El amor queer y homoerótico de Dios (Amigo de Jesús en la noche)

El blog de X. Pikaza
26 jun 2013 - 11:05

Sigo en el tema de ayer. Lo he releído, y siento que he sido "blando con el violador" (¡era mi amigo!), que no he defendido lo suficiente a las víctimas. Alguien me lo ha dicho, tomo nota: Sólo se puede "perdonar al violador" haciendo justicia radical con las víctimas, comprendiendo la "herida" que pueden tener y tienen tras 30 años.

Por eso sigo, insistiendo en que el problema no es la homosexualidad en sí, sino homosexual morboso y "aprovechado" de los "menores" (también los héteros pueden ser morbosos y aprovecharse de los menores... Quien siga leyendo verá que el tema es difícil, de muchas vertientes. Hoy lo planteo desde otra perspectiva, con la carta de un amigo "fantasma" de Jesús: Cómo ser homosexual y amar a Dios y a los demás de un modo limpio, cristiano.

Verá el lector que el "amigo fantasma de Jesús en la noche" está evocando la escena misteriosa del joven de Mt 14, que escapa desnudo, cuando prenden a Jesús en el Huerto de Getsemaní, la noche del amor traidor de Judas.

Introducción (x. Pikaza)

Dice Pablo en Gal 3, 28: No hay judío ni griego, ni hombre ni mujer, ni esclavo ni libro... Todos estamos unidos en Cristo, nacidos para la libertad, para el amor, para decir Abba, Padre, cada uno desde nuestra situación.

Por eso yo añado: Ya no hay homo- ni héterosexual, hay personas... Personas llamadas a vivir en el amor mutuo, aceptando cada uno lo que es. "¿Naciste hétero...?". Dale gracias a Dios, y aprovecha tu condición para amar mejor. "¿Naciste homo-...?". No te rebeles, aprende a amar de esa manera, en transparencia, en servicio, para bien de toda la comunidad de los cristianos y de toda la comunidad humana.

En esa línea sigue diciendo Pablo que no hay ni célibes ni casados.... Ni el celibato vale en sí (no es fin), ni vale el matrimonio. Lo que para unos y otros vale es el amor... Por eso los casados vivan como si no estuvieran casados (que el matrimonio no les impida el amor, sino al contrario...). Y lo mismo, los célibes vivan como si no lo fueran (que el celibato no sea trampa para el amor, sino expresión de libertad...).

Que la mayoría (los héteros...) no desprecien a la minoría, ni al revés.... Que sepan todos que forman un sólo "cuerpo", una comunidad hecha para el amor de todos, en respeto y gozo, en esperanza, en medio de las tribulaciones de la vida presente, porque la "figura" de este mundo (la homo y la hétero) pasa.

Completo así lo que ayer dije a mi amigo "homo..." (pederasta), pidiendo que el amor sea en libertad, sin imposiciones, sin violencias-violaciones, sin destrucción de los otros, sin "prostitución" de unos otros (ni de tipo económico ni social, ni sacral...). Nos ha llamado Dios al camino del amor.

Nos ha abierto una puerta en el frío muro del castillo del mundo, hacia un horizonte de amor, como en la imagen. Parece una imagen de la Alta Castilla (Gormaz)... Sobre una ventana previa y rota, de otro estilo.... han trazado una ventana-puerta de amor, hacia un horizonte de colores de esperanza (Al final presento otra puerta-ventana antigua del mismo castillo, llegue hasta allí quien quiera, pare descubrir la belleza del amor). Desde ese fondo, siga leyendo quien quiera una carta "de amor" que me manda un amigo "queer".

El amor queer y homoerótico de Dios (Amigo fantasma de Jesús)

Me escribe un “amigo” del blog:

“Soy cristiano y soy homosexual, sin ninguna contradicción de mi parte.. Veo la relación entre Dios y uno mismo como, quizás, la primera relación homo(entre iguales)afectiva y erótica. Dios nos brinda su amor y espera que le amemos, parece contradictorio pues él es amor y eso revela que cuando viene a nosotros, se hace uno con nosotros en todo y en nuestras limitaciones, pero no nos encierra, nos pide ir afuera... Y cuando vamos a Dios nos elevamos a lo sublime sin quitar los pies del suelo. Bellísimo.

Por eso cuando estamos lejos de él nos busca y quien lo desea se siente angustiado, y cuando vuelve nos lo pregunta tres veces (como Jesús a Pedro, en Jn 21), aunque no nos ama más que a todos sus hijos, pero sin duda nuestra relación es particular y podemos decir Sí, te amo más que él…”.

Gracias "amigo fantasma" de Jesús. Como verás en la imagen, he querido abrir el muro viejo de un templo viejo, para convertir el hueco en camino que mira y abra al horizonte del amor. Un abrazo... Todo lo que sigue es también tuyo.

El amor queer y homoerótico de Dios.

Antes que nada, agradezco a Xabier Pikaza por la oportunidad que me da de publicar este texto en su blog. Es mi conclusión particular, abierta a la discusión. Dios papá los bendiga.

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Me pregunto desde antes de iniciar el tema, ¿cómo puedo hablar de la homosexualidad desde una experiencia de fe? ¿Cómo comunicar la Buena Nueva de Jesús a los que la iglesia clasista trata como los nuevos marginados del Templo? Y mucho más importante aún, ¿cómo vivir el amor de Dios en nuestra orientación sexual?

El amor de Dios, por su origen y naturaleza, no es sexual y sí extraño y misterioso (queer en inglés). No es exclusivo es para todos y nos quiere poseer a todos. El amor de Dios nos busca y al encontrarnos se produce una unión de dos naturalezas, llamada por el deseo despertado por la ansiedad, la búsqueda y la provocación de un encuentro y otro y otro mientras llegamos al que no conocerá final… El amante busca al amado. Dios se sexualiza al unirse con cada uno de nosotros.

