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O. González de C.: La Entraña del Cristianismo ¿una teología mística?.

El blog de X. Pikaza
24 jun 2007 - 18:18

Han pasado diez años desde la publicación de este libro de O. Gozález de Cardedal, La entraña del Cristianismo, Secretariado Trinitario, Salamanca 1997, 952 págs. Es tiempo bueno para recordarlo. Sus casi mil páginas son el resultado de treinta años de magisterio en la facultad de teología de Salamanca y en la iglesia universal. Ellas reasumen los temas básicos de su tesis (Misterio trinitario y existencia humana, Rialp, Madrid 1966) y de su estudio sobre Teología y antropología (Soc. Estudios y Pub., Madrid 1967), libros ambos dedicados al esbozar las relaciones entre el ser humano y Dios, en perspectiva histórica. Son páginas de teología orante y experiencial, desde la entraña del cristianismo, páginas que me atrevo a presentar en perspectiva de mística. No se han escrito en estos diez últimos años páginas mejores, en esta línea. Por eso es bueno recordarlas, desde la clave mística, que estamos estudiando. Así, después de hablar hablado hace dos días de J. M. Velasco, quiero hoy hablar de O. Gonzáz de C..

Olegario G. de Cardedal, un teólogo, un libro

Éste es un libro-mar, donde confluyen muchas aguas, en la línea de libros clásicos de los grandes pensadores contemplativos, como Dionisio Areopagita y Buenaventura, que quisieron vincular en su pensamiento la herencia de Jesús con una experiencia espiritual muy vinculada al platonismo místico. Olegario G. de Cardenal es ya un clásico en esa línea. Ha publicado grandes obras de investigación teológica y meditación eclesiástica sobre Jesús, con miles de páginas de reflexión y actualización (cf. Jesús de Nazaret 3, BAC, Madrid 1993; Fundamentos de Cristología I-II, BAC, Madrid 2004-2006); también ha publicado varias docenas de libros dedicados a los grandes temas culturales de España y occidente (filosofía y poesía, ética y muerte, cultura y política). Pero entre todos ellos, destaca este trabajo (ensayo/tratado) sobre la Entraña del Cristianismo, que es una entraña de mística y misericordia.

González de Cardedal se muestra en este libro como un teólogo sistemático (piensa ordenadamente los temas), un pensador integral (estudia la teología desde la totalidad de la existencia humana) y un cristiano de honda “veta” mística (no en vano ha sido siempre partidario de elaborar una teología especialmente vinculada a la mística, en especial a Cántico Espiritual de Juan de la Cruz).. Así lo había mostrado ya sus libros anterior: Cuatro poetas desde la otra ladera. Prologómenos para una cristología (Trotta, Madrid 1996).

Para pensar su más hondo pensamiento y decir su palabra más honda, Olegario G. de Cardenal había escuchado y recreado la voz de los poetas, dos hispanos (Machado y Unamuno), dos nordeuropeos (Jean Paul, O. Wilde): ellos le han permitido penetrar en las entrañas de una cultura y/o vivencia modelada por la presencia y ausencia del Cristo. En este libro escucha la voz de la experiencia cristiana, desde su perspectiva existencial, en diálogo con la modernidad, con esa veta mística que atraviesa todo el pensamiento moderno.

Ciertamente, O. G. de Cardenal ha publicado y seguirá publicando, Dios mediante, nuevo libros. Pero éste me parece el libro de su vida y se puede seguir interpretando, en algún sentido, como en compendio de su pensamiento. No es que González de Cardedal se haya querido y dejarnos su testamento. Pero se ha sentido maduro y a sus sesenta y tres años (nació en Cardedal, Lastra del Cano, Avila en 1934) ha creído que era su deber y tarea de teólogo ofrecernos la entraña de su vida y pensamiento en un libro de conjunto sobre la experiencia cristiana. Este es un libro de muchos años (lo que dice ha ido surgiendo en decenios de fuerte camino). Pero, al mismo tiempo, es libro de unos meses de fuerte gestación, que le han llevado a dominar y condensar los temas fundamentales de la fe y vida cristiana en esta entraña del cristianismo donde se refleja su entraña de creyente que expresa el misterio cristiano en palabras de teología.

