Navegantes de la fe (Emilio Pinto)
Para ponerse en contacto con él, por el libro:
epintorodriguez@yahoo.es
Su fundación de acogida, atención y formación a menores “O Belén” ha sido objeto de alabanza y de críticas de diverso tipo, como resulta normal en instituciones que quieren ser pioneras, en medio de un fuego cruzado de intereses ideológicos y políticos, sociales, familiares y económicos. Emilio Pinto tuvo que dejarla, pero no para abandonar su "tarea" educadora, sino para trazar nuevas "derrotas" (rutas marinas).
Su libro más vendido es: La educación de los hijos como los pimientos de Padrón (¿Se pueden comparar los hijos con los pimientos de Padrón: que unos pican y otros no?) (Gedisa, Barcelona 2007). Lo he leído con pasión y sentimientos encontrados, a favor y en contra. Se trata de un libro agresivo y propositivo, que nos sitúa ante uno de los temas centrales del momento social en que estamos, con intensas rupturas educativas y familiares. Es claro que los niños resultan distintos, cada uno un misterio, unos “pican más” otros menos, pero todos algo (gracias a Dios).
Se puede disentir en algunos puntos, pero Emilio Pinto pone el dedo en la herida y promesa de nuestro sistema educativo, una herida y promesa de niños y de padres, con problemas y valores cruzados de autoridad y de afecto, de ideales y de presencia humana, de religión y falta de religión. Y con esto paso a lo importante.
Navegantes de la fe: Un libro censurado
En ese contexto se sitúa este nuevo libro: Navegantes de la fe (Reflexiones de un maestro buscador de tesoros). Viene publicado por Dreamfish Comunicación, Diciembre del 2012, como edición privada (sin ISBN), es decir, sin venta pública, pensado (según creo) para el contacto directo del autor con los maestros y profesores, a través de las Jornadas de pastoral de escuelas católicas del año 2013.
Emilio Pinto había venido preparando a lo largo de un año este libro para presentarlo y presentar su plan educativo en las Jornadas de pastoral de escuelas católicas, a lo largo del año de la fe (2013), para ofrecer a la comunidad educativa católica una experiencia intensa de inmersión de fe. Pero la jerarquía episcopal (al menos la asturiana) vetó su presencia, y así el libro ha tenido que ir saliendo a través del boca a boca, por medio los contactos personales del autor.
Es un libro perfectamente editado, un lujo y belleza de texto, en papel de cuerpo, a dos colores, maquetación cuidada, distribución de texto bien estudiada, con divisiones y subtítulos perfectamente escogidos, con temática de fondo en la que el autor va insertando su experiencia, historias personales, recuerdos, narraciones y cuñas didácticas.
Navegantes, ante todo los maestros y profesores
Emilio Pinto es un hombre audaz y “discutido” (yo diría, incluso, discutible), y me sentiría inclinado a disentir con él en varios puntos, en algunas de sus formas de entender la fe y el magisterio y la misma función de la Iglesia. Pero es bueno que sea así, pues éstos son temas que pueden y deben decirse y discutirse, allí donde se trabaja en gesto solidario, para bien de los niños y de los jóvenes, la fuerte navegación o derrotero de la fe.
Emilio (¡deja que te llame así!) es un hombre discutido, porque ha puesto las manos en la “masa” de la educación, ha tomado con fuerza el arado y no ha querido mirar hacia atrás para renunciar, sino hacia adelante ya a los lados, para seguir abriendo surcos en el mar... como Jesús, que navegó con sus amigos ya aprendió con ellos en medio de la gran tormenta.
Emilio ha querido navegar desde el reverso social (niños problemáticos, quizá de familias problemáticas… o son familias). Sus métodos, como he dicho, han sido discutidos, pero él los fundamenta y presenta, con una inmensa dosis de asertividad creyente, de presencia humana, que impulsa a la “fe” de los niños y los jóvenes, fe un proyecto educativo humano, abierto a la experiencia superior del Dios que es estímulo, presencia y futuro.
No es un libro de tesis cerrada, de principio a fin, sino una ruta de navegación, abierta hacia los mares aún ignotos de la vida, pensando en lo que serán los niños de hoy cuando se jubilen, en torno al año 2070. ¡Me da vértigo el pensarlo! ¿Cómo educar para entonces? ¿Cómo abrir surcos en un mar que parece seguir impávido su fuerte movimiento, sus terribles tormentas y las, aún peores, calmas chichas?
