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Que acabe ya la guerra

Carta a Carlos, mi amigo “pederasta”

El blog de X. Pikaza
26 jun 2013 - 10:10

Querido Carlos: No pensaba reanudar nuestra conversación de esta manera, tras diez años de silencio. Tú eras una alta autoridad del Vaticano (un “epíscopo”), y así, cuando tomé la decisión de dejar un tipo de ministerio clerical, en paz con la Iglesia oficial, pedí tu ayuda. Te interesaste, como siempre, y lograse que la dispensa llegara casi “a vuelta de correo”.

Como sabes, el texto de la dispensa era (y sigue siendo) poco evangélico. Pero tú añadiste unas líneas personales, dándome las gracias, en nombre de la Iglesia, por lo que yo había hecho por ella como “maestro y profesor”, y añadiendo que tenías la certeza de que seguiría sirviéndola aún más, de otra manera, cosa que he procurado hacer.

Después, hemos pasado unos años en respetuoso silencio, aunque siempre he preguntado por ti, alegrándome por tu “éxitos”, hasta que hace unas semanas he leído en la prensa de dos mundos que te han acusado de pederasta, privándote de tus cargos y “encerrándote” en un conventillo. Verás por lo que sigue que lo siento, aunque por otra parte me alegro y mucho, porque sé que esta prueba será para tu bien y para el bien de la iglesia.

Te cierran una puerta, pero te abren una ventana a nuevos horizontes de vida... Podrás ser tú mismo, en perdón y madurez, sin tener que ocultarte ya. Serás Carlos, sin más, un amigo, un servidor de los amigos, un testigo de Jesús; pedirás perdón por el mal que has hecho, quizá lograrás reconciliarte con tus "víctimas" (si lo son), y vivirás el evangelio desde abajo, a ras de vida... Y podrás contribuir a que la Iglesia sea vuelva transparente en este campo. Así te lo deseo en lo que sigue.

Unos recuerdos

La fortuna de la vida quiso que te conociera cuando estabas recién ordenado de presbítero, en una “diócesis” querida, al cargo de una de las etapas de formación de los seminaristas. Me impresionó vuestro clima de amistad cercana y tu entrega a la labor de educación, espiritual y clerical de aquellos post-adolescentes que se preparaban para comenzar la teología.

Pronto ascendiste en el “escalafón”, de formador a vice-epíscopo y epíscopo, formando después parte de la “gran curia” (casa del kyrios o señor) de Roma. Como yo viajaba mucho por entonces tuvimos ocasión de vernos y conversar bastantes veces de política, de vida y evangelio.

Eras capaz, “listo” para los negocios, hombre de muchas relaciones, brillante orador. Siempre pensé que llegarías a ser cardenal, cosa que podría haber sucedido, a no ser por dos o tres detalles (es decir, porque te han acusado de cosas que podrían haber acusado a muchos otros).

Recuerdo que un día me llevaste a comer con un famoso cardenal, hombre de Iglesia y de Mundo, pues tú, por entonces,te movías en aquel abiente. Pero más que ese cardenal me impresionó otro, de la gran Curia Romana, de los más “importantes” de la Iglesia. Tú me habías llamado (¿fue el año 2000?) para dirigir unos cursos de formación bíblica a rectores y directores de seminarios.

Yo les hablé del Éxodo y del Sermón de la Moisés, de Moisés y Jesús como “formadores”. Pero una mañana cortaste el hilo de mi curso y trajiste al famoso cardenal, cuya charla llevo clavada en el alma. Fue una conferencia informal que se centró en el riesgo de las mujeres para la formación clerical. Nos dijo el dichoso purpurado que las mujeres eran como fieras de jaula, dispuestas lanzarse al menos descuido sobre formandos y formadores, de manera que debían (debíamos) ser como domadores, siempre con el látigo a mano, para admirarlas, pero sin que pudieran salir de la jaula.

Aquel día sentí algo extraño, te lo confieso. Pensé que tú no tenías esa idea (eras y eres un caballero), pero estabas en el mundo en que esas ideas se decían. Ésta es la primera idea que me ha venido a la mente cuando he leído “tu noticia”.

Tu noticia, un “epíscopo pederasta”… Juicio civil, juicio de Iglesia

Ha salido tu nombre en la prensa religiosa (católica) y social de medio mundo, con tonos distintos, con variantes y calificativos que varían según las circunstancias. Pero el grueso de la noticia es éste:

1. Algunos a quienes presuntamente habías “seducido” hace unos treinta años, cuando eras formador de seminario, te han acusado ante el “epíscopo” de tu antigua diócesis, que ha puesto el caso en manos de Roma, y Roma te ha mandado que dejes tu cargo y función, y te recluyas, sin nada, una mano delante otra detrás, en un conventillo apartado, sin misa ni sermón, para esperar el juicio.