Libro abierto a todo el mundo

González de Cardedal pertenece a la tradición, cada vez menos frecuente, de hombres de cultura universal. Domina las grandes lenguas de occidente, conoce por dentro la tradición teológica, piensa con los filósofos, recrea la palabra con los poetas y conoce la marcha de la ciencia y cultura. Todo ello se refleja en este libro enciclopedia, en este compendio de la fe cristiana, confesada teológicamente en diálogo con la cultura europea.

Su libro está abierto al mundo. González de Cardedal escribe desde Ávila, y Salamanca sus dos patrias chicas, sabiéndose heredero de la metafísica teológica de san Juan de la Cruz. Pero en su obra no sólo resuena de lejos sino que emerge por dentro la tradición total de occidente: la pasión profética de Israel y la racionalidad sobrecogida de Grecia, la admiración de los Padres de la iglesia y la precisión escolástica, el diálogo nunca resuelto de Pascal con Descartes... y las palabras posteriores de la gran filosofía y teología del mundo cultural germano, francés y anglosajón.

Se ha hecho vida personal la cultura de occidente en este libro. Por eso es libro ecuménico donde cabe y se recrea sobre todo la tradición protestante germana. Se podría echar en falta algo de luz mediterránea (con la alegría y gozo de la vida). No aflora quizá de manera suficiente la pasión la justicia y libertad social de América Latina. No ha entrado todavía en el diálogo el mundo musulmán, las culturas del oriente (budismo, tao...). Es comprensible; siendo universal, este es un libro situado, que debe comprenderse en un espacio que va desde la antigua Jerusalén y Atenas, por Avila y Salamanca, a París, Heidelberg-Munich y Londres.

Frente a quienes pueden suponer que el nuevo pensamiento destruye la fe, que la nueva cultura se hará sin evangelio, González de Cardedal ha elevado su voz reinterpretando la cultura desde la fe e introduciendo la fe cristiana en el entramado de la vida humana, para ofrecerle un alma, unas entrañas. En ese aspecto, su libro vale para creyentes y no creyentes para hombres y mujeres que se sienten abiertos a la voz de la vida y pensamiento. En ese sentido, él ha querido optar por la entre filosofía y fe, ente metafísica griega y dogma cristiano. Siguiendo de forma consecuente en esa, en contra de las declaraciones del episcopado español, O. G. de Cardedal acaba de afirmar que la sociedad civil tiene el derecho y el deber de ofrecer su propia visión racional del mundo, lo que en España se traduce en una “asignatura escolar para la educación en la ciudadanía”.

Libro de armonía

González de Cardedal es teólogo y poeta, filósofo y hombre de fe. Acepta la razón, pero no para cerrarse en la pura racionalidad, sino para abrir dentro de ella un horizonte de la belleza teológica, un camino de búsqueda humana. Por eso, este libro de su entraña es ante todo, una obra de arte, por su lenguaje terso y preciso, por su arquitectura interior, por su potencial transcendimiento. Es un libro del pasado, pues recoge la historia de occidente, pero es, al mismo tiempo, es libro abierto al futuro: más que un Testamento de alguien que ha vivido y se despide, este libro, que cumple ahora diez años, ha querido ser un Prólogo teológico a la nueva cultura que empieza a elevarse no desde la orfandad y prometeísmo sino desde la fidelidad creadora de aquel que se atreve a buscar su verdad en el futuro de un Dios que ya nos ha hablado en Jesucristo.

La armonía de este libro queda reflejada ya en su título: entraña. El cristianismo no tiene esencia en el sentido abstracto del término, tampoco tiene demostraciones, no es objeto de disputas. El evangelio, bien enraizado en la tradición profética de Israel, tiene entraña (o entrañas). Tiene intimidad, misterio de corazón, que puede y debe explicitarse en la doble armonía de la encarnación (la grandeza de Dios se revela en la inversión, en la misma pequeñez de nuestra vida) y de la trinidad (el misterio es comunión, encuentro siempre vivo de realidades y personas: transcendencia, historia, intimidad personal; Padre, Hijo y Espíritu Santo). En ese sentido hemos querido decir que éste es un libro de mística, pues la entraña del cristianismo es mística (no sólo mística, pero sí mística, en un sentido muy intenso).

