Iglesia y familia 2. Una comunidad autógestionaria y orante (Mt 18, 15-20)
Sin duda, la Iglesia está formada por creyentes autónomos (con o sin familia "particular": casados o solteros, con hijos o sin hijos…); pero sus miembros se estructuran a modo de familia autogestionaria (repito), sin jerarquías institucionales, pero con un fuerte sentido de pertenencia y comunicación, para bien de los más pequeños, en comunión con otras familias y grupos.
Este “derecho familiar y eclesial” de Mt 18, 15-20 se parece al de otros grupos de judíos, como los esenios de Qumrán, pero ofrece algunas diferencias muy significativas, que marcan su identidad:
(a) En Qumrán había una instancia jerárquica especial y bien organizada de sacerdotes o miembros perfectos que deciden y resuelven las cuestiones de los restantes miembros de la comunidad/familia (sin una verdadera comunión creadora entre los miembros, sin vinculación activa y por igual entre varones y mujeres).
(b) En Mateo hay ante todo comunión de varones y mujeres, en igualdad, de manera que la que instaura y decide el sentido de la unión es la misma comunidad reunida, es decir, cada familia de creyentes, que así aparece como instancia de apelación y solución de las cuestiones comunes.
c) Como experiencia central de la familia/iglesia establece Mt 18, 15-20 el diálogo mutuo, la oración (experiencia fundante de Dios) y el perdón, sin diferencia entre varones y mujeres.
Así lo muestran las reflexiones que siguen, en las que sigo recogiendo el tema básico (sin notas eruditas) del trabajo publicado en la Universidad Pontificia, siguiendo el tema del libro anterior sobre la Familia en la Biblia (en la perspectiva del Sínodo sobre la Familia 2015/2016). De otros aspectos de la familia ("fidelidad" esponsal, importancia de los niños) trata Mateo en otros lugares, que presentaré DM otro día.
Buen día a todos.
1. Si tu hermano peca…
Pecar es destruir la comunidad, romper la familia de hermanos de la Iglesia. La comunidad cristiana reunida es la instancia suprema, con autoridad colegiada. Desde ese fondo establece Mateo el "derecho de familia" de la Iglesia para instituirse como grupo autónomo y visible.
Este pasaje (Mt 18, 15-20) constituye la primera declaración de ortodoxia práctica de la iglesia, entendida como familia de voluntarios mesiánicos. Precisamente para abrirse a todos hombres (es decir, para buscar las ovejas errantes (18, 12-14), la iglesia debe aceptar la posibilidad de que algunos queden fuera de ella, no acepten su perdón, no acojan la apertura gratuita de su vida .
18, 15 ‒ Y si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele a solas...
− 16 Si no te escucha, toma contigo a uno o a dos….
− 17 Y si no les escucha llama a la iglesia, y si no la escucha… (18, 15-17) .
De esta forma se establece el centro y frontera de la familia cristiana.
El centro es el perdón siempre ofrecido, por encima de la ley.
La frontera la razan aquellos que niegan el perdón, quedando así fuera de los límites de familia que traza la Iglesia.
La comunidad no apela a una instancia exterior, ni deja la solución en manos de algunos privilegiados, sino que ella misma actúa como instancia suprema de unidad y vida comunitaria a través de un proceso de discernimiento quizá doloroso, pero necesario: “Si tu hermano peca contra ti, vete y repréndele a solas: si te escucha, has ganado a tu hermano; si no te escucha, toma contigo a uno o dos..; si no os escucha tampoco a vosotros, llama a la iglesia…”.
En esa línea traza Mateo la frontera interna de la familia eclesial, marcando el límite de gratuidad (perdón) que ella establece precisamente para abrirse en comunión a todos los hombres, sin que unos destruyan a los otros (cf. Mt 25, 31-45; 28, 16-20). Por eso, los que sistemáticamente destruyen a los otros y no cambian (a pesar de las advertencias de algunos y después de todo el grupo familiar cristiano) quedan fuera de la Iglesia, entendida como familia de voluntarios mesiánicos.
Esta “ley” eclesial establece una frontera que consiste en no poner fronteras, pero mostrando primero (al mismo tiempo), que se excluyen de esa familia eclesial y rompen su unidad (salen de ella) aquellos que destruyen a los demás (en especial a los pequeños) y no aceptan reconciliación, es decir, no quieren abrirse en comunión a los hermanos .
((La familia/iglesia es una experiencia y camino de comunión universal, pero, al mismo tiempo, ella es una entidad concreta, distinta de otros grupos o sinagogas posibles. Por eso, quedan fuera de ellas los que no aceptan el principio de comunión eclesial, con el perdón y reconciliación que implica))
2. Todo lo que atéis… Autoridad de la familia eclesial (18, 18).
Según Hch 15, 28, los “padres” del concilio de Jerusalén decían: nos ha parecido al Espíritu Santo y a nosotros, afirmando así que el Espíritu santo ratificaba su consenso. Pero en Mateo es toda la Iglesia la que decide:
Mt 18,18 En verdad os digo:
− todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo;
− y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.
Esta es una experiencia clave, un razonamiento y “dogma”, que no se expresa de manera abstracta, sino como gracia ofrecida por Jesús, asumida y cultivada en las comunidades:
La iglesia/familia reunida puede y debe atar, es decir, vincular a los creyentes, en la línea de Jesús, pues ella misma tiene autoridad de Dios, vinculando así el amor interhumano con el amor intradivino.
