María de la Merced (5). Libertad de hijos de Dios, con rostro de mujer

He venido anunciando esta fiesta de María de la Merced,con el desarrollo de algunas esclavitudes actuales, entre las que he destacado la opresión de niños y mujeres. Parece que avanza y que crece la Gracia de Dios y la Libertad, pero crecen también las opresiones. Pues bien, en este contexto de la Fiesta (24 IX 10)quiero recordar la gran palabra:

Al llegar la plenitud de los tiempos.
Envió Dios a su Hijo,
Nacido de mujer,
Nacido bajo la Ley,
Para rescatar a los que estaban
Oprimidos bajo una ley de servidumbre (cf. Gal 4, 4)


a) Al llegar la plenitud de los tiempos… Éste es el tiempo de la plenitud, el tiempo propicio para anunciar la libertad a los cautivos (cf. Lc 4, 18-19).

b) Envió Dios a su Hijo… Es el tiempo de Jesús, nacido de una mujer llamada María, nacido bajo la dura Ley del mundo, que es Ley de opresión y de muerte

c) Nació para rescatar y libertad los cautivos y oprimidos, para ofrecer a todos un camino y esperanza de libertad.

Por eso, muchos de nosotros,al ocuparnos de la libertad que brota de Jesús celebramos la memoria de su Madre, María, a quien podemos ver y vermos como Redentora de Cautivos, signo y principio de un camino de redención/liberación que se ofrece a los creyentes cristianos y a todos los oprimidos del mundo.

De un modo especial quiero felicitar a mis hermanos y hermanas de la Merced, con quienes deseo celebrar mañana la Fiesta.



1) Merced, una palabra de María.


La palabra “merced” es, como muchas otras, una palabra paradójica y bivalente. Como se dice muchas veces, los extremos se tocan, de manera que merced-mercado (comprar) puede ser de Mamón o de Dios.

(a) En un sentido, merced va en la línea del “mercado de intereses”, en el que todo se compra y se vende al servicio del Capital. En esa línea, los hombres y mujeres de merced son “mercenarios”, gente que es capaz de matar por dinero y que así lo hace, alistándose bajo la bandera de Mamón, que es el dinero de muerto (como ha venido señalando en los días pasados este blog). En algún sentido, todos corremos el riesgo de volvernos mercenarios, soldados inflexibles al servicio de la muerte (por dinero).

(b) En otro sentido, va en la línea de “mercado de gracia”, una gran plaza en la que todo se regala, en un mundo donde el dinero deja de ser fuente de esclavitud y se convierte en principio de libertad. Allí donde otros compran y venden por interés (esclavizando a los más débiles de la cadena social), los hombres y mujeres de Merced emplean el dinero (que puede tener un sentido injusto) al servicio de la libertad. Emplean todo lo que tienen… entregándose a sí mismo, porque el dinero sólo no basta, si no se pone en la balanza de Dios y de los pobres/esclavos la propia vida.

En ese segundo sentido, los hombres y mujeres de Merced se entregan a sí mismos, para que los esclavos y cautivos puedan ser dueños de su vida. Ellos siguen empleando todavía el “dinero de injusticia” del que habla Jesús (en Lc 16), pero no para oprimir, sino para liberar a los cautivos y oprimidos. Elos son mercaderes, como María de la Merced (madre y patrona de mercaderes, como fue Pedro Nolasco). Pero son mercaderes convertidos, al servicio del “mercado común” de la libertad, del “mercado católico” del amor que se regala y comparte. Éstos son los que emplean los dineros del amo (sigo con la parábola de Lc 16: el administrador….), al servicio de los deudores pobres, de los encarcelados.

Éstos son los que se alistan bajo la bandera del Dios de Jesús, simbolizado en la Dama de Merced, Santa María de la Merced.


2) Gran tarea, amor de madre: mercado para la libertad

Quiero recordar otra vez la parábola del Administrador del “dinero de injusticia”, que engañaba a su amo, poniendo dinero al servicio de los amigos, en este caso, al servicio de la liberación de los oprimidos por diversos tipos de deudas (Lc 16, 1-13). He querido interpretar esa parábola y la historia de la Merced como una historia de “inversión”:

se trata de cambiar la dirección del agua egoísta de la historia y de un dinero (un capital, Mamón). que se eleva y triunfa a base de imponer su cautiverio y esclavitud a gran parte de los hombres. Al servicio de ese Amo/Mamón parece haber trabajado el administrador de la parábola… Pero un día se da cuenta de que debe cambiar la dirección de su negocio, de tal forma que quiere “convertir el dinero injusto” en medio para ganar amigos, es decir, para ganar la libertad de muchos.

Éste es el dinero de la Merced, un dinero que se pone al servicio de la amistad y la libertad, de la fraternidad universal. Los cálculos económicos de la sociedad del capital-mamón van en otra línea, pues no hay en ellos fe en el hombre (¡amor al hombre, hijo de Dios!), sino deseo de triunfo. Por eso, para vencer al dinero malo, los “administradores de merced” tienen que ser más astutos, como dice la parábola, pero astutos al servicio de la amistad y de la vida de los pobres.


Éste es el tema, ésta la tarea que está simbolizada por Santa María de la Merced: Poner la vida, poner el dinero, al servicio de la libertad de los cautivos.


