Entre "blasfemia" y asesinato. ¿Todos somos Charlie? (Zabala-Pikaza)
Los trágicos sucesos de Paris, con el asesinato de los periodistas de Charlie-Hebdo y de los judíos de una mercado kosher, con la respuesta posterior de la policía y la política, merecen una respuesta más detenida y profunda de lo que yo puede ofrecer.
Había preparado unas notas para una postal de urgencia, pero varios trabajos, algunos muy buenos(de A. Agustín Panikker en Facebook, de J. Arregi en RD...), me han hecho desistir. Pues bien, Pedro Zabala me ha mandado una reflexión honda y sensata, como todas las suyas, titulada “Asesinos, sembradores de miedo y odio”, y así quiero publicarla... y con esa ocasión he añadido algunas ideas propias, en forma de esquema.
El lector rápido vaya directamente al trabajo de P. Zabala. Quien tenga más tiempo empiece por mi introducción, con ideas que quizá podré desarrollar un día, en un línea de profundización cristiana y diálogo entre culturas, como quise trazar en el Diccionario de las tres religiones (en diálogo con A. Aya, amigo musulmán que tanto sufre por todos estos asesinatos.
Reflexiones básicas (X. Pikaza)
1. Desde nuestro punto de vista cristiano y racional (y creo que desde el auténtico Islam) el asesinato de los periodistas de París no tiene justificación alguna. Por eso lo comienzo condenando, sin más, sin paliativos, sin rebajas ni peros de ninguna especie. Ha sido simplemente un asesinato y punto. Ha sido además una “vergüenza” religiosa, si aquellos que lo han perpetrado piensan que lo hicieron por defender a Dios. Quede este bien claro, no quiero repetirlo. También yo empiezo y acabo siendo Charlie.
2. Dicho lo anterior, hay que entender que los “asesinos” de París han querido condenar y vengar lo que para ellos ha sido una “blasfemia”: Unas caricaturas del Profeta, que van en contra de Dios. Actuando así, ellos se piensan herederos de una tradición monoteísta: El Antiguo Testamento Judío condenaba a muerte a los blasfemos. Un tipo de Islam sigue pensando que hay que matar a los blasfemos (como lo han penado hasta hace poco muchos cristianos). Esos asesinos se creen “hombres de Dios”, portadores de su juicio. Pero tenemos que decirles que su celo es equivocado y homicida, contrario al verdadero Dios y a la verdadera razón humana.
3. El asesinato por blasfemia tiene una importancia radical para los cristianos, pues conforme al testimonio del NT (que habrá que verificar mejor históricamente) los sacerdotes del templo de Jerusalén condenaron a muerte a Jesús porque “blasfemaba”, es decir, porque presentaba una “caricatura” de Dios, le utilizaba para fines contrarios a los del auténtico Israel. No olvidemos esto: Conforme a la visión cristiana, a Jesús le mataron por blasfemo, y aquellos que le asesinaban creían hacer un servicio a Dios (como sabe y dice el evangelio).
4. El Jesús del Nuevo Testamento ha condenado radicalmente la blasfemia (cf. Mc 3 par.), diciendo que un tipo de blasfemos (los que van en contra del Espíritu Santo) no pueden ser perdonados (se destruyen a sí mismos). De todas formas, el NT no condena a muerte física a los pretendidos “blasfemos”, (como han hecho las inquisiciones), sino que eleva ante ellos la gran palabra de aviso: ¡Os estáis condenando sin remedio! No olvidemos ahora que en otros tiempos muchos cristianos han matado a gente menos “culpable” que los periodistas de Charlie, por pensar que eran blasfemos (para mantener un orden religioso, un poder social, una determinada forma de entender la religión).
5. Pues bien, esa “blasfemia imperdonable” de Mc 3 y paralelos no es ya directamente blasfemia contra Dios, ni siquiera contra Cristo (su profeta). La blasfemia que destruye a quien la comete es la que va en contra del Espíritu Santo, es decir, en contra de la obra liberadora de Jesús: Blasfeman contra el Espíritu Santo y no tienen perdón (si no cambian de un modo radical) los que impiden la salvación de los pobres y excluidos. No hay según eso pecado contra Dios en sí (ni contra Cristo, su profeta-mesías-hijo), sino pecado contra los pobres y excluidos de la tierra.
