Jesús educador, un proyecto de humanidad.
El tema básico responde el argumento básico del libro que con ese título publiqué el año pasado en la Editorial Khaf de Madrid:
El cristianismo es un proyecto de educación mesiánica, una escuela de vida universal, fundada por Jesús de Galilea, que ha entendido y aplicado de formas diversas a largos de los tiempos y lugares. Este proyecto ha corrido a veces el riesgo de perderse, pero ha vuelto siempre, y ahora de un modo especial, a comienzos del tercer milenio, a su principio escolar, a su enseñanza centrada en el mensaje y vida del Maestro Jesús.
Su enseñanza, radicalmente judía, le enfrentó con los representantes de un judaísmo oficial, centrado en el templo, que había pactado con el poder mundial establecido, que era entonces el de Roma, y con su mismo gobernador militar (Poncio Pilato), que le condenó a muerte por juzgarle peligroso. Le mataron por su magisterio, pero su enseñanza, recogida y expandida por algunos de sus discípulos, se extendió a lo ancho del Imperio Romano y después por todo el mundo conocido, de manera que ella se anuncia y expande a través de las iglesias cristianas, entendidas también como escuelas mesiánicas.
Punto de partida. Jesús educador
El interés por la historia de Jesús ha crecido de forma espectacular en los últimos decenios, dentro y fuera de las iglesias cristianas. Los descubrimientos de Qumrán, los textos de F. Josefo y del rabinismo antiguo nos permiten conocer bastante bien su entorno cultural, de tal modo que podemos situarle con cierta precisión en su ambiente humano y religioso. También nos ayuda la investigación sociológica, que ha desembocado en una más precisa antropología cultural. Estamos en un momento privilegiado: ninguna época anterior había dedicado tanto tiempo y lucidez al tema. No es de extrañar que hayan surgido estudios sorprendentes sobre la vida de Jesús:
1.Pensador itinerante: sabio contracultural, un maestro (1 Cor: Los griegos buscan sabiduría). Algunos piensan que Jesús fue un filósofo de la vida, en la línea de los grandes maestros orientales, autor de sentencias paradójicas sobre la banalidad de los grandes poderes del entorno social. La importaba la verdad y mesa compartida. No buscó la redención mesiánica en un sentido milagroso, ni quiso salvar el mundo, sino ofrecer un camino de despliegue humano (sincero, honrado, paradójico) para los hombres y mujeres de su entorno, como maestro ejemplar. Se le puede comparar a Sócrates y, sobre todo, a los filósofos cínicos judíos.
2. Carismático judío, un sanador (1 Cor: los judíos buscan obras…). Otros muchos investigadores piensan que Jesús fue un sanador poderoso, quizá un poco ingenuo, pero de gran poder… que se situó en los márgenes del pueblo de Israel, realizando unos signos que resultaban legalmente ambiguos para los buenos judíos ortodoxos, a quienes interesaba la ley nacional, más que la salud de los hombres. A su juicio, educar era curar: el verdadero maestro es un médico o sanador de las almas y los cuerpos. En esta línea, el verdadero educador es un medico de los jóvenes y mayores, como Hipócrates o Galeno.
(Fue sanador…, como los grandes médicos de la historia humana; pero buscó la salud interior centrada en la fe y en el amor. A su juicio, el hombre tiene dentro de sí unas capacidades de vida que le desbordan, que él en general desconoce).
3. Profeta escatológico y/o mesías, un político radical crucificado (I Cor: pero nosotros creemos en Jesús, el mesías crucificado). Otros piensan que Jesús anunciaba la llegada del Reino de Dios. Fue un educador de los últimos tiempos: en esa línea se entienden sus palabras (parábolas, sermón de la montaña) y sus gestos en favor de los marginados (enfermos, excluidos de la sociedad). Educar significa, según eso, ayudar a transformar el mundo, hacer que llegue el reino; en esta línea, el verdadero educador es el político (los Medici de Florencia, Pericles, David).
(Jesús fue un mesías político “fracasado” (en un sentido), pero su fracaso ha sido principio y garantía de una salvación más alta, de una redención completa, en el plano personal y comunitaria, de pensamiento y de obra…).
Estos tres modelos de educación desde Jesús son muy significativos y definen de algún modo todo lo que sigue. Ellos se encuentran bien atestiguados por el estudio crítico de la vida de Jesús y forman un conjunto coherente. Pero he querido ampliar el abanico y ofrecer así un esquema educativo más amplio de la vida de Jesús desde una vertiente más antropológica que dogmática.
I
PRINCIPIO
PROFETA Y SABIO
1. Jesús fue un profeta escatológico, mensajero de Dios.
Profeta es un hombre o mujer que recoge la tradición israelita de historia y promesa del pueblo y anticipa el futuro de la intervención de Dios, que va a manifestarse cumpliendo la esperanza antigua. De la vida y acción de los profetas escatológicos trató Flavio Josefo en sus dos obras (BJ y AJ), de manera que conocemos con cierta precisión lo que hacían y pensaban:
1. Los profetas escatológicos (en contra de sacerdotes, escribas y celotas) anunciaban la intervención inminente, de Dios, es decir, el hecho de que Dios se hiciera presente en la vida de los hombes Estos profetas no sacralizaban con su gesto o doctrina el orden religioso ya existente (contra los sacerdotes). Aceptan la ley, pero sitúan por encima de ella o en su meta la acción transformadora de Dios que interviene en la historia (contra los puros escribas). Quieren la liberación nacional, pero no luchan con armas por ella; no son guerreros en la línea de los viejos macabeos o los nuevos celotas, sino testigos y promotores de la inminente acción liberadora de Dios. Entre ellos se sitúan Juan Bautista y Jesús.
(Un profeta tiene un pensamiento, una sabiduría… por eso habla. Pero un profeta inicia sobre todo un camino de transformación humana, desde el centro de la misma vida, desde la “calle”, es decir, desde los hombres y mujeres concretos).
2. Juan Bautista fue el mensaje de conversión, para perdón de los pecados, y el signo del bautismo en el Jordán, río que separa el desierto (lugar de exilio) y la tierra prometida. Estrictamente hablando, él fue un profeta del juicio (anuncia la llegada de Dios, el más fuerte, para pedir cuentas a su pueblo), pero, al mismo tiempo, actuaba como mensajero de salvación (su signo bautismal es garantía de perdón y acogida divina para aquellos que lo aceptan). Como testigos de esa conversión, juicio y salvación de Dios siguieron actuando los discípulos de Juan, aún después que Herodes Antipas le matara, por juzgarle peligroso para el frágil equilibrio de su reino (cf. Mc 1, 1-15; 6, 14-29; 11, 30-33 par; Lc 1, 80; 16, 16; Hech 1, 15; 18, 24-28; 19, 1-17; F. Josefo, AJ 18, 116-119).
(Profeta escatológico, es decir, de los tiempos finales, de la llegada de una humanidad diferente, con la ruina de esta humanidad actual. Es n profeta-protesta).
3. Jesús aparece en un primer momento como discípulo de Juan, dejándose bautizar por él (cf. Mc 1, 9-11), como la tradición de los cristianos ha debido confesar, a pesar de los problemas que ello implicaba (Jesús habría sido un profeta dependiente del Bautista, como ha puesto de relieve el evangelio de Juan: Jn 1-4). Pero después inició un camino profético distinto que definirá su vida y obra dentro del contexto israelita. Como profeta de la salvación final de Dios, Jesús ha comenzado a predicar en Galilea el reino. No bautiza para conversión y esperanza de juicio (paso del Jordán), como el Bautista, sino que ofrece unos signos del reino, con sus palabras (mensaje) y con sus gestos de ayuda a los necesitados. Por eso, Jesús ha sido, y sigue siendo, un testigo de Dios, es decir, un profeta, que anuncia su salvación para los hombres. (Aprender de otros, compartir caminos… En contra de un profetismo de la Iglesia a solas. Descubrir movimientos proféticos en la actualidad)
Estrictamente hablando, profeta y maestro son funciones distintas: el maestro enseña, abre un camino de humanización lenta, en gesto de maduración humana... Por el contrario, el profeta denuncia los males de un grupo social y ofrece una utopía...; más que educador, parece un hombre de contrapunto, alguien que se esfuerza por corregir los males graves de la sociedad. De todas maneras, en el principio del proyecto educativo de Jesús está su acción profética.