2. Tú has aceptado el “castigo previo”, has tomado el avión y te has ido al retiro. Has tenido la valentía de confesar su responsabilidad: Admites que tuviste relaciones “de intimidad” con dos de tus “formando” (¡hace treinta años!) y que lo sientes mucho, que has vivido con ese dolor durante muchos tiempo, pero que no son ciertas otras cosas de las que te acusan (¡Ya sabes, de árbol caído todos hacen leña!).

3. Te remites, como buen ciudadano al juicio civil de la sociedad, dispuesto a recibir la corrección legal, si es que la hubiere (si los casos no han prescrito y fueren delictivos). Gracias a Dios, tu Estado es un Estado civilizado, humanista y defensor de los ofendidos… Estoy seguro de que tendrás un buen juicio, donde importan ante todo tus “víctimas” (si las hubiere), pero donde cuentas tú también (que puedes y debes presentar tu defensa).

4. Te sometes al “juicio” de la Iglesia, a la que siempre has amado, a la que has entregado tu vida, de una forma quizá equivocada, pero con gran amor, con intensa dedicación. Si has hecho daño, si tienes víctimas, lo confiesas y quieres hacer lo que puedas por ellas.

5. Reconoces que has hecho daño objeto, real a algunos seminaristas que la iglesia te había confiado, entrando con ellos (o iniciándoles) a un juego de amor que no era el amor que debían haber ofrecido... Dices que has "pecado" por amor (y te creo), pero el amor es delicado y frágil, puede utilizarse para hacer daño y, en ciertas edades (¿o siempre?) puede dañar muchísimo a los otros. Querido Carlos, fuiste y eres ejemplar en otras cosas, pero en ese campo más hondo de la vida (2 Cor 13) no fuiste delicado ni fiel, "rompiste" una cuerda que nunca debías haber roto.

No sé si eres pederasta, pero eres responsable

1. De todas formas, no sé si eres pederasta en el sentido fuerte del término. Recuerdo a los jóvenes con los que te vi, a principios de los ochenta. No eran niños, aunque tampoco eran mayores de edad. Dices que “caíste” por amor, porque les querías, no porque querías violarles o aprovecharte de ellos, y te creo. Quizá no has sido pederasta en el sentido fuerte del término, y puede ser que no tuvieras “culpa” personal tuya, pecado, en el sentido fuerte del término. Además habría que separar tipos y tipos de pederastia, por personas, por medios, por edades…

2. Pero es evidente que eres responsable, y que que hiciste daño objeto, y que dejaste heridas en algunos de aquellos a quienes debías haber curado, por mayor, por más experto, por "responsable" en nombre de la Iglesia; y debes asumir tu responsabilidad. La Iglesia te encargó la formación de unos jóvenes para el “celibato ministerial” y tú no cumpliste ese encargo, entrando con alguno de ellos en una dinámica distinta de afectos y de relaciones. Quizá algunos aceptaron tu relación… Pero de hecho, objetivamente, desde tu situación de formador, no hiciste lo que debías, les hiciste daño. Tu conducta hubiera sido la normal (y buena) en un “gimnasio” de la Cultura Griega antigua donde un "mayor" iniciaba a los jóvenes... Pero aquel tiempo no es el nuestro, ni la forma de entender el amor en la Iglesia (y en la sociedad) actual es aquella. Te pidieron una cosa, hiciste otra, eres "responsable"

3. No te estoy acusando por homosexual, pues cada uno tiene la tendencia afectiva que “Dios-naturaleza” le ha dado, y no puede avergonzarse de ella, ni presumir de ella, ni ocultarla como delito. Pero es evidente que aquel lugar y circunstancia no era el más apropiado para que tú madurarás en amor, con 26 años, en pleno despertar, ni era la mejor para aquellos jóvenes seminaristas a quienes debías guiar en un afecto de tipo celibatario (fueran homo- o hétero-sexuales).

4. Al descubrir tu tendencia... y al descubrir el riesgo entre aquellos jóvenes tenías que haber sido radicalmente fuerte (sacrificarte a ti mismo, por una causa de evangelio)... o dejar aquel "servicio", abandonar el ministerio activo, buscar el amor de tu vida de otras formas (aquí se aplica el dicho ambiguo de Pablo: Mejor es casarse que abrasarse...). No lo hiciste, por lo que fuera (por lo que te dijeran, por el "honor" del sacerdocio...) e hiciste mal, creaste víctimas, quizá sin quererlo

5. Y aquí entras tú, y entra la “Iglesia” de aquel tiempo. Dices en tus declaraciones que presentaste tu problema a los “superiores episcopales”, y que te dijeron que rezaras y siguieras… Y tú seguiste. Pudiste haberte negado, pero no lo hiciste, eres responsable, y lo son ellos. Pero tampoco ellos son quizá culpables (en sentido de pecado), aunque son evidentemente responsables, por ponerte en una situación como aquella, por mantener un tipo de “internado clerical” cálido, con adolescentes ejemplares, pero dados al calor humano, en sentido semi-sacral, con elementos a homo- o héterosexuales reprimidos.