6. Dicho eso, y defendiendo de un modo radical la libertad, tenemos que añadir que sólo es auténtica una libertad que respeta la vida y sentimiento de los otros. Ciertamente, los caricaturistas de Charlie-Hebdo tienen libertad de pluma y mente, han hecho lo que han creído bien (supongo que con buena intención, sin querer herir a nadie)…, pero ellos no deben despreciar las creencias de otros, que no son un bien privado, sino un “bien social”. En ese sentido les pedimos mucha mayor madurez y responsabilidad si quieren seguir siendo periodistas satíricos. En el fondo de alunas caricaturas de Charlie-Hebdo hay un desconocimiento del Islam y quizá una falta de sensibilidad ante sus más hondos sentimientos personales y religiosos.
7. Tengo la impresión de que los periodistas de Charlie-Hebdo (y otros muchos “cultos” occidentales ) tienden a ignorar los valores del Islam, en su historia, en su cultura de fondo de paz… En concreto, los de Harlie-Hebdo con sus caricaturas han herido sin causa a millones y millones de musulmanes. Podían hacerlo, y les defiendo. Lo han hecho para que todos sonriamos, y les aplaudo. Pero quizá se han creído superiores por pertenecer a un primer mundo que se piensa el ombligo de la razón cósmica, del pensamiento absoluto, y en ello se equivocan.
8. Por su parte, los musulmanes han de aceptar el “juego” de la libertad de occidente, que les permite vivir y practicar su religión (en contra de lo que hacen muchos “estados musulmanes” que no dejan libertad de hecho para los cristianos). Y en este mundo en que estamos (año 2015) han de responder con el pensamiento y la palabra, no con las bombas. Por eso, sigo condenando sin paliativos el asesinato de los periodistas de Paris.
9. Por otra parte, no podemos olvidar que somos “contemporáneos”, pero no coetáneos… El mundo occidental parte del mundo musulmán vivimos en “etapas históricas” distintas y todo encuentro entre nosotros es difícil. Por eso se requiere tiempo para adaptarse… Hace falta mucha comprensión de los demás, acudiendo al pensamiento a la vida, a la solidaridad e incluso al perdón, no sólo a la policía.
10. En conjunto, no he visto entre los políticos más respuesta real que la de una “mejor policía”. Ciertamente, una buena policía es necesaria, pero ella no arregla los problemas de fondo. Hace falta compender a los demás, dialogar con ellos (y en cristiano perdonar). Pero de esto trata mejor que yo P. Zabala
11. Por otra parte, pido a los asesinos de los periodistas (y a los que son como ellos) mucha más fidelidad al mensaje profundo del Islam, un mejor pensamiento “racional” (la vida humana es un bien supremo…) y también un poco más de humor. Los “terroristas” tienen poco humos, no comprenden a los caricaturistas de Charlie-Hebdó que nos hacen sonreír de todo, haciéndonos más humanos. Como he dicho, la verdadera blasfemia no está en esas viñetas contra Cristo o Mahoma, contra Dios, el Papa o los obispos… La blasfemia es destruir a los pobres.
12. Finalmente, en el fondo de todo sigue habiendo un problema de cultura y de economía. Ciertamente, Francia quiere ser desde su famosa revolución de finales del siglo XVIII el paraíso de la libertad… Pero se trata de una libertad vigilada, vinculada al capitalismo mundial, con fuertes intereses económicos de tipo colonial en buena parte del mundo. También eso cuenta a la hora de entender los temas… Aquí está a mi juicio el gran problema, la auténtica “blasfemia” de nuestro famoso mundo “civilizado y racional”: En nombre de un tipo de “razón económica” dejamos morir o matamos cada día de hambre y terror a unos 40.000 hombres y mujeres. Los doce o diecisiete asesinados de París tienen valor infinito (cada persona lo tiene). Pero también cuentan (y sobre todo) los que mueren de hambre a causa de una cultura inhumana y blasfema como la nuestra (blasfema en el sentido de Cristo).
Pero no quiero seguir, otro día presentaré quizá otras reflexiones. Las que hoy importan son las de Pedro Zabala, que ahora siguen. Gracias Pedro, una vez más, lo que sigue es tuyo.
ASESINOS, SEMBRADORES DE MIEDO Y ODIO Pedro Zabala
Los terroristas no son ciegos. Matan, torturan, secuestran... No creen en los Derechos Humanos, por encima de ellos están sus dogmas, sean religiosos, políticos o económicos. En ese altar monstruoso sacrifican despiadadamente a sus víctimas. Sus actos no nacen del acaloramiento de una cólera súbita, son fruto de decisiones fríamente tomadas y planificadas.
