Jesús de Nazaret, indignado con el patriarcado y creador de un movimiento igualitario

"Pone en marcha un movimiento igualitario de hombres y de mujeres, donde el sexo no es motivo de discriminación ni de reconocimiento especial. El elemento común a unos y otras dentro del grupo es el seguimiento del Maestro de Nazaret, que pide compartir su estilo de vida pobre, acoger su enseñanza y anunciar el reino de Dios como Buena Noticia de liberación para las personas empobrecidas y marginadas"

Jesús y las mujeres
Jesús y las mujeres

Respondiendo a la convocatoria de LA REVUELTA DE LAS MUJERES el 1 de marzo numerosos colectivos cristianos van a concentrarse a las puertas de las catedrales españolas para defender la dignidad y la igualdad de las mujeres en la Iglesia y luchar contra el patriarcado religioso.

Y lo hacen en sintonía con las movilizaciones del 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, uniéndose a las reivindicaciones del movimiento feminista en favor de la emancipación de las mujeres precisamente en un momento en el que se está produciendo una alianza entre la extrema derecha política, cultural y social y los movimientos cristianos fundamentalistas e integristas que defienden discursos de odio contra el feminismo y apoyan políticas discriminatorias de las mujeres.

En este artículo quiero fundamentar la propuesta de LA REVUELTA DE LAS MUJERES apelando a la crítica que Jesús de Nazaret hizo contra el patriarcado religioso y político de su tiempo y recordando el movimiento igualitario que puso en marcha donde las mujeres recuperaron la dignidad y la ciudadanía que les negaban el judaísmo ortodoxo y el Imperio romano colonial. 

Concentración de la Revuelta de Mujeres en la Iglesia
Concentración de la Revuelta de Mujeres en la Iglesia

Jesús mostró su indignación de manera especial con la sociedad y la religión patriarcales. El cristianismo histórico ha mantenido oculta esa actitud durante muchos siglos. Las iglesias cristianas han elaborado una teología androcéntrica, han creado una moral misógina, se han configurado patriarcalmente y lo han legitimado a través de la presentación de una imagen patriarcal del propio Jesús de Nazaret. Es lo que llamamos la patriarcalización de la cristología.  

Tampoco la hermenéutica bíblica ha sido capaz de descubrir esa indignación, ya que ha operado hasta muy recientemente con métodos histórico-críticos androcéntricos, que resultaban patriarcales en la traducción, la interpretación y la lectura tanto de la Biblia judía como de la Biblia cristiana.

Hoy, gracias sobre todo a la hermenéutica de la sospecha, a las teologías feministas y a los estudios de antropología cultural y de sociología del Nuevo Testamento, del cristianismo primitivo y del Jesús histórico, se está poniendo de manifiesto la centralidad de la indignación de Jesús contra el patriarcado religioso, político, social y jurídico de su tiempo y su defensa de la igualdad entre hombres y mujeres.  

Mujeres sororales de la Amazonía
Mujeres sororales de la Amazonía

           Jesús reconoce a las mujeres la dignidad que el judaísmo ortodoxo y el Imperio romano opresor les negaban en todos los órdenes. Pone en cuestión las leyes penales que condenaban con más severidad a las mujeres que a los varones, como la lapidación por adulterio.

En la escena evangélica de la mujer adúltera (Jn 8,1-11) hay dos elementos a tener en cuenta en la conducta de Jesús:

  • a) echa en cara a los acusadores su doble moral (“el que esté libre de pecado, tire la primera piedra”;
  • b) perdona a la mujer, eximiéndola del castigo que le imponía la ley (“¿nadie te ha condenado, mujer?... Yo tampoco te condeno. Vete, y no peques más”). Es un ejemplo de su cuestionamiento radical de la ley que justificaba la violencia contra las mujeres.   

           Pone en valor y elogia el gesto generoso y estético de la mujer que se presenta en casa del fariseo Simón, donde estaba Jesús comiendo, y derrama sobre su cabeza un frasco de perfume, lo que demuestra cercanía e incluso ternura hacia Jesús y reconocimiento simbólico de su mesianidad. Tras el gesto de la mujer, que sorprende y desconcierta a los comensales, entre ellos a los discípulos, Jesús pronuncia unas palabras emblemáticas de manera solemne, que relacionan la proclamación de la Buena Noticia de la liberación con la memoria del gesto de esta mujer:

“Yo os aseguro: dondequiera que se proclame esta Buena Nueva en el mundo entero, se hablará también de lo que ella ha hecho en memoria de ella” (Mc 14,9).

