Una encrucijada (3). Triunfo o rapto de Europa

El blog de X. Pikaza
08 may 2012 - 16:06

En el apartado anterior he destacado el desarrollo de Europa, expresado en la ruptura católico-protestante y en las guerras de religión. Ahora quiero poner de relieve el triunfo de la racionalidad política europea, que se ha expresado en el surgimiento de los estados conquistadores y en el desarrollo de la ilustración, que se ha extendido no sólo en nuestro continente, sino en el conjunto de los países del mundo occidental. Pero, según un tipo antiguo, ese triunfo puede interpretarse como "rapto" de la dama Europa (o quizá como rapto y fracaso del cristianismo europeo).

No es fácil saber si Europa es un mosaico de naciones, una idea racional, una política triunfante (o fracasada), una ocasión perdida...

– Para los “grandes filósofos”, Europa era el mundo, es decir, la humanidad. Para Kant sólo era racional Europa, el resto era magia, mito, salvajismo.

– Hegel estaba convencido de la Unidad de la Razón (europea, cristiano-protestante, germana). Lo demás era salvajismo o colonias al servicio de Europa (gente en minoría de edad)…

– La nueva ciencia se desarrolló en Europa, pero también la técnica de las cañoneras que conquistaron los mercados de oriente, con los grandes barcos, los ejércitos racionales… La "razón" de Europa se expresó en forma de conquista (par bien de la razón, para extenderla entre los incultos...).

-- Muchos pensaron que Europa era (tenía) la "religión verdadera" y así la "exportó" al mundo entero, a través de las misiones católicas y protestantes y ortodoxas), a fin de que todos los pueblos tuvieran la religión salvadora y "civilizada" (el cristianismo). (Quizá olvidaron una nota de Mt 23: Vais al mundo entero para convertirlo a vuestra religión, y lo hacéis así peor que vosotros...).

– Sólo ahora, tras los grandes cambios de la segunda mitad del siglo XX hemos descubierto que hay más mundos, otros caminos, otras culturas, otras razones, otras experiencias religiosas. Quizá el centro del mundo no está en Roma,París, Berlín o Londres… sino en otros sitios.

Europa ha querido hacer el mundo a su imagen... y quizá ese mundo puede destruir a Europa. En ese sentido he querido retomar el mito del "rapto de de la dama-virgen Europa", aunque puede interpretarse también de otras maneras

Posiblemente, no todo ha sido malo en esa expansión científica, política, social y religiosa de Europa... Por eso hablo de forma ambigua, de triunfo o de rapto... Por eso añado que quizá Europa tiene experiencias que aportar... en el plano del pensamiento y de la experiencia humana.

¿Podríamos decir que Europa debe convertirse en "reserva de humanidad" en un mundo que puede olvidarse de lo humano? ¿O Estará Europa demasiado perdida como para recuperarse?

El tema sigue abierto, sobre todo en plano cultural y religioso. Buen día a todos los que sigan leyendo.

(Para dar un poco de humor a la "cosa" he presentado algunas versiones conocidas del nuevo y viejo mito del Rapto de Europa... de Botero, E. Arbela, Picasso, Rubens..).

1. La Europa de los estados; las grandes conquistas.

A lo largo de toda la Edad Media ha estado latente un deseo de unidad mundial, en forma de imperio. Primeros los bizantinos en oriente y luego los germanos en occidente se sintieron herederos del imperio romano y de algún modo quisieron obtener un tipo de poder religioso. Pero ambos modelos imperiales fracasaron, de manera que Europa se configuró como un conjunto de estados independientes, que en principio han tendido a identificarse con una determinada nación, pero que se han ido desarrollando después en formas cada vez más racionalizadas y técnicas. El proceso de surgimiento y despliegue de los estados europeos se encuentra en plena marcha, de manera que es difícil ofrecer una visión definitiva del tema. Estos son algunos de los momentos más importantes del proceso:

1.Estados nacionales. Habían existido estados patrimoniales o tribales, dirigidos por instituciones de tipo familiar (dinastias) o por grupos aristocráticos privilegiados. A partir del siglo XV empezaron a surgir en Europa los grandes estados nacionales (cada nación con su propio estado) y racionales (con ejército y administración unificada), viniendo a presentarse como garantes de un orden divino sobre el mundo, tanto en España, como en Francia e Inglaterra, Holanda y Suecia etc. En un momento dado (paz de Westfalia, 1648) estos estados quisieron tener un control religioso sobre los ciudadanos, pero pronto descubrieron que ello era imposible.

