Marta y María 4. ¿No le han quitado a María la mejor parte?

El blog de X. Pikaza
24 jul 2007 - 14:04

He venido comentando el pasaje de Marta y María (Lc 4, 38-42) y ahora llego a la conclusión, que es abierta y riquísima, como suele suceder en los bueno relatos, como es éste.

El Derecho y la Teología dogmática buscan respuesta unívocas, soluciones claras y definitivas. Pero el Evangelio es un relato simbólico (y parabólico), de forma que puede tener y tiene varias interpretaciones que dependen del lector o de la comunidad que escucha. Por eso, no puedo resolver el enigma de Marta y María, pero sí ayudar a los lectores a plantearlo mejor. Así quiero hacerlo en esta aportación final? Mi pregunta de fondo es: ¿Ha cumplido la Iglesia lo que quiso Jesús cuando dijo que a María no le quitarian la mejor parte? ¿Es cierto que María, la mujer oyente en la Iglesia ha conservado la mejor parte? Hoy ofrezco una primera conclusión (con bibliografía). Mañana otra, con comentarios a Lucas

Una dispute eclesial

El conflicto es semejante de Lc 10 (Marta y María) se parece al de Hech 6 (apóstoles y helenistas), aunque las soluciones son distintas, según el contexto y finalidad de cada pasaje. Eso significa que no podemos tomar un texto por separado, o aislándolo del contexto. Podemos añadir, además, un texto de la Cena::

*En la disputa de la Última Cena, Jesús mismo se identifica como diácono fundante de la iglesia, interpretando el evangelio a modo de servicio a los demás (cf. Lc 22, 24-30); en ese contexto no existe más palabra que la entrega de la vida, ni más función eclesial que la preparación y gozo del reino expresado en la imagen del servicio de las mesas, el banquete que Dios ofrecer a los humanos.

* En la disputa de hebreos y helenistas, al comienzo de la historia de la iglesia, Hech 6 ofrece una respuesta de compromiso y colaboración: los doce apóstoles (servidores de la palabra) y los siete diáconos (servidores de las mesas) deben realizar sus tareas para bien del conjunto de la iglesia. Ambos aspectos resultan inseparables, de manera que el servicio de la palabra sin la comunión de las mesas termina siendo estéril.

* La disputa de Marta y María retoma esos motivos y los sitúa en una perspectiva más personal, fijándose en la actitud de cada protagonista más que en la obra externa que realizan. Es evidente que el Jesús de Lucas no puede ir en contra de la diaconía o servicio humano, que él ya visto en los restantes casos como centro de la vida de la iglesia. Pero quiere matizar y matiza sus riesgos, poniéndose de parte de María, la oyente de la palabra.

Para situar mejor la solución de la disputa, con la respuesta de Jesús, podríamos acudir a la famosa contraposición de 1 Cor 13, 1-3 donde se habla del riesgo de un hacer muy intenso (entregar todos los bienes, arriesgar el propio cuerpo) al que, sin embargo, falta el amor. Así podría decirse que Marta hace muchas cosas, pero en su obra hay carencia de amor personal: ella hace cosas por (para) Jesús y su iglesia, pero no escucha su voz, no le acompaña en la experiencia más honda de la vida que, que es palabra compartida.

Una comparación con María, la madre de Jesús

En esa misma línea, dentro de Lucas, debemos recordar la alabanza de aquella mujer del pueblo que proclama bienaventurada a la madre de Jesús, identificándola con un vientre gestante y unos pechos que amamantan. De esa forma la sitúan en el plano de las obras, si por obra puede aquí entenderse el gesto y donación suprema de una mujer que ofrece al hijo cuerpo y vida (vientre y pechos). Pues bien, en contra de esa alabanza parcial eleva Jesús la alabanza verdadera: Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen (Lc 11, 27-28).

Pasando a nuestro pasaje, podríamos decir que Marta se encuentra en la línea de la madre "física" de Jesús a quien alaba la mujer del pueblo. María, en cambio, es la que escucha la palabra. El texto de Lc 11 no dice si María, la Madre de Jesús, cumple palabra que escucha, pero lo supone. Al situarse en ese fondo, a la luz de Lc 11, 27-18 (=alabanza general de aquellos/as que escuchan y cumplen la palabra), es evidente que María (tanto la Madre de Jesús como la hermana de Marta) ya no simplemente una figura femenina, sino signo de todos los varones y mujeres que se sitúan de forma personal ante Jesús.

