Hazte socio/a
Última hora:
Todo el viaje del Papa a Francia, #primeroRD

Dom 27.9.26. Publicanos y prostitutas os preceden en el reino de Dios (Mt 21)

El año 1975, bajo la dirección de X. Zubiri, en el Palacio de las Siete Chimeneas  de Madrid, un grupo de profesores de la Univ. Pontificia de Salamanca, estudiamos con cierta detención este pasaje de los publicanos y las prostitutas, según Mt 21, siguiendo el libro clásico de J. Klausner, Jesús de Nazaret, donde el político judío, uno de los creadores del moderno estado de Israel, admiraba y criticaba esta parábola de Jesús.  

1) Estas palabras de Jesús (publicanos y prostitutas os prece den en el reino) son lo más excelso del judaísmo, pero no pueden cumplirse. Por eso, los judíos, las mantenemos ahí, como ideal, pero regulamos el mundo y la ciudad según ley: Hacemos justicia a publicanos y prostitutas, pero no dejamos que guíen ni nuestra la religión, que son cosas serias de “sacerdotes”, senadores y juristas.

2) Los cristianos han puesto esas palabras en el centro de su evangelio, como si pudieran cumplirse. Pero no las han cumplido, ni antes ni ahora. Hablan de publicanos y prostitutas para el Reino, pero no les hacen ni justicia: Siguen marginando y expulsado a las prostitutas (en el fondo a todas las mujeres), han hecho una iglesia de malos publicanos (de poderes políticos y económicos injusto).

3). Jesús fue bueno, pero no era justo, según el judaísmo… Jesús era piadoso, pero su piedad no lleva a ninguna parte…. Y además no se cumple. El cristianismo sigue creando publicanos y prostitutas… Primero los crea, luego dice que les acoge… pro se aprovecha de ellos y les expulsa

Hoy, pasados  50 años de aquel curso, quiero recoger las reflexiones de entonces y enriquecerlas con nuevas propuestas.  

PARÁBOLA DE MATEO

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.» Él le contestó: «No quiero.» Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: «Voy, señor.» Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?» Contestaron: «El primero.» Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis. (Mt 21, 28-32)

REFLEXIÓN GENERAL

‒ Publicanos y prostitutas forman parte de un mismo pecado, de de un pecado que no es básicamente de ellos, sino del conjunto de la sociedad que prostituye a un tipo de mujeres, y después les echa la culpa, que utiliza a un tipo de publicanos (para realizar los negocios económicos “sucios”) y después le condena.

‒ Puede haber publicanos y prostitutas que son pecadores, pero en un sentido posterior de pecado (de tipo sexual e incluso social), pero, en sentido estricto, tal como formula Jesús esta palabra y la sitúa en el centro de su evangelio, el gran pecado no es de de los publicaos y las prostitutas  y ellas, sino del conjunto de la sociedad, que les utiliza, les expulsa y les condena. Publicanos y prostitutas son víctimas de una sociedad que les utiliza como chivo expiatorio, les explora social y sexualmente, para luego condenarles.

‒ El pecado de fondo de unos y otras es el mismo, como he dicho: Tener que venderse o, mejor dicho, estar vendidos de antemano, ser objeto de venta de la sociedad de los que se llaman a sí mismos “hijos de Dios” (como dice Gen 6).En sentido general, en aquel contexto “patriarcalista” a la mujer se la vende (y para vivir ella tiene que dejarse vender) como sexo, como “saco de culpas”, como mala “carne”. De manera convergente, a un tipo de varones se les vende (y ellos tienen que venderse) para sobrevivir. Por eso, más que pecado de publicanos y prostitutas éste es el pecado de aquellos que prostituyen a las mujeres y “publicanizan” a los hombres, los esclavizan por dinero.

— Jesús no comienza su camino de reino con los que se presentan como Buenos (y condenan a otros a la prostitución del cuerpo o del dinero), sino con los publicanos y prostitutas, de los que no se dice que “os precederán al final”, sino que os están precediendo ya, ahora… No dice “os precederán” (en el cielo futuro), sino que os están precediendo (en este mundo), ellos están abriendo con Jesús el camino del Reino. Ellos son los “guías” (pro‒agousin). Hay que fijarse muy bien en esto. Según la carta a los Hebreos, el “prodomos” (el explorador y pionero) del reino de Dios es Jesús. Pues bien, según este pasaje del documento Q   de Jesús,  los pioneros o guías del reino no son los sacerdotes y escribas judíos, ni los doce de Jesús, como Pedro (los Doce y Pedro vienen después), sino los publicanos y las prostitutas.

