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Crisis de Ceuta

José Rodríguez Carballo llama a una respuesta humana y fraterna ante lo sucedido en Ceuta

El arzobispo de Mérida-Badajoz se dirige a la comunidad cristiana para iluminar esta realidad a la luz del Evangelio y comparte el artículo de Santiago Agrelo, arzobispo emérito de Tánger, reconocido por su defensa de los más pobres

Frontera España-Marruecos
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04 ago 2026 - 17:02

(Archidiócesis de Mérida-Badajoz).- )En estos días marcados por el dolor y la preocupación ante lo sucedido en Ceuta, la Archidiócesis de Mérida‑Badajoz desea ofrecer una reflexión serena desde la fe y desde el compromiso con la dignidad humana.

El arzobispo, D. José Rodríguez Carballo, dirige unas palabras a la comunidad cristiana para iluminar esta realidad a la luz del Evangelio y del magisterio de la Iglesia, y comparte el artículo de Mons. Santiago Agrelo, arzobispo emérito de Tánger, reconocido por su defensa de los más pobres.

Ambas miradas, complementarias y profundamente evangélicas, invitan a afrontar esta situación con responsabilidad, humanidad y misericordia.

Queridos hermanos y hermanas: Ante el drama, convertido en luto, que estamos viviendo en estos días por la situación creada en Ceuta, no podemos mirar a otra parte. Esta situación nos interpela a todos, empezando por nuestros responsables políticos. Sería muy triste que se intentara sacar rédito político a una situación humanitaria grave, muy grave. Sería un pecado grave manipular y aprovecharnos de los pobres.

El calzado de los que se lanzaron al mar flota en las aguas de Ceuta
El calzado de los que se lanzaron al mar flota en las aguas de Ceuta | EFE
Sería muy triste que se intentara sacar rédito político a una situación humanitaria grave, muy grave. Sería un pecado grave manipular y aprovecharnos de los pobres

Mientras os transmito un texto elaborado por el arzobispo emérito de Tánger, Fr. Santiago Agrelo Martínez, OFM, conocido por su defensa de los más pobres, quiero hacerme eco del pensamiento de la Iglesia y más concretamente del Papa León sobre la inmigración.

Con el Papa León reafirmamos que debemos respetar al máximo la dignidad de la persona humana. Ésta no conoce, como dice el mismo Santo Padre, fronteras. Condenamos la discriminación y recordamos que, ante situaciones así, la responsabilidad es compartida, tanto de los países de origen, como de tránsito y de destino. Al mismo tiempo, condenamos abiertamente las mafias que juegan con las personas y particularmente con los más pobres. Al mismo tiempo, recordamos que quienes legalmente llegan a nuestro país han de comprometerse en el aprendizaje de nuestra lengua, en el respeto a nuestras leyes y a participar en la sociedad que les acoge, para que la migración sea un verdadero enriquecimiento mutuo.

Recuerdo unas palabras del Papa León que nos interpelan a todos los que nos decimos y queremos ser discípulos de Jesús: “La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana”. En definitiva, pensamos que no se trata simplemente de abrir o cerrar fronteras sin más, sino de equilibrar derechos, deberes y el bien común, con un rostro siempre humano y fraterno.

Dignidad
Dignidad

A continuación, ofrecemos íntegramente el artículo de Mons. Santiago Agrelo:

Es tiempo de amar…

Lo que ha pasado en Ceuta durante esta semana, poco o nada tiene que ver con el drama -con la tragedia- de la inmigración clandestina.

Lo que se ha visto durante estos días, más que la evidencia de una necesidad padecida por los pobres, parece un movimiento provocado por intereses políticos; más que una historia de pobres en busca de pan, suena a enfrentamiento interesado entre poderosos -llámense partidos políticos, naciones, ideologías-.

En todo caso, esa humanidad en movimiento, decenas de miles de personas manipuladas y utilizadas, vuelven a ser, para el creyente, no ya materia de análisis político, ideológico o de partido, sino materia de compasión; esa multitud sólo puede ser destino de misericordia, como lo son para el creyente cristiano todos los esclavizados de nuestro mundo -los esclavos del alcohol, de las drogas, de la tecnología, del lujo, del poder…-.

Al creyente en Cristo, al discípulo de Jesús, para orientarse en un escenario que se presta a mil interpretaciones, le queda siempre la luz del evangelio, el amor del Hijo de Dios a los pobres, la pasión del Hijo del hombre por lo que él llamaba “la mies”, por los esclavos, por las ovejas sin pastor… por los utilizados, por los manipulados, por los vejados, por los hambrientos…

Compartir el pan
Compartir el pan

Al creyente en Cristo le queda siempre el mandato: «Dadles vosotros de comer»…

En el camino del ser humano, la diferencia entre los que se salvan y los que se pierden la establece la relación de cada uno de nosotros con el poder: el poder -ya sea económico, político, religioso, cultural, moral, legal…- siempre se opondrá a Cristo, siempre intentará matarlo y sellarlo en la sepultura…

El mundo del poder -o, si se quiere, el de la riqueza- siempre se opondrá al evangelio….

Y ese mundo, enemigo del evangelio y de los pobres, enemigo de Cristo y de Dios, está en los gobiernos y en los parlamentos, en la información y en las calles, en las parroquias y en los conventos… Ese mundo está en el corazón de las personas, y se ha domiciliado en nosotros de tal modo, que nos parece que es el único mundo razonable, el único posible, el único justo… 

Y, desde ese mundo, a Jesús lo dejamos solo en su camino de loco que da su vida por los demás, solo en su forma de vida ofrecida como un pan, solo en su cruz…

Desde ese mundo, dejamos solo a Dios con su clemencia y su misericordia, con su justicia y su bondad…

Desde ese mundo, olvidamos el amor de Cristo, el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús… olvidamos que, ser cristiano, no es otra cosa que hacer del amor de Dios una forma de vida.

Lo de esta semana en Ceuta es una instantánea del mundo en que vivimos… Ovejas sin pastor, o tal vez peor, ovejas pastoreadas por la muerte… -hubo decenas de muertos que no cuentan para nadie-.

Para el creyente, es siempre tiempo de dar la vida, de perderla, de regalarla… es siempre tiempo de amar…

Las miradas de de ambos obispos, complementarias y profundamente evangélicas, invitan a afrontar esta situación con responsabilidad, humanidad y misericordia
Tiempo de amar
Tiempo de amar

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