¿Chupinazo en Barcelona por San Fermín?
Distintas voces apuntan a que el futuro arzobispo de Barcelona ya conoce su nombramiento, que podría ser inminente, aunque las cábalas oficiales continúan hablando de septiembre como fecha del relevo de un Omella reforzado, cuyo peso en la elección del nuevo prelado de la Ciudad Condal es evidente. La 'rosa' de candidatos se estrecha
"El sucesor de monseñor Omella ya ha sido notificado". Es el rumor que recorre algunas sacristías (catalanas y estatales) desde hace unos días. Hasta el momento, casi todas las voces interesadas apuntaban a septiembre como fecha del nombramiento del nuevo arzobispo (¿y cardenal?) de Barcelona. Desde hace unos días, surgen otros ecos que apuntan a la semana de San Fermín, que arranca hoy con el clásico 'chupinazo', en plenas vacaciones del Papa, como la idónea para el anuncio. ¿Con tintes navarros?
Y es que algunas filtraciones apuntan a la posibilidad -ya adelantada hace meses por RD- de que el elegido pudiera ser, ni más ni menos, que el navarro, y ya cardenal, Bustillo. El actual obispo de Córcega, quien estuvo en la Ciudad Condal durante la visita del Papa con motivo (oficial) del encuentro de obispos del Mediterráneo, ha ganado enteros en las últimas semanas dentro de una estrategia consistente en afianzar las posiciones de Barcelona y Madrid como sedes cardenalicias, frente a los intentos de algunos por elevar a Sevilla, Toledo o, incluso, Valladolid, como candidatos a la púrpura. No parece que, por el momento, sea así, al menos a corto plazo. Parece que Prevost se inclina por que sus hombres en España sean los cardenales de Madrid y Barcelona. A día de hoy, el único cardenal con sede en España y menor de 80 años es José Cobo. ¿Oportunidad para que el sucesor de Omella ya venga con la púrpura debajo del brazo? Las hay, especialmente en la figura del cardenal de Ajaccio (otros no dejan de nombrar a Artime, aunque parece que éste está llamado a importantes responsabilidades en la Santa Sede), quien ya demostró, además, su cercanía a Cobo en el reciente CONVIVIUM.
Sea como fuere, el navarro Bustillo, que en estos días estará en su patria chica celebrando (tal vez como ensayo de las cornadas que le esperan) los sanfermines, es una posibilidad dentro de una rosa de candidatos muy amplia, en el que la figura del cardenal Omella emerge -como ya sucediera en el cónclave pasado- como gran elector. Sabe el actual arzobispo de Barcelona de la importancia estratégica de su sucesión, y la necesidad de crear un tándem de trabajo efectivo con el cardenal Cobo. De ahí que nadie descarte nada, incluso la clásica 'omellada' (en la que algunos inscriben la visita del obispo de Palencia, Mikel Garciandía, este fin de semana a Roma, aunque la realidad esa otra. El de Palencia está llamado a grandes cometidos, pero tal vez no ahora).
Junto a los clásicos nombres, que curiosamente parecen descartados por los mismos que los propusieron (cuatro arzobispos: Roselló, Saiz Meneses, Planellas o Benavent), y por razones bien diferentes en cada caso (sin descartar a ninguno, ojo), aparecen otros nombres que siempre han estado, pero nunca de manera 'ruidosa'. Al más puro estilo Omella. En esa terna podría incluirse a Sergi Gordo (obispo de Tortosa desde 2023), pero también al auxiliar de Barcelona David Abadías (cuya gestión del viaje papal a Barcelona ha sido muy valorada) o el actual abad de Montserrat, Manel Gasch. Sin dejar de lado a uno de los grandes tapados, cuyas posibilidades ya avanzó hace tiempo RD, Francesc Conesa, obispo de Solsona desde la 'espantá' de Xavier Novell en 2022 y cuya participación en el proceso sinodal no ha pasado inadvertida. Otros, en cambio, le colocan de manera inminente en Mallorca, en sustitución de un Taltavull que se despide con la pérdida del proceso judicial contra las Jerónimas.
Cualquier otro nombre sería una gran sorpresa, aunque no hay que descartar la posibilidad de un 'mirlo blanco' (no olvidemos que tanto Omella como Cobo, junto al entonces cardenal Prevost, han conocido y valorado docenas de candidatos al episcopado en los últimos años).Pese a todo, nos cuentan, no hay que olvidar dos grandes factores: de un lado, la 'cuestión española' (un arzobispo que pueda trabajar codo con codo con el cardenal Cobo en la necesaria, y urgente, renovación de los rostros en la Conferencia Episcopal); del otro, la 'cuestión catalana', con la necesidad de un prelado que conozca el idioma y la singularidad de la tierra que vio crecer el genio de Gaudí. Por cierto, que su beatificación podría ser el último servicio del cardenal Omella a una Iglesia que lo acogió con recelo (no lo olvidemos, no era catalán), y lo despedirá con cariño. El 'párroco de pueblo' se hizo querer. ¿Lo hará su sucesor? Tal vez lo sepamos muy pronto.