La respuesta de Jesús a la mujer del pueblo no es de exclusión (una u otra) sino de gradación (bienaventurados más bien: menoun). Desde ese fondo podemos hablar de un riesgo de Marta (que actúa sin escuchar, que sirve sin dialogar, pero también podemos hablar de un riesgo de María, ejemplificado en aquellos que han escuchado la enseñanza de Jesús, llegando incluso a comer con él, pero no han cumplido sus palabras (Lc 13, 25-28). La verdadera "comida" del reino exige un gesto más profundo de escucha y cumplimiento de la palabra.

Marta, Marta… te preocupas por muchas cosas

Así podemos volver a nuestra escena, para escuchar la respuesta definitiva de Jesús. Todo lo ya dicho nos permite suponer que las figuras de Marta y María se encuentran contrapuestas de un modo tipológico, para destacar el riesgo de un hacer sin escuchar, de una organización y servicio eclesial que se separa de la fuente de vida del encuentro personal con Jesús. Aquí no se habla del riesgo de María (un posible escuchar sin hacer), sino del riesgo de Marta. Para ella habla Jesús, no para condenarla (como a los de Lc 13 25-28), sino para ayudarla a profundizar en la hondura humana, dialogal, amante del auténtico servicio cristiano:

* Marta, Marta, te preocupas y estás perturbada por muchas cosas (10, 41b). Ella quería que Jesús hiciera ver a María su falta de cordura (su comodidad), obligándola a ayudarla en su tarea. Pues bien, Jesús responde de manera inversa y, en vez de enfrentarse a María, se enfrenta con la misma Marta, mostrándole la raíz de su inquietud.

Indiquemos ya desde ahora que el final externo de la escena queda abierto: podemos y quizá debemos suponer que Marta empieza por sentarse a los pies de Jesús, con María y que después las dos (los tres: Jesús se incluye) realizan los servicios más externos. Jesús no dice a Marta que siga "trabajando", condenándola a ser una esclava perpetua de sus labores, ni a María que siga por siempre sentada, sin que destaca ante las dos (para Marta y María) el valor de una escucha personal de la palabra.

Jesús no rechaza ni condena a Marta (no la expulsa de su ministerio), pero le recuerda el riesgo de olvido y dispersión exterior en que se encuentra: su afán por el servicio (organización eclesial y perfección externa de las obras) puede separarle de la raíz de la Palabra, de la fuente del Señor. Este es el riesgo de unas obras que escindidas del manantial de la gracia (del evangelio) pueden convertirse en nuevo legalismo.

De esa forma reasume Jesús una temática que ha expuesto ya de un modo general en Lc 12, 22: "por eso, yo os dicho que no os preocupéis (con merimnate, la misma palabra de 10, 41) por la vida, qué comeréis...". Eso significa que Marta no está condenada a ser eternamente "marta ansiosa", fatigada y perturbada por las obras, en trabajo sin fin (como un Sísifo o Tántalo obligado a esclavitud sin fin). Jesús la invita a superar la ansiedad de su trabajo, a sentarse con María, a compartir la palabra. Todos aquellos exegetas eclesiales (y son muy numerosos) que han querido que Marta siga siendo siempre "marta", trabajadora sin palabra, mujer sin intimidad de diálogo personal con Jesús, desconocen la dinámica más honda del pasaje, van en contra del Jesús de Lucas.

Marta sirve a Lucas para mostrar el posible carácter destructor de una preocupación o trabajo en el campo de la diaconía eclesial. Ella corre el riesgo de reproducir en formas eclesiales (en perturbación intra-cristiana) un tipo de actitud que Lc 12, 12 condena luego en clave general. Ciertamente, Lucas sabe que la diaconía es necesaria, pero puede introducirse dentro de ella un tipo de preocupación destructora, que destruye no sólo a sus agentes, sino también a sus destinatarios: servir sin amor (sin palabra) termina degradando, enloqueciendo, a servidores y servidos.

Una (sola)cosa es necesaria (10, 42a).