— Jesús no dice esta palabra a la gente en general sino a los «sumos sacerdotes y ancianos/senadores»(Mt 21, 23), es decir a las autoridades religiosas y civiles. Ellos, los que crean un mundo de prostitución y venta económica, creyéndose buenos y pensando que tienen la razón, no pueden “convertirse”, no pueden cambiar, en cambio los publicanos y prostitutas pueden cambiar, pueden iniciar un camino de reino.

— Conforme a este evangelio (Mt 21, 23) Jesús viene de «discutir» con sacerdotes y políticos (senadores), y ha visto que no cambian, no pueden cambiar, de manera que en esa línea les ve irrecuperables…a no ser que publicanos y prostitutas abran para ellos un camino.

‒‒ Ciertamente, hay otros poderes importantes, civiles y/o religiosos, de jueces, agricultores o soldados… pero Jesús ha visto como “pecado original” y principio de todos los pecados (en una línea que comienza ya en Gen 6) con los buenos, los llamados “hijos de Dios” que se apoderan de las mujeres, las violan, las prostituyen, poniendo así en riesgo la vida de la tierra (el signo del diluvio).

COMENTARIO (de X. Pikaza, Evangelio de Mateo, Verbo Divino, Estella 2017)

Tras la disputa sobre el origen del poder de Jesús, con la referencia a Juan Bautista, Mateo introduce este pasaje que interpreta y completa lo anterior, presentando la opinión de Jesús sobre Juan Bautista. Posiblemente era en principio un texto independiente y formaba parte del Q (cf. Lc 7, 29-30), pero ha sido muy reformado por Mateo, en su línea de conjunto, y también por Lucas, que le ha dado un contenido y sentido más doctrinal.

Éste es un texto históricamente muy significativo, pues sigue vinculando a Jesús con Juan Bautista, para indicar que ambos recorren un mismo camino, en oposición a los sumos sacerdotes y ancianos del texto anterior (Mt 21, 23-27). Este pasaje sirve a Mateo para ilustrar su mensaje, pero al mismo tiempo recoge tradiciones de disputas anteriores de Jesús y sus discípulos con las autoridades sacerdotales y sociales. Es un pasaje escandaloso, siendo muy consolador, pues no dice que los publicanos y las prostitutas “os precederán” (en futuro), sino que os preceden (21, 31: pro‒agousin), ahora mismo (en este mundo), como Jesús que precede a los suyos en el camino de vuelta a Galilea (26, 32; 28, 6)[1].

     El primer hijo, que primero dice “no”, pero después se ·”convierte” y cambia, podría referirse a los gentiles, pero, en sentido más preciso representa a los publicanos y prostitutas, que han empezado rechazando la voluntad del padre, pero al final se arrepienten y van a la viña. Por el contexto, el segundo representa a los sacerdotes y ancianos, que han dicho a Dios que “sí”, pero después no van. Desde ese fondo debemos unir este pasaje con 11, 19, donde a Jesús le acusaban de amigo de publicanos y pecadores:

‒ Juan y Jesús, dos estilos (11, 16-19). Muchos habían tomado a Juan Bautista como un “loco”, pues no comía ni bebía, dando la impresión de que no le importaba la necesidad de los hombres concretos, sino sólo la protesta de los austeros penitentes, elitistas, separados del mundo. Jesús, en cambio, se mostraba como un comilón y bebedor, amigo de publicanos y pecadores/as   esto es, como alguien que formaba parte del submundo de los excluidos (publicanos, prostitutas….) fuera del buen pueblo de la alianza (presidido por los sacerdotes, y ancianos).