2. Sabio en el mundo, experto en humanidad.
La tradición interpreta a Jesús como poderoso en obras y palabras (Hech 2, 22; cf. F. Josefo, AJ 18, 3, 3)). El mismo evangelio le compara a Salomón, sabio por excelencia (Lc 11,31 par), vinculándole, al mismo tiempo, a Jonás, el profeta. Se ha pensado a veces que la esperanza apocalíptica (=la búsqueda de un futuro de salvación movida por Dios) hace inútil o destruye la sabiduría, como si la llegada de Dios o la cercanía del final privara al ser humano de su capacidad de equilibrio y/o pensamiento. Pues bien, es todo lo contrario: la cercanía de Dios y de su reino libera precisamente al ser humano de las tensiones mundanas y sociales que le tienen sometido, capacitándole para descubrir y expresar con claridad el sentido más hondo de la vida.
Es como si al antiguo ser humano le cegara el miedo de las cosas, la dureza de la historia; es como si tuviera que andar con trampas para seguir sobreviviendo. En contra de eso, la presencia de Dios es claridad: el ser humano puede mirar cara a cara hacia las cosas, descubriendo la mentira de las instituciones de violencia, las esclavitudes del miedo. Desde ese fondo debe interpretarse el gesto de Jesús:
Desde ese fondo sapiencial de Jesús se entienden sus parábolas. Ciertamente, al fondo de ellas está la certeza de que ha llegado el fin: nos hallamos ante (en) el Reino de Dios, más allá de las seguridades legales y las opresiones (distinciones) que establece el judaísmo instituido. Por medio de ellas, Jesús nos sitúa ante la verdad de nuestro ser humano. Después de haber pensado que sabemos las cosas, las parábolas muestran que ignoramos lo más hondo: ellas nos hablan desde el otro lado, desde el fondo de la gratuidad divina y la extrañeza de la vida, con sus figuras "ejemplares": samaritano, publicano, pródigo, mendigo... (Las parábolas no imponen, sino que abren caminos…)
Jesús ha sido sabio en la línea israelita. Ciertamente, puede compararse a otros sabios de tendencia contracultural (Sócrates, Diógenes, Buda o el autor del Tao), apareciendo como representante de la sabiduría universal, más allá de las normas que imponía el judaísmo (o cierta iglesia actual). Pero en la raíz de su mensaje está latiendo el aliento poderoso de la profecía de Israel y la búsqueda mesiánica del reino.
1. Profeta y sabio.
Como buen profeta, Jesús ha buscado y preparado un mundo nuevo, en el que puedan vivir los expulsados de la sociedad actual. Lógicamente, él proviene de la escuela de la profecía (no de la poesía o sabiduría griega), en la línea de Elías y/o de los profetas antiguos (Mc 6, 15; Mt 16, 14; Lc 9, 8. 18-19), y así anuncia y ratifica el cambio de los tiempos (cf. Mc 1, 14-15; Gal 4, 4).
‒ Profeta entre su gente, no al exterior, en el desierto. Por eso dejó la zona del Jordán, para ofrecer su mensaje en Galilea (cf. Mc 1, 14 par). No esperó una intervención futura y espectacular de Dios para atravesar el río y entrar en la tierra prometida, como había hecho Josué (Jos 1-4) y como intentará más tarde Teudas (cf. Josefo, Ant. 20, 167-172), pues está convencido de que Dios ha comenzado a revelarse ya de una manera definitiva, y así viene a Galilea, anunciando y ofreciendo el Reino.
‒ Profeta en su propio tiempo. No concibió a Dios como Señor que ha de venir al fin, cuando las cosas de este mundo acaben, sino que le descubrió y le anunció como Padre y así proclamó su Palabra, concretada en unos signos (curaciones, comida compartida, amor fraterno), introduciendo el futuro de la salvación en el tiempo actual entre los necesitados y enfermos del pueblo. Así vivió como si todo se hubiera cumplido; como si hubiera llegado el tiempo de la plenitud definitiva.
No fundó una escuela de especialistas, como algunos rabinos de su tiempo, sino que quiso educar a todos los hombres, en la calle o en sus propias casas, y entendió la conversión como cambio de mente (metanoia, pensamiento distinto): podemos cambiar, nosotros y todos, de forma que este mundo (esta sociedad de niños de la calle, locos, enfermos y oprimidos…) cambie de raíz, porque hay Dios, es decir, salvación.
‒ No habló a partir de un libro, sino desde el mismo Dios, como profeta, pues quería que los hombres y mujeres (especialmente los enfermos y expulsados) no fueran lo que habían sido, bajo estructuras de poder, sino que vivieran en salud y en esperanza. Supo que Dios habla y que nosotros podemos escucharle, y transformarnos, transformando así este mundo de opresión en que vivimos.
‒ No enseñó cosas que pueden aprenderse de memoria o por razonamiento, sino que fue sembrando humanidad, un conocimiento creador, que se hace vida en aquellos que escuchan y acogen la palabra. No se trata, pues, de que hombres y mujeres aprendan cosas (que pueden ser muy importantes, en otro contexto), sino de que descubran su verdad (se iluminan por dentro) y sean ellos mismos, desde la Palabra que van escuchando y acogiendo en su propia vida, en gesto de amor hacia los otros.
2. Una sabiduría al servicio de la vida
Desde ese fondo se entiende su sabiduría, que Pablo ha distinguido de la sabiduría de los griegos (1 Cor 1, 22), pues forma parte de la tradición profética judía, como indica el evangelio al afirmar que él (Jesús) era profeta como Jonás, y sabio como Salomón (cf. Mt 12, 38-42; Lc 29-32). En esa línea se dice que ellos (Jesús y Juan Bautista) era “hijos” (portadores) de la sabiduría de Dios (Lc 7, 35; cf. Mt 11, 19). Más aún, Mt 23, 34 afirma que, culminada su tarea, Jesús envió a sus sabios (con profetas y escribas) para ratificar su tarea. De todas formas, sus compatriotas de Nazaret desconfían de la sabiduría de Jesús, sospechando que ella puede tener un origen malsano, quizá diabólico (Mc 6, 2; Mt 13, 54).
Esa sabiduría israelita no es de tipo conceptual (como la de Grecia), ni se expresa por la ciencia (como en la modernidad), sino que permite comprender y transformar la vida de los hombres, en la línea de los grandes sabios antiguos, como Daniel, Henoc o Melquisedec, a quienes la tradición presenta como conocedores de secretos astrales. Jesús fue sabio de las cosas cotidianas, y en esa línea pudo iluminar la vida de los pobres y niños, enfermos y expulsados sociales en línea de justicia.
Muchos pretendidos sabios empleaban su conocimiento para justificar sus privilegios. Jesús, en cambio, ha sido sabio a partir de los pequeños y excluidos de la sociedad establecida: “Yo te confieso, Padre, Señor de cielo y tierra, pues has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues que ésta ha sido tu voluntad” (Mt 11, 25-26). Frente a los sabios y entendidos (sophoi kai synetoi), representantes del poder establecido, él ha descubierto y cultivado la sabiduría de Dios en los pequeños que acogen su palabra y se dejan transformar por ella, en la línea de lo que decía el Apocalipsis de Juan en el capítulo anterior. Éstos son los temas de su sabiduría:
Ésa es la sabiduría propia de aquellos que saben descubrir y valorar la riqueza de la tierra (pájaros y flores), sabiendo que Dios lo cuida todo, y cuida de un modo especial a los hombres, capaces de superar el agobio del tener, de las riquezas del mundo:
No os preocupéis por la vida diciendo ¿qué comeremos? ni por el cuerpo: ¿de qué nos vestiremos?... Mirad a los pájaros del cielo: no siembran, ni siegan, ni almacenan en graneros, pero vuestro Padre celestial los alimenta ¿No sois más que ellos? ¿Y por qué os preocupáis por el vestido? Mirad los lirios del campo, como crecen. No se esfuerzan, no trabajan, ni tejen y os digo que ni Salomón en toda su gloria logró vestirse como uno de ellos” (Mt 6, 25-30 par).