Frente a lo mucho que perturba a Marta, sea en sentido intensivo (diakonía fuerte: pollên) o extensivo (muchas diakonías: peri polla), Jesús destaca el valor de una una sola necesaria. Según Lc 12, 31 (cf. Mt 6, 33) esa cosa necesaria es la busqueda del reino; siguiendo en esa línea, Lc 18, 22 añade que para conseguirlo (alcanzar la vida eterna) es necesario dejar todo (vender todo, abandonar los antiguos trabajos y tareas), para dárselo a los pobres y seguir a Jesús en el camino.

Eso es lo que María está haciendo: ha dejado todo y se ha sentado a los pies de Jesús, para escucharle (dándolo todo a los pobres y siguiéndole en la única cosa necesaria de su reino). Esta unidad (que define a María) se expresa en la búsqueda del reino y en el seguimiento de Jesús y se contrapone a la multiplicidad de las tareas ministeriales que siguen perturbando a Marta, incluso dentro de la iglesia.

Da la impresión de que Marta sigue interpretando el evangelio en la línea de las muchas obras, de la inquietud y perturbación por el trabajo, como si el mundo se salvara a través de las acciones ansiosas de los hombres y mujeres de la tierra. De esa forma, ella corre el riesgo de reintroducir dentro del servicio eclesial (por otra necesario, pues hay que dar todo a los pobres) las formas de vida e inquietud del mundo, la lógica de un trabajo que destruye la gracia de la vida.

La única cosa necesaria no puede entenderse a nivel de pura contemplación "helenista" (sentarse y meditar en forma trascendental, sin hacer nada), sino de acogida de Jesús, para dar todo a los pobres y seguirle en el camino, cumpliendo su palabra. Por eso, la escucha de María no se opone al "hacer", si no a un tipo de hacer sin gratuidad que destruye a quien lo ha realizado (y que ignora el valor personal de aquellos a quienes se dirige).

Recordemos que esta palabra se dirige a Marta. Para realzar bien su ministerio, ella debe ponerse a los pies de Jesús como oyente personal, en escucha de la palabra, en elección y transformación interna.

Lo que Jesús quiere de Marta no es el servicio externo (que lo podría hacer un puro esclavo o actualmente una máquina). Lo que Jesús quiere es su entrega personal, su comunicación humana. Para ello ha de sentarse como María, recreando su vida desde el nivel de la palabra.

Por otra parte, para que su escucha resulte evangélica, María debe levantarse después y cumplir la palabra de Jesús en el camino, sirviendo en la iglesia a los hermanos. Verá el lector que estamos entendiendo la escena de una forma parabólica, poniéndole un final que ahora no tiene (y que la iglesia, en general, no le ha dado): las dos hermanas se sientan y escuchan, las dos luego se levantan y trabajan juntas, en gesto de comunicación personal.

En efecto, María ha escogido la parte buena (10, 42b).

Frente a las muchas cosas que perturban por ahora a Marte, María ha escogido la parte buena... No se la han impuesto: no es una esclava callada, obligada a obedecer, mujer objeto a quien la turba ordinaria de varones a comprado y pagado para que les escuchen en sumisión sexual, sino que ella ha elegido (exelexato).

Jesús no quiere oyentes a la fuerza, no necesitan mujeres que le atiendan, como criadas de lujo, sumisas a su voz de amor (como vestales antiguas de Roma o vírgenes del Sol andino) sino personas (mujeres y/o varones) que escojan este nuevo y más alto tipo de servicio que consiste en la escucha de la Palabra de Dios, es decir, en la conversación personal.

La acción fundamental de María se condensa aquí: ella es una mujer-persona que ha podido elegir y ha elegido; no han elegido otros por ella, no le dirigen jerarcas exteriores; ella ha decidido, escogiendo aquello que ha querido. Desde el fondo de los siglos nos llegan los lamentos y silencios de las infinitas mujeres que han no han podido elegir, sino que han estado ahí, se han expuesto a sí mismas (en carne y alma), para ser elegidas por el varón o ley de turno. Las más afortunadas eran aquellas a quienes escogía el rey de Persia, como a Ester, o el guerrero vencedor de turno, como a Axa en Jc 1, 10-15. Las menos afortunadas eran aquellas a quienes expulsaban a la calle o elegían a la fuerza los últimos del mundo. Unas y otras, todas (casi todas) eran simplemente esclavas, del rey o del sistema y varón de turno.