Cierto que. cuando se invoca al mismo Dios para justificarlas, añaden un elemento de perversión que llega hasta preferir morir por la esperanza en un paraíso donde creen se verán recompensados. Claro que sería injusto deducir que cualquier creencia religiosa lleva a sus seguidores al fanatismo y a ejercer la violencia para imponer sus dogmas. Lo mismo podría decirse de esas otras formas laicas de religión que son, por ejemplo. los nacionalismos, el neoliberalismo o las variantes del marxismo. Lo que distingue al fanático es su inseguridad interna: quiere negarse las dudas que están siempre en fondo de todo creencia. Por eso, como suele decirse, el que no quiere razonar es un fanático; el que no sabe razonar es un tonto; y el que no se atreve a razonar es un esclavo.
Estamos horrorizados por los recientes asesinatos cometidos en Francia con una semanario satírico por haber publicado caricaturas de Mahoma. Luego extendidos a los cometidos en una mercado judío y contra un policía, musulmán y de origen magrebí. Las protestas se han alzado en nombre de la libertad de expresión. Libertad que en las democracias formales se considera sagrada y absoluta, lo mismo que la propiedad privada. La libertad de expresión, consecuencia de la de conciencia, es uno de los Derechos Fundamentales de las personas humanas. ¿Son por ello, absolutos e ilimitados?. No por cierto, aunque así lo pretenda el individualismo dominante en el pensamiento único. Pertenecen a seres humanos, limitados constitutivamente, y no entes aislados. Somos nudos de relaciones: nuestra personalidad se va progresivamente modelando a través de los contactos que vamos manteniendo recíprocamente a lo largo de nuestra existencia. Y están limitados además por su misma finalidad, una extralimitación no es un uso de esos derechos, sino un abuso y por tanto es ilegítima. Los atentados contra la recta libertad de expresión pueden venir de quienes los utilizan abusivamente, de los poderes políticos y de otros particulares, sean colectivos o individuos. Muchas de las caricaturas publicadas en ese semanario eran directamente una ofensa contra profundos sentimientos de otras personas y, por ende, condenables. Esto no quita para que cortar la vida de sus redactores no sea una aberración muchísimo más grave: la vida, la integridad física de las personas es el corolario más directo y primordial de su dignidad.
Las masivas manifestaciones que se han producido en contra de esta barbarie han reunido, junta a muchas gentes indignadas de buena voluntad, a dirigentes políticos que ha hecho alarde de un cinismo hipócrita. ¿Cómo explicar su silencio cobarde ante los crímenes mucho mayores que se cometen en todo el planeta?. ¿Cómo pueden decir que defienden la libertad de expresión quienes no dudan en coartarla cuando creen que perjudica sus intereses?. ¿No son muchos de ellos los que han armado y financiado originariamente a esos grupos de fanáticos para enfrentarlos a sistemas políticos que no se sometían a sus dictados?. ¿No emplean algunos de ellos terrorismo de estado para sojuzgar a sus oponentes nacionales o de países rivales?. ¿Y no es la desigualdad creciente con sus secuelas de pobreza crónica, además de la destrucción de la naturaleza otra forma de terrorismo más perversa y con más víctimas?.
¿Seguirán dormidos los musulmanes moderados que tienen otra idea de un Islam basado en Alá, el Compasivo, sin enfrentarse con esos asesinos fanáticos y atrapados entre el recelo y odio de otras gentes?.
Y viene la segunda parte de esta tragedia, más letal y a más largo plazo. son asesinos, que han sembrado miedo y odio. Esas semillas están floreciendo en todo el mundo. La xenofobia, la desconfianza al diferente crece sin parar. Y ya hay grupos políticos que lo están aprovechando y avivando. El fascismo no ha muerto y está presto a resurgir, aprovechando las mismas causas que motivaron su auge en el siglo XX.
Y los gobiernos occidentales no dudan en aplicar esos miedos para en nombre de la seguridad, ir cercenando las libertades de sus ciudadanos. Se trata de controlar el riesgos de esos fanáticos, pero todos empezamos a ser sospechosos: o por tener la tez morena, o por seguir una dieta especial, o por usar Internet u otros medios modernos de comunicación. ¿El Gran Hermano que quiere controlarlo todo no está ya entre nosotros?. ¿La vida privada no tiende a desaparecer, fagocitada por las mordazas del poder?.