Fin de la Gran Ramera, la muerte del sistema (Ap 17)

El blog de X. Pikaza
15 jun 2010 - 10:40

Vivimos en un tiempo en que muchos escuchan las trompetas del Apocalipsis y piensan que este sistema se derrumba. Pues bien, el Apocalipsis sabe que de hecho tiene que derrumbarse, pero añade que no lo destruirá Dios desde arriba, sino que el sistema de la Gran Ramnera se destruirá desde dentro, por sus propias contradicciones.

El Apocalipsis sabe que este sistema económico tiene fecha de caducidad, añadiendo que terminará cayendo por las mismas contradicciones del sistema: los reyes y las bestias acabaran “matando” a la Gran Ramera y se matarán de esa forma a sí mismo. Estamos ante uno de los cuadros más sangrientos y esperanzados de la historia humana: la muerte de este sistema podrá ser y será comienzo de una historia nueva de humanidad y de gracia.

Así morirá (se matará a sí mismo) el gran sistema de la Ramera.

Introducciòn

Como sabemos ya, la Mujer prostituta, Ciudad de las Bestias de Violencia militar y Engaño organizado (Roma) aparece en el Apocalipsis como signo y compendio de todos los males, Sistema de Pecado, Prostitución legalizada. Difícilmente se podría haber hallado un simbolismo más intenso, una crítica más honda de la misma institución imperial, interpretada como estructura de perversidad organizada, en la línea del templo de Jerusalén, que el mismo Jesús definió como cueva (sacral) de bandidos, legalizados sacralmente para robar mejor en nombre de Dios (cf. Mc 11, 17, con cita de Jer 7, 11).

Roma es para Juan un sistema de asesinos y ladrones, legal y religiosamente organizados, para extender su prostitución sobre la tierra. Ella, la "diosa Roma" se había envanecido: "me he sentado como Reina, no soy viuda; en modo alguno me podrá llegar tristeza". Pues bien, por haber hablado así "caerán sobre ella en una día sus plagas: muerte, tristeza, hambruna, de manera que será consumida por el fuego" (17, 7-8).

Esta es la afirmación del juicio y muerte de la Prostituta. La Mujer fugitiva y perseguida en el desierto se mantiene en esperanza, de manera que vendrá a convertirse en Novia, para el día eterno de las bodas (Ap 21-22). Por el contrario, la Prostituta triunfadora de la tierra, favorita del Dragón y aliada de las Bestias, se encuentra ya condenada. La mayoría de los filósofos y sabios la cantaban como Diosa eterna (Roma inmortal), pero Juan ha descubierto que es simple Prostituta y que se encuentra condenada a muerte. Detrás de su ropaje y misterio de Dios no es más que una vulgar prostitución, al servicio de la muerte y, por tanto, condenada ella misma a morir. Pues bien, de un modo sorprendente descubrimos que no es necesario que descienda Dios para destruirla, pues lo harán sus mismos falsos amantes. Así ha mostrado Juan su identidad y su caída:

Texto

[Identidad]

_ Las siete Cabezas (de la Bestia) son siete montañas donde se asienta la Mujer... _ los diez Cuernos que has visto son diez reyes...,

que darán su fuerza y poder a la Bestia... (Ap 17, 9-13; cf. 17, 3)

_ Las aguas que has visto, sobre las que está sentada la Prostituta,

son pueblos, muchedumbres, razas y lenguas.

[Caída]_

Y los diez Cuernos que has visto y la misma Bestia

despreciarán a la Prostituta, la convertirán en desierto, la desnudarán,

comerán sus carnes y la convertirán en pasto de las llamas.

Porque Dios les ha inspirado para que cumplan su Consejo:

que tengan un único Consejo y entreguen su reino a la Bestia,

hasta que se cumplan las palabras de Dios.

[Identidad]

Y la Mujer que has visto es la Gran Ciudad,

la que domina sobre los reyes de la tierra (Ap 17, 15-18)

Primera explicación

La escena anterior vinculaba a la Prostituta con la Bestia, en simbiosis de egoísmo y sangre, de violencia y mentira que podía parecer eterna. Pues bien, ahora se rompe esa simbiosis: quiebra la unidad anterior de cueva de ladrones (el lenguaje es de Jesús) y el matrimonio de prostitución se vuelve batalla familiar (guerra civil), de forma que sus mismos amantes se elevan con rabia contra la Prostituta (a la que han utilizado) para destruirla. El profeta Juan ha descubierto y contado de esta forma la verdad oculta del sistema perverso que se destruye a sí mismo: no hace falta que vengan poderes exteriores; la misma estructura de prostitución lleva la muerte dentro de sí misma.