2.Diversidad de estados. Un rasgo significativo de la historia de Europa es el de la multitud de instituciones estatales, siempre en tensión que ha terminado siendo creadora. Ni España ni Francia, ni Austria ni Inglaterra lograron el dominio sobre el continente. Por eso, Europa ha sido un «pacto de naciones», con lenguas e iglesias, políticas y economías diferentes, que no han tenido más remedio que pactar entre sí. Lo que en un plano resulta negativo (la diversidad es fuente de conflictos) ha sido en otro positivo: los europeos han tenido que ser un parlamente de naciones y de confesiones religiosas, donde incluso los estamos más pequeños han podido subsistir y desarrollase.

En ese proceso dialogal, que se expresa de un modo peculiar en la ciencia y la filosofía, en la que han colaborado pensadores y sabios de todos los pueblos de Europa, los estados nacionales han tenido que «racionalizarse». De esa forma han sido superando sus tradiciones más exclusivistas, de manera que al final se han convertido en espacios racionales de encuentro democrático entre todos los ciudadanos de un estado, sin diferencia de religión. Muchos pensadores, desde Th. Hobbes hasta F. W. Hegel, ha concebido el Estado como signo definitivo o más alto de la racionalidad social, como ámbito (medio político y social) donde los hombres desarrollan sus más altas posibilidades, desde una perspectiva de concordia, que les permite relacionarse entre sí de un modo racional.

El proceso de racionalización del Estado (de los estados) ha sido conflictivo y se encuentra en marcha todavía. Este es un proceso en el que han influido, positiva y negativamente, una serie de fenómenos que son característicos de la historia de Europa: la expansión conquistadora y comercial, la experiencia de la ilustración racional, las diversas revoluciones… Los estados de Europa han sido laboratorios de humanidad, en los que se han trazado muchas cosas que definen la historia no sólo de Europa, sino del mundo entero.

Algunos de esos estados, con su administración unificada y sus nuevos métodos de navegación y guerra, han iniciado un proceso de expansión y conquista, de colonización y comercio, que ha cambiado en cinco siglos (del 1450 al 1950. de C.) el rostro de la humanidad. Los primeros en iniciar la marcha de la conquista y colonización fueron portugueses y españoles, que realizaron una labor frenética de expansión en África, en Asia y, sobre todo, en América. El resultado de ello fue la unificación comercial del mundo y la conversión de amplias zonas de la tierra en colonias o zonas de expansión de Europa. Siguieron después otros pueblos, sobre todo los ingleses, holandeses y franceses, de manera que a finales del siglo XIX gran parte del mundo estaba dominado por Europa.

Ese proceso de conquista y colonización ha marcado de forma decisiva la historia de la humanidad. Algunos pueblos de larga tradición cultural y población abundante (como China, India o Japón) han conservado su identidad y siguen manteniendo sus lenguas y culturas, integrándose en la unidad comercial y técnica del mundo unificado (globalizado) que se ha iniciado a partir de occidente. Pero otros pueblos con menos capacidad defensiva (como los indios del conjunto de América) no pudieron resistir y cayeron bajo el poder de los invasores europeos, que crearon en esos territorios unos estados trasplantados, de manera que sus habitantes no hablan ya las lenguas de la tierra sino las propias de los invasores (inglés, español o francés), cuyos descendientes siguen dominando sobre el territorio.

Esa historia de conquista, colonización y creación de nuevas naciones trasplantadas, con los procesos desarrollos de mestizaje y dominación social y religiosa, ha cambiado en los últimos siglos la faz del mundo. En un sentido, podemos decir que las naciones de Europa son invasoras y culpables, pues han destruido los viejos tejidos sociales de los países conquistados, con cientos de millones de muertos. Pero en otra perspectiva este ha sido un proceso creador, pues los europeos han llevado nuevas posibilidades culturas y sociales.

1.Ese ha sido un proceso de los estados, que han dirigido la conquista y colonización de nuevos territorios o han amparado a las compañías comerciales dominantes. En un sentido estricto, ese proceso ha sido independiente del cristianismo, aunque las iglesias cristianas han podido aprovecharse de la colonización para extenderse en otros países.

2.En algunos casos (sobre todo el de España) ese proceso se ha interpretado de manera religiosa. Los reyes españoles y portugueses eran «delegados del Papa», y tenían el encargado de realizar la misión cristiana en los nuevos países conquistados. En un sentido, esa actitud parecer buena, pues la iglesia ha podido suavizar la conquista. Pero en otro resulta contraria al espíritu de separación iglesia-estado que Europa estaba consiguiendo.