El mundo entero es signo y presencia de esa sabiduría divina. Por eso, Jesús no ha querido empezar enseñando a los hombres desde arriba, sino que se ha dejado enseñar por ellos, aprendiendo el misterio más hondo de la vida, pues los mismos pobres evangelizan, es decir, nos enseñan (nos hacen cambiar), como sabe Mt 25, 31-46.
2
GRANDES RELATOS
SANADOR, COMUNIDAD MESIÁNICA
1. Poderoso en obras: sanador y/o carismático.
1. Enseñanza sanadora, escuela de sanaciones. No ha separado curación y educación, porque sus milagros (sanaciones) eran expresión de su enseñanza: No ha sido teórico o jurista, experto en leyes, sino un hombre de acción, que ha puesto en marcha un movimiento de reino, al servicio de pobres y enfermos. Más que enfermedades ha curado enfermos, personas aquejadas por dolencias y deformaciones de tipo antropológico. Sabía bien que sanar es educar, abriendo un camino de maduración, vinculada a la espera de Dios, pues “la salud del alma (=del hombre) es el amor, y así cuando no tiene cumplido amor no tiene cumplida la salud, y por eso está enferma, porque la enfermedad no es otra cosa sino falta de amor” (Juan de la Cruz, Cant. Espiritual XI):
‒ Educación que ilumina (liberadora). Sócrates pensaba que al hombre se le cura al enseñarle porque en el fondo la enfermedad es ignorancia. También Jesús podría decir algo semejante, pero añadiendo que la enseñanza cura, pero no para que las cosas sigan como estaban, sino para transformarlas. Por eso, no ha enseñado en escuelas de rabinos, ni en academias militares de celotas, sino en el mundo de la vida, ofreciendo esperanza a los endemoniados y enfermos, como ha puesto de relieve Mc 1, 21-28.
− Sanador peligroso. Algunos le han tomado como judío heterodoxo, o más bien paganizado, como muchos santones/sanadores y chamanes de diverso tipo. Ciertamente, él actuaba como exorcista terapeuta, que pensó estar enviado por Dios, y fue famoso por su habilidad en hacer milagros psico-somáticos, despertando energías ocultas en los hombres, pro sin verdadero fondo religioso.
‒ Heterodoxo. Otros pensaron que tenía poderes de tipo diabólico, y por eso los sacerdotes y escribas oficiales, con la función de mantener el orden social establecido, le acusaron de transgresor, porque rompía los principios religiosos que marcaban el lugar social de cada uno, y servían para separar a los fuertes, limpios y sanos de los débiles, enfermos y pecadores, destruyendo así la identidad israelita.
Pues bien, en contra de esas perspectivas, Jesús ha interpretado sus sanaciones como gestos del mismo Dios creador que supera las barreras anteriores de pureza e impureza, ofreciendo a los enfermos un camino superior de salud. Lógicamente, los poderes organizados (sacerdotes, escribas…), que ejercían un control sobre el conjunto de la población, separando a los enfermos de los sanos, le vieron como peligroso, un desviado al que debía condenarse. Sin duda, la enfermedad era un problema médico; pero tenía fuertes rasgos de tipo social y religioso. Curando a sordos y mudos (para que pudieran así relacionarse), con mancos y ciegos, leprosos y endemoniados (para pudieran vivir en comunión), Jesús rompía el equilibrio anterior de la sociedad, apareciendo como un hombre peligroso.
Entendidas así, sus sanaciones forman parte de su proyecto y programa de educación, esto es, de transformación del conjunto social. Nosotros, hombres y mujeres de principios del tercer milenio, seguimos creando divisiones, expulsando a los distintos, de manera que la sociedad continúe enferma. En contra de eso, el magisterio de Jesús se expresa ante todo en forma de sanación integradora y educación para la convivencia:
‒ Sanar es potenciar la libertad y comunión. La ley en sí traza un lugar para todos, dentro del sistema, pero lo hace expulsando o marginando a los débiles. Pues bien, para acoger a todos en comunión de vida, Jesús ha debido superar la ley que les separaba, abriendo por gracia (es decir, por sanación) un espacio de vida a partir de los más débiles (impuros, enfermos, pecadores…).
‒ Sanar es impulsar en línea de esperanza. Ciertamente, en un nivel, la ley es necesaria, como sabían los judíos antiguos y saben los nuevos educadores cristianos. Pero, cerrada en sí misma, ella termina convirtiéndose en norma que aprisiona a los más débiles. Pues bien, en contra de eso, el auténtico milagro consiste en que los débiles y enfermos puedan vivir en comunión todos.
Jesús ha penetrado en la hondura sufriente de muchos hombres y mujeres de su tiempo, no para domarles o encerrarles en un puesto ya fijado, sino para ponerles en contacto con la fuerza creadora más profunda de su vida que les cura y les vincula a unos con otros.
2. Jesús cura, se curan los enfermos.
Los milagros son un signo y consecuencia de la educación de Jesús, es decir, de la certeza de que Dios asiste a los pobres y enfermos (cf. Mt 11, 2-6 par). Pero, al mismo tiempo, ellos provienen de la acción creadora de aquellos que no sólo esperan la llegada futura del Reino, sino que lo están instaurando con su vida:
– Enseñar es sanar, Jesús carismático. No ha trazado ninguna teoría sobre el “mal” (en la línea de un posible “pecado original”). Pero sabe que este mundo concreto se halla enfermo. Por eso, no se ha limitado a mantener lo que hay, sino que ha querido cambiarlo con la fuerza del Reino de Dios, a partir de los expulsados y pobres de la sociedad. En ese sentido, él ha sido un carismático, un hombre que expresa la presencia y acción de Dios sobre la tierra.
‒ Curación educadora… En esa línea, la educación de Jesús hace milagros, pues él no se ha limitado a impartir conocimientos para que cada uno conozca su lugar, sino que hace que todos puedan cambiar, los enfermos por un lado (transformando a los sanos), los sanos por otro (acogiendo a los enfermos). Esta educción les hace pasar de un nivel inferior (donde los problemas no pueden resolverse) a un nivel más alto, donde se transcienden, superando la barrera que separa a varones y mujeres, puros e impuros, poderosos y desgraciados, transformando para ello a las personas.
Desde ese fondo se entiende la gran controversia, iniciada por los escribas de Jerusalén (dirigentes oficiales del sistema) que le definieron como un mago negativo, poseído por el Diablo (tiene a Belcebú y con el poder del Prín¬cipe de los demonios expulsa a los demonios: Mc 3, 22 par; Mt 9, 34; cf. Jn 8, 48; 10, 20). Esa acusación resulta lógica dentro del contex¬to. Ciertamente, Jesús realiza gestos que en sí mis¬mos son (parecen) positivos: libera a unos posesos, cura a unos enfermos; pero él lo hace por engañar diabólicamente a los demás, para fortale¬cer de esa manera el paganismo, porque está poseído por el Diablo, Príncipe de los demonios, y sólo así, como gran poseso, él puede realizar curaciones prodigiosas. Pero Jesús se define y defiende como enviado de Dios, diciendo que sus exorcismos no son resultado de una posesión diabólica, sino consecuencia de la acción sanadora de Dios
Si yo expulso a los demonios con la fuerza del Espíritu de Dios eso significa que el reino de Dios ha llegado a voso¬tros. Nadie puede entrar en casa del "fuerte" para apode¬rarse de sus armas si es que no le ha apresado primero (Mt 12, 28 29).
