Cuba según Alberto Reyes Pías

Crónica de un pueblo entre el miedo, la libertad y la esperanza

"Nuestras vidas no nos pertenecen". La mirada de Alberto Reyes Pías sobre una nación marcada por la escasez, la emigración y la búsqueda de libertad. 

El poder, la dependencia y la pérdida de protagonismo ciudadano han transformado a Cuba. 

Crítica al poder, al miedo, al mesianismo político y a la pasividad social en la Cuba contemporánea. 

Entre la pobreza, la emigración y la crisis de la sociedad civil, Alberto Reyes Pías encuentra razones para seguir creyendo en el futuro. 

es hora de un cambio
es hora de un cambio
Alberto Reyes Pias
Alberto Reyes Pias

La siguiente es una recensión de los artículos 65 a 165 de la obra editorial “He estado pensando” que Alberto Reyes Pías, sacerdote cubano de la diócesis de Camagüey publica semanalmente en sus redes sociales: 

Hay países que atraviesan crisis económicas. Otros padecen crisis políticas. Algunos sufren fracturas sociales profundas. En la visión del sacerdote cubano Alberto Reyes Pías, Cuba vive simultáneamente las tres. 

A través de sus artículos reunidos en la serie He estado pensando, Reyes Pías ha construido una de las reflexiones más persistentes y profundas sobre la realidad cubana contemporánea. No escribe como académico ni como dirigente político. Escribe como pastor. Desde parroquias, barrios y comunidades concretas. Desde el contacto cotidiano con personas que buscan alimentos, hacen filas para conseguir medicamentos, sufren apagones interminables o despiden a familiares que parten hacia el exilio. 

Por eso sus textos poseen una fuerza particular. No nacen de teorías. Nacen de la experiencia. 

La pregunta que atraviesa toda su obra es sencilla y dolorosa al mismo tiempo: ¿cómo llegó Cuba a esta situación? 

La respuesta que ofrece no es única. Tampoco es simple. Es una combinación de factores económicos, políticos, culturales, morales y espirituales que, a lo largo de más de seis décadas, han ido configurando una sociedad marcada por la escasez, la dependencia, el miedo y la pérdida progresiva de protagonismo ciudadano. 

Sin embargo, sus escritos no son únicamente una denuncia. Son también una búsqueda. Una invitación a pensar el presente para recuperar el futuro.

libros de Alberto Reyes Pías
libros de Alberto Reyes Pías

 

La isla que aprendió a sobrevivir 

Durante décadas el proyecto revolucionario prometió construir una sociedad más justa, más igualitaria y humana. Sin embargo, cuando Reyes Pías observa la vida cotidiana encuentra una realidad muy distinta. 

Encuentra familias que dedican buena parte de su energía a resolver necesidades básicas. Encuentra jubilados cuyos ingresos apenas alcanzan para subsistir. Encuentra profesionales que abandonan sus carreras para buscar cualquier actividad que les permita sobrevivir económicamente. Encuentra jóvenes que ya no imaginan su futuro dentro de la isla.[1] 

La supervivencia se ha convertido en la principal ocupación de millones de personas. 

Para el sacerdote, ésta es una de las señales más evidentes del fracaso de un modelo. Cuando una sociedad deja de pensar en desarrollarse y comienza a concentrarse únicamente en sobrevivir, algo fundamental se ha roto. 

No se trata solamente de una crisis económica. 

Se trata de una crisis de expectativas. 

El futuro ha dejado de ser una promesa para convertirse en una incertidumbre. 

La escasez permanente termina produciendo algo más profundo que la pobreza material. Produce agotamiento psicológico. Las personas dejan de planificar proyectos. Dejan de pensar en el largo plazo. Se concentran únicamente en resolver el día siguiente. 

Cuando eso ocurre durante años, toda la sociedad comienza a deteriorarse. 

Apagón en Cuba
Apagón en Cuba

Cuando el poder se convirtió en el objetivo 

Uno de los argumentos centrales de Reyes Pías es que la revolución cubana sufrió una transformación profunda. 

Según su interpretación, los ideales iniciales fueron progresivamente sustituidos por una lógica de conservación del poder.[2] 

Lo expresa con una frase que se ha convertido en una de las más citadas de sus escritos: 

“Hubo un grupo que lo que buscaba era poder, y el poder no se sueña, se calcula”.[2] 

La frase resume una convicción fundamental. 

