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¿Qué es la mística? Nos atrevemos a decir…

El blog de X. Pikaza
19 jun 2007 - 09:26

Ayer preguntaba “qué es la mística”, siguiendo el deseo y propuesta de Josemaría Sarrionandia (JMS). Han entrado varias respuestas, todas emotivas, de personas que, sabiendo que no puede decir, se atreven a decir (como cuando decimos la oración más mística y cercana, el Padrenuestro). Mañana o pasado, si entran más, las pondré todas seguidas, para que sea vea de algún modo lo que pensamos todos.

Hoy, para mantenernos en el tema, quiero presentar tres intervenciones. Una me la ha mandado en privado Emilita, colaboradora habitual del blog. Otra es de J. M. Martín Portales, de este mismo blog, del 30. 1. 07. La tercera es de Carmen, de Almendralejo, también habitual. Hago con ella una excepción y reproduzco sus palabras porque las presenta en clave de poesía. Será hermoso seguir diciendo aquello que no puede decirse. Yo también lo intentaré. Hoy quedamos, con Emilita, J. Manuel y Carmen.

Emilita. Trato de amistad-amor con Dios

Myein, en griego, (encerrar y cerrado o misterioso) estaría diciendonos algo sobre una experiencia humana relacionada con el misterio, o sea lo oscuro (cerrado). De ahí puede venir lo de luz oscura, paradoja rocambolesca donde las haya. Y si no, preguntadle aun ciego.

Yo no estoy de acuerdo con quienes aseguran que la mística es parcela de unos pocos que previamente se han perfeccionado por el ejercicio de la ascética o cualquiera otra filosofía o ideología, ni siquiera por la vía química, como ya se habló en otras ocasiones en este blog.

En nuestra psicología nacen y crecen con profusión cantidad de fenómenos perceptivos que nada tienen que ver con la mística “cristiana”. Esto es así sin desmerecer para nada al sujeto que vive místicamente, en unidad integrada de aspectos bioneuropsicosociales.

Siempre he pensado que los llamados fenómenos místicos padecidos por algunos de los místicos más representativos, se parecen mucho a los “efectos especiales” de la cinematografía. Pueden resultar tan espectaculares, que la gente se quede embobada mirando al dedo que señala la luna, en vez de descubrir la verdad. En este sentido me parece correcto citar a la doctora de la Iglesia Teresa de Jesús, mística ella, paciente de un sin fin de esos efectos especiales, o fenómenos místicos, a los que curiosamente no sólo nos les da importancia sino que repudia abiertamente. Cito sólo dos frases: la primera es de 6M 9,15. Dice: “Cuando sepáis u oigáis que Dios hace estas mercedes a las almas, jamás le supliquéis que os lleve por este camino, aunque os parezca muy bueno”. A continuación da hasta seis razones para justificar lo que ha dicho.

La segunda cita es de V 8,5-9 y dice así: “No hay aquí que temer, sino que desear; que no es otra cosa oración (¿puedo conmutar el término por “experiencia mística?), a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama”.

Creo que, como en el decálogo, en estos dos mandamientos se encierra toda la sabiduría, la experiencia humana e incluso toda la ética y la estética de la vida mística, de la que ella es doctora. A partir de estos conceptos hago mi personal reflexión.

Hablaba antes de los fenómenos místicos (con los que comúnmente se ha identificado la mística) como de “efectos especiales” cinematográficos. La razón es que unos y otros son engañosos, virtuales. En el caso de la mística pueden ser el producto de la imaginación, cosa harto penosa, aunque puede ser aprovechable como “fantasía espiritual” siempre y cuando sepamos que es una fantasía y no una realidad. En este caso no ponen ni quitan nada a la experiencia de Dios.

Por el contrario, lo que sí hay que desear es tiempo y ganas para tratar con Dios como con un amigo. En este sentido creo que la mística cristiana se ha cargado de un plumazo todo lo referente al concepto de misterio. Porque: ¿qué misterio hay que se precie entre dos amigos? ¿La amistad en sí misma? ¿Ese vínculo invisible que une estrechamente a dos personas? Vosotros me diréis!

Si algo es notorio en Jesús de Nazaret, es precisamente el trato íntimo, de tú a tú con el Padre y con todo “quisqui” que se cruzara en su camino. Ahí creo que radica todo el misticismo cristiano, que no es para nada un misterio en sí mismo, pues se trata de vivencia amorosa (coloreada por todos los colores que la fantasía quiera otorgarle, leed a Juan de la Cruz, si no!) patrimonio de la humanidad. La mística cristiana, funcionaría como nuestro sistema neuronal, por conexiones. Trato de amistad-amor con Dios que como una corriente eléctrica salpica todo lo que encuentra a su paso, siguiendo una lógica ilógica si tenemos en consideración las múltiples parcelas, diferencias, categorías etc. con que separamos esta básica vivencia de hermandad, en nuestras sociedades y culturas. Porque si Dios es nuestro Padre, todos nosotros somos hermanos. Claro que incluso en las mejores familias ocurre la ruptura entre ellos y con los progenitores, pero eso ya es harina de otro costal.