Jesús y las mujeres
Jesús y las mujeres

La biblista feminista Elisabeth Schüssler Fiorenza reconoce una relevancia significativa a la expresión “en memoria de ella” y la utiliza como título de su obra pionera en la teología feminista: En memoria de ella: una reconstrucción teológico feminista de los orígenes del cristianismo (Desclée de Brower, Bilbao, 1989), en la que reconstruye la historia del cristianismo primitivo como “historia de las mujeres” desde una hermenéutica histórico-feminista.

La obra se abre con un texto de la escritora afroamericana feminista Alice Walker, premio Pulitzer por su obra El color púrpura (1983), que defiende la sororidad: “Estamos juntas, mi hija y yo,/ madre e hija, sí,/ pero hermanas en realidad/ contra lo que nos niega todo lo que somos”.

En otra ocasión Jesús osa afirmar, con harto escándalo para las autoridades religiosas, que los publicanos y las prostitutas precederán en el reino de los cielos a los fieles cumplidores de la ley (Mt 21,31). Tal modo de actuar entra en conflicto con la rigidez de los guardianes de la ley.  

Pone en marcha un movimiento igualitario de hombres y de mujeres, donde el sexo no es motivo de discriminación ni de reconocimiento especial. El elemento común a unos y otras dentro del grupo es el seguimiento del Maestro de Nazaret, que pide compartir su estilo de vida pobre, acoger su enseñanza y anunciar el reino de Dios como Buena Noticia de liberación para las personas empobrecidas y marginadas.

Así lo pone de manifiesto un texto de Lucas que pasó desapercibido durante mucho tiempo: Lc 8, 1-3. Jesús reconoce a las mujeres la dignidad y la ciudadanía que les negaban la religión, la sociedad y el Imperio romano.

Las mujeres jugaron un papel determinante en la expansión del movimiento de Jesús

La actitud integradora e inclusiva de Jesús provocó frecuentes conflictos, constituyó un desafío a las estructuras patriarcales del judaísmo y a su discurso androcéntrico e implicó un cambio revolucionario no solo en el terreno religioso, sino también en el político y el social.

Las mujeres jugaron un papel determinante en la expansión del movimiento de Jesús. Así parecen indicarlo dos relatos evangélicos pertenecientes a dos tradiciones diferentes: el de la Samaritana, difusora de la Buena Noticia de Jesús en medio de un pueblo heterodoxo a los ojos de los judíos (Jn 4), y el de la Sirofenicia, mujer pagana que pide a Jesús la curación de su hija (Mc 7,24-30; Mt 15,21-28) y consigue vencer sus iniciales resistencias, hasta convertirlo a la concepción universalista de la salvación.

           Pero donde se rompen todos los esquemas patriarcales de la sociedad y de la religión judía es en los relatos de la Resurrección. Las mujeres, cuyo testimonio carecía de todo valor porque eran consideradas mendaces por naturaleza, son presentadas como las primeras testigos del Resucitado. Los Doce acceden al conocimiento de la Resurrección a través de ellas. Su actitud ante el testimonio de las mujeres concuerda con el comportamiento adoptado durante el proceso de Jesús: si entonces huyeron, ahora se muestran reticentes y desconcertados. Como judíos misóginos, en un primer momento no creen a las mujeres.

Sin embargo, Pablo de Tarso las excluye de la lista de las apariciones, las sustituye por los Doce y a María Magdalena por Pedro (1 Cor 15, 3-8). Pero esto esto no fue óbice para que el mismo Pablo reconociera la igualdad entre los hombres y las mujeres (Gálatas 3,26-28) y para que estas tuvieran responsabilidades directivas en las comunidades paulinas, como reconoce en las despedidas de la carta a los Romanos, donde manda saludos a mujeres colaboradoras suyas, dirigentes de comunidades domésticas, compañeras de prisión… (Rom 16).

Coincido con Suzanne Tunc en que "ellas [las mujeres] son el eslabón indispensable de la transmisión del mensaje evangélico, e incluso el eslabón esencial para nuestra fe en Cristo resucitado". Y yo voy más allá todavía: sin el testimonio y la experiencia de la Resurrección de las mujeres, no hubiera nacido la Iglesia cristiana

Coincido con Suzanne Tunc en que "ellas [las mujeres] son el eslabón indispensable de la transmisión del mensaje evangélico, e incluso el eslabón esencial para nuestra fe en Cristo resucitado". Y yo voy más allá todavía: sin el testimonio y la experiencia de la Resurrección de las mujeres, no hubiera nacido la Iglesia cristiana. Ellas se encuentran en los orígenes y en el primer desarrollo del cristianismo.

Después sufrieron una marginación que dura hasta hoy, sin visos de cambio, al menos institucionalmente. En las comunidades de base y en la reflexión teológica sí se están produciendo importantes cambios, que han dado lugar al nacimiento de la teología feminista, una de las más creativas de las últimas décadas.

En el próximo artículo hablaré del cristianismo de María Magdalena.    

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