Las estructuras políticas comenzaron a orientarse cada vez más hacia la preservación del sistema que hacia la realización de los objetivos que originalmente justificaron su existencia. 

Cuando esto ocurre, las instituciones dejan de servir a las personas y comienzan a exigir que las personas sirvan a las instituciones. La prioridad deja de ser el bienestar de los ciudadanos. La prioridad pasa a ser la estabilidad del poder. 

Según Reyes Pías, esta transformación explica buena parte de las dificultades actuales: un sistema preocupado principalmente por su propia supervivencia tiende a percibir cualquier crítica como una amenaza. La discrepancia deja de entenderse como una contribución al bien común y pasa a interpretarse como un acto de hostilidad. La consecuencia es una creciente distancia entre gobernantes y gobernados.  

Che Guevara y Fidel Castro
Che Guevara y Fidel Castro

El divorcio entre el discurso y la realidad 

Otro de los temas recurrentes en sus artículos es la distancia entre el lenguaje oficial y la experiencia cotidiana. 

Mientras los discursos continúan describiendo avances y éxitos, la población experimenta escasez, inflación, deterioro de servicios públicos y emigración masiva.[3] 

Para Reyes Pías, uno de los problemas más graves aparece cuando la realidad deja de ser un criterio para evaluar las políticas. 

En uno de sus textos escribe: 

“La realidad es como yo digo que tiene que ser, y si no es así, peor para la realidad”.[4] 

La frase tiene un tono irónico, pero detrás de ella se encuentra una crítica seria. 

Cuando la ideología se vuelve más importante que los hechos, la posibilidad de corregir errores desaparece. 

Y cuando desaparece la capacidad de rectificación, las crisis tienden a profundizarse. 

La ideología, sostiene Reyes Pías, puede ser una herramienta útil para interpretar el mundo. El problema comienza cuando pretende sustituir al mundo. 

Cuando los datos contradicen las teorías, cuando la experiencia contradice los discursos y cuando las necesidades concretas de las personas son subordinadas a la defensa de un relato político, la sociedad entra en una dinámica de negación permanente. 

El resultado es una creciente pérdida de credibilidad. 

propaganda revolucionaria en Mexico
propaganda revolucionaria en Mexico

Un pueblo al que le arrebataron el protagonismo 

Quizás la reflexión más profunda de Alberto Reyes Pías no sea económica ni política. Es antropológica. Tiene que ver con la condición humana. 

El sacerdote sostiene que durante décadas los ciudadanos fueron perdiendo progresivamente la capacidad de influir en las decisiones fundamentales que afectan sus vidas.[5] La consecuencia ha sido una cultura de dependencia. Muchas personas dejaron de sentirse protagonistas de su historia. 

Por eso escribe: “Nuestras vidas no nos pertenecen”.[5] No se trata solamente de una frase política. Es la descripción de una experiencia humana. La experiencia de sentir que las decisiones importantes siempre se toman en otra parte. La experiencia de vivir bajo estructuras que parecen imposibles de modificar. La experiencia de sentirse espectador de la propia historia. 

Esta pérdida de protagonismo tiene consecuencias profundas: Debilita la responsabilidad personal. Reduce la participación ciudadana. Fomenta la resignación y termina generando una sensación colectiva de impotencia. 

calles de La Habana
calles de La Habana

La destrucción de la sociedad civil 

¿Por qué resulta tan difícil generar cambios? 

¿Por qué el descontento social no siempre se transforma en participación efectiva? 

Para Reyes Pías, la respuesta está en la destrucción progresiva de la sociedad civil.[6] 

Durante décadas fueron debilitándose asociaciones independientes, espacios de participación ciudadana y formas autónomas de organización. La consecuencia fue una ciudadanía cada vez más aislada. 

Las personas continuaron teniendo opiniones; continuaron teniendo aspiraciones; continuaron teniendo inconformidades, pero dejaron de poseer instrumentos eficaces para actuar colectivamente. 

La desconfianza fue ocupando el lugar de la cooperación. Los vecinos comenzaron a verse con sospecha. La política penetró incluso en las relaciones familiares. La cultura de la vigilancia y de la delación terminó erosionando los vínculos sociales. 