Esa segunda tendencia ha podido tener consecuencias positivas, pues los conquistadores parecen haber sido capaces de elevar la experiencia humana de algunos pueblos de América, que han descubierto en el cristianismo su más honda identidad. Pero, en general, ella ha sido negativa: ha seguido vinculando a la Iglesia con el poder político y ha suscitado un rechazo anticristiano, pues el cristianismo se ha visto como elemento de poder. Este ha sido un proceso dramático, lleno de posibilidades creadoras y grandes dolores, un proceso que sigue en marcha sobre todo el mundo. Podemos decir que, en un sentido, la función conquistadora de Europa ha terminado. La mayoría de las colonias americanas (de España, Inglaterra y Portugal) se independizaron dos siglos. Algunos de los estados que entonces surgieron siguen manteniendo situaciones de opresión, que no derivan sólo de las antiguas condiciones coloniales, sino de las circunstancias sociales y económicas actuales. Otros, en cambio (como los Estados Unidos), han logrado el poder máximo sobre el mundo.

Los habitantes de la mayor parte de las colonias de África, que se han independizado a mediados del siglo XX, siguen viviendo en una situación de dura dependencia, lo mismo que algunos países de Asia. Las condiciones son, en cada caso, distintas, de manera que no podemos generalizar. Lo único cierto es que Europa ha expandido sobre el mundo no sólo su poder militar y político (hoy en gran parte perdido), sino también su experiencia política, su forma concebir los estados.

Esa expansión del modelo de estado de Europa ha sido a veces peligrosa, pues lo que puede aplicarse bien en un contexto europeo (de occidente), con un determinado desarrollo cultural y social, no vale de inmediato en otros países del mundo. El problema no es ya la conquista o colonización pasada, sino la posibilidad de abrir caminos nuevos de concordia, que pueden vincularse, quizá, a la ilustración racional.

2. Ilustración racional. Religión y razón

Junto a la Europa de los conquistadores (con sus riesgos y posibles valores), está la Europa racional, la del despliegue filosófico y la ciencia, la de la experiencia humanista y el capitalismo. Los procesos culturales anteriores, incluida la Reforma Protestante, han desembocado en la Ilustración, que ha culminado en los siglos XVIII y XIX, en los que Europa ha desplegado un proyecto de racionalidad consecuente, en el plano intelectual (filosofía, ciencia) y práctico (moralidad, política, administración social, economía).

A través de su proceso de Ilustración, la racionalidad europea ha descubierto y desplegado su propia identidad, su independencia intelectual y social. Los hombres se han descubierto libres no sólo para pensar, sino también para actuar: por eso, sus proyectos y realizaciones políticas se han independizado de la religión y han quedado en manos de la pura creatividad social de los ciudadanos. Esto ha tenido una doble consecuencia, política y religiosa:

1.Plano político: el Estado racional. Sólo los pueblos que asuman de manera libre el proyecto ilustrado pueden integrarse en Europa. No pueden ser europeos de verdad más que loa pueblos que desplieguen una racionalidad laica, que no tiene por qué ser anticristiana, pero que tampoco es ya confesionalmente cristiana. En este contexto hablamos de un «Estado racional» que no tiene ya cimientos religiosos, sino que depende solamente de la capacidad de asociación y del deseo libre de sus ciudadanos.

2.Plano religioso. Las grandes iglesias (católicas y protestantes) habían perdido su legitimidad política al querer avalarla con las armas (en los siglos XVI y XVII). Por eso han quedado como tales iglesias del proyecto social y económico, político y militar de los pueblos de Europa, que se estructuran de manera puramente racional, sin apelar a Dios. Las iglesias han de buscar un espacio humano y social propio, con su propia identidad evangélica. Eso les conduce de nuevo a la raíz del evangelio.

Católicos y protestantes no habían logrado establecer la paz desde su fe y así descubrieron el peligro que representaba una religión convertida en principio de poder. Por eso buscaron la paz más allá de las confesiones religiosas y pudieron entender la religión como experiencia supra-política. Lo que no había conseguido el Dios de las iglesias debería conseguirlo el Dios de la Razón. Así, a lo largo del siglo XVIII y XIX, muchos pensaron que la razón, era más cristiana que la misma religión, pues ella permitía lograr que los hombres dialogaran.