‒ Jesús apela a Juan Bautista. Pues bien, a pesar de la austeridad de Juan, Jesús afirma que los publicanos y prostitutas (21, 32) creyeron en él, aceptando su camino de justicia, “mientras que vosotros (sacerdotes-ancianos) no creísteis en él”. Eso significa que, siendo tan distintos (11, 16-19), Juan y Jesús tenían una misma meta, de forma que el camino de penitencia para conversión de Juan Bautista había culminado en el mensaje de Reino de Jesús. De esa manera, los publicanos y los pecadores/prostitutas, que habían creído en Juan, aparecen vinculados al mismo tiempo con Jesús (aceptan su camino), en contra de los sacerdotes y ancianos importantes del pueblo.

 Jesús contesta así a los sacerdotes y ancianos de 21, 23 diciéndoles, por un lado, que Juan y su Bautismo venían de Dios, y acusándoles por otro de no haber respondido a su llamada, a diferencia de publicanos y prostitutas, que aparecen así unidos en línea de conversión. De los primeros he tratado ya al ocuparme de 9, 9-12. De las prostitutas, en el comentario a 19, 9, de manera que ahora puedo retomar lo ya dicho en perspectiva de conjunto[2].

 ‒ Publicanos y prostitutas creyeron en Juan Bautista (21, 28.31). Ellos habían empezado diciendo al padre que “no”, pero después fueron. En esa línea se dice que han escuchado y acogido la palabra de Dios, convirtiéndose, como quería Juan Bautista, y/o aceptando el camino de la comunidad mesiánica de Jesús (cf. 11, 19). Publicanos y prostitutas “acudían” a la escuela de Juan, en la que estuvo Jesús, por lo menos hasta su bautismo (cf. Mt 3), de manera que cuando dice que creyeron en Juan podría estar evocando un recuerdo histórico.

En esa línea, al haber formado parte de la comunidad de Juan Bautista, Jesús debe haberse relacionado con esos “pecadores” (publicanos y prostitutas). Ciertamente, no todos los publicanos y prostitutas fueron donde Juan Bautista, pero algunos lo hicieron, los suficientes para descubrir que Dios les ofrecía un camino de salvación, y para que Jesús se relacionara con ellos.

 ‒ Os preceden en el Reino de Dios (21, 31). Han aceptado el camino de Juan y han buscado a Jesús, a diferencia de los sacerdotes y ancianos que no creen más que en sí mismos y sólo buscan el mantenimiento de su poder (cf. 21, 23-27), rechazando así el camino del Reino de Dios. Evidentemente, Jesús no habla de la conversión de todos los publicanos y prostitutas, sino de algunos, que asumieron el camino del Reino. ¿Qué ha significado para ellos creer e iniciar ese nuevo camino? ¿Cómo han empezado a comportarse? Mateo no lo dice. Pero es indudable que sabe que algunos han empezado portarse de un modo distinto, encontrando un espacio de vida y comunión en la Iglesia.

La palabra “os preceden”  parece suponer que Jesús va delante de (con) ellos, abriendo camino, como un “pionero”, explorador del Reino, adelantado de la Nueva Humanidad (del Hijo del Hombre), mientras que sacerdotes y ancianos no le siguen. Esta palabra de seguimiento no habla de algo que sucederá en el futuro, sino de algo que está sucediendo ya (os preceden, en presente). En esa perspectiva se podría suponer que los que debían preceder a los demás con Jesús son los Doce. Pero este pasaje afirma que los adelantados (exploradores) del Reino de Dios son las prostitutas y publicanos, iniciando un camino abierto para otros. Donde ellos entren podrán entrar otros, pues ello no cierran la puerta, no se cierran en sí mismos[3].

 NOTAS  

La prostitución aparece en la Biblia desde los tiempos más antiguos tanto en Israel como en los países del entorno (Gen 28, 15), como en los países del entorno (Jc 16, 1; Prov 2, 16; 29, 3). En muchos casos, la prostitución se utiliza en su sentido literal. Pero, como suele suceder en otros pueblos, las palabras vinculadas con la prostitución han tomado pronto un carácter simbólico, de tipo casi siempre religioso y negativo…, echando la culpa a las mujeres, en contra de lo que hará Jesús.

En este contexto debemos poner de relieve el hecho de que, por contaminación patriarcalista, el Antiguo Testamento presenta como prostitutas a mujeres que no lo son en, sino que poseen y ejercen una independencia social que las hace autónomas ante la sociedad o ante su misma familia. Los casos más famosos son los de Rajab, la «hospedera» de Jericó, que recibe a los espías de Israel (Jos 2, 1-3; 6, 17-25), y la «concubina» del Levita de Jc 19, 1-3. Ellas no son prostitutas en el sentido normal del término, sino mujeres que gozan de una libertad especial, sea en contexto social, sea en contexto matrimonial.

