15.10.23. Endyma Gamou: Mt 22, 1-14. O nos revestimos de Paz/Cristo  o nos mataremos/moriremos todos.  Con Gaza al fondo (Dom 29 TO)

La postal anterior trataba de las mesas redondas del sínodo de Roma y las interpretaba como mesas de comida, desde la perspectiva de la “multiplicación  de los panes. El evangelio de hoy (15.10.23) interpreta esa comida  como banquete de bodas del Hijo del Rey e insiste en la necesidad de llevar traje adecuado, vestirse de boda (=hacerse boda).

Está al fondo la parábola de Lc 14, 16-24, en la que Jesús invita al Reino a todos  los hombres y mujeres de Israel y el mundo entero, un texto que, según  J.P. Meir (Judío Marginal 5), forma parte del mensaje original de Cristo, pero Mateo lo ha cambiado, dividiendo el texto en dos partes e insistiendo en la necesidad de llevar un  endyma gamou, vestirse de bodas.

   He desarrollado el tema en varias entradas del Gran diccionario de la Biblia, en comentario de Mateo y algunas postales de RD y FB. Aquí insisto en la urgencia de la hora y el vestido de paz de Jesús crucificado, conforme a la teología de san Pablo: Revestíos de Cristo, (endysasthe Kriston: Rom 3, 14)

El Expolio de Cristo del Greco. Colección Masaveu.1577-79.Óleo sobre tabla 56x32cm.Probable que utilizara como modelli para el cuadro de la Catedral de Toledo, en el que representa los minutos previos en los que le arrebataron sus vestiduras.

Primera parte del texto

 22 1 Y respondiendo Jesús de nuevo, les habló en parábolas diciendo: 2 El reino de los cielos se parece a un hombre rey que hizo las bodas para su hijo. 3 Y mandó a sus siervos para que llamaran a los invitados a las bodas, pero no quisieron venir. 4 Volvió a mandar otros siervos, encargándoles que les dijeran: He aquí que tengo el banquete preparado, he matado terneros y reses cebadas, y todo está dispuesto. Venid a las bodas. 5 Pero ellos, no haciendo caso, se fueron: uno a su propio campo; otro a su negocio; 6 y los restantes, echando mano a los siervos, les maltrataron hasta matarles.‒ 7 Pero el rey montó en cólera, y, enviando a su ejército, destruyó a aquellos asesinos y prendió fuego a su ciudad. 8 Entonces dijo a sus siervos: Las bodas están preparada, pero los convidados no eran dignos. 9 Id pues a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda. 10 Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. Y la sala de bodas se llenó de comensales(Mt 22, 1-10)[1].

  Lucas ha situado esta parábola en el contexto general de la llamada de Jesús (Lc 14, 16-24), en el principio del camino que conduce a Jerusalén (cf 13, 22. 31-35), sin referencia al rechazo de los sacerdotes y escribas, y sin juicio sobre Jerusalén. Mateo, en cambio, la presenta como alegoría de la llamada al Reino, dirigida primero a los invitados (judíos) y luego a todos (en la línea de EvTom 64), dándole al mismo tiempo un tinte apocalíptico: destrucción para aquellos que rehúsan la llamada (22, 7) y para aquellos que aceptándola no se mantienen fieles (añadido de 22, 11-14).

Releo a contrapelo esta parábola/alegoría de Mt 22. Insisto en su dureza, pongo de relieve su amenaza. Para entenderla bien debemos transponer y recrear sus rasgos, cambiar nuestra visión de Dios, revestirnos de la paz de Cristo. De lo contrario puede llegar el gran Apocalipsis. Quien lea entienda, decía ante este mismo motivo el evangelio de Marcos (Mc 13, 14). Quien sea aplique este evangelio (anti-evangelio) a su propia vida. Este mundo no tiene garantía de vida, tal como ahora existe. Ciertamente, hay Dios Pero el Dios de Cristo nos dice cosas como éstas, a fin de que cambiemos y vivamos.

‒  Primera invitación (22, 1-5 y rechazo de la invitación

 Jesús llama a todos, pero los invitados no quieren su banquete, hacerse como él, compartir el Reino de Dios, revestirse de su vida. Los invitados no aceptan la llamada del rey porque están ocupados en sus campos y negocios, en problemas de trabajo y dinero, como Mateo supone desde 19, 16 ss (joven rico) y desde 6, 24 (mamona). En esa línea, el conjunto de Israel (en especial los galileos, luego los jerosolimitanos) no han aceptado el banquete de bodas del hijo del Rey, sino que han preferido quedarse en sus negocios (mejor especificados por Lucas y Ev.Tomas).