Para desplegar esa armonía, González de Cardedal ha distinguido cristianismo (misterio teológico, revelación de Dios), cristiandad (fenómeno social y cultural) y cristianía (experiencia personal del creyente). Desde ese fondo y en la línea de su inspiración teológica y de la tradición eclesial, ha identificado la entraña del cristianismo (que se abre por un lado a la cristiandad cambiante y se concentra en la más íntima cristianía) con la revelación del Dios divino, que se hace presente en la persona de Jesús, con su historia concreta, para así abrirse por el Espíritu hacia el ancho mundo de la cultura y vida humana. De esa forma, el orden trinitario (Padre, Hijo, Espíritu Santo) marca y define las tres partes del libro: 1) El hombre y Dios; 2) Jesús Cristo; 3) El Espíritu, la iglesia y el mundo.

Una conclusión, un reparo.

He girado en torno al libro, sin atreverme casi a marcar su contenido, porque pienso que eso debe hacerlo cada lector, más ahora, después de diez años de vida teológica y social muy intensa. Este libro sigue siendo tan actual como hace diez años, o quizá más actual aún, porque en clave de teología las cosas entre nosotros no han avanzado mucho. Por eso, quiero decir a los posibles lectores de este libro que no tengan miedo a sus mil páginas, no hace falta leerlas seguida: es como un mar, una enciclopedia, una vez se lee un capítulo, otra vez otro. No tenga miedo a las dificultades técnicas: no son demasiado grandes, a pesar de que el autor cite alguna vez en griego e inglés, alemán o francés; por el contexto se entenderá muy bien lo que dice.

No hace falta que el lector esté de acuerdo con todo lo que dice el autor. Más aún, pienso que este libro será útil sobre todo para aquellos que no compartan todas sus visiones. Porque es libro que hace pensar con gozo sobre Dios a quien presenta como rico en misericordia y misterio, dentro de un mundo de racionalidades que quieren cerrarse sobre sí misma. Es libro que piensa sobre la figura de Jesús, partiendo de nuestra situación humana y asumiendo los resultados del third quest o "tercera búsqueda" (actualmente en curso, sobre todo en USA, sobre el Jesús histórico. Es un libro que integra la pneumatología en la entraña del cristianismo, ofreciendo unas páginas luminosas sobre el Espíritu Santo en clave teológica, eclesial, cósmica y antropológica. Especialmente valioso me parece su intento de superar la dicotomía occidental (alma y cuerpo, espíritu y materia) por la tricotomía bíblica: el ser humano es ruah-nephesh-basar, Pneuma-Phsychê-Sôma (Sarx), Espíritu-Alma-Cuerpo... Pero, siendo todo eso, el ser humano es ante todo corazón y/o entrañas.

Después de todas estas palabras, me atrevo a elevar un reparo, una pregunta, partiendo del último trabajo académico extenso de su obra que he leído. Se trata de su ensayo sobre “Dios en la historia y el destino de la humanidad” (en V. M. Fernández y C. M. Galli, Dios es Espíritu y amor. Homenaje a R. Ferrara, UCA, Buenos Aires 2005, págs. 255-289. Allí dice:

«La Biblia no tiene interés en la historia positiva, determinada por causas económicas, políticas y sociales, sino solamente en la medida en que en ella Dios deja sentir su presencia como llamada, envío, revelación, promesa. La Biblia tampoco habla directamente de astronomía o de filosofía, de ciencia en general o de moral. Su único tema es la realidad de Dios y su relación con los hombres como santo y creador, señor y padre, destino y futuro” (pag. 255).

Creo entender lo que dice o quiere decir aquí O. G. de Cardedal, pero mucho me tema que sea difícil (prácticamente imposible) separar la “presencia de Dios como llamada…” de la historia concreta de los hombres, determinada por causas económica, políticas y sociales… He dicho antes que O. G. de Cardedal conoce bien los resultados de la third quest sobre la figura histórica de Jesús. Pero tengo la impresión de que esos resultados se sitúan precisamente en el plano de la “historia positiva”, en su plano económico y social… Más aún, el mensaje y vida de Jesús se ha situado en el plano positivo de historia política y social y de moral… Tengo la impresión de que la revelación de Dios se expresa precisamente en esos campos: su llamada, envío, revelación y promesa sólo se entiende al integrarse (introducirse) en esos planos. El tema sigue abierto. Pienso que he sido un buen lector de O. G. de Cardedal. Por eso le pediría que siga pensando las cosas en este plano. De lo contrario, tengo miedo de que su Dios y su revelación (siendo muy racionales en un sentido) acaben sobrevolando sobre la historia y moral de los hombres, sin entrar en su vida concreto. Las tesis de K. Barth siguen siendo admirables. Pero quizá no son para repetirse.

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