IV Premio Juan Andrés (X. Pikaza: Religión y Globalización).
El acto tendrá lugar en la sede de la Fundación Pastor de Estudios Clásicos, en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (calle Serrano 107), en Madrid, un lugar clave de la cultura hispana.
Juan Andrés (1740-1817) jesuita alicantino, fue uno de los grandes ilustrados hispanos, expulsado de España. Residió en Italia donde escribió la obra fundacional de la Literatura Comparada (Dell’Origine, progressi e stato attuale d’ogni letteratura, Parma, 1782-1799) - Origen, progresos y estado actual de toda la literatura, Madrid, 1784-1806). Ha sido y sigue siendo una figura máxima de la cultura europea, uno de los pocos autores hispanos de talla absolutamente mundial) (Cf. http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Andr%C3%A9s ).
(Programa del acto en: http://fundacionpastor.e.telefonica.net/JUAN_ANDRES__2013_IV_17junio%20(f).pdf )
El Premio Juan Andrés, de carácter puramente académico, lo concede la Universidad de Alicante, para recordar y actualizar la figura y obra de Juan Andrés, y para reconocer el trabajo de investigadores que, en los diversos campos del saber humano (literatura, ciencia, filosofía y cultura en general), han puesto y ponen de relieve el carácter comparativo (y global) de los saberes humanos.
El año pasado (2012) el premio fue concedido al Prof. Dr. José Luis Villacañas, de la Universidad Complutense, por su trabajo sobre Dificultades con la Ilustración. Este año se lo conceden a un servidor, por mis trabajos en el campo de la Comparación entre las religiones.
El acto estará presidido por el Sr. Decano de la Facultad de Filosofía de la UCM, Dr. R. V. Orden Jiménez y por el Sr. Presidente de la Fundación Pastor, Dr. Emilio Crespo, con el Presidente de la Sociedad de Estudios Kantianos, J. M. Navarro Cordón, de la UCM, como podrá verse por el programa que adjunto. En ese acto se presentará también la obra publicada del Prof. Dr. J. L. Villacañas, de la UCM: Dificultades de la Ilustración.
Presentará mi obra y hará mi laudatio el Prof. Dr. Pedro Aullón de Haro, de la Universidad de Alicante, a quien agradezco de antemano su atención y su interés por mi obra (cf. http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Aull%C3%B3n_de_Haro )
Me conceden el premio, de un modo especial, por el trabajo que estoy realizando sobre Religión y Globalización , y por las obras que he publicado ya en el campo de las religiones comparadas, en especial por:
‒ Diccionario de las tres religiones (con A. Aya, Verbo Divino, Estella 2009)
− El Fenómeno Religioso (Trotta, Madrid 2000).
− Hombre y mujer en las religiones (Verbo Divino, Estella 1996)
− Monoteísmo y Globalización. Moisés, Jesús, Mahoma (Verbo Divino, Estella 2002)
Publico esta nota para agradecer a P. Aullón de Haro y a los restantes miembros "Grupo de Investigación Humanismo-Europa", que otorga el "Premio Juan Andrés de Ensayo e Investigación en Ciencias Humanas". Lo hago también para que mis amigos del blog se alegren y puedan seguir con más confianza mis trabajos en este campo de investigación y publicación de temas de Comparación de religiones.
Adjunto la primera parte de mi trabajo expresamente dedicado a las religiones comparadas (cf. P. Aullón de Haro [ed.], Metodologías comparatistas y Literatura comparada, Clásicos Dykinson, Madrid 2012, 83-96).
RELIGIONES COMPARADAS
Panorama histórico y fenomenológica
Xabier Pikaza
Universidad Pontificia de Salamanca (1973-2003)
Se dice que el estudio científico de las religiones comparadas resulta relativamente moderno y nace, como la lingüística comparada, a lo largo del siglo XIX, “emancipándose” de otros conocimientos como la filosofía, la teología y la apología del cristianismo. Suele vincularse en su origen al análisis de las formas de vida de los pueblos antiguos (etnología), a la comparación de las diversas lenguas (filología) y, en especial, a los nuevos descubrimientos de la historia. Se dice, además, que su fundados ha sido, en el campo germano (y en el anglosajón) Friedrich Max Müller (1823-1990), que fue profesor de Oxford y tradujo los Vedas, fundando las bases de la lingüística indo-europea (o, quizá mejor, indo-germana).