‒   Respuesta del rey… (22, 6-7). Quemar la ciudad rebeldes,  duro talión

 ‒ El rey arruinó a aquellos asesinos… (23, 7). Mateo emplea aquí una lógica de “talión”, de forma que parece situar en el mismo plano el asesinato de los enviados de Jesús (los que anuncian su banquete) y la “venganza” de Dios que arruina (apôlesen) a aquellos asesinos. Aquí se utiliza, según eso, una lógica de retribución histórica, que parece contraria al mensaje de Reino (y a las últimas antítesis de 5, 38-48, donde Jesús superaba el talión y la venganza).  

Vea el mapa de la Franja de Gaza, en donde se da el conflicto de Israel con  Hamás - Medio Oriente - Internacional - ELTIEMPO.COM

Y prendió fuego su ciudad. Sigue en línea de talión. Esa frase parece calcada de la historia actual de la lucha entre judíos y gazatíes (15.10.23). Los gazatíes no quieren el banquete de los judíos; los judíos quieren prender fuego, hacer que estalle la ciudad de los gazatías…Esa ciudad es Jerusalén, y el texto evoca su destino trágico, cuando los romanos la tomaron y quemaron tras dura guerra del 67-70 dC. Pues bien, conforme al estilo de la apocalíptica, el texto atribuye esa destrucción a Dios (como hacen los apocalípticos judíos del siglo II dC y el mismo Flavio Josefo).

Desde la perspectiva actual, hubiéramos querido que Mateo formulara de otra forma esa caída, pero él utiliza el género que emplearon los profetas (Jeremías…), 2 Reyes y el libro de Lamentaciones al hablar de la destrucción de Jerusalén por los babilonios, el 587 aC. De esa forma indica que la caída de Jerusalén forma parte del misterio de la revelación de Dios, que será al final revelación de gracia[2].

‒ Segunda parte, Misión universal (22, 8-10).  Estamos de nuevo invitados, pero…

 La primera misión ha fracasado, no sólo porque muchos invitados prefirieron sus negocios (campos, empresas), sino porque otros rechazaron y mataron a los siervos de Dios, encendiendo la ira del Rey, que destruyó a los homicidas e incendió su ciudad (22, 7). Como he dicho, todo nos permite suponer que Mateo está evocando la caída de Jerusalén (70 dC), sabiendo bien que ella fue realizada en un plano militar por los romanos.  

Pero el rey insiste en el banquete y llama a todos los hombres y mujeres de los campos y caminos de la vida para que compartan su banquete, el banquete de la vida… ¿Merece la pena esta nueva invitación universal al banquete después de la destrucción de “gaza” (Jerusalén). No haría mejor el rey dejando que cada uno campara a sus anchas,  sin invitaciones, ni reinos… Es evidente que el texto es una alegoría y que ha de entenderse en forma simbólica….    

Visión judía sobre el matrimonio - Wikipedia, la enciclopedia libre

Última oportunidad (Mt 22, 11-13). Vestirse de bodas, hacerse Cristo

22 11 Pero entrando el rey para ver a los reclinados, vio allí a un hombre que no llevaba puesto el vestido de bodas; 12 y le dijo: Amigo ¿cómo has entrado aquí sin llevar puesto el vestido de boda? Pero él quedó callado. 13 Entonces dijo el rey a los servidores: Atándolo de pies y manos, arrojadlo fuera, a las tinieblas exteriores, donde será el llanto y el crujir de dientes.

 En un primer momento, este durísimo añadido texto, comparable a 22, 8, que mandaba matar a los homicidas y destruir la ciudad, no parece palabra de Jesús, que invitaba a todos, para que vinieran con el traje que tuvieran, sin vestido especial, cojos, mancos, ciegos, judíos y gentiles,  gazatíes y cisjordanos…. Pero es muy importante y necesario, pues exige que todos cambiemos de traje, pongamos un traje de boda,  aprendamos a comer y beber juntos, sobre las ruinas antiguas, creando una humanidad de bodas

 ‒ Venir a las bodas de Dios, que son bodas de todos los hombres  mujeres de la tierra, revestirse de bodas, de amor mutuo… Cambiar el traje antiguo, de guerras y enfrentamientos,  revestirse de utopía de nueva humanidad…

- El tema es claro: O nos vestimos de bodas de amor… y moriremos expulsados en las tinieblas exteriores.  No se trata de que unos cambien y otros no, sino de que todos nos revistamos de nueva humanidad. Ciertamente, no todos son (somos) iguales…Pero en la misma barca (arca de Noe, en medio del diluvio, Gen 6-8) estamos todos, con plantas y animales… Tenemos que pensar todos en todos. Si seguimos en plan de enfrentamiento moriremos.