Los cristianos anteriores habían podido esperar en un Dios que impondría su paz desde fuera, en el futuro (milenarismos del siglo XII al XVII), o habían identificado la paz con el triunfo de la propia confesión religiosa (católica o protestante). En contra de eso, los nuevos ilustrados prescinden de un Dios externo, y exploran de un modo consecuente la razón humana como si ella fuera el único Dios efectivo, el principio de pacificación universal. Ese ha sido un proceso que, según Marx, ha culminado en Feuerbach, con su Esencia del Cristianismo, de manera que los europeos (partiendo en realidad del mismo cristianismo) han rechazado todos los “ídolos” propios (cristianos) o ajenos (judíos, musulmanes o paganos), para buscar sólo una respuesta racional a sus problemas; ellos no tienen más Dios que la razón y en ese plano deben solucionar sus problemas. Esa razón ha tendido a veces a divinizarse a sí misma, pero en el fondo los europeos han sabido que ella no es Dios: la razón no puede ocupar el lugar de las iglesias y las religiones, que deben fundarse en otras bases.

1.Plano racional, la Europa ilustrada. Siguiendo en la línea que aquí desarrollamos, sólo pueden llamarse europeos aquellos que, viniendo de orígenes distintos (sobre todo cristianos), han descubierto que en la práctica política no pueden apelar a Dios, de forma que sólo pueden resolver sus problemas a través de un diálogo, donde se sopesan los intereses de todos los ciudadanos, como quería Kant, cuando buscaba una federación de pueblos independientes, conforme al interés de todos. A su juicio, los buenos ilustrados de Europa, que en el fondo son ya post-cristianos, sólo podían superar los enfrentamientos anteriores, las luchas religiosas y las guerras de naciones, buscando una paz racional, que se expresa en la creación de un único mercado europeo (mundial).

2.Plano religioso. Ciertamente, la razón social ha querido convertirse algunas veces en única “diosa”, es decir, en el único poder real sobre los hombres. Pues bien, en contra de eso, muchos europeos han rechazado el exclusivismo de una ilustración racional convertida en instancia religiosa y por eso, al lado de razón (que define la vida social del Estado), siguen admitiendo el valor de las religiones y en especial del cristianismo. La solución no se encuentra en el triunfo de un exclusivismo fácil: ni en una razón ilustrada que pretendería expresar la única verdad, ni en una religión que domina todo el campo de la vida de los hombres. La solución ha de hallarse en la aceptación, a veces problemática, de las dos instancias.

Desde ese fondo podemos criticar los riesgos del racionalismo puro. Muchos ilustrados pensaron haber descubierto el sentido final de la vida de los hombres sobre el mundo: según ellos, habría llegado el fin de la historia y de los hombres podrían vivir en un estado de paz perpetua, de manera que puedan cumplirse los intereses de todos. Este fue el sueño de Kant y de otros ilustrados, sueño que era positivo, pero que dejaba muchos temas no resueltos.

(1) La paz de la razón ilustrada es no era un paz de Europa (de occidente) en armonía con el resto del mundo, sino una paz de Europa sobre el mundo; era y sigue siendo la paz de una dictadura del capitalismo que quiere presentarse como signo de racionalidad, mientras aplasta a los más pobres.

(2) La paz ilustrada era en el fondo una paz de mercado, expresada en las relaciones económicas; pero los hombres son más que producto de mercado y su paz implica elementos de encuentro personal y grupal, de modo que en ella influyen rasgos religiosos y afectivos, artísticos y éticos.

(3) La paz de Kant ha terminado dejando a los hombres en manos de la lucha económica, de manera que aparece como imposición de los más fuertes o del sistema, como ha ocurrido en el fondo con el neoliberalismo . (16)

Por eso, al final de un proceso de ilustración racional, podemos y debemos seguir hablando de religión. La racionalidad ilustrada de la sociedad (que se expresa en los estados y en sus relaciones político-económicas) resulta insuficiente para resolver todos los problemas, porque el hombre es más que ciudadano de un Estado político. La paz humana ha de expresarse también en otros rasgos y elementos de tipo artístico, lúdico, afectivo y religioso. Ciertamente, la religión no se puede imponerse sobre el estado. Ella no resuelve por sí sola los problemas, pero ofrece una aportación importante en el despliegue de la vida humana.

3. Ilustración revolucionaria. Revolución y religión.

El proyecto de Kant se inscribe en un entorno de revoluciones que marcan la identidad de europea, tras el Renacimiento del XV y XVI, la Reforma protestante y las Guerras de religión. En este contexto queremos hablar de algunas revoluciones fundamentales que han venido realizándose en Europa, que definen su singularidad y expresan la importancia de su influjo sobre el mundo.