En esa línea, desde una perspectiva indo-germana, gran parte del estudio de las religiones comparadas se ha fundado, a mi entender, en tres pre-juicios. (a) El rechazo o minusvaloración de las religiones antiguas o tradicionales, entendidas como mitos, que serían previos y contrarios al surgimiento de la razón, que se identificaría con el pensamiento griego e ilustrado de occidente. (b) La marginación de las religiones semitas (en especial del Islam) y de aquellas que ponen de relieve el aspecto más confesional de la fe y de la visión de Dios. (c) La institución de un eje religioso/racional que estaría representado por los “valores” de la espiritualidad más intelectualista de la India y de un cristianismo entendido como expresión de la razón absoluta.
Después de más de ciento cincuenta años de desarrollo casi frenético de esta Ciencia de la Religiones (Religionswissenschaf, como suele llamarse en alemán) o de las Religiones Comparadas, como suele llamarse en otras lenguas, no se ha logrado un consenso verdadero, ni en lo referente al método de estudio (observación “científica”, fenomenología comparada, reflexión filosófica, valoración religioso-teológica…), ni en lo referente a los resultados. No existe aún (y quizá no puede existir) una definición unitaria que abarque a todas las llamadas religiones, ni es fácil mantener ya la visión de los ilustrados del siglo XIX. De todas formas, a modo de introducción, situándome en una línea occidental, puedo trazar algunas líneas de lo que a mi juicio es el estudio de las religiones comparadas.
1. Cuatro ejemplos
El estudio de las religiones comparadas no ha nacido, como suele decirse, en la Europa ilustrada del XIX, sino que, al menos de un modo práctico, existe desde los comienzos de nuestra memoria cultural de occidente, como indicaré citando, a modo de ejemplo, algunos casos muy significativos.
1. Un primer ejemplo lo ofrece la misma Biblia judeo-cristiana, que se ha sedimentado y ha sido construida en un largo proceso de inter-relación y simbiosis entre un posible núcleo original israelita (que sería la visión de Yahvé como Dios único) y el influjo y presencia de las diversas religiones del entorno, que forman las bases de la cultura de occidente: el sustrato cananeo de los cultos de la fertilidad, la experiencia cósmico-sacral de Egipto, el desarrollo políticos de las religiones de Mesopotamia, el dualismo semi-ontológico de los iranios, el espiritualismo helenista, la divinización imperial de Roma etc. No hay que salir de la Biblia para estudiar y comparar las religiones, pues dentro de ella encontramos las huellas de casi todas las que se han dado en la humanidad, desde la perspectiva del Cercano Oriente .
2. Un segundo ejemplo lo ofrece la famosa división que estableció Terencio Varrón, y que fue asumida por San Agustín, distinguiendo tres formas de religión: (a) La religión política, que sacraliza el orden del Estado y que se manifiesta en la unidad social y en el derecho sagrado, que ha podido desembocar en Kant (la religión en los límites de la razón práctica). (b) La religión filosófica o “física”, propia de los pensadores que interpretan lo divino como expresión de la identidad (unidad profunda) de la naturaleza, en una línea que ha podido desembocar en Spinoza (Deus sive natura). (c) La religión poética, vinculada a los mitos y ritos de los cultos populares de casi todos los pueblos, con sus panteones y sus templos.
Como buen romano, T. Varrón quiso potenciar la religión política, entendida como “culto” estatal, pues en este mundo concreto no existe más “dios” que el orden sacral y social del Imperio. San Agustín, en cambio, quiso superar la religión poética (con los mitos del paganismo) y la política (en el sentido del viejo imperio romano), para defender la religión filosófica (de la naturale¬za), que habrían desarrollado los antiguos griegos (especialmente Platón); de esa forma ha potenciado un simbiosis de filosofía y cristianismo (iniciada en Justino, Clemente y Orígenes) que ha marcado por siglos la religión cristiana y la cultura de occidente. Muchos de nosotros aceptamos, en principio, esa división de religiones (de la naturaleza, del poder social y de los mitos), pero pensamos que ella puede y debe ser reformulada, potenciando quizá más el valor de la “razón” o religión poética .
