Matar al Buen Samaritano, o defender la dignidad de un pueblo

Pase lo que pase en Torreciudad, Pérez Pueyo ya ha ganado, aunque haya metido en un follón a León XIV. En el mismo en el que quiso embarcarse Francisco. El mismo del que algunos curas pedían que muriese pronto, los mismos que azuzan ahora la caza al migrante en Ceuta. Tergiversar la parábola del Buen Samaritano es, si me apuran, hasta un acto cismático. Esa gente no es cristiana. En el #resumensemanal de @bastantejesus para @religiondigit

Matar al Buen Samaritano, o defender la dignidad de un pueblo

Hola, ¿qué tal?

Este es el resumen semanal de Religión Digital, después de un (esperamos) merecido descanso vacacional.

Si recuerdan, dejamos este resumen con las catástrofes medioambientales, aguardando un eclipse y con muchas incógnitas respecto a las decisiones en la Iglesia, que hoy continúan.

Pero como la actualidad es así, este mes de agosto nos ha arrasado con la llegada de decenas de miles de migrantes a Ceuta. Más de un mes después, la situación dista de arreglarse, y como no podía ser de otro modo, ha sido pasto para, junto a las lecciones de dignidad y solidaridad de muchos, el azote del discurso del odio. Que esta vez, como ya sucediera en Torrepacheco el año pasado, ha ido más allá.

Y es que, cuando una sociedad se moviliza para impedir a la Cruz Roja que entregue alimentos a personas, muchos de ellos menores, que no tienen qué comer, o cuando otros destruyen las carpas de acogida que evitan que duerman en la calle, algo se ha quebrado. Más allá de las razones que han provocado la entrada (o invasión, o ataque a la integridad territorial, o como la quieran llamar), y de las dificultades para un pueblo, el ceutí (como el de Melilla), históricamente olvidado por los que hoy jalean la ‘caza al invasor’, es inmoral impedir dar de comer al hambriento, de beber al sediento, una capa al que tiene frío.

Y cuando esas palabras vienen de sacerdotes, de esos ‘guardianes de la moral’ tan parecidos a los fariseos que se rasgaban las vestiduras delante de Jesús, de los que reparen carnets de ‘catolicidad premium’, resulta profundamente anti evangélico. Y hay que decirlo. Cuando a Jesús se le pregunta ‘Quién es mi prójimo’, el Maestro es clarísimo.

Tergiversar la parábola del Buen Samaritano es, si me apuran, hasta un acto cismático. Esa gente no es cristiana.

Afortunadamente, hay miles que, independientemente de su posicionamiento político, o su visión sobre lo que ha pasado en realidad en Ceuta (que merece muchas explicaciones, que el Gobierno no está sabiendo dar), ofrecen lo mejor que tienen para todos. Pero este no es un caso aislado: lamentablemente, y en el falso nombre de Cristo, muchos otros continúan azuzando a ‘nuestros’ pobres contra otros pobres, que se lanzan buscando un futuro mejor, como culpables de su propia pobreza. Y de paso, llenando sus bolsillos sobre la base del odio. Vienen malos tiempos.

Tergiversar la parábola del Buen Samaritano es, si me apuran, hasta un acto cismático. Esa gente no es cristiana

Esta semana, también, hemos vivido un nuevo capítulo del ‘caso Torreciudad’. El diario El País publicaba las cartas que Francisco escribió al obispo Pérez Pueyo denunciando las “intrigas mafiosas” en su contra. Todo lo que se cuenta ya se había publicado hace meses. Ahora tenemos la confirmación impresa de que hubo quienes quisieron (quienes quieren, en realidad) cargarse al obispo por defender el patrimonio de su diócesis. Y vender ese trofeo para ganar el otro, el que realmente les preocupa.

Esta situación pone a León XIV en una difícil tesitura. Cualquier decisión será interpretada según el bando. Pero una cosa está clara, al menos para mí: Ángel Pérez Pueyo, el obispo que no rebla, que no cede, no busca nada para sí. Es más: podría haberse olvidado del tema, convertirse en obispo de Ciudad Real (o quién sabe si algo más). Pero él siempre afirma que es ‘esposo de una sola esposa’. Y ya lo demostró en el conflicto de los bienes de la Franja: la verdad padece, pero no perece. Pase lo que pase, Pérez Pueyo ya ha ganado, aunque haya metido en un follón a León XIV. En el mismo en el que quiso embarcarse Francisco.

Y, no nos engañemos, Torreciudad solo es un ensayo de lo que puede suceder. El obispo de Barbastro ha demostrado que, como hizo Jesús, su papel está con su pueblo. ¿Qué harán otros? En breve, nuevos -quién sabe si definitivos- capítulos.

Os lo contaremos, aquí, en RD. No os perdáis este otoño, con viajes a Francia, Perú, Argentina, Uruguay, nombramientos vaticanos y más, mucho más. Feliz regreso a la rutina.

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