Pedro ¿me amas…? Examen de amor, reforma de la Iglesia
El Papa Francisco ha creado una comisión de ocho grandes obispos para trazar un plan de reforma de la Iglesia, que vendán a Roma, pasado el verano, antes que invierno crezca.
El Papa Pedro creó un grupo de trabajo de siete pescadores,entre los que se incluyó, para recrear la Iglesia (para reunir y dar fuerza a las comunidades) cuando había llegado ya la noche.
El Papa Pedro los llevó a la mar y navegaron juntos, con redes y remos, una noche entera... y para su sorpresa amaneció Jesús en la Ribera cuando volvían vacíos y cansados... y les dijo que volvieran a empezar.
Tendrán que salir a la mar, el Papa Francisco y sus Ocho Cardenales, y tendremos que salir otros muchos, y volver a la barca, tras la dura noche, para empezar y reempezar...
Sólo entonces podrá comenzar el examen de amor, un examen de amor cruzados, que se fecundan unos a los otros, para que surja de verdad la Iglesia.
Introducción
Para que su iglesia sea iglesia, Pedro tiene que convertirse al amor…, descubriendo a Jesús como Amado, y cuidando (=amando) a sus ovejas, es decir, a todos. Así pasamos del Discípulo Amado (a quien Jesús amaba) a Pedro que debe descubrir y querer a Jesús como Amado de su alma, en un gesto de entrega a favor de sus Ovejas (¡apacienta!).
Estamos ante un bellísimo triángulo de amor, entre tres hombres (=seres humanos, varones o mujeres…): Pedro, el Discípulo amado y Jesús. Pero en el fondo están los otros, todos los otros: Los siete de la barca, el traidor de la cena, todas las ovejas, es decir, todos los pueblos del mundo llamados al amar.
El texto parece simbólico, pero eso no le quita dramatismo ni hondura, sino todo lo contrario: Le da mucha más hondura, pues nos hace descubrir que lo que pasa aquí no es una simple anécdota, que pudo pasar sin más importancia, sino que un signo y compendio (un modelo) de todos amores humanos de hombres y mujeres (amores personales…), amores abiertos a la misión de la Iglesia.
Hay en el texto enigmas difíciles de discernir, pero un fuerte camino de luz, que nos ayuda a comprender la tarea de la iglesia en una línea de triángulo amoroso, de relaciones dobles (Jesús y Discípulo amado, Jesús y Pedro, Pedro y Discípulo amado, Jesús y Judas, Pedro y todas las ovejas…). Estamos ante un amor simbólicamente homo-erótico que se abre a todos los amores. Significativamente, en la escena falta María Magdalena (que era central en Jn 20), porque su función ha pasado quizá al Discípulo Amado.
Con estos siete de la barca, Jesús y el Amado, Pedro y las ovejas de la gran misión… ha trazado Jn un panel o mural de la historia de la Iglesia, un mural que cada época tiene que descubrir y recrear. Pienso que ahora (año 2013, con el Papa Francisco en la Iglesia Católica) estamos en un buen tiempo para descubrirlo. Hoy presentaré en general a los personajes. Mañana o pasado insistiré en algunos detalles. Por favor, para entender el texto léanlo primero, todo Jn 21.
Quiero que los lectores de mi blog me ayuden, nos ayudemos a entender la escena, el misterio de la vida, el amor completo... Desde el símbolo de un amor homo-erótico ha tejido el evangelio de Jn una bellísima parábola de amor universal, donde "homo" se puede entender como "humano" (con fondo latino, no griego). De amor humano trata este pasaje, del Dios que es Amante y se hace Amado... Gracias a todos los que sigan leyendo el texto.
Un triángulo complejo. Los textos del Amado
Concluye con este post la serie dedicada al Jn 21. Pedro ha dirigido la faena, ha conseguido mucha pesca, pero no conoce aún a Jesús: No le ha distinguido en la noche y parece incapaz de discernir lo que está haciendo (lo que de verdad está pasando en la dura historia humana, sobre el mar desconocido). Por el contrario, el Discípulo amado (aquel a quien Jesús amaba: Jn 21, 6) ha conocido a Jesús y sabe lo que pasa y se lo dice a Pedro, compartiendo de esa forma su experiencia con los compañeros de la barca.
‒ El Amado se lo dice a Pedro: Él “conoce” y quiere que otros le conozcan. Ése es el primer tema: El Amado no calla su afecto, no quiere que su Amor sea sólo para él (¡mi amado para mí…), sino que lo dice, se lo dice a Pedro (Jn 21, 7), deseando así que también Pedro sea Amado, es decir, que conozca a su amor. Tenemos, pues, una relación homo-erótica (Jesús Amor y Discípulo amado), pero que no se cierra, en sí misma, en un armario oculto, tras un velo, sino todo lo contrario: El Amado dice su amor, lo comunica, en el momento central de la gran Tarea, cuando vienen en la barca llena de peces.