3. Un tercer ejemplo lo ofrecen las controversias medievales entre “las tres religiones” (judaísmo, cristianismo, Islam), que se extendieron a lo largo de la Edad Media, especialmente en España donde hubo intensos debates sobre el tema, que culminaron en la famosa Controversia de Tortosa (1413-1414), desembocando finalmente en la expulsión de judíos y musulmanes. Hubo momentos de buen diálogo y de comparación de religiones, pero en el fondo subyacía un tema de poder, que puede concretizarse en dos fechas famosas, a uno y otro lado del arco mediterraneo:
(a) El año 1452 los musulmanes turcos conquistaron Constantinopla, poniendo así fin a mil años largos de cristianismo político bizantino, en una historia que todavía sigue abierta en toda aquella zona, y complicada, en el buen y mal sentido de la palabra, con la presencia del Estado de Israel en Palestina, desde mediados del siglo XX.
(b) El año 1492 los Reyes Católicos de España conquistaron Granada (el último reducto musulmán de occidente) y expulsaron también a los judíos, en una historia que sigue también abierta, por un retorno distinto del Islam a España y a todo el Occidente, y por un tipo de presencia renovada del judaísmo (tras el holocausto del 1939-1945).
En esta línea quiero recordar la aportación de un pensador alemán, hombre de Iglesia, llamado Nicolas de Cusa o Cusano (1401-1464), filósofo y teólogo, Obispo de Brixen (Tirol) y Cardenal de Roma. El Cusano participó de un modo activo en los movimientos conciliaristas, que promovían la comunión dialogada entre los diversos grupos de la Iglesia occidental. Desde una perspectiva religiosa más extensa, su trabajo más significativo es De Pace Fidei (Sobre la paz de la fe), escrito el 1453, un año después de la “caída” de Constantinopla. Él supo que los intentos militares de los cruzados habían fracasado, pues no sólo había “caído” Jerusalén, sino Constantinopla. En ese contexto, retomando y ampliando sus convicciones básicas (la vida es concilio-alianza), escribió ese tratado, como una parábola en la que el Dios de todos convocaba desde el alto a los representantes de las diversas religiones, para que celebraran bajo su presidencia un Concilio, defendiendo los valores de cada confesión y dialogando al servicio de la paz. Ciertamente, el Cusano quería inspirarse en el cristianismo, que a su juicio era espacio de comunión universal. Pero él sabía que la paz cristiana no puede conseguirse (ni menos imponerse) con razones, pues en las circunstancias actuales de la historia nadie puede convencer del todo a nadie (ni Dios ha querido o podido hacerlo). Desde ese fondo dijo que el mismo Dios, tras un tiempo de sesiones, interrumpió el Concilio y pidió a sus miembros que dialogaran en el campo abierto de la vida, siendo cada uno fiel a su propia religión (judía, cristiana, musulmana…), pero buscando la paz con las restantes. Vivimos, según eso, en un tiempo de inter-regno conciliar, que debería estar marcado por la fidelidad de cada pueblo a su propia religión y por el compromiso de diálogo entre todas .
4. Un cuarto y último ejemplo puede ser el de la “conquista y evangelización” católica de América, realizada sobre todo por los pueblos hispanos del siglo XVI y XVII. En ese contexto existió una “imposición”, por la que una cultura/religión pretendidamente superior, amparada por los conquistadores, vino a sustituir a las religiones anteriores (aunque dejándose influir por ellas). No pudo existir una verdadera “comparación”, ni un “concilio de religiones”, como propugnaba el Cusano, sino la conquista de una religiones sobre (y contra) las otras. Pero, dicho eso, debemos añadir que en aquel contexto hubo momentos ejemplares de comparación y diálogo de religiones, no sólo en el plano social, sino en el cultural, de manera que se escribieron algunos estudios “científicos” de historia y comparación de religiones.