María no está condenada como mujer al servicio que le imponen los varones, ni es esclava de un patriarcal o de un sistema que le impone su dominio. Ella ha hecho una opción, ha escogido, en gesto personal que le vincula con Jesús, a través de la palabra. Los servicios en cuanto tales se pueden imponer, haciendo del humano un esclavo. La palabra, en cambio, abre a varones y mujeres un espacio de libertad personal. Eso es lo que tiene María frente a Marta: ella ha elegido el diálogo con Jesús y Jesús respeta su elección y ratifica su escucha: de esa forma la valora.

Frente a la mujer-esclava amable, a quien miles de panegiristas varones han exaltado por sus obras de servicio abnegado para bien de la vida, ha destacado Jesús a la mujer-persona libre que ha sido capaz de escoger, dejándose transformar por la palabra. Frente a Marta que aparece perturbada desde fuera (como indica el pasivo del verbo griego: thorybadsê), María viene a presentarse como una persona que ha podido hacer una opción, superando así el nivel de los cuidados angustiosos, de la acción esclavizante.

María ha elegido la parte buena (agathên merida), es decir, aquella porción o herencia que Dios mismo ha ofrecido para el pueblo israelita. Ella aparece así como heredera de las promesas más: ha llegado al cumplimiento de aquello que el mismo Dios había preparado para el pueblo. Siendo iglesia de Jesús (escucha su palabra), ella es plenitud del pueblo israelita.

(((En esta perspectiva pueden y deben recuperarse algunos elementos de eso que pudiéramos llamar la interpretación arquetípica de María como la contemplativa, frente a Marta como la activa. Generaciones de exegetas y moralistas han proyectado desde antiguo sobre María los "valores" espirituales de tipo helenista (que Filón judío había exaltado en su Vida contemplativa) y los métodos de "contemplación" interior que descrito los viejos pensadores griegos o los nuevos virtuosos de la religión de oriente (hindúes, budistas, taoístas...). Todos ellos han sabido y saben que en el principio de la perfección se encuentra la necesidad de una vida interior, centrada en la escucha de la palabra del Señor.

En ese fondo pueden iluminarse algunos rasgos de la escena. Jesús aparece como huésped a quien debe acogerse de forma interior. Marta recibe y sirve a Jesús en gesto de preocupación externa, a través del servicio múltiple. María le recibe dentro de su alma, como a Huésped y Maestro interior, como presencia de Dios, Ley salvadora. En esa perspectiva se puede recordar la insistencia posterior del judaísmo, empeñado en escuchar y cumplir la Ley por dentro, como tarea suprema del auténtico rabino.

Pero esos rasgos no se pueden separar del conjunto del evangelio. Jesús enseña y María acoge su palabra, viniendo a convertirse en auténtica discípula; ambos dialogan y su diálogo se vuelve fuente de libertad y vida para María. Lógicamente, la María oyente puede y debe convertirse en María acogedora: en mujer capaz de crear iglesia a partir de la palabra compartida. La tradición evangélica (cf. Mc 6, 6-13 par), reelaborada por Lc (9, 1-6; 10, 1-11), sabe que es necesario acoger a Jesús en sus delegados (y de un modo especial en los más pobres, como indica Mt 25, 31-46). Si María escucha la palabra debe hacerlo, transformando su escucha en nuevo tipo de servicio humanizante, en diálogo personal))).

La cual no le será quitada (10, 42). ¿Por qué se le ha quitado?

El texto supone que la elección de María se encuentra amenazada. Parece que es su misma "hermana" Marta (los representados por ella) quieren quitar a María su elección y escucha, su libertad y amor fundante, para introducirla en las tareas de todos (en sentido de sumisión), en la rueda común de las preocupaciones y cuidados que van implicados en la mucha diaconía.