La Prostituta tenía su trono en la Bestia de siete cabezas (colinas de Roma) y ejercía su poder sobre los pueblos de la tierra, reflejados en las aguas de su río (o del mar de pueblos en que su poder se asienta) . Ella era un sistema bien trabado por lazos de intereses y dinero. Pero de pronto se desatan los controles y el "orden" anterior se desordena, sin razones exteriores, como una bomba cuando estalla, como el tiempo cuando acaba. La Ciudad era orgullo del mundo, "perla " de la historia; siglos y siglos habían tardado las bestias y reyes en labrarla. Pues bien, de pronto (sin razones que puedan razonarse), Bestia y reyes del mundo (que habían disfrutado de ella) se elevan y vinculan para destruirla, desvelando así un secreto de Dios, expresando una verdad que se halla escrita en la misma entraña de violencia del sistema :

1. Dios les ha inspirado este consejo.

Parecía que Dios se hallaba ciego y sordo, dejando que la tierra se destruya en manos de las Bestias y la Prostituta; pero ahora descubrimos que él mismo ha ido guiando los caminos anteriores, inspirando este "consejo" en las Bestia y los Reyes: que se unan con violencia contra la Ciudad que han construido sobre bases de mentira. Este "consejo" está inscrito en la misma dinámica de la prostitución: en el fondo del amor que ella inspira se halla el odio; la prostitución lleva en sí misma un dinamismo de violencia destructora. Lógicamente, aquellos que la amaban por conveniencia, amando por ella a la muerte, acaban por matarla, realizando así con ella eso lo que en ella han aprendido y ejercido. Este no es un "consejo directo de Dios" (pues Dios es amor), sino el pensamiento y decisión de muerte que brota de la falta de Dios, pues Dios es vida.

2. Paroxismo del mal.

La Ciudad tenía su grandeza y parecía capaz de unificar a los humanos para mantener de esa manera el equilibro del mundo. Por eso, ella inspiraba en Juan un sentimiento En cierro sentido, la misma Ciudad parecía un "baluarte" contra la invasión de los poderes perversos, como quizá evoca el signo apocalíptico famoso del katekhon, es decir, de una realidad que impide por ahora el despliegue total de la maldad sobre la tierra (cf. 2Tes 2, 6-7). Ella, la Ciudad, era de algún una barrera, un impedimento de ley y justicia mundana, contra los poderes totalmente irracionales de lo malo, como supone quizá el mismo Pablo (cf. 1Rom 13, 1-3). Pues bien, ahora, en un momento de paroxismo, la Bestia y los Reyes, se elevan contra ella, para matarla, quemarla y comerla, mostrándose así totalmente perversos, de tal forma que el poder viene a quedar ya directamente en manos de la Bestia, esto es, de la pura violencia, sin intermediarios ni sistemas de tipo legal, como el de la Prostituta .

3. Ritual de destrucción, la destrucción completa.

La Prostituta Roma era un Sistema, una Ciudad organizada sobre bases de violencia (montada sobre la Bestia), pero tenía al menos su legalidad: ofrecía una cobertura económica y social a los habitantes del imperio, de manera que muchos agradecían su asistencia. Pues bien, al fin de un largo período de prostitución, los mismos poderes del mal que la han utilizado (Bestia y Reyes) se elevan contra ella en gesto de asesinato original y final, siguiendo un rito que parece tomado del "ajusticiamiento" de una adúltera: se la desprecia y desertiza, se la desnuda y quema, para comer después su carne .

Los asesinatos anteriores parecían tener un sentido: servían para establecer el orden de los triunfadores, en forma de "sistema legal" o ciudad. Este, en cambio, no tiene ya sentido racional alguno: "los reyes de la tierra entregaron su poder a la Bestia", poniéndolo en manos de la pura destrucción.

Antes, la Ciudad podía servir "contrapeso", como signo de racionalidad humana, en medio de la gran violencia (como supone la elegía: 17, 1-19, 8); Roma era "valiosa": había logrado ofrecer algo bueno a los humanos, una religión de violencia pero organizada, un sistema que había logrado detener (por miedo, engaño y destrucción) a los poderes destructores. Pero ahora, destruida la Ciudad, con su política y religión de orden impositivo, llega el puro caos: la violencia de una Bestia que es pura violencia, el paroxismo de la muerte que se destruye a sí misma, sin racionalidad alguna.