Ciertamente, el análisis científico “oficial” y la comparación razonada entre las religiones “menores” y las “grandes” religiones (entre ellas el hinduismo y el budismo) con el cristianismo y la racionalidad occidental comenzó en los siglos XVIII y XIX, con las conquistas inglesas y el estudio sistemático de las universidades germanas, pero todo ello había comenzado en el tiempo de la “conquista” hispana. En ese contexto, podemos decir que seguimos estando allí donde nos dejaron algunos de los grandes misioneros del siglo XVI, en el contexto de la Edad Media ampliada que fue la conquista de América .
2. Intermedio. Comparación de religiones, un tema cristiano y teológico
Sobre la base de los cuatro momentos anteriores, debemos añadir que la comparación ya más científica de las religiones ha sido (y quizá sigue siendo) un fenómeno vinculado al despliegue del cristianismo y de la racionalidad occidental, como ha venido a expresarse en las universidades del área cultural germina a lo largo del siglo XIX. Así lo quiero poner de relieve recordando algunos datos, quizá menos conocidos, del gran fenómeno de la Religionsgeshichtliche Schule (que podríamos traducir como Escuela de la Historia de las Religiones), que vincula una visión racional (idealista) de la realidad y una interpretación también racional del cristianismo, entendido como religión absoluta (culminación y superación de las religiones concretas).
En esa línea se situaron los protestantes (y judíos) liberales, que parten de dos supuestos básicos. (a) Existe una religión universal de la Razón, una especie de idealismo “espiritualista”, que se identifica con el despliegue cultural y moral de Europa, conforme al modelo que propuso I. Kant en La religión dentro de los límites de la razón pura (Die Religion innerhalb der Grenzen der blossen Vernunf, 1793), donde interpreta “la religión” como ratificación simbólica del ideal moral de la humanidad. (b) Esa única religión, que es la expresión de la "realización" o construcción (Bildung) cultural del ser humano, se identifica de hecho con el cristianismo (y/o el judaísmo) ilustrado, sin iglesias particulares, sin más dogmas que el valor “infinito” del despliegue racional del ser humano (entendido como europeo).
Eso significa que lo sobrenatural queda descartado. No se cree en la posible irrupción o revelación particular de Dios, ni en los hechos externos salvadores, de manera que el cristianismo ha de entenderse como testimonio del avance espiritual del ser humano, como muestran los tres mayores pensadores del momento. (a) A. Ritschl (1822-1899), que concibe el cristianismo como expresión del valor divino del espíritu humano, en su camino de maduración moral. (b) A. Harnack (1851-1930), que interpreta el mensaje de Jesús como expresión de la bondad paterna de Dios (de la divinidad, del absoluto) y como afirmación del valor infinito del alma humana. (c) W. Herrmann (1846-1922), que identifica el mensaje (y el Reino) de Jesús con la tensión moral del hombre interior, es decir, con el mismo progreso moral de la humanidad .
Significativamente, el filósofo de fondo de esa línea fue un autor judío, llamado H. Cohen (1842-1918), que quiso elaborar una religión filosófica de la cultura, centrada en la aspiración infinita del humano, que se transciende a sí mismo en línea de conocimiento (teoría), acción (moral) y goce estético (arte). En ese ambiente, donde se exaltaba el despliegue divino de la cultura humana, se situaban gran parte de los pensadores centro-europeos de la belle époque (de finales de XIX y principios del XX), antes de la Gran Guerra del 1913-1918. Para ellos no había “razones” distintas, sino una sola razón (el idealismo progresista europeo), no había culturas, sino una cultura (la occidental), no había religiones, sino una única religión (el judeo-cristianismo moralista europeo). En principio, en ese contexto no se puede hablar de comparación y diálogo de religiones, sino de una única religión de la razón (occidental) en la que deben quedar integradas (asumidas y superadas) todas las restantes religiones .