Han pasado treinta (más de veinte…) años, estás en una encrucijada

5. Evidentemente, tu responsabilidad no se diluye en la responsabilidad colectiva de la Iglesia de aquel tiempo, que ponía a formadores y formados en situación de “alto riesgo”. ¿Que te parece si a mí me hubieran puesto, con 26 añitos de "inocencia" a cuidar en intimidad cercana, de casa, comida, trabajo y oración, en ambiente cálido, de amor... a cuidar, digo, unas lindas muchachitas llenas de amores?. No quiero negar tu responsabilidad, pero esto nos permite entender ciertas cosas, para que hoy cambiemos todos. El tema aquí no es que haya habido “irregularidades”, sino que hayan sido tan pocas. Porque hay bastantes casos como el tuyo (algunos salen a la luz, otros no…), pero hay otros muchos en que el “invento de formación clerical” ha funcionado bien, a pesar de todo (a pesar de que ahora tenga que cambiar).

2. Han pasado muchos años… y ahora la “noria” de la vida ha buceado en el fondo del pozo y ha sacado a luz tu caso… ¿Por qué? No lo sé. La mayoría de los casos permanecen ocultos, muchos se han resuelto bien; unos y otros (formadores y formandos, y sobre todo formandos entre sí) han rehecho sus vidas, y las circunstancias entre turbias y luminosas de los seminarios les han servido. Siempre las iniciaciones son arriesgadas, y aquella tenía su riesgo…

3. Todos podían haber “superado” la herida: Los formandos a los que tú heriste (y los que quizá te hirieron a ti). Pero a ti te ha tocado: Te han acusado, han llegado a Roma, han logrado meterte en el conventillo. Y estoy convencido de que alguno de los que te acusan te debe mucho. Quizá pueden hacerlo (alzar la voz contra ti) por amor a la verdad y a la iglesia, pero es más probable que lo hagan por chantaje, por dinero… (¡Probablemente buscan dinero…!). Sea como fuere, bendito sea.

4. Te ha tocado a ti… Creo haber leído en alguna declaración que lo has pasado mal, que has tenido remordimientos (¡quizá miedo de que te acusaran…!). Ahora eso ha pasado, no tengas ya miedo, enfréntate a tu “destino” con amor y humildad, pero al mismo tiempo con gran respeto hacia ti mismo. Ya no tienes nada que ocultar, puedes ser por fin tú mismo, con tus debilidades, y tus grandes valores. Puedes ser ya, por primera vez en muchos años, aquel que eres: Carlos… Un hombre espléndido a pesar de tus caídas, un hombre que puede pedir perdón y rehacer su camino en amor.

5. Dios perdona todo... pero la naturaleza y la vida juega muchas veces al boomerang (es decir, al talión). Ahora después de 30 años vuelve la "venganza" de la vida. De aquellos polvos estos lodos, se decía... Por un lado es una pena, te han cortado una "gran carrero". Por otro lado puede ser tu gran oportunidad de ser persona, de reconciliarte contigo mismo y con tu iglesia (como amor)... de "reparar" a tus víctimas en verdad, de ayudar a la Iglesia, para que sea realista y verdadera en este campo, cambiando lo que haga falta cambiar, para más amor.

Lo primero son las víctimas...

1. No tengas miedo de Dios, que perdona siempre (como sabe el evangelio de los publicanos y las prostitutas, de la adúltera). Estás en el amor de Dios, que es lo que vale. Lo único serio en todo esto es que puedas pedir perdón a las víctimas (si las hubiere de verdad), que les digas de hecho que lo sientes, de manera que así puedas ayudar a recuperar su vida (la de ellos) y la tuya. Dios escribe recto con líneas torcidas, y torcidas han sido en parte las tuyas. Pero está en manos de Dios (y en tu mano) el rectificar, abriendo un camino mejor para todos (incluso para tus “víctimas”).

2. Acepta el juicio de la justicia de tu pueblo. Muchos te despreciarán, otros te calumniarán… o te darán la espalda (quizá aquellos a quienes más has ayudado). No tengas miedo, acéptate a ti mismo como eres. Te quedarán así los más hermosos y verdaderos años de tu vida, como ciudadano y (así lo deseo) como hombre de Iglesia (con ministerios oficiales o sin ministerios oficiales, que eso es secundario). Así repararás con creces, harás más bien que el daño que has hecho, contribuirás a que no haya más víctimas en el camino de formación clerical de la Iglesia, que debe cambiar de un modo intenso.