Aplicación actual

R. Girard, La violencia de lo sagrado, Anagrama, Barcelona 1995, ha destacado este problema de la opresión violenta que termina volviéndose al fin incapaz de controlar la violencia. Esta opresión había servido en otro tiempo para crear culturas sacrificiales, donde religión y política tenían sometidos a los hombres y mujeres a un sistema ambivalente, como el de Roma, que parecía ayudar a los humanos, mientras les tenía sometidos. Pero en un momento determinado de gran crisis sacrificial los mismos poderes de violencia que han creado la ciudad (el sistema) se elevan en contra de él y lo destruyen, para así mostrarse como violencia pura, volviéndose incapaces de crear estructurales de legalidad y orden humano. Esto es lo que el profeta Juan ha descubierto: esta es la crisis apocalíptica que él cuenta en todo su libro. Se derrumba el sistema, se destruye Roma )qué es lo que queda? Sólo una Bestia y unos reyes de violencia que combaten por combatir, sin más norma que la pura fuerza, sin más meta que la pura muerte.

Externamente hablando, Juan profeta se equivocó: terminó derrumbándose Roma, pero el sistema sigue; más aún, la misma iglesia de Jesús ha pactado con ese sistema, convirtiéndose en un elemento de la estructura dominante. Pero en el fondo Juan tenía y sigue teniendo razón, pues lo que cuenta aquí no es un hecho aislado, sino una constante de la realidad humana que, ahora, a principios del 2000, resulta más actual que nunca.

Tenemos un Sistema fuerte: el orden económico-imperial de la antigua Roma se ha extendido de un modo imparable y domina sobre el mundo entero, en forma de neo-capitalismo. Ciertamente es perverso: vive de la sangre de los excluidos; ha convertido todo el mundo en un mercado. A pesar de ello, ese orden imperial tiene un elemento "bueno" pues nos permite vivir. Pero son muchos los que piensan que se acerca el día de la Bestia, es decir, día en que la Fiera y los Reyes desencadenen su poder de destrucción contra el sistema (matando, quemando y comiendo nuevamente a Roma) ¿Cómo podremos vivir entonces? He ofrecido mi interpretación del tema en El Señor de los ejércitos, PPC, Madrid 1997, 197-228, y Sistema, Libertad, Iglesia. Instituciones del Nuevo Testamento, Trotta, Madrid 2001.

Este es el asesinato del asesinato, la destrucción de la destructora, en tema cuyos ecos resuenen en textos tan dispares como en Susana (Dan 13) y la adúltera (Jn 8); pero Daniel o Jesús, de formas diversas, detienen el asesinato. Aquí, en cambio, al final de la historia, ya nadie puede hacerlo: los poderes de violencia del mundo, Bestia y Reyes, acaban odiando, quemando y comiendo a la Prostituta, para encontrarse al fin con su pura violenciaPasados veinte siglos, esta destrucción ritual de la Ciudad prostituida nos sigue horrorizando y admirando: no ha hecho falta que se eleve contra ella el Jinete de Dios, ni que luchen los ángeles del Cristo, como harán después contra las Bestias (cf. 19, 11-21), pues los mismos poderes del mundo que la han utilizado (se han prostituido con ella) la aniquilan y devoran. Esta es la historia de la Prostituta condenada a muerte: quería ser reina, la vuelven esclava; quería vivir, la matarán por siempre; crecía devorando la sangre de los pobres, la devoran su carne sus mismos "amigos".

Al llegar aquí, en un sentido exterior, todo ha terminado. La caída de Roma es para Juan caída y fin del sistema, la destrucción del mundo conocido. Después sólo queda la pura lucha, sin orden, estructura ni sistema: las Bestias y Reyes, que no son pura violencia irracional, enfrentados al Cordero. Pero allí donde acaba todo empieza la esperanza: ha caído la Prostituta, puede elevarse ya la Madre y Mujer perseguida, que es signo de creatividad gratuita, de amor gozoso, en plenitud de bodas.

Notas:

No analizamos aquí la Fiesta por la Caída de la Ciudad, con las elegías y cantos de los implicados (cf. Ap 18, 1-19, 8), sino que nos fijamos en su identidad y ruina (cf. 17, 7-18). Para una aplicación teológica y pastora, cf. X. Alegre, "El Apocalipsis, memoria subversiva y fuente de esperanza para los pueblos crucificados": Rev. Latinam. Teología 26 (1992) 201-229; 293-323.

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