  Las prostitutas os precederán en el Reino de los cielos.

El Nuevo Testamento conserva los diversos sentidos de la palabra. Así, dentro de la retórica moral del tiempo, hallamos algunas condenas generales de la prostitución, como la que aparece la crítica del hermano mayor de Lc 15, 30 o de 1 Cor 6, 15-16. Pero la novedad mayor del evangelio aparece allí donde Jesús viene presentarse como el Mesías o cristo de las prostitutas, a las que se acerca sin condenarlas (cf. Mt 21, 32; cf. Lc 7, 34), diciendo que ellas, con los publicanos, son los que “preceden” a los otros en el (camino del) Reino de Dios. Ellas son las primeras, las adelantadas de la gracia de Dios, son constructoras del Reino, es decir, de la nueva humanidad, ya aquí, en un sentido «social», personal.

¿Por qué dice Jesús que las prostitutas os precederán…?

1. PORQUE DIOS ES DIOS, Y ELLAS (Y ELLOS) SON SUS HIJOS

Está el hijo mayor que dice cumplir, pero no cumple; que dice que va, pero no va. Es como el hijo mayor de la parábola del hijo pródigo… ¡Qué pena de Dios Padre con estos hijos! Pero Dios tiene otros hijos… que dicen que no van… pero en el fondo van. Éstos son como el hijo pródigo: son los capaces de escuchar al Padre… Son los que pueden hacer camino de Reino, porque dejan que el Padre les alumbre con su amor.

PORQUE FUERON CON JESÚS DONDE JUAN BAUTISTA Jesús no habla de oídas… Él conoce bien a los publicanos y prostituías, porque ha compartido con ellos la escuela de Juan Bautista. Ciertamente, no todos los publicanos y prostitutas fueron… pero fueron algunas, las suficientes para descubrir que Dios abre con ellas un camino de salvación. Ellas formaron parte de “la escuela” de Jesús, es decir, de la escuela donde Jesús escuchó la voz de Dios, con pecadores y prostitutas. Jesús no vino a aprender a un “seminario de santos” (para que le dieran un buen Master de Buen Reino) sino a una escuela donde se juntaban publicanos y prostitutas, para dejarse cambiar por la gracia de Dios, por el Reino.

2. PUBLICANOS Y PROSTITUTAS LE CREYERON Creyeron a Juan, creyeron en Dios… creyeron en una humanidad distinta, fraterna, amorosa, sin prostituir a los demás para vivir a costa de ellos y condenarles… Muchos de los “grandes” constructores del Templo Oficial, es decir, de una religión de poder sólo quieren construirse a sí mismos, construir su templo. No creen en Dios, no creen en la gracia, creen en sí mismos… Por el contrario, muchos publicanos y prostitutas “creyeron”, es decir, aceptaron la existencia de un misterio de gracia… No buscaban “su” salvación, se dejaron encontrar por “la salvación de Dios” (como dirá San Pablo, en el centro de todo su mensaje). Evidentemente, Jesús no dice que “todos/todos los publicanos y prostitutas” se dejaron amar por el Dios del Reino… pero asegura que algunos lo hicieron. Su mismo “oficio” fue para ellas y para ellos “seminario” de gracia, noviciado de amor, del amor más alto, el de Dios, no el de ellas mismas… Es evidente que al «creer» ellas han empezada a cambiar, aunque el texto no dice cómo. ¿Han seguido siendo prostitutas pero creyentes? No se dice. Sólo se dice que «han creído» y que la fe es para ellas un cambio de vida radical. Ellas, las prostitutas que creen, pueden ser y son pioneras de un mundo nuevo, ministros/as de una nueva forma de vida, de una salvación en fe-amor.