Este es el “pecado” que Jesús quiere evitar, el pecado tan frecuente de la historia posterior de la Iglesia: quitar a María su autonomía, su capacidad de elegir libremente el camino de Jesús y de entenderlo con toda la vida. Pues bien, en contra de ese riesgo, Jesús ratifica la elección de María, prometiéndole que nada (nadie) podrá arrebatarle su opción... Esta elección permanece valiosa para siempre, conforme a la palabra de Jesús, dentro del proyecto de vida de la iglesia. Es la elección del diálogo y la palabra, que deberá asumir la misma Marta, para que ambas hermanas puedan compartir el gozo la existencia, traduciendo la escucha de Jesús en escucha mutua (dialogando una con otra).

Al decir que la buena parte que ha elegido no le será quitada..., el texto esta suponiendo que el riesgo existe. Parece que hay personas dentro de la iglesia que quieren arrebatar a María esta libertad de elección, esta capacidad de escucha de la palabra, con todo lo que ella significa (autonomía en pensamiento y vida, capacidad de decisión, ministerios eclesiales etc.). Externamente hablando, Jesús se ha equivocado: a María se le ha quitado en la Iglesia muchas veces su capacidad de escucha, de opción, de decisión… y contra eso habla Jesús en este pasaje. Jesús la defiende y con su palabra ratifica la opción y programa de María, en sentencia que puede recordar la sentencia paralela de Mc 14, 9:"el cualquier lugar donde se predique el evangelio se dirá lo que ella ha hecho para memoria de ella"

(((Jesús defiende así a la mujer que en Mc 14, 3-9 ha realizado un gesto mesiánico (le ha ungido), en elección de amor y diálogo personal que se contrapone al deseo de "servicio" monetario de los que la critican. Pues bien, Jesús afirmar que ese gesto debe conservarse dentro de la memoria de la iglesia, como elemento del evangelio.

Desde ese fondo se comprende mejor la respuesta de Jesús a María, la mujer oyente de Lc 10, 38-42. Ella ha realizado también algo muy significativo: está "a los pies de Jesús", no para un servicio de agradecimiento por el perdón (como la mujer de Lc 7, 36-50), sino para un servicio de diálogo personal: ella ha escogido la escucha de la palabra, ha optado por sentarse ante Jesús recibiendo su mensaje, ratificando, por tanto, su autoridad de maestro. Su elección permanece y nadie podrá quitársela dentro de la iglesia: ella queda dentro de ella como signo de una persona (mujer) que supera el plano de la pura acción, para vivir y realizarse en perspectiva de fidelidad a la palabra))).

María ha optado por la escucha de la palabra, iniciando así un camino de fidelidad evangélica que debe permanecer para siempre dentro de la iglesia. De esa forma se ha situado en la línea de la auténtica bienaventuranza: ¡Felices más bien los que escuchan la palabra de Dios! (Lc 11, 27-28). De esta forma, dialogando con Jesús, María viene a presentarse no sólo como su servidora en plano externo, sino como verdadera familia verdadera de Jesús (cf. 8, 19-21), compendio de la iglesia.

Del plano de unas obras (diaconía exterior) que se pueden convertir en nuevo legalismo, pasamos al de la escucha personal de la palabra. Ella, la hermano menor de la casa (de la iglesia) es el modelo de auténtica escucha de la palabra, que, conforme a Lucas, había iniciado ya María, la madre de Jesús (cf. Lc 2, 19.51-52; Hech 1, 13-14). Pero Jesús no quiere hablarle a ella (ella ha realizado ya su elección y permanece en ella para siempre), sino que por medio de ella quiere hablar a Marta, es decir, a todos los que corren el riesgo de perderse en un mundo de obras y servicios que perturban, porque no se fundan en la fuente de verdad de la Palabra.

Resumen final: ¿una contemplativa y otra activa?

Recopilemos lo dicho. Como hemos venido indicando, estas dos mujeres representan al conjunto de la iglesia. Ellas son el signo de la aldea o casa (nueva humanidad) que nace allí donde acoge a Jesús. Por eso, nos parece falsa una lectura tradicional que las entiende como dos tipos de mujeres contrapuestas, una más valiosa que la otra, pero ambas sometidas a una misma jerarquía superior formada por varones. Recordemos sencillamente esta interpretación:

* Marta sería la mujer servidora-criada (que realiza tareas materiales). Frente a la diaconía de los varones que se puede convertir y se convierte pronto en ministerio oficial, autoridad jerárquica en la iglesia (obispos, presbíteros, diáconos), Marta representa el servicio de aquella que no deja de ser nunca sierva, pues no tiene poder ni autoridad ni poder para otra cosa. Ellas es la mujer-acción: crea un espacio de vida externa agradable para los varones.