Según Reyes Pías, éste es uno de los daños más profundos provocados por el sistema. Porque reconstruir la economía puede tomar años. Reconstruir la confianza puede tomar generaciones. 

Cuba
Cuba

El miedo como forma de vida 

Si existe una palabra que atraviesa casi toda la obra de Alberto Reyes Pías es “miedo”.[7] 

No se refiere únicamente al miedo a la represión. Habla también del miedo cotidiano. Miedo a hablar. Miedo a expresar opiniones. Miedo a diferir. Miedo a las consecuencias. Miedo a perder oportunidades. Miedo a ser señalado. Miedo a quedar aislado.  

Con el paso de los años, ese miedo terminó convirtiéndose en una cultura; una forma de comportamiento; una manera de relacionarse con los demás, incluso una estrategia de supervivencia. 

Lo más preocupante, según Reyes Pías, es que el miedo deja de ser un fenómeno político cuando comienza a transmitirse de generación en generación. En ese momento se convierte en una herencia cultural: Los padres enseñan a callar. Los hijos aprenden a ocultar. La prudencia se transforma en autocensura y la autocensura termina pareciendo normal. 

propaganda revolucionaria en Argentina
propaganda revolucionaria en Argentina

El estallido del 11 de julio 

Las protestas del 11 de julio de 2021 representan un momento decisivo en la interpretación que Reyes Pías hace de la historia reciente.[8] 

Miles de personas salieron a las calles en distintas ciudades de Cuba. Durante unas horas se rompió el silencio. Aparecieron públicamente frustraciones acumuladas durante años. Se expresaron demandas de libertad. Se reclamaron mejores condiciones de vida y se hizo visible una realidad que muchos preferían ignorar. 

Para Reyes Pías, aquellas manifestaciones demostraron que el descontento no había desaparecido, simplemente había permanecido contenido. 

El 11J mostró que la aparente pasividad social escondía una enorme acumulación de malestar. También mostró que el deseo de libertad seguía vivo y que la resignación no era tan profunda como muchos imaginaban. 

Las consecuencias posteriores fueron conocidas: detenciones, juicios, condenas y nuevas formas de control. 

Pero para Reyes Pías algo había cambiado. El silencio ya no era absoluto. La historia había entrado en una nueva etapa. 

multitudinaria eucaristia papal en la plaza de la revolucion 1998
multitudinaria eucaristia papal en la plaza de la revolucion 1998

La Iglesia frente al sufrimiento del pueblo 

Como sacerdote católico, Alberto Reyes Pías dedica numerosas reflexiones al papel de la Iglesia, pero no lo hace desde una postura complaciente. Por el contrario, exige una Iglesia capaz de acompañar el sufrimiento humano y de decir la verdad incluso cuando resulte incómoda.[9] 

Para él, la misión cristiana no puede reducirse a la administración de sacramentos. 

La fe tiene consecuencias sociales. 

La Iglesia debe iluminar moralmente la realidad. Debe denunciar aquello que atenta contra la dignidad humana. Debe acompañar a quienes sufren y debe ayudar a mantener viva la esperanza. 

En este sentido, Reyes Pías valora especialmente aquellas intervenciones eclesiales que describen honestamente la situación del país y reconocen el cansancio, la frustración y la incertidumbre que experimenta buena parte de la población. 

Sin embargo, sus reflexiones van más allá de una simple defensa institucional de la Iglesia. La interpelan. La cuestionan. La llaman a examinar su propia conciencia histórica. 

Juan Pablo II saluda a Juan Pablo II en Cuba 1998
Juan Pablo II saluda a Juan Pablo II en Cuba 1998

Una crítica a la Iglesia como institución 

Entre las aportaciones más originales de Reyes Pías se encuentra una crítica dirigida también hacia la propia Iglesia. No cuestiona su misión espiritual. Cuestiona la tentación permanente de refugiarse exclusivamente en la prudencia institucional. 

A su juicio, existe el riesgo de que la Iglesia se preocupe tanto por conservar espacios de diálogo con el poder que termine debilitando su voz profética. 