3. Una pequeña reflexión teológica: María redentora.

La devoción mariana ha sido muchas veces un signo de ternura puramente intimistas: la Virgen consolaba a los más pobres con su gesto de belleza y de ternura; así les prometía la dicha del futuro, mientras ellos aguantaban la herida del dolor (como el Jesús sangrante) en medio de la tierra. Ahora las cosas han cambiado. Habrá momentos en que todos nos tengamos que encontrar unidos con el Cristo flagelado, cautivo, ajusticiado en todos los lugares de opresión del mundo; también encontraremos muy cercana a la Madre solidaria de Dolores, que padece y llora con nosotros, en el centro de esa historia. Pero esa Madre (asumiento el impulso de libertad de Jesús, su Hijo), quiere que pongamos vida y bienes al servicio de la libertad de todos los oprimidos. Éste es el sentido de la nueva devociòn mariana.

Esta devoción a María redentora, a quien, empleando el nombre antiguo, hemos llamado Madre de Merced implica un movimiento muy profundo de encarnación, de análisis social y de compromiso, en la línea de aquello que en su tiempo hicieron Pedro Nolasco y sus amigos, los devotos de María, la Liberadora. Ser devoto de María de la Merced implica asumir un compromiso fuerte a favor de la libertad de todos los oprimidos.

a) El primer paso consiste en una encarnación. No pueden verse los problemas desde fuera. Por eso, los devotos de santa María de la Merced se hallaban comprometidos a "visitar y liberar a los cristianos cautivados". Visitar es adentrarse en el lugar del sufrimiento, penetrar desde María y con María en el tejido de injusticias y opresiones que destruyen al hombre sobre el mundo. María nos inquieta: rasga esa coraza de seguridades sociales y sacrales que formamos en torno a nuestra vida y nos invita a descender al cautiverio, sólo allí puede encendernos los ojos, para comprender la realidad e interpretarla en su nivel cristiano.

b) El segundo paso está formado por el análisis social. No basta con vivir, hay que saber y entender lo que se vive. Por eso, los antiguos mercedarios tenían que ser "hombres sabios", capaces de entender el cautiverio, sus razones, sus motivos y sus formas: Esto es lo que ahora destacamos al hablar del análisis social: para cambiar las cosas hay que conocerlas; desde Cristo, con los instrumentos de lógica y política económica que ofrece nuestro tiempo. En ese aspecto, María —la Madre de Merced o de la gracia— viene a presentarse como Virgen iluminadora: ella nos lleva hasta el lugar donde, a la luz de la Palabra que penetra en las junturas y entresijos de la vida (cf Heb 4,12-13), comprendemos los principios de la iniquidad del mundo. Sólo quien conoce al opresor puede cambiarlo, liberando el mundo de opresión que él ha creado. Por eso, la Virgen de la Merced ha de guiarnos, como luz y protección, cuando queremos descubrir los cautiverios y opresiones de la tierra.

c) Finalmente, es necesario el compromiso. El devoto de María no se puede quedar sólo contemplando mientras sigue sobre el mundo el cautiverio. No basta con rezar por los cautivos, hay que liberarlos. Por eso, María de la Merced camina con los liberadores, penetrando con ellos en las cárceles, los campos de exterminio, los lugares donde están los oprimidos. La forma de expresar y realizar este compromiso varía con los tiempos y lugares; no puede ser hoy como lo era en el siglo de Nolasco. Ya no se puede comprar a los cautivos por dinero, ni se puede canjearlos, ni quedar en su lugar como rehenes, al menos en líneas generales. Pero se puede y debe liberar con métodos que ofrece en nuestro tiempo la instrucción, la militancia social, la resistencia a los poderes opresores, la denuncia y actuación económica y política en el mundo.

4. Conclusión: María la Administradora, convertir el dinero en fuente de libertad

El mundo “católico” sigue siendo devoto de María. Ciertamente, ella, la Madre de Jesús, no ocupa en otras iglesias (como en las protestantes) el lugar que ocupa entre los católicos y tenemos que respetar sus posturas, su visión del cristianismo, pero muchos de nosotros estamos convencidos de que la Madre de Jesús (en su advocación de la Merced y en otras) puede convertirse en signo de liberación para los hombres.

Ella nos habla de una redención “con signo de mujer”, con todos los valores de ternura y cercanía humana que han puesto de relieve las mujeres.

Ella nos habla de una redención “con signo de madre”: la función del ser humano (en especial de la mujer) es dar la vida, no quitarla, es hacer que los demás puedan madurar en libertad.

En el principio de la libertad humana no está el dinero (no se es libre teniendo más y más), sino el amor que crea, la fecundidad de la vida hecha gesto de amor y servicio a los demás.

Pues bien, esta Madre de Merced nos ofrece la certeza de que podremos convertir el Capital (el gran dinero) en medio para “liberar a los cautivos”, es decir, en instrumento de fraternidad.

En ese sentido, la tradición católica ha dicho, con una palabra que debe entenderse simbólicamente, que María, la Madre de Jesús es “administradora” de los tesoros de Jesús. La administradora de su “negocio” es ella, no los reyes, ni papas, ni los directores de haciendas y bancos… Ella aparece así como la ecónoma “astuta”,que podemos ver al fondo de la parábola de Lc 16, 1-13:

Ella quiere poner y pone todos los bienes de la Iglesia al servicio de la Libertad de los Oprimidos (no al servicio de otras causas sacrales y sociales)
Ella quiere poner y pone el dinero de este mundo no al servicio de una Ley Monetaria o Política, sino al servicio de la libertad de los hijos de Dios, como dice Gal 4, 4.
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