El fuerte es evidentemente el Diablo que, conforme a la visión de aquel momento tiene sometida la casa de los hombres. Pues bien, en contra de eso, Jesús sabe que él ha sido enviado por Dios, para abrir a los hombres el camino del Reino: “Id y anunciadle a Juan lo que habéis oído y habéis visto: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son curados, los sordos oyen. . . y dichoso aquel que no se escandalice de mí” (Mt 11, 4 6). Jesús ha interpretado así la llegada del reino en forma de curación de los enfermos:
‒ Ha retomado el motivo de la esperanza apocalíptica, el gran combate entre Dios y su Adversario (el Diablo), y lo hace a través de su educación/sanación/liberación humana, penetrando en el mundo de dolor y enfermedad para luchar, en nombre de Dios, a favor de los hombres y mujeres oprimidos por el poder diabólico.
‒ Así educa como mediador de fe, desde la raíz de la misma enfermedad o locura de los hombres, en gesto de iluminación, de donación de amor y entrega personal, poniendo al enfermo ante el poder de Dios que él define como "reino". Como mensajero y promotor de ese reino actúa Jesús, de tal forma que cada enfermo pueda colocar su vida en manos de Dios (y de los otros).
3. Empezando por los niños, curando a los padres:
Escuela de familia. Parece que debía despreocuparse de ellos, porque, si el tiempo acaba, no merece la pena educarles (cf. 1 Cor 7, 29.32). Pues bien, paradójicamente, Jesús ha insistido en el valor supremo de los niños, que son un elemento esencial de su evangelio, entendido como escuela de maduración, empezando por los más pequeños.
a. La niña de Mc 5, 21-42 es hija un archisinagogo importante del sistema socio-religioso; tiene doce años, está enferma y el padre no puede curarla.
‒ La hija está enferma, y el padre acude a Jesús (Mc 5, 22-24b). Como representante de una estructura social y religiosa que no puede ofrecer vida a su hija, este “levita” acude a Jesús para que le imponga las manos y le salve (5, 23). Pues bien, mientras su niña agoniza, él debe recorrer un fuerte camino de fe (Mc 5, 35-36), viendo cómo Jesús cura a la hemorroísa (5, 24b-34).
‒ Un Jesús impuro, que acaba de ser tocado por la hemorroísa, entra en la habitación de la niña (5, 37-40). El milagro empieza en el momento en que el padre confía en Jesús, entrando con él, con la madre y tres discípulos en la habitación de la moribunda. Ha descubierto el valor de la fe, ha logrado aprender lo más difícil, y así viene para asistir a su hija adolescente.
Jesús toma a la niña de la mano y la levanta, diciendo que le den de comer, de manera que el milagro es suyo, pero es al mismo tiempo del padre que empieza a creer en su hija, y de la madre y los discípulos, que les acompañan, superando un tipo de ritualismo sinagogal y una ley de purezas que lleva a la muerte. Este milagro indica que el evangelio es una escuela de maduración para niñas adolescentes que viven en un contexto de ruptura familiar.
b. Madre siro-fenicia, maestra de Jesús (Mc 7, 24-30). Jesús llega a los confines de Tiro y se refugia en una casa (Mc 7, 24). Muchos le han rechazado en Galilea, y él ha salido de allí como si quisiera resguardarse por un tiempo entre paganos. Pues bien, paradójicamente, ese ocultamiento se vuelve principio de nueva revelación, nueva escuela de familia, pues una madre pagana le pide cure a su hija, y Jesús empieza respondiendo:
‒ Deja que primero se sacien los hijos. No es bueno tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos... (7, 27). La madre le pide por su hija, pero Jesús responde con la tradición y teología israelita, ratificando separación judía:
‒ ¡Señor! pero también los perrillos comen las migajas que caen debajo la mesa... (7, 28). Así responde la mujer, aceptando las palabras de teología israelita de Jesús, pero invirtiendo y completando su sentido, recordándole que su banquete es abundante y que sobra pan en la mesa para todos. No pide para el futuro (cuando se sacien los hijos...) sino ya, en este momento (superando así la división entre hijos y perros).
Jesús acepta el argumento de la madre: “Por esta palabra que has dicho: ¡Vete! Tu hija está curada” (7, 29). De manera sorprendente, el mismo Jesús deja que esta mujer madre pagana le enseñe, y así debe aprender él también, para ver las cosas desde el otro lado, desde aquellos gentiles que carecen de familia (que no pueden alimentar a sus hijos). El primer discípulo de esta escuela mesiánica es Jesús, que acepta la palabra de la madre pagana.
c. Un padre de poca fe (Mc 9, 14-29). Éste es el milagro educativo más dramático. Jesús baja del monte de la transfiguración, para encontrarse en el llano con el padre de un niño a quien no pueden curar sus discípulos, un “lunático” (cf. Mt 17,15), encerrado en su vacío, sin comunicación con la familia, alguien que no puede o quiere hablar, dominado por un “demonio mudo”, malviviendo en un mundo sin palabra, bajo el “espíritu” que le arroja por el suelo, que le arrastra y aprisiona.
Parece que este niño recibe y codifica en forma de silencio la agresión de su familia (de su padre). Sobre este fondo ha de entenderse la intervención de Jesús, que comienza pidiendo al padre que verbalice la enfermedad de su niño, y que luego crea, para así curarle. El padre le responde que “cree”, pero le pide que aumente su fe:
‒ Jesús responde: todo es posible para quien cree (9, 23). La fe que evoca esa palabra no es una actitud interna sino un poder de transformación de la persona, en un plano individual y social. No es sólo fe del padre en Dios, sino fe en su mismo hijo enfermo, a quien debe recrear por la fe. Pues bien, el padre responde y pide a Jesús: Creo, pero ayuda mi incredulidad (9, 24), invirtiendo el orden normal de las relaciones familiares. Se dice que los hijos deben creer en los padres, obedeciéndoles sumisos. Pues bien, aquí es el padre de familia el que, creyendo en el Dios de la vida, puede y debe confesar su fe en el hijo, para así curarle.
‒ Jesús actúa en su doble función de hombre cercano y sanador poderoso. Por un lado penetra en el dolor del hijo, asumiendo su enfermedad y violencia para acompañarle de verdad, y así curarle. Por otro lado llega al corazón del padre, madurándole en la fe y haciéndole capaz de ofrecer amor sanante al niño enfermo. Sólo de esa forma puede curar, actuando como maestro de fe, mediador entre el padre y el hijo, que antes no habían logrado comunicarse, pero que ahora lo hacen, con su ayuda de educador de vida.
2. Enseñanza mutua, pobres y sedentrarios
1. Principios
Jesús ha puesto en marcha un movimiento profético, de tipo mesiánico, reuniendo a un grupo significativo de personas. Ciertamente, fue innovador, pero lo fue siguiendo la tradición judía: los rabinos reunían discípulos para aprender, los celotas soldados de liberación para luchar, los profetas seguidores escatológicos... Jesús reunió a un grupo de amigos y discípulos para anunciar y preparar con ellos el reino de Dios:
1. Por una parte, Jesús llama a todos. No es maestro elitista que sólo enseña a unos pocos sabios. No es siquiera un profeta de conversión, como Juan Bautista (y otros profetas de aquel tiempo), que ofrece su mensaje a quienes vienen a buscarle en el desierto. La tradición evangélica le recuerda anunciando el reino a campo abierto, en pueblos y aldeas de su tierra galilea (cf. Mc 1, 14 par).
2. Por otro lado, Jesús reunió unos discípulos y los hizo carismáticos ambulantes: quiso que le acompañaran en su lucha contra lo diabólico, es decir, contra aquello que oprime a los humanos. Por eso, los discípulos primeros de Jesús serán exorcistas y/o carismáticos (cf. Mc 3, 15 par; 6, 6-13 par): maestros promotores de una nueva humanidad. Más que una ortodoxia nueva (doctrina sobre Dios) y más que una nueva organización social, ellos propagan y extienden una forma de vida compartida.