Es un libro para “Navegantes en la fe”, es decir, para Mareantes, que son ante todo los maestros que buscan el “tesoro” de la fe en el corazón de los niños y jóvenes… Es un texto (indirectamente) para niños y jóvenes que son el tesoro, pues lo llevan en el corazón… Todos navegamos, en un mar donde sólo la “fe” nos orienta, como la brújula de la portada del libro: La fe de los padres y educadores, la fe de los mismos niños que pueden crecer sólo si creen en los ideales y caminos que les ofrece la sociedad, en los ideales de la vida.
Una reflexión personal, un libro abierto
Emilio habla (el libro está hablado más que escrito) de un modo personal, sembrando su texto con las memorias de su vida. Sus memorias no son las mías, su modo de entender algunos rasgos de la fe no es el mío (en política, en la forma de entender la excelencia educativa)… Pero me siento feliz de dialogar con él, de impulsar su proyecto, en un camino en el que sigo embarcado, por padre, por madre, por mí mismo.
Déjame, Emilio, que presente mis credenciales (pues empiezas diciendo que una persona tiene que empezar diciendo quién es, sin vanagloria, pero con confianza en su camino). Tu forma de unir las dos "vocaciones" (navegante y maestro), me viene de padre y madre. Es lo que he querido ser. Deja que te lo diga:
‒ En un sentido, mi mejor educador fue mi padre marino de muchos mares, gran cristiano católico (universal) que volvía tras meses de ausencia con la brújula admirada de la vida en los ojos, atento a las diversas culturas, respetuoso con la diversidad, para sentirse totalmente ajeno a la situación imperante en la España de entonces. La portada del libro podría ser la imagen de su vida.
‒ En otro sentido mi mejor educadora fue mi madre, sancionada por no franquista, gran cristiana desterrada , (y mis hermanos y yo con ella) en un pueblo de montaña en la Concha del Alto Riomiera, en tierra de pasiegos: Una escuela de bancos y mesas de tablones, sin sillas… Con más de sesenta niños y niñas a los que enseñaba todo, leer, unas cuentas, experiencia y compromiso cristiano de la vida.
‒ Después yo he sido educador, más de treinta años, en una Universidad de la Iglesia, navegando en teología, filosofía y estudios religiosos. Me he visto reflejado en muchas de las pautas que ofrece Emilio. He enseñado contenidos pero, sobre todo, creo que he querido (y a veces he podido) ayudar a los alumnos y amigos en la gran tarea de orientarse con Jesús en la gran derrota de la vida.
Conclusión. Gracias, Emilio
Verá el lector experto que utilizo la palabra “derrota” en el sentido náutico de rumbo… Un rumbo que se dirige hacia una meta, pero que hay que ir cambiando cada vez, pues vientos, corrientes y variaciones magnéticas hacen que vayamos tomando una deriva distinta de la propuesta.
En esa gran derrota de la fe nos ha situado Emilio con ese bellísimo libro. Tiene, como he dicho, algunos elementos que quizá no comparto… Parece que él quiere educar más en un tipo de excelencia (para el triunfo), con voluntad poderosa. Yo acentuaría más el aspecto afectivo, en la línea de los derrotados, de los excluidos, que tienen para Jesús los primeros derechos.
Ya sé que Emilio optó por ellos (y sufrió y sufre con ellos)…, pero me da la impresión de que avanza en su libro con un deseo de que los niños “triunfen” (con ejemplos de triunfadores…). Sin quitar un ápice a su propuesta, quizá yo acentuaría más la otra línea, la de “vendar los corazones rotos”, la de cuidar las heridas, desde abajo, sin grandes ilusiones de triunfo cercano. En este momento me siento más cercado al “cuidado” que al impulso triunfador. Pero ambos momento no se oponen, sino que se necesitan y enriquecen.
En esa derrota o travesía nos une la “fe” de Jesús (la de la Iglesia); pero una fe que, al mismo tiempo, y en el fondo es la fe en el don de la vida (el justo vive de la fe, todo lo que se haga sin fe se destruye, dice Pablo). En esa línea, allí donde Emilio acaba (navegantes de la fe), podríamos comenzar de nuevo, recuperando y recreando el camino de la vida humana (que es vida de fe que se centra para nosotros en Jesús, pero que supera los límites de la misma Iglesia), con la fe como agua y mar de nuestra navegación. Pero de eso quizá podremos hablar otro día.
Nada más. Gracias Emilio por el libro. Que las “heridas” de la navegación, desde las más externas (desde la oposición a tu gran obra “O Belén”), hasta las más personales (prohibición de participar en las Jornadas de Educadores de la fe) y profundas (enfermedades de colon y de corazón) te hayan curtido y te sigan curtiendo en la tarea de la fe, que es tuya y es nuestra. Si tienes un lugar, déjame estar en tu barco; no podré ayudarte mucho, pero aprenderé contigo). Sabes que tienes un lugar en mi corazón de cristiano. Xabier