se sienten miembros de la diócesis. Ciertamente es una diócesis muy rica en movimientos eclesiales, en nuevas experiencias, en nuevos caminos para el anuncio del Evangelio, pero hay algo que me llama la atención y es que estos grupos no anteponen la propia identidad como grupo, a su pertenencia a la diócesis de Valencia, y ese sentido de pertenencia a nuestra iglesia particular, a nuestra iglesia diocesana. Es algo que yo percibo cuando participo en actividades de nueva evangelización, en celebraciones de realidades eclesiales que ya llevan décadas presentes en la diócesis, cuando visito los pueblos y las parroquias de la diócesis o cuando salgo por la calle y las personas me saludan con toda naturalidad y me reconocen como su obispo.
Pienso que ese sentido de comunión, de pertenencia a la diócesis, entre los sacerdotes de pertenencia a un presbiterio diocesano, es algo que está impregnando la vida de nuestra comunidad cristiana. Sería bueno que todo este sentimiento se viera y al poner en práctica lo que son las orientaciones pastorales, al menos que compartamos unos mínimos, unos objetivos comunes, unos caminos que todos compartimos para seguir anunciando el Evangelio.
Ese sentimiento específico de querer cuidar al clero es algo que le viene de su propia pertenencia o es algo sobre lo que usted ha querido reflexionar y entender que es muy importante la vitalidad del clero valenciano.
Los sacerdotes viven momentos de dificultad en la situación actual, no tienen la misma importancia social, la misma autoridad social reconocida que tenían en otras épocas del pasado. Tienen una realidad pastoral mucho más exigente que en otras épocas, viven momentos de soledad, a veces también experimentan un cierto fracaso en iniciativas y todo esto necesariamente influye en las personas.
Pienso que una de las misiones del obispo más importantes es sostener y animar a los sacerdotes en el ejercicio de su ministerio. Esto no significa que alguna vez tengamos que corregir o tengamos que, evidentemente, orientar, animar, consolar cuando están pasando momentos de dificultad.
Pero lo importante para un obispo es que esté cerca de los sacerdotes, que cuando lo necesiten los acoja, que cuando le buscan le encuentren y que también se acerque a ellos en sus parroquias, en sus realidades, en las vicarías, en los arciprestazgos. Para eso está la visita pastoral, para esto también todos los años recorro todas las vicarías predicando un retiro espiritual, preparo las homilías de las grandes celebraciones sacerdotales, como puede ser la Misa Crismal, la homilía de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, las ordenaciones sacerdotales, porque pienso que son como un momento de gracia que nos tiene que ayudar a los sacerdotes a reflexionar sobre lo que estamos haciendo y sobre cómo lo estamos viviendo. Porque estoy convencido de que en un sacerdote es más importante lo que vive que lo que hace, y me parece que esa convicción nos tiene que ayudar a vivir nuestro ministerio con más alegría y con más esperanza, porque podemos hacer cosas que no tengan en un principio mucho éxito, pero si vivimos correctamente nuestro sacerdocio, no le damos la importancia que una persona que no tiene fe le puede dar a un fracaso humano.
Estoy convencido de que en un sacerdote es más importante lo que vive que lo que hace, y me parece que esa convicción nos tiene que ayudar a vivir nuestro ministerio con más alegría y con más esperanza
Respecto a las orientaciones pastorales, ha querido abrir un proceso sinodal, donde por estos cambios sociales, no dejaba de ser un ejercicio arriesgado. Ha decidido hacer una apuesta de no ir en soledad, sino de compartir esas reflexiones con toda la diócesis. No sé si tiene ya información de si los diocesanos estamos implicados en desarrollar unas respuestas que le sirvan para el futuro plan pastoral.
No es la primera vez que en esta diócesis se trabaja sinodalmente, de hecho hubo un sínodo diocesano los primeros años de mi vida sacerdotal donde participó gran parte del pueblo de Dios. Aquel fue un proceso largo que duró varios años y poco a poco el pueblo de Dios se fue implicando progresivamente. Después ha habido otros momentos sinodales, tal vez eso puede producir un cierto cansancio en algunas personas, pero no debemos olvidar que estamos a nivel de Iglesia universal en un proceso sinodal, que no debe de ser paralelo a lo que es la vida propia de cada una de las diócesis. Por eso, en la manera de elaborar estas orientaciones pastorales hemos querido no establecer dos elementos paralelos. De esta manera uníamos lo que son las preocupaciones propias de nuestra diócesis, como encontrar lenguajes para la nueva evangelización, buscar una conversión pastoral, que en cada parroquia no puede ser exactamente igual, porque cada parroquia tiene su propia historia y debe de ser consciente en qué aspectos de su vida parroquial se debe realizar.
La conversión pastoral no es un esquema que se aplica uniformemente a todas las parroquias, son unos criterios de reflexión que cada parroquia tiene que hacer sobre sí misma para ver qué aspectos de la vida parroquial necesitan de un cambio, de una renovación, de una conversión. Por ejemplo, habrá parroquias en que a lo mejor no tengan instrumentos de primer anuncio del Evangelio. Puede haber parroquias muy consolidadas, pero a lo mejor el consejo de pastoral parroquial no funciona como debiera, pues a lo mejor lo que se exige es que los instrumentos de sinodalidad, que están en el derecho canónico, funcionen.