- Dejo el tema así, en toda su crudeza… Ha sido una guerra, ha sido una segunda, ha venido la tercera… Pero nos empeñamos en seguir con el viejo traje de guerra, unos y otros, sin revestirnos de humanidad, sin abandonar las armas de guerra.

Tema de fondo: endyma gamou, traje de bodas.

Tanto en el At como en el NT se habla mucho de vestidos de diverso tipo, pero sólo aquí se habla de un vestido específico de bodas…. El texto es simbólico y la exigencia de llevar un “traje de bodas” resulta paradójica,  pues los enviados del rey han corrido a los campos y a los cruces de caminos para invitar a todos al banquete. ¿De dónde pueden sacar un vestido de boda?

Dejo el tema a la consideración de los lectores: que piensen, que apliquen este evangelio a los hombres y mujeres del sínodo de Roma. ¿Qué vestidos deben llevar?  ¿Cómo son los vestidos de bodas de la iglesia.  Dejo el tema abierto. Que cada uno lo resuelva conforme a su criterio. A modo de ayuda puedo ofrecerles algunas consideraciones tomada se mi Geb  Diccionario de la Biblia, Verbo Divino, Estella 2017).

AÑADIDO SOBRE VESTIDOS EN LA BIBLIA

Primeros vestidos. Génesis En principio, los hombres estaban desnudos y así se podían mirar, sin avergonzarse (cf. Gen 2, 25).

El primer vestido de bodas fue la desnudez, una desnudez de atracción amorosa, como muestra el canto de Adán, cuando mira a su mujer y canta (cf. Gen 2, 23); una desnudez transparente de amor. Sólo cuando los hombres “comen del árbol del conocimiento del bien y del mal” descubren que están desnudos y sienten su desnudez como carencia y riesgo (cf. Gen 3, 7). Antes, su desnudez era natural. Ahora es una desnudez tensa, llena de deseos difíciles de controlar. Por eso, para marcar una distancia y poderse relacionar uno con otro, tienen que vestirse. Gen 3 evoca dos tipos de vestidos.

Tras la “caída”… hombres y mujeres tienen que vestirse, iniciando de esa forma una cultura, que les permite comunicarse de forma simbólica.

(a) Hay vestidos vegetales, hechos por los mismos hombres, sea de hojas de parra o higuera, sea de fibras ya más trabajadas (cf. Gen 3, 7).

(b) Hay vestidos de pieles de animales, hechos por el mismo Dios (Gen 3, 21). Antes eran los mismos hombres y mujeres los que se vestían, para así relacionarse. Ahora tiene que vestirles el Dios, porque le han dicho que están desnudos y que tienen miedo de que él les vea así (cf. Gen 3, 10). En este contexto debemos indicar que los vestidos de pieles están suponiendo ya un tipo de “violencia”. Hasta ahora, en todo el relato del Gen 1-2, se suponía que los hombres eran vegetarianos, que “domaban” a los animales, pero que no los mataban ni comían. Ahora se supone que Dios mismo los mata para que los hombres puedan vestirse. Mirado así, el vestido empieza a ser ya un signo de violencia, al menos de violencia del hombre contra los animales.

Juan Bautista. El vestido como protesta.