* María sería la mujer contemplativa-pasiva, que se limita a escuchar en silencio, sin tener nunca una palabra que decir, ni acción que realizar. Ella es la mujer-alma que acoge y escucha a Jesús en recogimiento, la mujer amante espiritual y sumisa, siempre atenta a la enseñanza de los varones jerarcas (obispos, presbíteros), representantes de Jesús dentro de la iglesia.

Unidas así, las dos mujeres formarían la pareja ideal de la existencia femenina. Una visión de este tipo constituye el sueño de muchos varones que quieren una mujer doble, Marta y María (en una o en dos), en servicio y escucha de la palabra. De esta manera, sobre el binomio femenino de servicio sin autoridad y escucha sin proclamación de la palabra (también aquí sin autoridad), se ha podido elevar en la iglesia la autoridad ministerial de los varones (sacerdotes) que realizan las tareas oficiales. De ese modo, frente a las mujeres criadas y a las místicas, se elevan como jerarquía de palabra y ministerio autorizado los "sacerdotes" de Jesús.

Entendido así, el texto sería una parábola de dos mujeres en cuanto mujeres, no en cuanto personas. Por eso, los varones se podrían sentir por encima de esa dicotomía: ciertamente, ellos realizan en su vida un gesto de servicio y de escucha (acogimiento); pero ellos pueden unir y han unido desde siempre esos dos rasgos y, al mismo tiempo, como delegados de un Cristo varón se han elevado dentro de la iglesia, como autoridad administrativa o jerarquía Por eso, ellos no escuchan este texto: no les habla, no es para ellos; o si lo escuchan e interpretan es sólo para aplicarlo a las mujeres, en un tipo de catequesis de servicio y sometimiento femenino.

Pues bien, esta manera de entender el texto ignora y/o destruye su mensaje universal y más profundo. Marta y María son representantes del conjunto de la iglesia. Ellas simbolizan, desde una perspectiva fraterna y femenina, a todos sus varones y mujeres, y de un modo especial a los ministros (presbíteros y obispos) que han en ella, como hemos visto al comparar nuestro pasaje con Lc 6, 1-7. Por eso, quienes alzan y separan el ministerio de los varones sobre esta acción y escucha de Marta y María destruyen la intención del texto y escinden la vida de la iglesia..

Como hemos dicho, ellas son hermanas, pero no en cuanto familia carnal, sino como representantes de una comunidad cristiana que recibe a Jesús (a sus delegados). Así pueden presentarse como signo del conjunto de la iglesia, encarnando (anticipando) en su persona todos aquellos ministerios eclesiales que después podrán surgir en ella.

En ese contexto podemos situar la figura de María, la mujer que escucha de verdad y abre la iglesia para todos los hombres y mujeres que están necesitados. Si, después de haber escuchado a Jesús, María se hubiera comportado como el Sacerdote y Levita (mala jerarquía) su escucha y palabra se hubiera vuelto mentirosa. La verdadera escucha de Jesús, en elección que no le será nunca arrebatada, le invita a comportarse de manera opuesta: quien acoge de verdad a Jesús, dialogando con él, se vuelve capaz de escuchar la voz de los necesitados, para así asistirles. En ese servicio al caído se expresa el verdadero sacerdocio, la función de los levitas de la nueva alianza, función que conforme a Lc 10, 38-42 se encuentra abierta por igual a varones y mujeres, aunque parece más propia de mujeres.

Un texto lleno de tensiones

Dicho todo esto debemos añadir que la tensión sigue existiendo en nuestro textos. Hech 6-7 mostraba una tensión en perspectiva de varones (entre los doce y los siete, entre apóstoles y diáconos). Ella fue superada en principio, pero ha seguido existiendo a lo largo de la historia de la iglesia, sobre todo a partir de aquel momento en que el servicio de las mesas y de la palabra se ha clericalizado, viniendo a convertirse en principio de jerarquía o poder dentro de la iglesia.