‒ El Amado ha querido saber quién es el Traidor… El texto nos dirá poco después que el Amado es aquel que en la Cena que recrea y enamora (Juan de la Cruz!) se reclinó sobre el “pecho” de Jesús, que era su descanso y su vida, preguntando: ¿Quién es el que te va a entregar? (Jn 21, 20; cf. Jn 13, 26). No son celos egoístas, sino deseo de que se conozcan bien las relaciones, de que sepa dónde está cada, de que las relaciones se aclaren e iluminen, sean transparentes. El Amado ha penetrado en la entraña de la experiencia afectiva de Jesús y de su grupo, hecha de afectos y odios, de fuertes pasiones de vida. El Amado es un hombre que quiere saber…
‒ El Amado ha estado bajo la Cruz, con la Madre y las mujeres, y en especial con María Magdalena. No es un “hombre” que se separe de otros, sino todo lo contrario… Es un “hombre” que sabe acompañar en el dolor y en el riesgo de la muerte, es un testigo, un mártir que ha sabido mantenerse firme en la persecución y el dolor, asumiendo la tarea de “recibir” a la madre (Antiguo Testamento, Israel) y de acompañar a las mujeres…. (Jn 19, 25-27).
‒ El Amado ha corrido al sepulcro y ha creído. Ha llegado antes que Pedro. Pero deja a Pedro que entre primero. El Amado cree, cree precisamente en el momento en que descubre la “ausencia” física del cuerpo de Jesús, a diferencia de María Magdalena (que todavía necesita cuerpo…) y sobre todo de Pedro que se va sin creer del todo… que no acaba de creer, porque no acaba de amar y ser amado, no ha estado bajo la Cruz… (cf. Jn 20, 1-10).
Una reflexión. Los personajes del triángulo
‒ Jesús Amante y Discípulo Amado. Este Discípulo Amado parece un varón como he dicho (aunque podría ser en el fondo una mujer, tiene rasgos que le vinculan con María Magdalena). Lo extraño es que sea un Varón al que Jesús ama (es el amado de Jesús).La relación es claramente homo-erótica, aunque no tiene por qué ser homo-sexual en sentido físico. Estamos ante el signo del amor fuerte de dos Hombres. Jesús aparece como activo, el discípulo como receptivo. El tema es bien conocido (¡es normal!) en las relaciones de maestro con discípulos en el mundo griego. No necesito precisarlo, pues todos los que conocen el mundo griego lo conocen. Jesús aparece como Amante Activo: Es el que ama al Discípulo, como dice varias veces el texto… Este Jesús es signo del Dios a quien la tradición presenta como Amor Efusivo (amor que se da, amor que crea-recrea), pero un amor en forma de hombre, es decir, de ser humano.
‒ De nuevo el Discípulo amado y Pedro… Esta relación está en el fondo de toda la escena… y de todo el Evangelio de Juan. Es una relación de grupos (de iglesias…). El Discípulo amado es signo de una Iglesia que ha tenido malas relaciones con Pedro (con la Iglesia de Pedro). Pero ha descubierto que deben “reconciliarse”. Por eso, el mismo Discípulo amado es el que “empieza”, es que dice a Pedro: ¡Es el Señor! Es evidente que en un sentido han sido rivales, pero están en la misma barca… Y el Discípulo amado le ofrece su “amor” (su conocimiento) enseña a Pedro, diciéndole donde está Jesús). Al final de la escena, Pedro seguirá teniendo celos del Discípulo amado, y así se lo dirá a Jesús (Jn 21, 20-22), pero Jesús le reprenderá (como seguiremos viendo)…
‒ Jesús y Pedro. Jesús Maestro Amado… Veremos cómo Jesús le dice a Pedro por tres veces: ¿Me amas? Y se lo pregunta con las dos palabras clave del amor: Agape y Philia… (Jn 21, 15-17). Sin ningún rubor se lo pregunta Jesús, porque “quiere ser amado”. Así pasamos del Jesús que ama al Discípulo amado al Jesús que quiere ser el amado de Pedro… Fijémonos bien en esto: Jesús que quiere convertirse en sujeto receptivo, como el mismo Dios de la gran tradición judía y helenistas, que es el “eromenos”, aquel que todo lo atrae con su amor (Grecia), aquel de quien se dice “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón…” (Shema de Israel, Dt 6, 5).
‒ Jesús le pedirá a Pedro “más amor” (¿me quieres más que estos…?). Se lo pedirá porque le quiere confiar una tarea mayor, de amor “activo” de amor pastoral, de cuidado… Este Pedro ya no es sólo el “Amado” (como el otro discípulo), sino que ha de ser el Amante de Dios, el que regala su vida a Dios, al regalársela a los otros, a los siete de la barca, a todas las ovejas… El Dios Amante que se expresa en Jesús (¡tanto amó Dios al mundo que le regaló a su Hijo…!) viene a presentarse como Dios Amado… Jesús pide el amor de Pedro… pidiéndole que ame a sus ovejas.
‒ Igual que en Mt 25, 31-46. El amor se convierte en tarea… El Jesús “Amado” de Pedro (el Dios amado de Pedro) se convierte en signo de los hombres y mujeres a los que Pedro tiene que amar (apacentar) de un modo especial, pero no exclusivo (Al lado de Pedro seguirá el Discípulo amado a lo libre…, como seguiremos viendo en Jn 21, 20-23). Pero ahora quiero solo destacar un hecho. En el fondo de ese pasaje, donde Jesús pide a Pedro que le ame, identificando en el fondo ese amor con el amor-cuidado por todas las ovejas, sigue estando la experiencia de Mt 25, 31-46, donde Jesús pide a los hombres y mujeres que le amen, amando a los hambrientos, sedientos, exilados, desnudos, enfermos y encarcelados…
Pero con esto parece que hemos dejado a un lado el tema del amor homo-erótico. De ninguna manera. Volveremos a verlo mañana.