En principio, el Nuevo Testamento ofrece menos material sobre vestiduras que el Antiguo Testamento. Pero incluye algunos textos básicos muy significativos, y el primero se refiere a Juan Bautista, que «llevaba un vestido de pelo de camello y un cinturón de cuero» (Mc 1, 6). (a) Ésta es una vestimenta profética, pues aludía ciertamente a Elías, a quien se le distingue porque va “ceñido con un cinto de cuero a la cintura “(2 Rey 1, 8), oponiéndose así a los sacerdotes, que llevan cinturones de lino bordado (cf. Ex 39, 29). (b) Era una vestidura contra-cultural, como la de Bano, otro profeta apocalíptico, un poco posterior, quien, según Flavio Josefo, que fue su discípulos, «vivía en el desierto y llevaba un vestido hecho de hojas» (Aut II, 11); ese signo, unido a su comida (saltamontes y miel silvestre, son una señal de su protesta en contra de una cultura de vestidos y comidas elaboradas, propensa a la injusticia. (c) Era una vestidura contraria a los rituales de pureza de los sacerdotes y de otros judíos observantes, que rechazaban el roce con vestidos y utensilios de camello, que, según la Ley, eran impuros (cf. Lev 11, 4; Dt 14, 7). También la miel silvestre se solía tomar como impura (por las larvas y/o restos animales que contenía). (d) Era una vestidura de peregrino o caminante que viene de la zona del desierto y no ha entrado todavía en la tierra prometida, como los primeros hebreos que vagaron cuarenta años por la estepa, antes de entrar en la tierra prometida. Así se viste Juan, como hombre de camino, que espera a la vera del Jordán, vestido de desierto, antes de entrar en la tierra.

Jesús. El vestido como humanidad.

No tenía vestidos especiales. El evangelio no recuerda ningún rasgo característico de la vestidura de Jesús, lo que significa que no tenía vestiduras especiales, distinguiéndose así de Juan Bautista, lo mismo que de los sacerdotes (vestiduras sacrales) y de los nuevos fariseos (que harán ostentación de vestidos piadosos).

  1. Jesús y su gente se vistieron, sin duda, como los hombres y mujeres de su tiempo, los más pobres, sin distinguirse de ellos por la ropa. Nada indica que se pusiera atuendos especiales para la multiplicación de los panes, ni para la Última Cena. En los relatos de la crucifixión se alude a sus vestidos, repartidos entre los verdugos, sin indicación especial sobre su forma y riqueza (cf. Mt 27, 35 par).
  2. 2. El signo de Jesús en Jerusalén (¡purificación del templo) incluye, sin dudas, muchos elementos... Pero entre ellos hay una protesta contra el sistema de vestiduras de los sacerdotes que les separan del pueblo. Jesús entra en el ciudad y en templo sin vestiduras especiales, sin traje de rey, sin túnica de sacerdote, simplemene como un hombre al que aclaman otros hombres.
  3. 3. A Jesús le quitaron los vestidos y murió desnudo, probablemente sin nada de nada (cf. Mc 15, 24). No tiene más vestidura que la del "ser humano"... Desnudo salí del vientre de mi madre, desnudo me hacen volver (cf. Job 1, 21). La piedad suele poner un paño encima de sus "partes". Posiblemente ni eso le dejaron... Quedó así, desnudo, en pura humanidad, ante los que necesitan vestidos de diverso tipo para aparentar. 4. Se repartieron sus vestidos.... Está en el fondo el signo de la dura justicia romana, la pobreza de los verdugos que pueden matar duramente a un hombre (porque se lo mandan), pero que reparten sus vetidos, como aves carroñeras...¡Ellos también son pobres! Está en el fondo el tema de vestirse con las prendas de otros, de vivir a costa de la muerte. Ésta es la ironía cruel de la historia: Gobernadores y sumos sacerdotes mandan matar y quedan limpios..., no tienen que andar "robando los vestidos de Jesús", roban otras cosas. Pero los "pobres diablos" de los soldados (que viven al borde de un inmenso basurero de muerte) tienen que robar incluso al muerto que ellos mismos han matado, jugándose a dados sus vestidos. 5. Una túnica especial, dejó una túnica... En este contexto, Jn 19, 23-24 añade que “no partieron su túnica” porque era de una sola pieza, sino que la echaron a suertes (evocando así probablemente la unidad de su auténtico vestido, que es la Iglesia, que no puede dividirse). No se dice a quien le tocó la túnica, pero en el fondo de Juan (aquí como en el relato de la sábana y sudarios del sepulcro) hay un fuerte simbolismo para la Iglesia, que tiene que llevar la "túnica de Cristo", vestirse como él se vistió. ¡la túnica inconsútil, la túnica de Cristo! ¿Lleva nuestra iglesia la túnica de Cristo?  

  Estuve desnudo y me vestisteis. No tengáis dos túnicas

 En la culminación del evangelio ha situado Mt 25, 31-46 la palabra más solemne del juicio donde el mismo Jesús de la gloria final dice en su juicio: “Venid, benditos de mi Padre, porque estuve desnudo y me vestisteis…”. Esta palabra retoma una experiencia radical judía, que hemos visto ya en Is 58, 7 donde la verdadera religión (ayuno) se expresa vistiendo (es decir, ayudando) a los desnudos y marginados. En esa misma línea siguen los textos programáticos de Ezequiel, donde, entre las notas del hombre justo, se citan las siguientes: «no robar, alimentar al hambriento, vestir al desnudo, no prestar con usura…» (Ez 18, 7.16; cf. Job 22, 6).