3. Jesús no crea una nueva “nación especial”, una familia de privilegiados que se separan como grupo aparte de los otros. En aquel tiempo, el judaísmo corría el riesgo de ser una religión de a hermandad nacional, vinculada a la estructura sagrada del propio grupo, fundado en vínculos jerárquicos de ley económica y social, centrados en el padre y/o varón. Pues bien, en contra de eso, Jesús viene a presentarse como creador de una humanidad o comunión en la que todos (varones y mujeres, padres e hijos, sacerdotes y laicos, letrados e iletrados, libres y esclavos...) se igualan en amor, salud y vida compartida.
4. Jesús ha escogido de forma especial a Doce discípulos como signo de una nueva humanidad (los 12 son expresión de las 12 tribus de Israel, abiertas a todas las naciones). Estos Doce, a quienes se llamará apóstoles, son signo de la iglesia abierta a una misión universal: ellos no quieren educar a los hombres y mujeres para que sean sólo “buenos” para el grupo, sino para que puedan abrir un camino y proyecto de vida en hermandad para todos los humanos.
2. Los itinerantes pobres educan a los “ricos”. Los pobres os enseñan
1. Jesús, maestro itinerante. No se cerró en una casa, no fundó un templo o sinagoga, sino que fue recorriendo con los pueblos y aldeas del entorno, anunciando y preparando la llegada del Reino de Dios. No fue itinerante por condición humana, sino por exigencia histórica. Así dejó el río Jordán y volvió a Galilea, para anunciar con su vida y palabra la llegada del Reino:
1. No fue itinerante nómada, como en los tiempos más antiguos de Israel, cuando los patriarcas (Abrahán, Isaac, Jacob) iban de un lado a otro (aunque puede tener semejanza con ellos). El nomadismo de los pastores antiguos estaba vinculado a las características del terreno y a la búsqueda de pastos para los rebaños. Ciertamente, ellos tenían una relación especial con la tierra y la familia, pero podían ser y era a veces propietarios ricos (de rebaños u otros bienes). A diferencia de ellos, los itinerantes de Jesús no tenían bienes, ni pastos propios (ni rebaños), sino sólo un mensaje de Reino. Más que buscadores de campos y pastos (propiedades comunales), eran hombres y mujeres dislocados (a-locados: sin locus) que buscan un tipo distinto de presencia y comunicación sobre la tierra.
2. Itinerante al servicio del Reino…Enseña en el mismo camino, enseña con su vida…En un primer momento, la itinerancia de Jesús parece vinculada a la suerte de los artesanos, que han perdido sus tierras y vagan buscando/ofreciendo trabajo (o viviendo de limosna), como grupos móviles, en la línea de los herreros-chatarreros, buhoneros, quincalleros, temporeros y mendigos…, que han pervivido y perviven, de diversas formas (vinculadas a las migraciones), hasta la actualidad. Jesús ha llamado en especial a algunos de esos mendicantes (y a otros hombres “asentados”), haciéndoles portadores de su movimiento del Reino, y así empiezan a caminar y crear otro tipo de familia: En ese camino, como itinerante mesiánico, Jesús “enseña” con su palabra y su vida el camino del Reino. No piden trabajo, ni buscan recompensa material, aunque es posible que realicen ciertas tareas laborales, como portadores de un mensaje de Reino que ellos encarnan en su misma situación personal….
3. Los seguidores de Jesús no ha sido itinerantes por simple mendicidad, aunque algunos han podido empezar como mendigos fijos o móviles (el ciego de Jericó era sedentario y tomó el camino de Jesús al ser curado: cf. Mc 10, 46-52). Ellos no se cierran en su grupo, sino que se vuelven misioneros, en simbiosis o comunión con los sedentarios. Unos y otros, itinerantes que anuncian el Reino por pueblos y aldeas y sedentarios que les acogen, pueden y deben vincularse entre sí, de manera que se establezca, entre todos, una comunicación de vida (de salud y bienes), no en línea de patronazgo y clientela clasista, sino de fraternidad de Reino. Los sedentarios ofrecen pan-casa; los itinerantes, mensaje-curación, sin dominio de sobre otros, de manea que surge así un tipo de familia compleja, pero sin imposición patronal, ni jerarquía, sin lucha mutua, ni sometimiento, una familia de Reino.
Jesús realiza así un magisterio itinerante. Jesús y sus discípulos fueron itinerantes de campo, iniciando desde las aldeas del entorno del lago de Genesart, en Galilea, la gran marcha del Reino. No buscaron las ciudades, pues no creían que el Reino pudiera instaurarse desde ellas, pues eran centros de poder (oprimían a los pobres). La trasformación del Reino empezaría desde los campos y aldeas, donde debían vincularse itinerantes y sedentarios, retomando las tradiciones agrícolas de los primeros hebreos, que buscaban una tierra compartida, a la luz del principio de la creación (Gen 1), sin guerra ni conquista, dejando casa y campos propios, pequeña familia y posesiones, para volverse simiente de una familia superior, donde todos compartan el ciento por unos en casas y campos, familia y posesiones, ya en este mundo, esperando la vida eterna (cf. Mc 10, 29-30 par).
3. Escuela mutua: Se enseñan unos a otros
Jesús y sus itinerantes pueden compararse con los celotas, pero no quieren tomar Jerusalén por la fuerza, ni matar contrarios, sino para curarles (darles vida), entrando en alianza con ellos.
1. Esta alianza de itinerantes y sedentarios de Jesús retoma un rasgo del comienzo de la historia de Israel, cuando se vincularon diversos grupos socio- económicos (pastores, agricultores, proletarios suburbanos), uniéndose entre sí, por la fe en Yahvé, para constituir el pueblo israelita (en los siglos XII-X a. C.). También en torno a Jesús se unieron al menos dos grupos distintos, los itinerantes pobres (que no tenían nada o lo han dejaron todo para anunciar el Reino) y los sedentarios, también pobres, en su mayoría, a quienes anunciaban y ofrecían el Reino.
1. Jesús no ha querido un Reino excluso de itinerantes pobres. Por eso, no les llama ni educa para que luchen contra los sedentarios más ricos, sino para que les anuncien el Reino, curándoles y poniéndose en sus manos, siendo acogidos en sus casas (cf. Mc 6, 6-13 par). No convoca a mendigos-soldados-violentos (como el primer David: cf. 1 Sam 22, 2), para encabezar con ellos una rebelión militar, sino a mendigos-itinerantes (como los Doce, con otros compañeros, varones y mujeres), para hacerles portadores de paz, promotores y heraldos de un Dios del Reino, que les hace capaces curar y echar demonios, en su nombre.
2. Tampoco ha querido un Reino de simples propietarios-sedentarios, patronos de los pobres, a quienes ofrecen limosna desde arriba, pues no busca la generosidad patronal de unos y la dependencia material de otros, sino la convivencia de todos, desde los más pobres, sabiendo que con ella llega el Reino. En esa línea nos sitúa Mc 10, 29-30 par cuando evoca el gesto de aquellos que han dejado todo (casa, campos, familia) para recuperarlo centuplicado, no en un plano ideal elitista (como en ciertas formas de religión posterior), sino de familia y hacienda compartida (cien madres y hermanos, cien casas y campos).
Precisamente los que nada no tienen se vuelven «portadores y maestro del Reino de Dios» de forma que su carencia se vuelve riqueza compartida y convivencia. La plenitud del Reino (máxima riqueza) se expresa por el amor de los itinerantes-pobres que anuncian el Reino con la generosidad de su vida.
Esta alianza de itinerantes y sedentarios, a partir del anuncio del Reino, constituye un elemento esencial del movimiento de Jesús, que no se ha limitado a enseñar una teoría, sino que ha iniciado un movimiento de comunicación que es presencia de Reino, como supone Mt 25, 31-46, un texto posterior, que ha recogido de forma unitaria el mensaje/camino de Jesús, en un contexto apocalíptico, mostrando que los pobres (¡tuve hambre…!) son portadores mesiánicos y los más ricos (que les acogen, alimentan…) realizan una obra de Reino.