La neutralidad puede convertirse en silencio. La diplomacia puede convertirse en evasión y el temor a perder lo poco conquistado puede impedir acompañar plenamente el sufrimiento del pueblo. 

En varios de sus escritos aparece una preocupación constante: que la Iglesia no olvide que su primera fidelidad es al Evangelio y a la dignidad de la persona humana. 

Desde esta perspectiva, la Iglesia no debe identificarse con ningún proyecto político, pero tampoco puede permanecer indiferente cuando la dignidad humana es vulnerada. 

La historia cristiana muestra que los momentos más luminosos de la Iglesia han sido aquellos en los que supo ponerse del lado de quienes sufrían. 

Por eso Reyes Pías insiste en que la Iglesia no puede limitarse a administrar la esperanza espiritual de un pueblo mientras guarda silencio sobre las causas concretas de su sufrimiento. 

La esperanza cristiana no es evasión. Es compromiso. 

 

Eucaristia papal en la Plaza de la revolucion de La Habana
Eucaristia papal en la Plaza de la revolucion de La Habana

Una crítica dirigida también a los creyentes 

Sin embargo, una de las características más interesantes de sus escritos es que la crítica no se dirige únicamente al poder político ni a las instituciones, también alcanza a los propios ciudadanos y particularmente a los creyentes. 

Reyes Pías sostiene que el miedo no sólo se impone desde arriba, también puede transmitirse desde la familia: Cuando los padres enseñan a callar siempre. Cuando aconsejan ocultar las propias convicciones. Cuando convierten la prudencia en resignación. Cuando transmiten la idea de que lo mejor es adaptarse. En esos casos el miedo deja de ser únicamente una herramienta de control político y se transforma en una cultura. 

Por eso denuncia la doble moral, la simulación y la autocensura como heridas que Cuba deberá sanar si quiere reconstruirse.[10] 

La transformación que necesita el país no será solamente política o económica. También deberá ser moral y cultural. 

El sacerdote considera que una sociedad libre exige ciudadanos libres y que la libertad no comienza cuando cambia un gobierno. Comienza cuando las personas recuperan la capacidad de decir la verdad, incluso cuando esa verdad tiene costos. 

Francisco saluda a Raul Castro en Cuba 2015
Francisco saluda a Raul Castro en Cuba 2015

La tentación de esperar salvadores 

Uno de los aspectos más originales de la reflexión de Reyes Pías es su crítica al mesianismo político.[11] 

La historia latinoamericana está llena de figuras presentadas como salvadores, caudillos, revolucionarios, libertadores, presidentes providenciales, hombres fuertes, mesías políticos. 

Reyes Pías observa este fenómeno con preocupación, porque considera que la dependencia de líderes carismáticos termina debilitando la responsabilidad ciudadana. Cuando una sociedad espera que otro resuelva todos sus problemas, deja de asumir el papel que le corresponde. Por eso insiste en que ninguna transformación profunda puede depender exclusivamente de una persona. 

La libertad no puede delegarse. Debe construirse. Debe aprenderse. Debe ejercerse. 

a la espera de un mesias
a la espera de un mesias

Donald Trump y el mesianismo americano 

Esta reflexión adquiere especial relevancia cuando algunos sectores depositan grandes expectativas en dirigentes extranjeros capaces de presionar al régimen cubano. 

En distintos momentos, esas esperanzas han recaído sobre presidentes estadounidenses, figuras del exilio o líderes internacionales. Entre ellos, Donald Trump. 

Reyes Pías considera legítimo esperar solidaridad internacional. Lo que considera peligroso es esperar salvadores. La libertad, insiste, no puede ser importada, debe ser construida. 

Ningún líder extranjero resolverá los problemas fundamentales de Cuba, ni Donald Trump, ni ningún otro gobernante; porque el verdadero cambio deberá surgir de los propios cubanos. 

De su capacidad para reconstruir la sociedad civil. De su disposición para asumir responsabilidades y de su decisión de convertirse nuevamente en protagonistas de su historia. 

Su crítica no está dirigida contra una persona concreta. Está dirigida contra una mentalidad. La mentalidad que busca fuera lo que sólo puede construirse desde dentro. 