Desnudo no es sólo el que no tiene ropa, sino el que está humillado, oprimido por otros, aquel que no puede tener dignidad porque otros le “roban” o utilizan sus vestidos. Por eso, quien tiene algo de “ropa” sobrante (manto de sacerdote o capa de rey) y no viste al desnudo es un ladrón, merecedor del juicio (cf. mensaje del Bautista en Lc 3, 11). De esa forma ha retomado Jesús la tradición fundamental de Israel sobre los vestidos, como sabe Sant 2, 13-15, cuando se opone a un tipo de fe “sin obras”, que dice confiar en Dios, pero no alimenta al que tiene hambre, ni viste al desnudo. La vestidura se convierte así en signo supremo de amor. Vestirse uno mismo por ostentación es pecado. Vestir al desnudo pos solidaridad y justicia es signo supremo de salvación.

Dentro de nuestra cultura occidental moderna, en la clase pudiente, la indumentaria tiende a convertirse en signo de identidad individual, de tal manera que cada uno se pone sólo sus propios vestidos. En contra de eso, el evangelio de Jesús ha puesto en marcha un movimiento de solidaridad que permite confiar en otros y compartir de esa manera los vestidos. Así cuenta el evangelio el envío de Jesús a sus discípulos: «Les mandó que no llevasen nada para el camino: ni pan, ni bolsa, ni dinero en el cinto, sino solamente un bastón; pero que calzasen sandalias y que no llevasen dos túnicas» (M 6, 8-9). «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni dinero; ni tengáis dos túnicas» (Lc 9, 3). «Tampoco llevéis bolsas para el camino, ni dos vestidos, ni zapatos, ni bastón; porque el obrero es digno de su alimento» (Mt 10 6).

Estas reglamentaciones no son de tipo ascético, sino evangélico. Ciertamente, hay un ascetismo de fondo, pues los enviados de Jesús han de ser desprendidos, yendo así ligeros de equipaje y sin necesidad de ropas especiales, de corte exclusivo, para ellos. Pero la razón básica de su desprendimiento no es el rechazo de los bienes materiales, sino la experiencia y esperanza de solidaridad. Ellos van y regalan lo que tienen (evangelio), dando gratis aquello que gratis han recibido (cf. Mt 10, 8). De esa forma curan a los “propietarios” de las casas donde les reciben. Por eso esperan también “gratuitamente” la acogida de aquellos que quieran recibirles.   

 notas

[1] J. D. M. Derrett, The Parable of the Great Supper, en Law in the New Testament, Darton, London 1970, 126-55; J. Dupont, La parabole des invitésau festin dans le ministère de Jésus, TSRT 14 (1978) 279-329; A. Vögtle, Die Einladung zum großen Gastmahl und zum königlichen Hochzeitsmahl, en Das Evangelium und die Evangelien, KBANT, Patmos, Düsseldorf 1971, 171-218.

[2] Ésta es una historia parabólica, formulada en lenguaje figurado (simbólico), no una tesis de teología, y en esa línea ha de entenderse como una amenaza dirigida contra aquellos judeo-cristianos que, oponiéndose a la salvación que Jesús ofrecía a los pobres, están corriendo el riesgo de destruirse a sí mismos. Sin duda, en un sentido, el texto resulta de una violencia brutal y despótica: ¿Puede un rey matar así a los que rechazan su invitación? Pero, en otro, es un texto consolador pues supone que la condena de algunos está al servicio de una misión de gracia para todos: Al rechazar a los siervos del rey, que ofrece su banquete, los primeros invitados caen en manos de su propio talión. Sea como fuere, éste sigue siendo un texto duro, en la línea de la denuncia profética, y muchos exegetas afirman que no puede venir de Jesús, sino de una comunidad posterior, que se ha vuelto vengativa y que goza cuando el rey mata a sus contrarios. Es un texto difícil de entender, a no ser que lo integremos en el despliegue de conjunto del evangelio, donde se dice con toda claridad que el Hijo del Hombre ha dado su vida como “regalo” (redención) para salvar a todos (20, 28) y se añade que los enviados del crucificado anuncian el perdón y salvación a todos los pueblos (28, 16-20).

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