Toca insistentemente la puerta de nuestro corazón, la única que su poder no puede abrir desde afuera pues se abre desde adentro, al interior. Toca y toca, insiste, no se cansa, es fiel, espera que el amado –nosotros- le abra (mos); algunos corren desesperados, tropiezan aquí y allá, llegan sudados, con la ropa hecha jirones y con heridas en el cuerpo hechas desde el interior, pero nada de esto importa cuando la puerta de nuestro hogar se abre para dejarlo entrar y robarle apasionadamente un beso de su boca. Así somos muchos, quizás. Otros se toman su tiempo y caminan lentamente; el deseo de la unión con el Amante por nosotros amado es el mismo. Nuestro anhelo de comunión es igual. La relación de uno mismo con Dios es, quizás, la primera relación homo (entre iguales ya que estamos encontrados) afectiva y erótica. Dios nos brinda su amor y espera que le amemos, parece contradictorio pues él es Amor, es Todo en sí mismo ¡Y nos necesita!

Esto revela que cuando viene a nosotros se hace uno (se sexualiza) con nosotros en nuestro todo y en nuestras limitaciones, ¡Pero no nos encierra! Hemos de ser lumbreras que iluminen desde un lugar visible, no debajo de los muebles. Dios “nos saca” de nuestros clósets no derribando la puerta, sino tocando y llamándonos –“Sígueme… Ven a mí, bendit@ de mi Padre”- para ir por el mundo liberando a los oprimidos, no ingenuos de los males sino con la astucia de la serpiente y la sencillez de la paloma, nos hace pastores para cuidar su rebaño y reunirlo si a causa de los asalariados y los malos pastores se ha dispersado o si por causa de los lobos algunas de sus ovejas han sido devoradas, defenderlas hasta dar la vida (Muy bonito, sí, y la realidad es otra)… Nos dice que vino a llamar a las ovejas perdidas, que no son los sanos los que necesitan la curación, a dar descanso con su yugo suave y ligero.

En el reino no hay jerarquías, no existen en Jesús el hombre o la mujer como bien refiere traicionándose un poco el Apóstol Pablo; pero aquellos que, pese a ser los marginados de la sociedad, aman; han precedido a los honorables del mundo (los últimos serán los primeros aunque parezca que van por el camino de la autodestrucción).

Cuando vamos a Dios nos elevamos a lo sublime sin quitar los pies del suelo. El Amor de Dios nos debe arrancar, eso sí, las escamas de los ojos para que veamos claramente a nuestro prójimo, que puede ser un hermano LGTBI con quien congeniemos o no, o uno de nuestros enemigos, convencidos o equivocados. Esta es nuestra tarea, la verdadera prueba. Es muy fácil decirlo, lo divertido es hacerlo, y muchas veces fallamos y nos vamos, pero Él nos busca y nos sentimos angustiados por la separación, y cuando volvemos nos lo pregunta y recuerda tres veces. No hay fe que valga sin Amor.

La opción de Jesús fue preferentemente por los marginados de la sociedad y personas de buena voluntad. Se dejó tocar y tocó a la mujer anónima que le ungió con bálsamo y sus lágrimas sus pies en la casa de Simón el Fariseo, por la mujer con hemorragias, por los niños y los enfermos de toda clase (esos malditos por dios con la enfermedad por su pecado o los de sus padres). Se rodeó de mujeres y hombres de dudosa reputación a los ojos de los justos; su familia no fue la biológica, no distinguió judío de fenicio ni griego de romano.

Le llamaron loco, ¡Y lo fue! Su locura fue y es escándalo incluso para quienes nos decimos sus seguidores, muchos de los cuales pueden o darán la vuelta y abandonarlo, aunque permanecerán en el Templo “orando” y ofreciendo sacrificios. Por eso nos lo pregunta varias veces y nos dirá que tomemos la cruz de nuestra diversidad y le sigamos negándonos miedos, prejuicios, prestigio y religión. Si no morimos a aquello, no podemos esperar vivir. Si nos quedamos con el dios que condena el amor, no conoceremos la Vida. Jesús se dejó tocar y buscó a quien tocar. Hoy aún hay “leprosos”, unos de enfermedades altamente contagiosas que han vivido por años anhelando una caricia. También hay leprosos de miedo y soledad. Para todos ellos hemos de ser Jesús que toca, acaricia y se deja tocar.

Desde hace tiempo me di cuenta que ser gay es también un seguimiento de Dios por un camino estrecho, nada fácil, por el que pocos entran aunque conduzca a la salvación (aceptación y reconocimiento propio y del prójimo). Es para mí y para nosotros, dar testimonio de una verdad incómoda que expone, como una espada que atraviesa el corazón, las verdaderas intenciones de los otros. Ser gay es hacer la voluntad de Papá de amar (por difícil que sea, y lo es) a quienes nos persiguen, dar testimonio ante los demás y dar gracias.

Como personas que nos sentimos atraída biopsicoafectivosocioespiritualeróticamente por personas del mismo sexo nos es posible identificarnos (ser uno) con Jesús (que nos ama hasta el extremo) y su acercamiento a los marginados por la sociedad de su tiempo y de todos los tiempos. Hacemos nuestras las palabras de Papá en el bautismo de Jesús: Tú eres (Somos) mi (tus) hijo(s) amado(s) y en ti (en nosotros) me complazco (te complaces). Dios no nos ama más que a cualquiera de todos sus hijos e hijas, pero nuestra relación con Él es única y particular y sí podemos responderle ¡Sí, te amo más que todos ellos!

El escritor amigo fantasma de Jesús.

22 de junio de 2013.

México.

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