Amemos el don de la Vida (JMS)

El blog de X. Pikaza
19 ago 2007 - 11:59

Mi amigo y paisano JMS me mandó hace un mes una preciosa historia sobre el tema de la prisa y la locura de las vacaciones... Quise meterlo un par de veces en mi blog, pero no he sido capaz. O no se manejar el youtube... o el programa de JMS no tenía la clavez... Ahora, pasado un mes, pasadas casi las vaciones en Europa, con el frío que empieza a caer en la meseta, recuerdo a Joxemari y me atrevo a entrar en su blog y robarle una preciosa reflesión sobre la vida, que matiza muchas cosas que aquí se han dicho sobre el tema del Qohelet (¡vanidad...!) y sobre el tema de la Asunción de María, como triunfo de la vida en la muerte. Lo de las vacaciones lo conservo y, si puedo, lo pongo otro día. JMS no necesita presentaciones en este blog. Esta es su casa. Kaixo Joxemari, estás en tu casa. (Invito a todos a que entren en su blog: Josemaría Sarrionandia http://txirimbolo.zoomblog.com/

TORNQUIST - Argentina

LA VIDA

Un árbol, un caballo y un hombre son seres vivos, tienen vida pero la tienen de una forma muy diferente. El árbol nace, crece, florece y fructifica. El animal también pero tiene desplazamientos propios para buscar el alimento que es la fuente de su energía vital. El humano tiene todas las características de la planta y del animal pero piensa y decide. He ahí las grandes diferencias de la vida que puebla nuestro planeta.

Jesús nos dice que ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. La vida tiene tres niveles: la vegetal que madura, la animal que siente y la humana que mejora o empeora según lo que los mismos hombres decidan. Jesús nos dice que la vida mejora como el trigo que crece y que empeora como la cizaña que adultera la siembra del labrador; el trigo lo ha sembrado el Padre, la cizaña la ha implantado el Enemigo durante la oscuridad de la noche.

Ser bueno o ser malo es algo exclusivamente humano. No hay mal tiempo a pesar de los truenos y las inundaciones. No hay plantas malas a pesar de los venenos que matan. No hay animales malos a pesar de las hienas y los alacranes Hay hombres malos cuando en medio del trigo siembran cizaña. Cuando en medio de sus decisiones constructivas siembran intenciones aviesas y en la vida familiar y social instilan odios y rencores que llevan a las peleas y a las guerras, a la destrucción y a la muerte.

"Te he dado a elegir entre la vida y la muerte",

dice el Señor a Moisés;

y esa elección es válida para todo hombre que piensa y decide.

No podemos elegir ni la hora del nacimiento ni el momento de la muerte, pero todos podemos y debemos elegir el destino de nuestra existencia, la meta final de nuestras vivencias. Nacemos y morimos por voluntad de Otro pero por voluntad propia decidimos perdurar en la vida o en la muerte, como el trigo que va al granero y la cizaña que se tira al fuego.

Nuestra vida, la que sentimos y conocemos, es efímera: ¡brotamos del polvo y volvemos al polvo! Todos los antepasados (incluidos animales y plantas) duermen en el polvo de los cementerios y ahí dormirán nuestros descendientes. Sólo los que eligieron y amaron la vida resucitarán y despertarán a la vida eterna como hijos de Dios Padre por los siglos de los siglos, por el siempre intemporal de la perpetuidad. Los otros, los que no creyeron en la vida ni la amaron, permanecerán en el olvido total de la inexistencia.

Aunque nos tiñamos el pelo y nos pintemos la piel no podemos decidir el ser rubios o morochos. Pero, en medio de tanto artilugio, somos en el universo los únicos que decidimos de nuestra vida.

¡Decidir es nuestro privilegio y responsabilidad!

No podemos hacernos más inteligentes de lo que somos, pero podemos salvar nuestra inteligencia de la aniquilación. Y eso es lo que estamos haciendo con la escritura y la lectura misma de estas líneas. Estamos decidiendo ya el valor de nuestras decisiones.

Nos conviene tomar más en serio la trascendencia de lo que estamos haciendo. Lo que hacemos acá en la tierra repercute en lo que seremos allá en el misterio de la eternidad. Ningún codicioso desperdiciaría la oportunidad de, sembrando una moneda, cosechar una millonada. Sin embargo, a cada momento estamos sembrando la eternidad, mala o buena, y nos quedamos tan campantes como si no pasara nada.

Amemos el don de la vida y demos gracias por ella cada día que amanece para vivir la felicidad que nunca anochecerá. ¡No seamos ni tontos ni malos!

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