Benedicto XVI saluda a Fidel Castro en Cuba 2012
Benedicto XVI saluda a Fidel Castro en Cuba 2012

Libertad sin venganza 

Otro rasgo distintivo de la reflexión de Reyes Pías es su insistencia en la reconciliación.[12] 

Su crítica al sistema político es dura. Pero no está acompañada por llamados al odio. Por el contrario, advierte repetidamente sobre el peligro de construir el futuro desde la venganza. 

En uno de sus textos recuerda cómo muchos procesos revolucionarios terminaron reproduciendo las mismas dinámicas de exclusión que originalmente combatían. 

Por eso insiste en la necesidad del perdón, no como olvido, no como impunidad, sino como condición para reconstruir una comunidad nacional.  

La libertad que imagina para Cuba no consiste en invertir los papeles entre vencedores y vencidos. Consiste en reconstruir una sociedad donde todos puedan participar. Una Cuba plural. Una Cuba democrática. Una Cuba donde nadie sea excluido por pensar diferente. 

el padre Alberto en su parroquia
el padre Alberto en su parroquia

La esperanza como forma de resistencia 

A pesar de la dureza de sus diagnósticos, los escritos de Alberto Reyes Pías no transmiten desesperación; por el contrario, están atravesados por una esperanza persistente. No una esperanza ingenua. No una esperanza basada en ilusiones; sino una esperanza fundada en la convicción de que ningún sistema es eterno. Que ningún pueblo pierde para siempre el deseo de libertad. Que la dignidad humana siempre encuentra caminos para manifestarse. 

Por eso una de las frases que mejor resume su pensamiento es aquella que recuerda que los pueblos crucificados también terminan resucitando.[13] 

La esperanza, en Reyes Pías, no es un sentimiento pasivo. Es una forma de resistencia. Es la negativa a aceptar que la injusticia tenga la última palabra. Es la decisión de seguir creyendo en la libertad cuando todo parece indicar lo contrario. 

He estado pensando editorial de Alberto Reyes Pias
He estado pensando editorial de Alberto Reyes Pias

Una nación que busca reencontrarse 

Leídos en conjunto, los artículos de Alberto Reyes Pías constituyen mucho más que una crítica al sistema político cubano. Son una reflexión sobre la condición humana. Sobre el miedo y la libertad. Sobre la verdad y la mentira. Sobre la responsabilidad y la esperanza. 

La Cuba que emerge de sus escritos es una nación cansada, empobrecida y fragmentada; pero también es una nación que todavía conserva reservas de dignidad. Una nación que sigue buscando caminos para reencontrarse consigo misma y precisamente por eso sus textos terminan dejando una impresión singular. No son solamente la crónica de una crisis. 

Son la historia de una esperanza que se niega a desaparecer. Son el testimonio de un sacerdote que decidió acompañar a su pueblo no sólo desde el altar, sino también desde la palabra; y son, al mismo tiempo, una invitación a creer que incluso las noches más largas terminan cediendo ante la llegada del amanecer. 

 

Este artículo fue redactado con la ayuda de la IA. 

 

Referencias 

[1] Alberto Reyes Pías, He estado pensando (70, 71, 74 y 75). 

[2] Alberto Reyes Pías, He estado pensando (69), “En la diferencia entre sueños y cálculos”. 

[3] Alberto Reyes Pías, He estado pensando (75), “En la diferencia entre partidismo y evidencia social”. 

[4] Alberto Reyes Pías, He estado pensando (80), “En eso que llamamos ideologización”. 

[5] Alberto Reyes Pías, He estado pensando (71), “Por qué necesitamos un cambio de sistema”. 

[6] Alberto Reyes Pías, He estado pensando (67, 71 y 83). 

[7] Alberto Reyes Pías, He estado pensando (70, 72, 73 y 84). 

[8] Alberto Reyes Pías, textos posteriores al 11 de julio de 2021. 

[9] Alberto Reyes Pías, He estado pensando (68 y 84). 

[10] Alberto Reyes Pías, He estado pensando (67, 70 y 84). 

[11] Alberto Reyes Pías, He estado pensando (66), “Nos rodean infinidad de heroísmos”. 

[12] Alberto Reyes Pías, He estado pensando (78), “La necesidad de la sanación interior”. 

[13] Alberto Reyes Pías, He estado pensando (73), citando a Mons. Silvio Báez.

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