La Iglesia de Madrid reivindica la figura, y el legado, de Juan de Dios Martín Velasco: "Fue un maestro de vida"
Antonio Ávila y José Luis Segovia glosan la vida y el testimonio de quien fuera maestro de sacerdotes en un vídeo que sirve de camino hacia la Asamblea Presibiteral CONVIVIUM, que se celebrará los días 9 y 10 de febrero en Madrid
En el camino hacia CONVIVIUM – Asamblea presbiteral (9 y 10 de febrero), la archidiócesis de Madrid inicia el año recordando a aquellos sacerdotes que, con su vida y testimonio, han ayudado a muchos presbíteros a descubrir y vivir con gozo su vocación. En esta ocasión, Juan de Dios Martín Velasco, de la mano de dos sacerdotes que conocieron muy bien su vida espiritual, su teología, su mística y su acción pastoral.
Antonio Ávila, sacerdote diocesano, conoció a Juan cuando era un joven seminarista y éste, su profesor de Fenomenología de la Religión. La relación se afianzó «cuando yo llevaba tres años de cura en una parroquia de San Blas» y Martín Velasco, siendo rector del Seminario Conciliar de Madrid, lo llamó para formar parte del equipo. Ávila dibuja a un maestro, «un maestro de vida». «Raramente imponía, siempre escuchaba». Su teología partía y volvía a la experiencia pastoral, «una teología encarnada, miraba a la realidad, descubría lo que la realidad iba diciendo y se preguntaba qué es lo que, a partir de los signos de los tiempos, Dios nos quiere decir».
También para José Luis Segovia, actual Vicario Pastoral de la diócesis de Madrid, Juan fue un hombre importante en su vida. Lo conoció cuando Segovia aún no se había convertido —«yo no era una persona muy cristiana en aquel momento»—, pero sintió una llamada fuerte del Señor y Juan le ayudó. En un momento familiar delicado en que no podía abandonar su trabajo como abogado, adaptó un plan especial para él en el seminario. «Ponía siempre a las personas por delante de las estructuras».
Profesores, pero ante todo, pastores
Como director del Instituto de Pastoral de la Pontificia de Salamanca, «nos fue ayudando a todos a ir descubriendo una pastoral que fuera recogiendo los frutos del Concilio y nos ayudara a la transformación de la Iglesia», asegura Ávila. Como profesor de Fenomenología, aparece en él todo el tema de la experiencia de Dios, de la oración, y de ahí sus escritos sobre la mística.
Fue, añade Segovia, «un maestro de oración para muchos», no solo «por su finura en definir conceptualmente los términos, sino por la práctica». Era «siempre una oración que tenía como fuente y referencia a Dios, pero que no se olvidaba de la realidad del mundo».
Martin Velasco fue también delegado de Migraciones, «uno de los lugares donde se curtió como pastor», asegura Ávila. «Jugaba con los chavales en el colegio», se insertó en su barrio, en Vallecas, y «acostumbraba a celebrar, compartir con la gente sencilla del barrio».
Cuando dejó de ser rector del Seminario, continúa Segovia, quiso «volver a lo que soy, que es ser cura», y pidió ir a una parroquia no de párroco, sino de vicario parroquial. De hecho, él defendía que «los profesores, para enseñar una teología que estuviera enraizada en la vida, tenían que se primero pastores».
La fe como encuentro personal y experiencia viva de Dios
En Lovaina y en Alemania, donde estudió un tiempo, se replanteó muchos de sus postulados y «empieza a descubrir que la fe no es simplemente una aceptación de verdades estudiadas en la Teología cuando se es seminarista, que no es solamente un fiarme, sino que la fe fundamentalmente es un encuentro personal con Aquel que nos acompaña y nos supera». «La fe es la experiencia vivida, compartida con Él y realizada en la vida, en el compromiso en el estilo de vida que llevo», señala Ávila.
En este sentido, Segovia apunta a la centralidad en su vida de «la experiencia personal con Dios» con una categoría del «encuentro». Sólo el hombre que ha tenido un encuentro real y experiencialmente, en los más íntimo, con Dios, es capaz de dar testimonio de esa experiencia, postulaba.
Y esa experiencia del encuentro con Dios «que es fuente de vida y de crecimiento, lo que me genera no es miedo, angustia, sino paz, y me hace confiar en que, pase lo que pase, Él está presente», asegura Ávila. Lo que él vivía en primera persona era «una presencia amorosa de un Dios que invade nuestra vida», y «por eso era capaz de contagiarlas», añade Segovia.
Precisamente Martín Navarro cuestionaba que una de las grandes crisis dentro la Iglesia era «la falta de teologalidad, la falta de profundización en la presencia de Dios y la falta de cultivo de las virtudes cardinales, la fe, la esperanza y la caridad», añade el Vicario Pastoral.
Formación integral del seminarista
Para los seminaristas quería, como Tarancón «repetía a los formadores hasta la saciedad, “primero que sean hombres, luego ya serán curas”». Lo explica Ávila. Por eso, «todo el proyecto que Juan va articulando intenta ser una formación integral» afianzada en cinco pilares: formación humana, formación espiritual, formación teológica, vida comunitaria y formación pastoral.
La síntesis personal de Segovia sobre Juan es que fue un «sabio hombre de Dios». Tenía «esa finura espiritual para tocar el manto de lo divino y saberlo formular de una manera sugerente y provocativa que anime a otros a experimentar lo mismo». Y hombre de Dios «porque vivía él aquello que trataba de contagiarnos, esa vivencia teologal». «Es mi amigo, y con esto está todo dicho», concluye Ávila.
Biografía
Juan de Dios Martín Velasco nació en Santa Cruz del Valle (Ávila) el 8 de marzo de 1934. Fue ordenado sacerdote en 1956 en San Lorenzo de El Escorial y se incardinó en la entonces diócesis de Madrid-Alcalá. En 1977 fue nombrado rector del Seminario Conciliar de Madrid por el arzobispo de Madrid Vicente Tarancón, responsabilidad que ejerció hasta 1987.
Murió el 5 de abril de 2020 en la residencia sacerdotal San Pedro (Madrid), donde pasó el último año de su vida.