3. OS LLEVAN LA DELANTERA (=OS PRECEDEN) EN EL REINO DE DIOS La palabra griega aquí empleada (proagousin) alude casi siempre a Jesús que precede a los suyos, que les abre camino, como un “pionero”, como un explorador del Reino, como un adelantado de la Nueva Humanidad (del Hijo del Hombre). Pues bien, oficialmente los que debían preceder a los demás con Jesús son los Doce, según todo el evangelio… y en algún sentido lo hacen… Pero estrictamente hablando, los verdaderos pioneros del Reino son las prostitutas y lop publicanos… Ellos son los primeros… en el camino del Reino. Por eso, porque ellos inician el camino… los otros pueden seguir. Ellas no hacen un camino para ellas solas, lo hacen para todos… Donde ellas vayan, donde ellas entren podrán entrar todos: no cierran la puerta, no hacen un «sistema sagrado de buenas prostitutas», sólo para ellas.

4. EN EL REINO DE LOS CIELOS, ES DECIR, EN LA IGLESIA (EN LA SOCIEDAD…) El pasaje no habla de la salvación eterna (de lo que pasará después de la muerte), aunque en el fondo lo que se dice de “aquí” se aplica al cielo… El pasaje habla directamente de lo que ha pasado en el camino de Jesús, un camino que él hace con publicanos y prostitutas… El pasaje habla de lo que está sucediendo en este mundo: En la historia del Reino de Dios los primeros no son jerarcas y jefes, sino publicanos y prostitutas. Ellos, en especial las prostitutas, son los auténticos representantes de nuestra sociedad.

5. PROSTITUTAS Y SOCIEDAD, PROSTITUTAS E IGLESIA El texto, como digo, es fuerte. Sólo podía ser de Jesús, que entiende mucho de esto, por eso dejaré que el texto diga lo que dice: ¿Qué significa que los publicanos y prostitutas preceden al conjunto de la iglesia (y de la sociedad), como los “pro-agontes”, es decir, como la verdadera “autoridad”?.

[1] El Reino de los cielos no lo empiezan construyendo sacerdotes y ancianos de Jerusalén (ni rabinos judíos, ni soldados del imperio), sino publicanos y las prostitutas, que parecían oponerse en principio a Dios (diciéndole que no), pero que después han creído, aceptando a Juan Bautista, en contra de sacerdotes y ancianos de Jerusalén.

[2] Jesús alude a las prostitutas sin condenarlas de antemano (cf. Mt 21, 32; cf. Lc 7, 34), añadiendo que ellas y los publicanos preceden (proa,gousin) a sacerdotes y escribas en el Reino. Para entender mejor ese dato, debemos recordar que la prostitución aparece en la Biblia desde antiguos (cf. Gen 28, 15; Jc 16, 1; Prov 2, 16; 29, 3), a veces en sentido literal y otras simbólico, casi siempre de manera negativa. En esa línea, por contaminación patriarcalista, el Antiguo Testamento presenta como prostitutas a mujeres que, estrictamente hablando no lo son, sólo porque ellas rechazan o rompen el orden patriarcal de la sociedad establecida, como puede suceder con Rajab, la «hospedera» de Jericó (cf. Mt 1, 5), que recibe a los espías de Israel (Jos 2, 1-3; 6, 17-25), y con la «concubina» del Levita de Jc 19, 1-3. Por otra parte, un tipo de prostitución se ha vinculado de un modo especial con el culto a los ídolos que, al menos desde el tiempo del profeta Oseas, aparecen como amantes falsos (vinculados a veces con prácticas sexuales que Yahvé condena como inmorales).

Adjunto. Nota final. 28-9-2026  Dios Padre-. Dos hermnos

Ese Padre Dios penetra en la vida de los hombres, como Jesús ha mostrado en la parábola del hijo pródigo, de un padre con dos hijos (cf. Lc 15, 11-32). En ella cuenta la historia de un hijo que se ha ido de casa, derrochando la fortuna de su vida, pero vuelve y el padre le acoge, pidiendo al otro hijo (que ha quedado en casa, cumpliendo la buena ley) que también le acoja, para que así los dos hermanos, uno y otro, puedan vivir juntos, aceptándose entre sí.

El mensaje del Reino no es algo que se sabe y resuelve de antemano, sino un camino que se recorre y despliega en la medida en que los hombres se reconcilian, poniendo cada uno lo que tiene al servicio del otro, pues los dos (¡y todos!) son hijos del mismo Padre. Por eso, la experiencia de Dios se inserta en la experiencia de trasformación personal y social de los “hermanos”, en el duro contexto de marginación y pobreza de la Galilea de entonces, que tiende a separarlos.

