Fernández Artime y un necesario futuro para la Iglesia asturiana
Ecos del encuentro del presidente del Principado con el Papa (y sin el arzobispo de Oviedo)
Ocurrió este domingo, 11 de enero. El presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón, era recibido por el Papa León XIV, Junto a él, no se encontraba -como sería normal, si las circunstancias no fueran las que son- el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, sino el cardenal asturiano Ángel Fernández Artime. Un purpurado, por cierto, de los que parecen estar más cerca de los pensamientos de Prevost, junto a Grech o Tagle, para disgusto de los de siempre.
La imagen no pasó desapercibida para los iniciados en un viaje que nació de la idea del 'loco de Dios' del padre Ángel García, y que se materializó gracias a quien fuera rector mayor de los salesianos y hoy ejerce el histórico cargo de pro prefecto para la Vida Cosnagrada de la mano de la primera mujer prefecta, Simona Brambilla. Tampoco, las palabras del presidente del Principado, agradeciendo a su paisano las gestiones: "El Cardenal Artime es asturiano, de Luanco y siempre lleva a nuestra tierra en el corazón, os lo puedo asegurar".
"Para mí, como Presidente del Principado de Asturias, es un inmenso honor haber sido recibido por el Papa y poder transmitirle mi preocupación por la deriva de crispación, conflictos y guerras que asolan el mundo y también, poder hablarle de Asturias, su historia, cultura y patrimonio natural", glosaba Barbón en sus redes sociales, y a no pocos les llamó la atención esa referencia a la "deriva de crispación" y su ramificación asturiana. En el mundillo religioso, dicha crispación tiene nombre y apellidos: Jesús Sanz Montes.
"Ha sido una visita emocionante y con la respetuosa reserva que debo mantener, os aseguro que salí de la misma con un inmenso sentimiento de paz", culminaba Barbón. Al día siguiente, varias llamadas, con la misma pregunta: ¿Y si...? No son pocos los que, en los últimos tiempos, también desde el interior de la Conferencia Episcopal, lamentan el rumbo (casi patológico, nos confirman) de Sanz Montes como promotor de la desunión episcopal en muy distintos campos, desde los "moritos" de Jumilla a la "desmemoria histórica" y, más recientemente, contra el acuerdo firmado entre Argüello y Bolaños para la reparación de las víctimas de la pederastia clerical. Cada vez son más los prelados que no olvidan que, "curiosamente", Sanz no sufrió el 'escrache' que sí padecieron decenas de ellas a la entrada de Añastro a cuenta de la resignificación de Cuelgamuros. Y los que solicitaron, en su momento, a Sanz, un "paso atrás", que no ha dado. ¿Tendrá que venir la respuesta de Roma?