J. M. Martín Portales. Amar en el Espejo Vacío del no saber

El detonante último de la experiencia mística es, en mi opinión, claramente poético, en el sentido de que esa experiencia parte de la asunción plena y radical de la “pobreza” humana, entendiendo esta pobreza como ausencia de sentido. Sólo la profunda ideologización que supone el fenómeno religioso, que explica esta pobreza en relación con la radical “suficiencia” de Dios, ha invertido el orden natural de esta experiencia trascendental. Porque la mentalidad religiosa entenderá que esta pobreza es “relativa” a Dios, un Dios que queda a salvo de su propia creación, cuya recuperación o salvación sólo será posible mediante algún tipo de pacto contractual.

El no-saber es una experiencia poética porque no se trata de una ignorancia relativa a algo que se encuentra por encima del hombre, no es una ignorancia que pueda ser reparada de algún modo. La pobreza poética, por decirlo así, no puede ser reparada, es constitutiva del estadio de la pregunta, y ante ella no cabe ningún tipo de estrategia posible.

La experiencia poética como sentido de la experiencia de la pobreza nos instala en el lugar de la revelación, es la condición de posibilidad de la revelación. Por tanto, desde el punto de vista de la experiencia poética, la revelación será una intuición radical del sentido de la pregunta, o del sentido como pregunta, y dado que no se admite ningún tipo de dualismo sino que esta pregunta está referida a la Realidad Una, la revelación no tendrá como objeto plantear los términos de una relación contractual, sino iluminar la actitud mediante la cual el hombre reasuma su papel como estadio indisoluble y determinante de esa Realidad Una.

Carmen. La rebelión a vivir

¿Quizás puede ser?

La Voz del Alma

La voz de la razón

La voz de todos los sentidos

La voz de la “Locura”

La voz de todas la injusticias

La voz del inconformismo

La Voz de todo Deseo

La voz del Amor

La voz de toda “Búsqueda”

La voz del/la incompredido/a

La Voz del Silencio, de quién no tiene Voz

Quizás sea la Voz de la Transcendencía…

Y de la pequeñez todo ser,

¡Quizás! Sea la Voz de toda la Miseria

Que nos embarga.

¡Quizás! La Mistica es la Rebelión a vivir En este mundo incomprendidos/as, Querer estar ¡Ya! Donde no sabemos

Intuimos que se Vive y sé está mejor ¡Vivo sin Vivir en mi!

Vuelven esta noche las Estrellas, cada una de ellas,

Vienen precedidas de un halo luminoso de millones de dudas…

Renacen en la oscuridad de mi almohada, a mi pesar,

Y en cada silencio roto de la cintura curvada de la Luna,

Ellas se asoman cimbreantes en cada una de mis pestañas.

Surtiéndolas de sonoros tic tac, de danzas invisibles,

de cadenciosos bailes en torno al sicómoro en la verde estepa.

¡Quizá! El infinito nunca sepa de silencios y de tiempos,

Quizás, el infinito junto a todos los infinitos ¡Jamás! Sepan

Como se siente el Alma cuando mi infinito está completo

de espacios vacíos…

¡Quizás! Mis estrellan brillan

cuando el sol sella a la noche vacía de toda Ausencia

¡Quizá! Mi Dios-a, Tú algún “dia” de nuevo me quieras

La mística es redescubrir, poner voz de cuanto ignoramos de uno-a mismo-

Sé, que volveré a soñar, con los mil besos de tu boca,

Con los oceánicos pleamares resentidos en cada ausencia tuya,

Sé, que los ancestrales oasis, son puertas de tus labios…

Sé, que adentrándome aún más adentro, intuiré el remoto Paraíso,

Sé, que escondo de cada sentimiento, palabras desconocidas y nuevas,

más sin locución y sin voz, mi sien dolida huye,

de la nostalgia plañidera.

Sé, Amor, que te guardas en la celada oscuridad, para ocultar

El rostro más amado y perfecto, aquel que sin huella y nombre

Te califican, te encaraman en los géneros de nobleza.

Soñaré, esta tarde de bucólicas palabras, en los rincones

Donde se guardan los besos a escondidas,

Y así despertar en el respaldo de tu placido seno.

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