La conversión pastoral no es un esquema que se aplica en todos los lugares de la misma manera, sino que cada comunidad cristiana, desde su historia, desde su situación, tiene que reflexionar sobre qué elementos necesitan un cambio, una renovación, una conversión.
Después tenemos otros temas, la celebración del domingo. Eso es fundamental para la transmisión de la fe. Es fundamental para la vida eclesial, porque si tenemos muchos grupos, pero después no confluimos todos en la celebración de la Eucaristía, lo que es la meta de la evangelización no se consigue y lo que es la fuente de la que brota la vida de la Gracia se ha secado. En ese sentido, me parece que todos estos temas que aparecen ya en los materiales que se han enviado a las parroquias, son ya un primer nivel de reflexión, pero después las orientaciones pastorales tienen que invitar a un nivel más profundo y más adaptado a la realidad y a la historia de cada parroquia.
¿En qué fecha aproximadamente tiene previsto la presentación de las orientaciones pastorales en 2027?
Nos gustaría poder presentarlas durante el primer trimestre del año, de modo que ya en el curso 2027-2028 pudiéramos comenzar a aplicarlas. Me parece que es un tiempo razonable. Ciertamente en el Sínodo del arzobispo Miguel Roca, los tiempos de preparación fueron cinco años. Hoy los tiempos son rápidos y no podemos comenzar procesos tan largos. Conviene también que todos nos sintonicemos con esto. Vivimos en una sociedad en que el mensaje cristiano o llega superficialmente o a muchos ya ni les llega. Me parece que en ese sentido tenemos que compartir estas preocupaciones y buscar caminos. Creo que la visita del Papa León nos puede haber ayudado mucho a la Iglesia para suscitar una esperanza nueva, para darnos ánimos, porque nos ha revelado que hay una Iglesia viva. Yo también lo percibo aquí en la diócesis.
Bastante sorprendente en la visita del Papa en ese sentido.
Pero no deja de ser tan sorprendente. No olvidemos que hace un año más de 3.000 jóvenes valencianos participaron en el Jubileo de los jóvenes con el Papa. Más o menos los que ahora tenemos idea de que han participado también en la Vigilia de los jóvenes de Madrid. Pienso que hay una realidad viva en nuestra diócesis, y que esa realidad viva pues tenemos que potenciarla y creo que el Papa nos ha ayudado. También las orientaciones pastorales nos tienen que ayudar a esto. Hay muchos cristianos fieles de las parroquias que están participando en estas reflexiones para estas orientaciones pastorales. Ciertamente hay parroquias donde todavía les está costando entrar, pero a mí por la calle hay personas que me hablan de ello, que están esperando que en su parroquia comience este proceso, lo cual significa que el pueblo de Dios, pueblo sencillo, lo ve como una necesidad.
En estos nuevos tiempos de los que estamos hablando, el Papa fue tremendamente ovacionado cuando se dirigió a nuestros representantes políticos. Cómo es la relación de la iglesia con nuestros representantes políticos, sin que quiera intervenir, pero que al mismo tiempo pueda aconsejar.
Me encuentro frecuentemente con personas que ocupan cargos políticos, tanto a nivel municipal, a nivel provincial, como a nivel de la Generalitat. Nos saludamos, a veces tenemos algún comentario sobre alguna situación, hemos tenido algún encuentro con el President de la Generalitat, con la alcaldesa de la ciudad, también saludo a los alcaldes normalmente de los pueblos que visito. Puedo decir que las relaciones son cordiales, son respetuosas. Veo una actitud de respeto hacia mi persona, también yo tengo una actitud de respeto hacia los poderes políticos, mantengo independencia, como respeto también la independencia de las autoridades para que tomen aquellas decisiones que en conciencia piensan que deben de tomar. Si alguna vez me he pronunciado en alguna homilía, en alguna intervención, nunca lo hago en clave política. Recuerdo siempre los principios de la doctrina social de la iglesia, los principios de la moral cristiana, que los políticos, al menos los que son cristianos, tienen el deber de intentar llevar a la práctica en sus decisiones políticas.
A los que no se sienten cristianos, también les puedo ofrecer la visión que la Iglesia tiene acerca de las realidades humanas, para que en conciencia actúen. En ese sentido es lo que el Papa hizo en su discurso ante las Cortes Generales, un discurso brillante, un discurso que sentó los principios sobre los que se asienta la doctrina social de la Iglesia, la prioridad de la persona, el respeto a la dignidad de la persona como límite de toda acción política. El Papa fundamentó sus reflexiones precisamente en la Escuela de Salamanca, que tiene una larga tradición de respeto a la dignidad de la persona, del ser humano. Creo que son principios que toda persona de buena voluntad puede compartir y debe de compartir. El Papa en su discurso fue repasando los temas que tienen que ver con la visión cristiana de las realidades humanas: el valor de la vida humana, la importancia de la familia en la educación de los hijos, la importancia del respeto a la dignidad de la persona de todo ser humano, también de los que no pertenecen y no son naturales de nuestro país. El Papa también nos indica el camino y la manera de cómo la Iglesia, como tal Iglesia, debe de estar presente en los foros públicos y en la sociedad, porque lo importante de aquel discurso no fue sólo lo que el Papa dijo, sino cómo lo dijo.