Pero la iglesia puede y debe también desatar, declarando que alguien está “fuera de ella”, no por ley impositiva, sino por experiencia de gracia, precisamente para bien de los niños y pequeños (18, 1-14), pues lo que va en contra de ellos va en contra de la comunión de todos .
La esencia de la iglesia/familia es el amor dialogal que abre caminos de vida y fraternidad entre aquellos que son capaces de abrirse, acogerse y perdonarse unos a otros.
3. Una comunión orante (18, 19-20).
Signo y familia de Dios es por tanto la comunidad que dialoga, al servicio de los niños y pequeños, apelando al perdón sobre cualquier tipo de ley punitiva. Sólo comunidad que es capaz de reunirse, expresando su perdón y trazando sus fronteras-caminos en diálogo de gracia (a favor de los más pequeños), es familia cristiana:
− 18, 19 En verdad os digo: si dos de vosotros concuerdan en la tierra, sobre cualquier cosa que pidieren, les será dado por mi Padre que está en los cielos.
‒ 20 Porque donde se reúnen dos o tres en mi Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos (18, 19-20) .
La Iglesia es un espacio o familia dialogal, para la vida. Los hermanos reunidos en ella no intentan resolver problemas, disensiones o pecados, sino algo previo: ellos quieren vivir y formar comunidad ante (en) Dios, siendo presencia compartida de Jesús, pues se reúnen en amor y gratuidad, sabiendo que el mismo Dios les escucha y concede lo que piden (lo que atéis, lo que desatéis...:
18,18).
Amor y oración no se pueden delegar, pues son esencia de la vida, verdad de los creyentes. Tampoco puede delegarse la fraternidad, dejando el amor familiar en manos de instancias superiores, pues en ese caso surgiría un sistema sacral (social), no una comunión o familia de personas en la iglesia .
5. Una parábola del perdón (18,21-35)
Esta sección eclesial comenzaba con la “parábola” de 17, 24-27, sobre el tributo. Ahora, al final, Mateo añade otra parábola sobre el perdón. Ella ha podido tener otro sitz im Leben, otro encuadre y sentido, pero Mateo la puesto aquí para ilustrar el tema de la vida y perdón en la familia de la Iglesia, retomando motivos fundamentales del Padre-nuestro (¡perdónanos como perdonamos! Mt 6, 12) y de su continuación: ¡Pues si no perdonáis…! (6, 14):
(Introducción) 18 21En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?...
(Parábola) 22 El reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. 24 Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. 25 Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos …27 El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. 28 Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: Págame lo que me debes… y lo metió en la cárcel… 32Entonces el señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo malvado!... 33 ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero…?34 Y lo entregó a los verdugos…
(Conclusión) 35 Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona…
Esta parábola, propia de Mateo, recoge la experiencia y exigencia de su comunidad, y debe vincularse a la anterior (oveja extraviada)… El Gran Rey perdona a su deudor una deuda enorme (10.000 talentos, unos 5000 millones de dólares, 160.000 años de salario…) y espera que el perdonado perdone, a su vez, a sus consiervos…
− La parábola evoca el perdón apodíctico de Jesús, sin límites ni condiciones. No es un perdón para los buenos, aquellos que pueden devolver la deuda, sino para todos, por siempre, en la línea del Padrenuestro: “perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores”, pero en un sentido inverso, como si dijéramos: “perdónanos de tal manera que nosotros podamos perdonarnos unos a los otros”.
− Quien no perdona queda en manos de su propia destrucción. No es que Dios le juzgue y condene, sino que él mismo se juzga y condena a sí mismo. Evidentemente, en ese lenguaje parabólico se dice que el "rey" condena a quien no perdona, poniéndole en manos de verdugos hasta que pague todo lo que debe (cosa imposible, pues no hay hombre que desde la cárcel pueda ganar/pagar) tanto dinero. (Esa no es la imagen verdadera del Dios de Jesús, sino la que suscita la falta de perdón de los hombres).
Esta parábola ha de interpretarse en clave de Iglesia, entendida como familia donde los creyentes se perdonan unos a los otros. Una Iglesia que no es signo de perdón deja de serlo.
Una sociedad impositiva y judicial que no perdona se destruye a sí misma. El perdón de familia de la iglesia no es indiferencia, sino recuerdo del Dios Palabra que libera, transforma y recrea todo, no para que quede como estaba (al servicio de los prepotentes), sino para cambiarlo todo, desde los más pobres .Éste es el perdón que empieza desde la ayuda a los más pobres, desde la prioridad de los pequeños y excluidos sociales. Precisamente allí donde se les acoge y ayuda se hace posible el perdón universal .
((Jesús no empieza exigiendo conversión previa a los pecadores, que paguen lo que deben, sino ofreciéndoles perdón y solidaridad de Reino. Pero su perdón crea perdón, haciendo así posible el surgimiento de una familia de perdonados activos, que se acogen y perdonan mutuamente. Sobre el perdón en sentido antropológico y cristiano, cf. H. Arendt, La condición humana, Paidós, Barcelona 1993; V. Jankélévitch, El Perdón, Seix Barral, Barcelona 1999; X. Pikaza, Antropología bíblica, Sígueme, Salamanca 2006; E. P. Sanders, Jesús y el judaísmo, Trotta, Madrid 2004. J. L Segundo, El caso Mateo. Los comienzos de una ética judeocritiana, Sal Terrae, Santander 1994)).