Ceuta, 'invasión', migrantes y la "jeraquía de la caridad": ¿Quién es mi prójimo?

Cuando a Jesús le preguntaron "¿Quién es mi prójimo?", narró la parábola del Buen Samaritano. Y lo dejó bien claro: Quien ayuda al necesitado en ese relato no es el sacerdote, ni el levita, sino alguien considerado 'extranjero'. Anda, y haz tú lo mismo

Quema del campamento de migrantes en la playa del Trampolín
Quema del campamento de migrantes en la playa del Trampolín | Marcos Moreno (Europa Press)

Desde hace más de un mes, asistimos a un escenario terrible en Ceuta. Después de la entrada masiva (algunos hablan de "invasión" y exigen la expulsión inmediata de todos, incluidos menores) de decenas de miles de migrantes a la ciudad española a través de la frontera con Marruecos (la inmensa mayoría de ellos ya han regresado), la situación se ha enconado, y el sufrimiento para la población (y para los propios migrantes) se ha vuelto insostenible, ante la muy mejorable actuación de las autoridades, que parecían haberse largado de vacaciones.

La gota que ha colmado el vaso ha sido la concentración de ciudadanos ceutíes (y otros que viene, azuzados por los discursos del odio de los de siempre, a hacer lo de siempre) para impedir que la Cruz Roja entregara ayuda humanitaria a los acampados en la playa del Trampolín. Los campamentos fueron arrasados, y la violencia amenaza con extenderse en una ciudad que siempre se ha caracterizado por la acogida y la convivencia.

Ante esta situación, un cura de Ceuta, con toda su buena voluntad, ha intentado explicar en los micrófonos de Vamos a Ver que "Uno atiende antes a su prójimo, que es el próximo, el que tiene al lado, el ceutí, antes que al que no lo es", defendiendo "una jeraquía de la caridad" y que "la Iglesia no es una ONG". Lejos de mí entrar en polémicas con alguien que está en la zona, trabajando por los que más sufren y que me merece el mayor de los respetos. Sólo una precisión: ¿Quién es mi prójimo?

Esta es la respuesta de Jesús (Lc 10, 25-37), tomada de la Biblia de la Conferencia Episcopal española:

"En esto se levantó un maestro de la ley y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?». 26Él le dijo: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?». 27Él respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo». 28Él le dijo: «Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida». 

29Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?». 30Respondió Jesús diciendo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. 

31Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. 32Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. 33Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, 34y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. 35Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”. 36¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?». 37Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo»".

Cuando a Jesús le preguntaron "¿Quién es mi prójimo?", narró la parábola del Buen Samaritano. Y lo dejó bien claro: Quien ayuda al necesitado en ese relato no es el sacerdote, ni el levita, sino alguien considerado 'extranjero'. Anda, y haz tú lo mismo.

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