Jesús no quiso el dominio de unos, ni la revancha de otros (con toma de poder y trasformación violenta), sino la comunión gratuita de todos, a partir de los últimos, no para un tiempo lejano, sino ya, en este mundo, porque llega el Reino. Ni unos ni otros se imponen por la fuerza; unos y otros regalan y comparten lo que tienen, y aquellos que parecen menos aportan más (gracia y curación, salvación).
Aplicación. Educar para la iglesia, educar para la humanidad...
Todo el proyecto anterior de Jesús se encuentra dirigido hacia esta meta: hacia el surgimiento de una humanidad en la que caben todos, especialmente los enfermos y hambrientos... En esa línea se han situado los grandes educadores cristianos ¿Qué significa para vosotros/as asumir un proyecto de educación eclesial, abierta a la totalidad de los problemas de lo humano? ¿qué significa educar para lo universal, en todos los sentidos de la palabra?
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UNA EDUCACIÓN ABIERTA. NOTAS FINALES
1. Testigo de Dios. Educar para conocer al Padre
Jesús ha sido, sin duda, un buen judío y como tal ha venerado al Dios de sus padres, Señor que dirige la historia y que ahora quiere culminarla. Por otra parte, él ha invocado a su Dios como Padre (Abba). No ha sido sólo un profeta sabio de milagros, creador de comunión interhumana, sino un creyente que ha situado a sus discípulos ante la gracia y exigencia de Dios.
– Dios como Padre de Jesús, Padre de los hombres y mujeres. Según el judaísmo normal (ortodoxo), Dios era bueno por ley, mostrando su bondad por medio de ella. Pues bien, según Jesús ha puesto de relieve el misterio personal de Dios como Padre, por encima de toda ley...
– Dios es Padre como principio de curación y plenitud humana. Dios no existe para sancionar su autoridad por ley, ni para mostrarse superior, de manera que debamos acatarle en obediencia. Al contrario, en este mundo de miseria, Dios aparece como principio y poder de curación para los enfermos y como impulsor de comunión, creador de vida compartida: no es aquel que reúne a un pueblo (Israel) en contra de los otros, sino el que convoca y vincula en amor a los enfermos y expulsados de la sociedad. Así lo muestra Jesús, al decir a los enfermos: ¡tú fe (=tu Dios) te ha salvado!
– Dios es Padre como Rey verdadero. Así lo muestra el mensaje de Jesús (cf. Mc 1, 15 par: ¡llega el reino de Dios!) y su oración (Lc 11, 2 par: ¡venga tu reino!). El judaísmo sabe que Dios es rey, pero Jesús insiste en que ese reino viene, ya ha llegado, y se despliega de manera poderosa por su obra. Dios actúa como Rey invirtiendo, con su más alto poder de gratuidad creadora, los poderes de violencia animalesca que dominan nuestra historia, conforme al signo de Dan 7. Sin esta inversión del poder (Dios-Rey) carece de sentido el evangelio o se convierte en vulgar palabrería. Antes triunfaban los fuertes, como si Dios fuera Diablo de violencia, sacralización del dominio biológico, social o militar; ahora, como dice el sermón de la montaña (Lc 6, 20-45 par), Dios actúa y triunfa (es Rey) por la debilidad del mundo, ofreciendo vida a los pobres y expulsados del sistema. Esta es su prueba: la salvación de los marginados, la gratuidad y comunión interhumana.
– Jesús asume la tarea “magisterial” del enseñar a los humanos el rostro del Padre. Todo el judaísmo se puede entender de esta manera: los judíos quieren conocer a Dios, pero les cuesta... y al final ponen de relieve eu carácter misterioso, como aquel que “es el que es” (Yahvé). Pues bien, Jesús sabe que ese Dios misterioso se ha revelado en gesto de amor fuerte, creador.
– Dios es Padre como fuente de promesa y esperanza de vida: transforma nuestra pequeñez en signo de esperanza, pues Él (Dios) cuida de nosotros y nos garantiza amor, futuro, crecimiento. En este contexto han de entenderse los textos donde Jesús ha comparado nuestra vida a la vida de los niños (cf. Mc 9, 33-37; 10, 13-16).
– Dios es Padre porque ha realizado su obra por la pascua, resucitando a Jesús. Ha muerto Jesús preguntando por Dios. Los cristianos confiesan que Dios le ha respondido, resucitándole de entre los muertos (cf. Rom 4, 24). Por eso, la visión teológica (= de Dios) resulta inseparable de la vida de Jesús. La cristología se integra así en la más honda y verdadera teología (y viceversa).
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Jesús ha educado a los hombres para que conozcan al Padre... Así lo ha dicho en su palabra más solemne de Mt 11, 25 ss: “nadie conoce al Padre sino el Hijo... y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar... Venid a mí todos los que estáis cansados....”. Así lo ha destacado el evangelio de Juan: “a Dios nadie le ha visto, pero su Hijo unigénito, que estaba en el seno del Padre...., ese nos lo ha manifestado (cf. Jn 1, 18). Aplicación. Educar para el Padre.... En esa línea se sitúa Jesús. Todo su proyecto educativo ha sido un intento de mostrar a los hombres y mujeres el rostro de Dios Padre. Más que con puras palabras piadosas lo ha hecho con toda la vida... ¿Podéis sentiros a gusto en este proyecto los educadores cristianos? ¿Podéis ayudar a los muchachos/as a descubrir el rostro de Dios como Padre? Diréis que esa es labor de catequesis... ¿En qué sentido se realiza una catequesis indirecta en la escuela?
2. Más allá de la ley. Educar para la gratuidad
La actitud de Jesús ante la ley divide a judíos y cristianos. En este campo pueden escucharse todavía opiniones simplistas y falsas:
– Los judíos habrían sido legalista, defensores de un Dios impositivo, faltos de misericordia (y por eso condenaron a Jesús); ellos habrían querido educar sólo para la ley;
– Jesús, por el contrario, sería misericordioso, testigo y defensor de un Dios de amor; no habría querido educar a los hombre y mujeres para la ley, sino para la pura gracia.
Esta distinción tiene un momento valioso, pero es demasiado simplista. Jesús no va en contra de la ley, no quiere destruir los fundamentos sociales (normativos) de la convivencia humana del pueblo. Pero quiere descubrir algo más profundo que la pura ley. Ciertamente, Jesús quiere educar y educa par la gracia... Pero su gracia no destruye la ley, sino que la culmina:
1. Educación judía. Reconciliación legal. El judaísmo quiere educar por ley, conforme al Pentateuco... Por eso, para los judíos, la Biblia es ante todo una Ley, es decir, un camino de vida que Dios ha ofrecido a los hombres. Ciertamente, los judíos perdonan a los pecadores, recibiéndoles en el seno del pueblo de Dios, pero lo hacen según ley (por justicia), pus loe pecadores deben convertirse. Es simple el camino: los alejados deben acercarse a la ley, los ritualmente manchados limpiar su mancha, los pecadores estrictos dejar el pecado y volver a la alianza de Dios, cumpliendo su ritual de penitencia. Este es el único camino: hay una ley que condena al pecador, pero le ofrece perdón, si se convierte y vuelve al seno de aquellos que la cumplen.
2. Educación de Jesús. Reconciliación por gracia. Jesús ofrece a pobres, impuros y culpables la gracia de Dios, por encima de la pura ley del pacto israelita, superando el puro nivel de los mandamientos. Ciertamente, sabe que la ley es importante, que es don de Dios (como dirá después san Pablo). Pero Jesús añade que la pura ley es insuficiente: ella sólo no logra liberar a los humanos...Por eso, frente a la ley de aquellos que, en nombre de Dios, destacan la exigencia de cumplir los mandamiento, Jesús anuncia la gracia salvadora a todos los humanos.
