Foro de curas de Bizkaia al obispo de Bilbao: "Los símbolos estatales en el altar proyectan una imagen de 'Iglesia de Estado' que resulta anacrónica"
Una vez aclarado el lugar de la foto en la el obispo Joseba Segura está celebrando la eucaristía con una bandera española al lado y conocidos sus argumentos, le trasladamos nuestra posición al respecto y los puntos de desencuentro con este criterio que sostiene y aplica
(Foro de Curas de Bizkaia).- A finales del año 2025, la Comisión Permanente del Foro de Curas de Bizkaia ha recibido una notificación de don Álvaro Moreno Hernán, Coronel Jefe del Regimiento de Infantería "Garellano" 45 (Munguía – Bizkaia), sobre la foto en la que don Joseba Segura aparece celebrando la eucaristía con una bandera española al lado y encima la foto de SM el Rey. En ella informa que invitó “al Señor Obispo a oficiar la Eucaristía en nuestro acuartelamiento con motivo de la celebración de nuestra Patrona, la Virgen Inmaculada que es la Patrona de la Infantería Española, especialidad de la que forma parte esta unidad”.
En su respuesta, la Comisión Permanente, le agradeció la notificación porque permitía aclarar “el motivo, las circunstancias, las condiciones y el desarrollo” de dicha celebración de la eucaristía. Habíamos tenido conocimiento de ella por la fotografía sacada y de la que ni su autor ni su difusor —o difusores— especificaban nada. Seguidamente, le indicábamos que, a pesar de su notificación, seguía “sin ser respondida la doble cuestión —pastoral y canónica— que se encontraba en el origen de nuestra petición de aclaración al señor obispo y que agradeceríamos que el mismo prelado respondiera.
Dejando aparte la cuestión pastoral, le indicábamos que, en lo referente a la jurídica, estaba claro que la presencia de la bandera española y de una foto de SM el Rey resultaba ajena a la normativa de la Iglesia sobre el decoro y la finalidad de la liturgia: “Ordenación General del Misal Romano” (OGMR, n. 304); Instrucción “Redemptionis Sacramentum”, n. 78: Código de Derecho Canónico (CIC 1210) y magisterio del papa Francisco sobre la neutralidad litúrgica: la presencia de símbolos estatales en el altar proyecta una imagen de “Iglesia de Estado” que resulta anacrónica y contraria al espíritu y a la letra del Concilio Vaticano II.
Enviada a don Joseba la nota del coronel don Álvaro Moreno Hernán, le indicábamos que nos había sorprendido sobremanera —como a otros muchos— la difusión de la foto en cuestión y la celebración de la eucaristía en unas dependencias militares. Seguidamente le manifestábamos nuestro deseo de conocer su explicación y, en concreto, si, a partir de ahora, quedaba abierta la posibilidad de dejar introducir toda clase de banderas en nuestras parroquias.
Don Joseba nos respondió indicando que la cuestión de fondo era la de saber si el obispo de Bilbao podía “celebrar a los militares aquí y en cualquier otro lugar sabiendo que se va a encontrar con sus banderas y estandartes”. Y se respondía a sí mismo sosteniendo su “convicción” de que “si se lo piden y está libre, puede hacerlo”. Proseguía informando que lo decía “uno que fue objetor de conciencia cuando no se podía ser”. Y concluía sosteniendo que el obispo de Bilbao “en Munguía o en Burgos, celebrará de acuerdo con la normativa que rige en el vicariato castrense, no en la de nuestra diócesis” donde “no se puede celebrar con banderas en ningún centro de culto”.
Por nuestra parte, como Comisión Permanente del Foro de curas de Bizkaia le hemos indicado nuestra posición al respecto y los puntos de desencuentro con este criterio que sostiene y aplica (29 de diciembre de 2025).
- En primer lugar, le hemos recordado que nuestra diócesis aprobó solicitar la desaparición del “clero castrense” en la Asamblea Diocesana celebrada entre 1984-1987. Este era —y sigue siendo— el “sensus fidelium”, es decir, el parecer aprobado en su día sobre el asunto en la diócesis que preside. Tanto él como nosotros —le hemos recordado— debemos ser coherentes con dicho acuerdo —y el criterio que lo funda— al menos, mientras no se cambie respetando, por supuesto, los procedimientos empleados en su día para alcanzarlo.
Es cierto que los obispos de aquellos años indicaron que en las conclusiones aprobadas había algunas “que desbordaban” sus “atribuciones” porque postulaban “un cambio notable en la disciplina u organización de toda la Iglesia”: entre ellas se encontraba la desaparición del “clero castrense”. Por eso, sostenían seguidamente, que iban a informar “a las instancias eclesiales correspondientes” a fin de que conocieran “por vía autorizada los criterios y demandas formuladas por la Asamblea de la Iglesia de Bizkaia”.
Y es cierto, igualmente, que los obispos de entonces —creemos entender que, por coherencia y respeto al “sensus fidelium”, es decir, a la voluntad de la diocesis— no presidieron nunca ninguna eucaristía en dependencias militares, sabedores, además, de que, al tratarse de una diócesis personal, contaba —y sigue contando— con su propio servicio litúrgico, facilitado por el clero castrense.
- En segundo lugar, le hemos recordado, igualmente, que su nombramiento como obispo para la diócesis de Bilbao fue recibido por muchos de nosotros —tras el paréntesis de los episcopados de monseñor R. Blázquez y M. Iceta— como una decisión en la que percibimos la voluntad de recibir creativamente, entre otros puntos, las conclusiones de la Asamblea diocesana.
A fecha de hoy —proseguíamos— podemos decir que sigue incrementándose el número de quienes —al conocer ésta y otras decisiones— y los criterios en que la fundamenta, ven cómo se apodera de ellos el desaliento y la desesperanza e, incluso, la desafección eclesial.
- En tercer lugar, le manifestábamos nuestra sorpresa porque en su respuesta no había ningún indicio de autocrítica, al menos, para reconocer que una decisión como la que había adoptado —y defendido— puede ser —y ha sido— objeto de manipulación, y, por ello, de escándalo para muchos de los católicos de Bizkaia. Y lo es, sobre todo, porque sigue siendo obispo de Bilbao, presida donde decida presidir la eucaristía.
Por tanto, no estábamos hablando de una cuestión solo jurídica, sino, sobre todo, pastoral: procediendo como lo hacía, estaba poniendo en innecesaria crisis la pertenencia eclesial de muchas de las personas —cada día, menos— que forman parte de nuestras comunidades y reforzando la desafección eclesial de otras.
Por ello, le rogábamos que cambiara —cuanto antes— de criterio y perspectiva para no seguir incrementando estos males que venimos padeciendo desde hace unos cuantos decenios por culpa no solo de los dos obispos que le han precedido en la responsabilidad de presidir la diócesis de Bilbao, sino también por su manera de pastorearla, además de por ésta y otras decisiones.
Y finalizábamos nuestra carta deseando “con todo corazón que de este intercambio de pareceres” pudiera salir “una forma de presidencia de la diócesis que fuera real y efectivamente pastoral” y, por ello, “también eficaz”.