El problema de fondo de esta parábola no es el padre con el hijo pródigo que vuelve a casa, sino con el hijo mayor bueno, aparentemente bueno, que ha quedado en casa, pero que no quiere acoger en ella al pródigo, ni quiere perdonarle, ni formar parte de su fiesta.

Este es también el problema de la parábola de Mt 21, 28-32. El hijo mayor dice al Padre que irá a trabajar a su vida, pero luego no va.. Pero el hijo mejor que al principio se niega y no va, al final se arrepiente y va a la viña. Jesús sigue diciendo a los los que que aparecen como buenos observantes:

"Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os preceen en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis."

  Jesús ha dialogado con su pueblo, descubriendo a Dios precisamente en medio del conflicto de su gente. Para ello ha necesitado la más honda inteligencia, la más clara y decidida voluntad, al servicio de los pobres. Pero esta inteligencia y voluntad se manifiestan para él en el amor de un niño, al que se ofrece el don de la vida, un niño al que se pide que crezca y madure, en comunión con todos los restantes hombres y mujeres. Éste es un camino que viene de Dios, desciende del Abba, Padre, que alimenta, sostiene y ofrece un futuro de vida para todos.

El Dios de Jesús es un Padre materno, que sostiene la vida de hombres que corrían el riesgo de enfrentarse y matarse sobre el mundo. Es el Abba de los enfermos y pobres, rechazados y hambrientos, que no tienen en el mundo ningún “padre-señor” que pueda liberarles y acogerles.

El Dios de Jesús no es el Señor de la ley social dominante, que se expresa en los “grandes” padres varones del mundo, sacerdotes y rabinos, presbíteros y sanedritas, muy patriarcalistas, sino en el padre/madre de todos los hombres, especialmente de aquellos que no tienen quien les proteja.

Interpretado así, el proyecto de Jesús resulta revolucionario. No es un mensaje de pura intimidad (que nos encierra en Dios, separándonos del mundo), ni un intento de sacralidad social (que avala el orden establecido, ratificando la realidad de aquello que ahora existe), sino una experiencia y exigencia de trasformación radical: el padre/madre Dios es aquel que pone en pie a los derrotados y abatidos de la vida para iniciar con ellos el camino de la justicia[1].

2. Valor infinito de la vida propia y de la ajena. Los hombres) que no son almas separadas  sino personas en comunión      conforme al mandamiento de Lev 19, 18: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En el centro de su mensaje se encuentra el descubrimiento y despliegue de la importancia infinita de cada persona, en comunión universal de vida y amor.   

 - La persona no es cuerpo sin interioridad,  ni  autoconciencia sin alma propia, pero tampoco es alma separada, sino vida, en comunicación universal de vida  Por eso, Jesús va en contra de aquellos que quieren salvar únicamente al hombre externo: «No tengáis miedo a los que pueden matar el cuerpo, pero no el alma (la vida…)» (Mt 10, 28 par).

- No es tampoco interioridad sin cuerpo, sino vida compartida, como voluntad y pensamiento, en comunicación de acogida,  donación y trasparencia. Por eso, Jesús ha destacado el valor de la “comunión social”, vinculada al amor concreto y al servicio a los demás, como aparece en el pan compartido y en la curación de los enfermos, partiendo de los más pobres. 

Jesús no ha sido un “pensador intimista”, dedicado solamente al cultivo de su experiencia interior, separada de todas las restantes experiencias  Más que el valor infinito de cada individuo separado y más que el amor de cada uno hacia sí mismo a Jesús le ha importado la comunión de alma-cuerpo de cada hombre con los otros, especialmente los pobres y expulsados de Galilea, donde ha iniciado su camino de Reino, como dice Lev 19, 18, Amarás al prójimo como a ti mismo, porque la vida de cada uno está en los otros, especialmente en la vida de los publicanos y de las prostitutas, en los que se expresa y descubre la vida de cada uno, tal como se expresa en la vida de los otros a quienes influyo y en la que me aprovecho (Mt 21, 31-33).