3. La gracia de Jesús puede suscitar y ha suscitado conflictos con la ley judía. Jesús ha recibido en su grupo de mesa y comunión fraterna, a leprosos y mujeres con impureza legal y social), a publicanos y prostitutas (pecadores), lo mismo que a los pobres de la tierra (poco cumplidores de la ley), ofreciéndoles perdón y/o espacio de reconciliación. Jesús ha creído que se le podía y debía educar para el reino, ofreciéndoles un gesto de gratuidad, un camino de amor creador
Esta ha sido la raíz de disputa entre Jesús y las autoridades religiosas de su tiempo. Lo que estaba en juego no eran pequeñas discusiones sobre leyes particulares o rituales concretos. Jesús no quiere educar a un grupo de buenos y perfectos, creando una escuela de privilegiados según ley, sino que, en nombre de Dios Padre, ha querido fundar una escuela de gratuidad, no sólo en el sentido económico (ofrece su palabra y camino a todos), sino y sobre todo en sentido social (quiere que la gratuidad sea la suprema norma educativa).
Esta es la novedad mesiánica de Jesús que la iglesia posterior ha logrado mantener a duras penas, volviendo muchas veces a un tipo de legalismo de tipo casi fariseo... Muchas veces caemos en la tentación de la educación por pura ley. No se trata de negar la ley... sino de saber que ella está al servicio de algo más grande, que es la gratuidad...
Aplicación. ¿Educar en y para la gratuidad? Resulta extraordinariamente difícil educar para la gratuidad... pues parece que el sistema educativo, en todas sus partes y elementos, es un sistema legal: en plano económico, social, de calificaciones, de carreras... Este es, a mi juicio, el lugar donde se juega el sentido de la escuela cristiana ¿Será capaz de hacerse escuela educadora en gratuidad? No sé si hay pedagogos que han destacado este campo...
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3. Conflicto mesiánico, conflicto educativo. Muerte de Jesús, el riesgo de la educación.
Jesús no ha sido sólo profeta, sabio, carismático, portador de la palabra de Dios; ha sido pretendiente mesiánico, suscitando una esperanza de cambio y plenitud entre los hombres y mujeres de su pueblo. Esto significa que ha querido educar a los hombres y mujeres para el reino, proponiendo un camino de educación conflictivo, que choca con los intereses de la sociedad establecida, que termina por matarle. Quizá podamos decir que Jesús es mesías siendo educador... Sólo un verdadero educador puede ser mesías, es decir, puede abrir un camino de humanidad y de esperanza. Desde este fondo podemos y debemos comparar a Jesús con el otro supremo educador de occidente: Sócrates. A los dos les han matado porque su proyecto educativo chocaba con las oligarquías del entorno:
– a Sócrates le condenan las autoridades de Atenas porque su educación pone en riesgo el sistema...;
– a Jesús le condenan las autoridades del templo de Jerusalén y el procurador romano, porque su proyecto educativo rompe el esquema social, capacita a la gente para pensar con independencia...
Un proyecto educativo puede ser un proyecto martirial..., es decir, algo que cueste, que nos cueste. Ciertamente, nosotros queremos mantener la escuela dentro de los grandes proyectos de los ministerios de educación... Pero de alguna manera nuestra forma de educar puede acabar siendo peligrosa para el sistema. Recordemos algunos momentos del proceso de Jesús:
– La multitud aclama a Jesús cuando entra en Jerusalén: ¡Bendito el reino que viene de nuestro padre David! (Mc 11, 10). Jesús sube como rey mesiánico (descendiente de David), en gesto profético de fuerte simbolismo: invierte la violencia militar, entra sin armas, con un proyecto humanizador, educativo... La “conquista” de la ciudad no se puede hacer con soldados; la verdadera transformación se hace con “ideas”. Su signo es el mensaje y proyecto de su vida (curación y mesa compartida), su fuerza son sus palabras. De esa forma viene, rodeado de discípulos, poniéndose en manos de Dios, mientras queda bajo el poder de las autoridades judías y romanas.
– La autoridad le condena. El Sumo sacerdote le pregunta ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? (Mc 14, 61); Jesús responde con toda su vida, recordando lo que ha sido su camino: ese camino educativo es el signo de Dios en la tierra... Pilatos le condena como ¡rey de los judíos! (Mc 16,26), como pretendiente político... Unos y otros se equivocan: el proyecto de Jesús no es peligroso para ellos en plano inmediato... Pero, en otro sentido, ellos aciertan: un hombre como Jesús acaba siendo peligroso, destruye el tejido de poderes que ellos mantienen y sancionan.
Lo grande en la muerte de Jesús (como en la de Sócrates) es el hecho de que no se defiende con armas... No es un maestro “militarizado”, no es un poeta que canta la batalla..., no es un instigador político directo (como han podido ser más tarde Robespierre o Lenin). Jesús ha sido simplemente un hombre que ha educado en nombre de Dios y de la libertad. La autoridades han visto que su proyecto resultaba peligroso... y han terminado matándole.
Aplicación ¿El riesgo de la cultura? ¿el educador como mártir?. Tenemos en Europa una dura historia de batallas escolares: hemos luchado para imponer ideas de un tipo o de otro, en guerras de religión y de sistemas culturales... Pienso que el ejemplo de Jesús nos sitúa en el centro de un riesgo esencial a todo verdadero educador... El educador depende en algún sentido de los poderes sociales y económicos, políticos e ideológicos... pero se quiere mantener por encima de esos poderes, en independencia humana, al servicio de la verdad, de la humanidad. Por eso puede terminar siendo incomodo. El problema no es quizá que nos persigan, sino que “no nos persigan”, porque simplemente hacemos lo que le conviene al sistema. ¿Cómo se sitúa en este campo una escuela vivenciana?
4. Dios le ha resucitado. ¿Pascua cristiana, pascua escolar? La enseñanza de la vida
Los discípulos han quedado tan influidos por la muerte de su maestro que se han ido, han huido a Galilea, han abandonado su proyecto educativo. Pero, después de algún tiempo, algunos han continuado anunciando su mensaje, no sólo en Galilea, sino en la misma Jerusalén, donde dicen que le han visto, glorioso y triunfante. En ese sentido, queremos entender la resurrección de Jesús como resurrección de su escuela, de su proyecto humanizador. Nosotros podemos continuar realizando la tarea de Jesús, educar como él ha educado, porque creemos que Dios le ha resucitado:
– La resurrección de Jesús es un misterio de Dios, pero va unida también descubrimiento al despliegue de la iglesia, al mensaje de sus discípulos que "le vieron" tras su muerte y continuaron pregonando un mensaje de liberación universal.
– Los discípulos de Jesús han dado testimonio de su resurrección (le han visto tras las muerte). No es fácil hoy fijar los lugares, personas y caminos de la pascua. Hay una tradición pascual en Galilea y otra en Jerusalén. Los evangelios refieren la experiencia pascual de Magdalena y Pedro, de mujeres y discípulos.
En torno a la tumba de Jesús hay un misterio o, si se prefiere, un enigma, que no puede resolverse de forma puramente histórica. Los cristianos saben que el mismo Dios se ha revelado, resucitando a Jesús y mostrando su misterio de gracia y amor a los humanos. Es evidente que los discípulos han visto a Jesús, descubriéndole como Señor glorioso. os escépticos dirán que ha sido una "visión engañosa". Los cristianos confiesan que Dios ha resucitado a Jesús:
– Elevación: Maestro celeste. Los cristianos proclamamos que Jesús ha sido elevado, de forma que Dios le ha concedido su gloria (cf. Flp 2, 6-11), haciéndole principio y centro de toda la creación. Por eso, añadimos que es el Señor de cielo y tierra, es el mismo Hijo de Dios, Maestro universal. Eso significa que su magisterio ha sido verdadero, que su proyecto de humanización es auténtico...., en todo el camino que va desde el comienzo de su vida hasta su muerte.
– Dios ha resucitado a Jesús. Maestro crucificado, maestro resucitado. La enseñanza de Jesús resulta inseparable de su vida... Ciertamente, Jesús ha enseñado con parábolas, con gestos diversos... Pero, al final, lo que educa de verdad es su propia vida de Maestro amigo, sanador, crucificado, resucitado... Por eso, no basta con decir que la enseñanza de Jesús sigue adelante”, sino que debemos añadir: Jesús mismo, resucitado por Dios, es la auténtica enseñanza.