(1) La revolución ilustrada (siglos XVII-XVIII) puso de relieve la autonomía y unidad de la razón humana, sobre todas las diferencias religiosas.

(2) La revolución científica, iniciada en los mismos siglos, aplica la matemática al conocimiento y dominio de la realidad y nos permite conocerla de un modo operativo.

(3) La revolución técnica e industrial, iniciada sobre todo en Inglaterra, en el siglo XVIII, aplica la ciencia a la organización del trabajo y a la producción en serie de bienes de consumo.

(4) La revolución burguesa, sobre todo la de Francia, a finales del siglo XVIII, superó el viejo orden sagrado de la sociedad y racionalizó las relaciones sociales.

(5) La revolución capitalista asume los elementos anteriores y los aplica, ya en el siglo XIX, a la organización unitaria del trabajo y de la división social, en función del capital.

(6) La revolución marxista, que ha marcado la vida de Europa y del mundo entero en el siglo XX, ha querido instaurar un orden social justo, al servicio del conjunto de la humanidad.

Estas revoluciones definen a Europa como lugar donde se ha desplegado la modernidad, para expandirse después a otros países, como USA y Japón, donde ha logrado imponerse incluso con más fuerza. Sólo aquellos pueblos que asumen de algún modo esas revoluciones, o que reaccionan de manera racional a sus problemas, pueden formar parte de Europa, siempre que respeten su pluralismo de base (admisión de diversos grupos sociales, separación de Estado y religión) y no quieran elevarse como imperio sobre el resto del mundo. En ese contexto, quisiera evocar la importancia de la revolución capitalista y marxista, que expresan un rasgo fundamental de la historia de Europa.

En un sentido extenso, la revolución más importante de Europa (y del mundo) ha sido la que ha conducido al surgimiento del capitalismo, de forma que el destino de Europa parece inseparable de la libertad burguesa y de la libre economía de mercado. Pero quiero añadir que la revolución marxista, ensayada de un modo intenso a lo largo de casi todo el siglo XX (en Rusia y su entorno), aunque haya fracasado, constituyen punto de referencia básico para entender el surgimiento y despliegue posterior de Europa. Ciertamente, ella no ha logrado unificar a los pueblos de Europa (y del mundo) partiendo de la superación de la propiedad privada y de la explotación del hombre por el hombre, sino que ha suscitado unas dictaduras de partido (o de estado) que se oponen a la libertad y pluralidad cristiana. Pero después que ese modelo ha fracaso debemos recuperar los valores de su intuición central, poniendo de relieve la exigencia la justicia social y solidaridad sobre el puro interés del mercado y del capitalismo. Una Europa donde se olvidaran los problemas de fondo que llevaron al surgimiento del marxismo acabaría destruyéndose a sí misma.

Las diversas revoluciones han definido la creatividad racional de Europa que en unos pocos siglos (desde el XVII al XX) ha realizado una serie de cambios sorprendentes que han transformado a la humanidad entera. En contra de lo que a veces se ha pensado, la razón ilustrada (en su vertiente teórica y práctica) no es eterna e inmutable, sino que se ha expresado a través de cambios y transformaciones. Pues bien, en el fondo de esos cambios actúa no sólo ella, sino la misma utopía del cristianismo. Por eso añadimos que es bueno que la razón que esté aislada, no esté sola, sino que recibe un impulso de la religión, en línea de utopía.

Por eso añadimos que la religión no es revolución, en un nivel político o social, pero ella lleva en sí un impulso revolucionario de transformación humana, en perspectiva de Reino de Dios. La misma separación de razón y religión, de estado e iglesia, permite que la misma religión actúe como impulso ético y utópico, capaz de poner en marcha un movimiento que, al desembocar en el nivel político del estado se vuelve básicamente revolucionario . (17)

NOTAS

(16) La obra clave de Kant sigue siendo: La paz perpetua, Tecnos, Madrid 1985. Cf. M. HOWARD, La invención de la paz. Reflexiones sobre la guerra y el orden internacional, Salvat, Barcelona 2001.

(17) Allí donde la religión se identifica de algún modo con el poder del estado ella deja de ser revolucionaria, pierde su impulso transformador. Sólo donde posee autonomía, identificándose consigo misma, puede venir a presentarse como impulso revolucionario. En un sentido, las revoluciones europeas han brotado de una razón que, al situarse frente a la religión, busca el despliegue de las potencialidades de esa misma religión. Por eso decimos que las revoluciones europeas, pareciendo anticristianas, son en gran parte cristianas.

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