En esa línea, los mayores pensadores (¡oficiales!) del momento creían encontrarse al final de un camino que lleva desde Jesús (ejemplo de moralidad), por medio de Lutero (liberación interior del hombre) y de Kant (primado de la ética), al descubrimiento de la realidad universal humana, de manera que en ellos culminaba la historia de las religiones y de la humanidad. En ese contexto trabajaron los creadores de la Religionsgeschichtliche Schule (Deissmann, Heitmüller, Bousset…), que quisieron entender la Biblia y el judeo-cristianismo desde el crisol o matriz de las religiones del Oriente, que habrían desembocado (y habrían sido asumidas y superadas) por la religión de la Biblia. Así se ha podido hablar de un panbabilonismo, que destaca la importancia de las religiones Mesopotamia, de un panegiptismo o de un paniranismo, que ponen de relieve otras conexiones (y posibles fuentes) de la religión judeo-cristiana.
Sean cuales fueren los influjos de fondo que habían desembocado en la Biblia, la mayor parte de los autores afirmaban que, en su meta, la Biblia y la religión judeo-cristiana deben interpretarse en un contexto griego (pan-helenismo), formando así la matriz de la cultura occidental, que es griega y judía, con unos matices de organización romana. Al final de ese proceso (que estaba culminando entonces, entre el siglo XIX y el XX) ya no se podría hablar de religiones, sino de “religión”, no se podría hablar de razones, sino de “razón”, una única razón, cultura y religión universal, identificada con el pensamiento y la política occidental, que había encontrado ya su meta (su verdad en lo divino). Como representantes básicos de esta “escuela” puedo citar a tres:
– A. Deissmann (1866-1937) fue filólogo e intérprete del Nuevo Testamento, pero la tradición le recuerda especialmente por sus trabajos de religión comparada, que nos ayudan a situar el cristianismo a la luz del pensamiento filosófico y de la religiosidad popular antigua. El estudio de los papiros descubiertos en Egipto, en los que se conserva el lenguaje normal de hablaban las gentes normales del entorno, le permitió conocer las condiciones culturales y sociales del primer cristianismo helenista. Su obra clave, Luz desde el Oriente (Licht vom Osten, 1908), sigue siendo clave para situar el cristianismo en su contexto socio-cultural.
– W. Heitmüller (1869-1926) estudió los "misterios" cristianos (bautismo, eucaristía) desde el trasfondo religioso del antiguo oriente, entendiéndolos así en perspectiva griega, no judía, destacando en esa línea el carácter mistérico del cristianismo de Pablo y de las comunidades cristianas helenistas, que habrían sido las creadoras del cristianismo, centrado en el mito de un Cristo, hombre divino, vinculado a la religión de los misterios y al platonismo de fondo, y no al mensaje de los profetas de Israel.
– W. Bousset (1865-1920) fue el autor más conocido de esta línea y ofreció una visión de conjunto duradera sobre la historia y literatura del judeocristianismo y helenismo. Sus trabajos más extensos (Die Religion des Judentums im Späthellenistischen Zeitalter, 1903, y Kyrios Christos. Geschichte des Christusglaubens von den Anfängen des Christentums bis Irenaeus, 1913), entienden el cristianismo como elaboración helenista de unos gérmenes morales propios del judaísmo. Así habría podido surgir la „religión universal“ en la que culminan y se anulan, se superan (de un modo racional), todas las religiones y culturas de la historia humana.
Así pensaban los grandes “racionalistas” cristianos y europeos de principios del siglo XX, identificando su razón con la razón y su religión con la religión, de manera que más que “comparar” las religiones había que mostrar la forma en que todas quedan superadas en la única religión, lo mismo que las ciencias anteriores (griega, medieval, barroca…) debían culminar y ser asumidas en la nueva ciencia moderna, que se estaba extendiendo y dominando, precisamente entonces, sobre todo el mundo. Así pensaban, pero el estallido de la guerra del 1914-1918 hizo que muchos perdieran la fe en esa visión, como mostraremos luego, después de haber vuelto a plantear el tema de la división de religiones.
(seguirá)