3. Acepta tu responsabilidad, pero, al mismo tiempo, acepta con amor y gracia lo que eres, no dejes que te destruyan. Defiéndete como persona y como cristiano. Quiérete y respétate a ti mismo, en lo que eres, como homosexual débil de amor y fuerte de entrega al servicio del evangelio, por caminos torcidos, que ahora puedes enderezar.

4. Por favor, si quieren mandarte a una “casa de cura de homosexuales” (como mandaron por ejemplo al obispo de Santiago de E.) no lo aceptes de ninguna manera. Sé lo que eres, que nadie te engañe, pero aprende a amar en libertad y respeto...sin hacer daño a nadie, ni de modo directo ni de modo indirecto. Sólo si empiezas aceptándote como eres podrás hacer el camino. Estás hecho para el amor (como dices en una entrevista), desde lo que tú has sido y eres, y deberás mirar (optar por) la forma de amor mejor, los años que te quedan de vida.

5. Y piensa siempre en las víctimas.... Tú has hecho víctimas a tu paso, en cierto momento (además de las muchas cosas buenas que has hecho)... Tú tienes que "reparar" con tu nueva vida a tus víctimas... Pero también tu eres una víctima del sistema, de manera que nosotros, la Iglesia en conjunto y los que hemos sido y somos tus amigos, te debemos reconocer y acompañar en el nuevo camino, sin tapujos, con honradez, con libertad... Sin tapar la homosexualidad, sin buscar salidas falsas... cambiando entre todos el camino de los ministerios evangélicos en la Iglesia (pero éste es un tema para otro día).

Me alegro por ti… y por la Iglesia. Podremos cambiar

1. No sé si nos veremos más, yo estoy un poco retirado, tú estás lejos y no sé qué harán de ti (que harás tú…), pero quiero decirte que después de haber leído las noticias y de haber sufrido por ti (y de haber orado), me alegro de todo esto, porque por fin, querido Carlos, entrando en los sesenta, puedes ser ya tú mismo, sin orgullos, pero sin humillaciones falsas. Has perdido un tipo de “episcopado”, no te harán cardenal. Pero eres tú mismo, Carlos, y me alegro por todo lo que has hecho al servicio de la Iglesia (como hiciste por mí…), y estoy convencido de que podrás hacer aún cosas mejores, más claras.

2. Acepta tu responsabilidad, como te he dicho, pero sabes que la compartes con una Iglesia en cuyo seno has crecido y que te ha “utilizado” así como eras… Os habéis (nos hemos) equivocado un tipo de Iglesia y tú (y de alguna forma todos). Te han hecho “cabeza de turco” (¿sabes?) y algunos querrán lavarse las manos (¡Pilatos, de nuevo, el poder!), diciendo que tú tienes la culpa para quedar ellos tranquilos. Y no es así, todos tenemos una responsabilidad.

3. Tú tendrás que cambiar (¡la misma vida te he hecho cambiar!) y lo harás para mejor, estoy seguro. Has buscado quizá el “poder” (eso es lo que me parecía, eso es lo único que podría quizá reprocharte…). Ahora, sin poder optar ya a cierto tipo de cargos (dentro de eso que el Papa Francisco llamaba el lobby gay) importas tú, en tu realidad concreta. Ahora valor por lo que eres, con tus “pecados” y tu gran potencial de fe y de amor, al servicio del evangelio, no por lo que tienes (tenías) que aparentar.

4. Pero tendrá que cambiar también el conjunto de la Iglesia, buscando otros tipos de “formación clerical”, buscando la verdad, la claridad, sin miedos ni represiones, en un camino en el que lo que importar no es ser hombre ni mujer, ni homo- ni heterosexual, sino persona en Cristo, para un amor maduro (celibatario o no celibatario, según los casos). Habrá algunos que se avergüencen de ti y que te ignoren o rechacen (¡no te preocupes!). Los mejores te aceptarán como eres (yo no soy de los mejores, pero así te acepto, y doy gracias a Dios por ti).

5. Final. Podrás reconciliarte con tus víctimas antiguas, estoy convencido. Pero si no pudieras hacerlo en este mundo sigue esperando, pues hay resurrección de la carne)… De esa forma, con tu ejemplo, todo podrás contribuir al surgimiento de una Iglesia distinta, sin obsesiones sexuales, clara en el amor y en el servicio.

PD

Querido Carlos. Perdona esta larga carta. Tómala como signo de respeto y amor… Sabes que Mabel y yo vivimos en un pueblo que se llama San Morales, junto al río de Salamanca. Si la fortuna te hiciera pasar un día por aquí estaríamos encantados de ofrecerte hospitalidad y de compartir contigo el pan y el vino de la vida que se vuelve clara al limpiarse en el dolor.

Un abrazo.

Xabier

San Morales 24 - VI -13

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