 Jesús no ha sido un gnóstico antiguo de tipo “santo” (dedicado al encuentro y cultivo de la presencia de Dios en el fondo del alma), ni un idealista moderno (de tipo moralizante), atento al valor espiritual de sí mismo (en línea de moralidad burguesa), mientras la masa de pobres e ignorantes queda abandonada a su destino, sino un hombre para los demás alguien que ha sabido   compartir su amor con todos, judíos y gentiles, enfermos y sanos,  empezando por los pobres, expulsados y enfermos de su entorno[2].

  Desde ese principio ha superado la visión de un sistema religioso donde cada uno ocupa un lugar previamente fijado dentro del conjunto, de manera que los pobres deben mantenerse pasivos en su pobreza y los ricos sin preocupaciones en su riqueza, sino que cada uno debe ocuparse de bien de los demás.

El Dios de Jesús no es el sistema sagrado, a cuyo servicio vendría a ponerse el Mesías, sino aquel que avala el valor infinito de los prójimos (pobres y excluidos, de la sociedad), haciendo posible no sólo que ellos cambien, sino que puedan cambiar (enriquecer, curar) a sus prójimos a quienes ofrecenperdón contra el odio, amorcontra la pura venganza,  sin expulsar y condenar a publicanos y prostitutas, según la palabra ya citada de Jesús “os precederán en el reino de Dios” (Mt 21).

. Su visión del “valor divino/humano del prójimo, es decir, de la persona de los otros” (de los pobres, entre los que se encuentran publicanos y prostitutas), no es una teoría, sino que ha de expresarse en forma de movimiento práctico de comunión, que se concreta en formas de solidaridad histórica, a favor de los expulsados o marginados del orden dominante, y sobre todo, la acción y compromiso transformador de publicanos y prostitutas, pues ellos aparecen como pioneros y testigos de una comunión más alt, pues “nos precederán en el camino del reino”..

 En el principio del mensaje de Jesús hay una experiencia de gracia, que podría formularse diciendo “Dios te ama” (tu vida es presencia de amor, eres Hijo de Dios!: Mc 1, 11) y que se expande en forma de responsabilidad hacia los otros, esto es, hacia el prójimo como “tú mismo”,   porque el prójimo eres tú, es parte de ti mismo, porque tú llevas en tu vida la responsabilidad y vida de los otros, de aquellos cuya marginación y pecado deriva de nuestro pecado

. Pues bien, a partir de ese principio de Lev 19, 18, Jesús establece, desde su propia circunstancia, como lema de amor y principio de vida universal, su palabra innovadora, su principio mesiánico de humanidad, centrado en su punto de partida “publicanos y prostituras os precederán…” (cf. Mt 21). Éste es el principio del amor.

[1] Dios es Creador de vida en libertad, por eso le llamamos Padre/Madre.   No nos hace desde fuera, sino que «hace que noa hagamos», esto es, que podamos asumir la propia tarea de la vida dentro de un entorno adverso (como el de Galilea). Por eso, la Buena Noticia del Padre/Madre se expande y expresa como fuerte exigencia de fraternidad, desde los más pobres. No estamos condenados a sufrir y morir bajo poderes opresores, envueltos en pecados. No somos impotentes, simples niños en manos de un padre envidioso o de principios sociales opresores, sino personas que pueden recibir el amor y responder amando, de forma creadora. Por eso, la palabra “hay Dios” (¡Dios es Padre!) ha de expresarse en forma de amor creador entre los hombres. 

Adolf von Harnack (1851-1930), La esencia del cristianismo (1900), decía que Jesús había ofrecido dos aportaciones básicas en la historia de la humanidad: La paternidad de Dios, amor creador no ley; el valor infinito de cada uno de los seres humanos con los que compartimos la vida, en una línea que he venido precisando desde Dios es Palabra. Teodicea cristiana, Sal Terrae, Santander 2003.   

[2] Sobre la pro-existencia de Jesús como “hombre para los demás”, cf. D. Bonhöffer,en  ¿Quién es y quién fue Jesucristo,  Ariel, Barcelona 1971; Resistencia y sumisión. Cartas y apuntes desde el cautiverio, Sígueme, Salamanca 1981.

DESTACADOS_XABIER PICAZA .jpg | Xabier Pikaza

También te puede interesar

Lo último