Me parece que aquel aplauso era también un reconocimiento. No significaba que todos pudieran estar de acuerdo con todo, ya sabemos que eso no es así, pero sí que había un reconocimiento unánime a la manera cómo el Papa había expuesto en un ámbito público lo que es la visión cristiana de las realidades humanas. A mí ese discurso me recordó mucho otro discurso que hizo el Papa Benedicto XVI en el Parlamento alemán, que también consiguió un reconocimiento unánime, incluso por parte de aquellos que habían sido más críticos. Eso me demuestra que cuando la Iglesia encuentra un modo adecuado para anunciar su mensaje, es y puede llegar a ser, más respetada que cuando decimos nuestro mismo mensaje sin encontrar el camino adecuado. En el fondo es como la Iglesia debe unir verdad y caridad. Es tan importante la manera de decir las cosas como el contenido de lo que se dice. Me parece que ese es el gran mensaje también, un poco subliminal, que el Papa León nos dejó a la Iglesia y también a los representantes de las instituciones públicas.
En la Conferencia episcopal, usted es miembro de la Ejecutiva. ¿Desde la misma también se transmite ese mensaje a las plenarias de los obispos? ¿Hay una unidad total?, porque existe evidentemente una libertad de cada uno de los obispos titulares en sus diócesis.
En lo fundamental, en los principios de la doctrina social, incluso en los mensajes concretos que en cada momento debemos dar en cada situación, estamos de acuerdo. Después, evidentemente, cada uno tiene su manera de ser, su formación personal, que nos hacen insistir a unos en un aspecto y a otros en otro. Pero bueno, eso también forma parte de la pluralidad de la Iglesia. No todos los católicos que asisten a misa son iguales en todo. Cada uno tiene su historia, su manera de ser, su personalidad, sus opiniones políticas, pero eso no significa que no estemos en comunión. Estar en comunión no significa estar de acuerdo en todo. Hay muchos aspectos que cada persona, en la manera de hablar, en la manera de comunicar, cada uno tenemos nuestra personalidad, nuestra historia, nuestra formación. Y en ese sentido es lógico que no todos digamos las cosas de la misma manera, o que todos, a la hora de decir un mensaje, que siempre es complejo -porque a veces los mensajes cristianos no son blanco o negro, sino que hay muchos matices- pues también es lógico que a veces hay algunos que puedan insistir más en un matiz que en otro, pero eso no significa que no estemos en comunión.
El Evangelio hay que seguir anunciándolo, porque cada generación lo tiene que hacer suyo. Y el hecho de que una generación haya acogido el Evangelio no significa que la próxima generación lo vaya a acoger
¿Cómo se ve a sí mismo como arzobispo de Valencia en este tiempo, que dentro de poco ya va a celebrarse de nuevo su aniversario. Cómo se siente en esta diócesis después del tiempo transcurrido?
Me siento en mi casa. Me parece que es el elemento fundamental. Salgo por la calle, como salía antes, estoy con la gente, me saluda la gente, ciertamente soy más conocido de lo que era antes, pero yo diría que me siento en mi casa. En la mayoría de los pueblos que visito, conozco a todos los sacerdotes, al menos a los que son de aquí naturales, ciertamente hay un grupo de sacerdotes estudiantes que van y vienen y a veces es difícil un conocimiento personal como los que son de aquí, pero me encuentro en definitiva con compañeros, con personas conocidas, e intento de alguna manera manifestar que el obispo es alguien que quiere estar con la gente, que quiere acompañar, no que quiere suplir el trabajo de los sacerdotes, no que quiere anular la vida de las parroquias, sino que quiero servir, acompañar y ayudar en la medida en que pueda.
¿Y qué nos pide a la Diócesis?
Que tengamos todos la ilusión de continuar anunciando el Evangelio. Me parece que es importante que tengamos la aspiración de la comunión. Es muy importante que en estos momentos no nos dejemos vencer por el desánimo ante las dificultades, que las hay. Porque aunque se habla de un renacimiento de lo religioso como de un renacimiento de lo cristiano, ciertamente hay minorías donde esto se da, pero son todavía minorías y hay que ver esto hacia dónde va. Y me parece que no nos debemos hacer ilusiones de que el Evangelio ya está. No, el Evangelio hay que seguir anunciándolo, porque cada generación lo tiene que hacer suyo. Y el hecho de que una generación haya acogido el Evangelio no significa que la próxima generación lo vaya a acoger. Por eso, animar también a las familias a la transmisión de la fe me parece fundamental. Que en las familias se encuentren caminos para transmitir la fe, que ya no se transmite por herencia, sino por testimonio, y animar y acompañar y ayudar. Sería lo que yo intento hacer.
Gracias Sr. Arzobispo, por este encuentro de final de curso y nos vemos ya enseguida en septiembre.
Os deseo también un buen descanso.