En principio, nuestros textos, tanto Hech 6 como Lc 10, 38-42, no están pensados ni escritos en clave de autoridad jerárquica. Los ministerios del servicio social y la palabra no se han convertido en fuente de discriminación, ni han desembocado en una "casta" especial de clérigos (varones o mujeres). Pero es evidente que el proceso que puede conducir al surgimiento de un tipo de casta clerical (como la del Sacerdote y Levita que el evangelio ha colocado en este mismo contexto, en oposiciòn al Bue Semaritano: en Lc 10, 30-37, como veremos mañana).

Una casta clerical como la del sacerdote-levita puede surgir desde la perspectiva del mucho serviciocio, sobre todo si el servicio que puede traducirse en signos de poder y/o de dinero. La misma Marta ha podido convertirse en un momento dado en administradora de poder dentro de la iglesia. Pero la casta clerical puede surgir también desde la perspectiva de la escucha de la palabra: María (o los que representan luego el camino de María) pueden transformarse en administradores y hasta dueños de una palabra que ellos controlar "para bien" de los demás.

Un ejercicio de lectura. Leer y aplicar el texto

He querido ofrecer un ejercicio de lectura de Lc 10, 38-42, destacando el sentido de las dos mujeres que dirigen la casa de la iglesia. Comenté este pasaje en el contexto de una reunión de la Asociación de teólogas de España y; como son ellas las que deben resaltar los elementos femeninos del texto he querido ser exquisitamente sobrio en esa perspectiva; espero que mi lectura pueda servir para que ella sigan leyendo, buscando perspectivas nuevas, que yo no he descubierto o resaltado y trazando conclusiones o caminos que yo no he trazado.

No quiero que mi trabajo sirva sólo para mujeres, pues pienso que la buena teología que ellas hagan desde su perspectiva puede y debe valernos para todos. Sólo para culminar el tema, y abriendo mi discurso a otro nivel, quiero indicar que este podría ampliarse, contando de nuevo la historia de Marta y María, buscando para ello nuevas perspectivas y/o personajes. Cito algunas de las variantes que deberían tenerse en cuenta.

* rehacer el texto, poniendo dos varones “hermanos”, que comparten "amistosamente" una misma casa, entrando en conflicto por sus funciones y/o por la llegada de un tercer personaje masculino o femenino;

* explorar las relaciones de estas dos mujeres o estos dos varones, en plano afectivo (hermanas/os, amigas/os, amantes, colaboradores...);

*pensar en la posibilidad de que sean un varón y una mujer (esposos, amigos…) que acogen a Jesús ¿cuáles serían sus funciones?

* Pensar que la casa es más grande y que junto a las dos hermanas (hermanos, amigos…) hay otros muchos personajes…, como en una Iglesia doméstica. ¿Cómo podrían relacionarse entre ellos?

* Suponer que estas dos mujeres son signo de la “jerarquía” fraterna de la Iglesia universal. ¿Podríamos pensar en una como papa?

* describir el tipo de casa y/o aldea (familiar, de grupo religioso etc), precisando lo que significa la acogida del huésped, en contexto de exilio y desarraigo universal (millones de personas buscan casa);

* trazar varios finales, explorando las posibilidades que ofrece el simbolismo de la escena (reconciliación de Marta y María, que comparten escucha y trabajo, nueva lucha de poder entre ambas, sumisión de las dos bajo el poder de un tercero)

Contar este relato significa descubrir su vida antigua (sigue siendo el relato de Lc 10,38-42) y darle nueva vida, es decir, introducirlo en nuestro contexto. Yo me he limitado a trazar un ejercicio escolar que sigue siendo importante, pues nos ayuda a entender las claves viejas del texto. Pero es más importante todavía que el lograr que el relato siga siendo relato; y para ello hace falta contarlo, no sólo con palabras, sino también con la vida. Estoy seguro de que las mujeres que se han sentido aquí reflejadas a lo largo de 20 siglos podrán tomar la palabra y contar lo que dijo y supuso (o evocó) Lc, con nuevas palabras y gestos de vida, dentro de un mundo donde Jesús (todos los que son Jesús, por sufrimiento y soledad) sigue caminando hacia Jerusalén (hacia la muerte), buscando una casa donde se le acoja.

Bibliografía:

Comentarios:

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Estudios especiales:

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