Evocando una famosa poesía, podríamos decir que la educación eres tú Jesús... El proyecto educativo está encarnado en su vida entera: en lo que dice y en lo que hace. Por eso, los cristianos, acaban llamando a Jesús el Maestro por excelencia. Él mismo es la verdad de lo que enseña. Desde aquí se podrían distinguir dos figuras:
– Por un lado puede estar el profesor que enseña cosas..., por profesión. Separa así la enseñanza de su propia vida, quedando fuera de lo que dice... La enseñanza es para él un oficio, algo que se hace algunas horas, para olvidarlo después.
– Por el contrario, maestro es el que enseña con su vida... No se limita a enseñar cosas, va mostrandose a sí mismo, con su sabiduría... Es un ejemplo de vida. Para ser maestro de esta forma hay que estar dispuesto a morir (como Jesús), pero en esperanza de resurrección.
Aplicación. Ser maestros somos Jesús... Maestro es ante todo aquel que cree que puede ofrecer algo a los demás con su propia vida. En ese aspecto, el magisterio tiene algo que ver con la paternidad: sólo es padre/madre quien da la vida por los hijos... ¿Estamos dispuestos a dar algo de la vida en el magisterio? ¿cumplimos simplemente un oficio? ¿Cómo podemos plantear el tema desde la escuela cristiana?
5. Conclusión. Juicio de Amor, el examen de la vida (Mt 25, 31-46)
Todos los elementos anteriores se condensan y culminan en el gran examen final de humanidad, que es Mt 25, 31-46, un texto clave que plantea el tema bien conocido del juicio final desde una perspectiva de amor. Diversos elementos y normas de ese juicio pueden encontrarse en otros pueblos y culturas antiguas (en Israel y Mesopotamia, Egipto y China...), pues también ellas se han preocupado de los pobres y necesitados. Muchos pueblos modernos han "soñado" (buscado) la liberación final, queriendo superar las estructuras de violencia actual. Pero no existe, que sepamos, ninguno que haya destacado como Mt 25, 31-46 el sentido más hondo de la vida y el riesgo final de la condena, a partir de la exigencia de amor a los pequeños y necesitados:
[Parábola] Cuando el Hijo del Humano venga en su gloria, y todos los ángeles con Él, entonces se sentará en el trono de su gloria; y serán reunidas delante de Él todas las naciones; y separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
[Salvación] (a). Entonces el Rey dirá a los de su derecha: «Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui extranjero y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí». (b). Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuando te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿y cuándo te vimos extranjero y te acogimos o desnudo, y te vestimos? Y cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, vinimos a tí?». (c). Respondiendo el Rey, les dirá: «En verdad os digo: cada vez que lo hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí lo hicisteis».
[Condena] (a). Entonces dirá también a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; fui extranjero y no me acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis». (b). Entonces ellos también responderán, diciendo: «Señor, cuando te vimos hambriento o sediento, o extranjero o desnudo o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?». (c). El entonces les responderá, diciendo: «En verdad os digo: cada vez que no lo hicisteis a uno de esto más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis».
[Conclusión] Y éstos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna (Mt 25, 31-46).
Se reúnen ante el Hijo del Hombre todos los pueblos, culmina el juicio de la historia y se descubre, por Jesús, la verdad universal: lo que Dios ha realizado, lo que han hecho o padecido los hombres. Este pasaje seguirá estando en el fondo de todo lo que sigue. Por eso debemos presentarlo con cierto detalle, partiendo de sus cinco elementos básicos.
1. Necesidades humanas: del hambre a la cárcel (comida y bebida, marginación humana, enfermedad-cárcel). Leído en perspectiva social, Mt 25, 31-46 estructura las necesidades humanas en tres niveles: material (hambre y sed), social (exilio y desnudez), radical (enfermedad y cárcel). No existe, que sepamos, ningún texto judío o pagano (egipcio, mesopotamio, chino...) que sistematice de esta forma los males de la historia, aunque esos males, lo mismo que la necesidad de ayudar a quienes los padecen, constituyen un tema corriente en las mejores éticas de la antigüedad. El texto no discute la causa de esos males. Supone su existencia y busca una forma de solucionarlos, no en clave de ley, sino de gratuidad. Frente al posible riesgo de intimismo religioso (cf. budismo), refugio contemplativo (hinduismo) o aceptación de un destino más o menos trágico (taoísmo, pensamiento griego), Mt 25, 31-46 pone de relieve la exigencia concreta y activa de ayudar a los necesitados.
2. Dolores mesiánicos: sufrimiento del Hijo del hombre. En este pasaje habla Jesús, Mesías de Dios, no un superhombre que resuelve los problemas desde arriba, sino un hombre que asume como propios los dolores de la historia, incluyendo en su "yo" necesitado (muerto por los otros) la carencia de todos los humanos. Sin esta revelación de la gracia de Dios que asume el dolor de la historia no existe evangelio. Otras religiones han podido tratar en general de un sufrimiento divino y de un modo especial lo han destacado los israelitas. Pero sólo el cristianismo, con su experiencia concreta de encarnación personal de Dios, puede hablar en estos términos. Jesús, Hijo de Dios, ha hecho suyos, en su vida concreta y en su pascua, todos los sufrimientos de la historia y de esa forma se define diciendo:¡Tuve hambre, estuve encarcelado!
3. Ayuda: servicio, acogida, episcopado. Los dolores mesiánicos se identificaban con los sufrimientos normales de la historia: hambre y sed, exilio y desnudez, enfermedad y cárcel. Lógicamente, las obras de ayuda tratarán de invertir esos dolores: dar de comer y beber, acoger y vestir, visitar y ayudar a los más necesitados. Significativamente, los “condenados” las definen y unifican como obras de servicio: ¿cuándo te vimos... y no te servimos? (25, 44). Estas obras de ayuda no son, por tanto, un gesto de simple caridad añadida a las obligaciones normales de la vida, sino la experiencia y tarea (=diaconía) mesiánica primera, donde se fundan y reciben su sentido las restantes. Pues bien, todas ellas culminan en la “visita”, entendida como “episcopado”: ¡Estaba enfermo o en la cárcel y no cuidasteis de mi¡ (25, 43). Cuidar se dice “episkopein”, que es la tarea primera de aquellos a quienes la iglesia posterior llamará “epískopoi” u obispos. Por ahora y para siempre, todos los seguidores de Jesús están llamados a ser “obispos” de los enfermos y encarcelados, cuidando de ellos como del mismo Dios.
4. Salvación mesiánica: Venid, benditos de mi Padre. Ciertamente, Cristo está presente en los que sufren y, al mismo tiempo, pide a los hombres que le ayuden (que sirvan a los necesitados). Pero la salvación culmina sólo al fin del tiempo y desde ese fin se entiende la acción liberadora o, quizá mejor, comunicativa en favor de los expulsados del conjunto social (hambrientos, exilados, enfermos, encarcelados). Esa acción cristiana no se ejerce en plano de antítesis violenta (lucha entre pobres y ricos, libres y encarcelados), sino de solidaridad entre todos los hombres. De esa forma, el texto identifica el reino de Dios con el amor gratuito (supra-legal) que se dirige hacia los necesitados, en un proceso que empieza en el hambre (dar de comer) y culmina en la ayuda a los presos (visitar-cuidar a los encarcelados). La ley social deja al hombre dentro de la conflictividad de la historia; la gracia de Cristo le abre a la comunicación plena, que culmina en la resurrección final, en la llamada del Hijo del Hombre a los salvados: «¡Venid, benditos de mi Padre!».
5. Simetría o antítesis judicial y revelación de Dios en los presos: Venid, apartaos. El texto se encuentra construido en forma de antagonismo simétrico entre ovejas y cabras, derecha a izquierda, servicio y no servicio, vida y castigo eterno, situán