España, de la corrupción autonómica a la federal

La corrupción en la España real es un fenómeno autonómico por excelencia.

Durante décadas el pactismo entre el bipartidismo y los nacionalistas se ha basado en el interés de proporcionar estabilidad política al país, pero a su vez en el interés de saquear las cuentas públicas a través del Estado autonómico con ciertas garantías de impunidad. No es casual que el proceso separatista se activara tras producirse la reacción judicial contra la familia Pujol. Es decir, un poder del Estado, el judicial, ha hecho estallar ese pactismo que es el que ha institucionalizado la corrupción como única forma lógica de entender el reino de taifas que es España.

El federalismo es el recurrido eufemismo de actualidad para legitimar al separatismo. Hoy como en 1873, el federalismo en España es sinónimo de separatismo y de aspiración al absolutismo político de las oligarquías regionales y locales organizadas a través de los partidos políticos, los sindicatos y el asociacionismo político, con un poder judicial bajo su control porque dejaría de haber jurisdicción única para todo el Estado.

España cuenta con uno de los Estados más antiguos y más experimentados. España no es ajena a crisis políticas, ha tenido muchas, y hasta cuenta con una República Federal, la de 1873, si bien duró un año y algunos meses porque acabó en un desastre por la virulencia de su separatismo y cantonalismo y estado de anarquía generalizados.

España tiene experiencia federal, el antes citado desastre de la República Federal de 1873, y el experimento fallido del Estado autonómico que saltó por los aires en la II República con la proclamación de la República catalana bajo la presidencia del genocida Companys en 1934. Pese a esta fatídica experiencia, el Estado autonómico fue recuperado por la Constitución de 1978. Porque el problema del Estado autonómico no es tanto el separatismo como su factor erosivo y corruptor para los intereses de la Nación española, los cuales pasan por hacer sostenible el sistema de solidaridad y justicia entre los españoles, es decir su sistema de pensiones, fiscal, de infraestructuras, mercado y de servicios públicos del Estado de Bienestar. Hoy el separatismo y el federalismo amenazan su sistema de solidaridad. Es sorprendente observar la indiferencia de la izquierda frente a esta amenaza.

Dos analistas ('El despilfarro: la sangría de la España autonómica'," del periodista Federico Castaño y 'El ocaso de las autonomías' del economista Joaquin Javaloys) cifran en 700.000 de los 3 millones de empleados públicos existentes en España, los que han entrado en la función pública mediante pruebas limpias y transparentes. Cifran en "920.000 empleados de más en las autonomías, de los que 520.000 son enchufados y el resto, unos 400.000, son el producto de multiplicar por 17 la estructura de gestión".

Cito a Roberto Centeno: "España es, con abrumadora diferencia, el país europeo con más políticos por habitante. Un reciente estudio cifra en 445.568 los políticos que tiene España (incluyendo los liberados sindicales), el doble que Italia y que Francia, o que Alemania, que con el doble de habitantes tienes tres veces menos cargos políticos. Si pusiéramos en fila a todos los cargos políticos y sindicales españoles, dando 50 centímetros a cada uno, sumarían nada menos que 223 kilómetros. Así que está claro por qué no quieren ni oír hablar de suprimir las autonomías".

Roberto Centeno cifra en más de 136.000 millones de euros al año, el despilfarro autonómico por endeudamiento y duplicidades administrativas. Sólo ahorrando una cuarta parte de este despilfarro se podrían incrementar sin subir los impuestos las pensiones más bajas. Los movimientos reivindicativos de los pensionistas callan por sectarismo político ante este estado intolerable de cosas. Su análisis es parcial e interesado. O las pensiones o las autonomías, este es el dilema que ha de plantearse honestamente cualquier pensionista o futuro pensionista del sistema público de pensiones.

España no fue resultado de una unión entre regiones sino entre reinos, es decir, entre antiguos Estados. España es resultado de una longeva Historia, es fruto de un esfuerzo comunitario, secular, progresivo y racional.

La romanización dotó de homogeneidad a las tribus, la reconquista dotó de proyecto unitario a los reinos, y la ultra-peninsularidad expandió nuestra cultura por el mundo definiendo nuestra identidad hispana y española. Sólo existe una única voluntad (y no diecisiete), la de un sujeto real, la Nación española, sujeto soberano del que emanan todos los poderes del Estado. Sujeto al que evitan los pactistas porque temen su reacción y realismo, y porque trunca sus oscuros intereses.

Uno de los errores que cometen a menudo los españoles es juzgar a su país sin perspectiva histórica ni analítica. Para entender España hay que distanciarse de ella y razonarla.

Nada ha erosionado más la igualdad ante los poderes públicos de los españoles que las autonomías. En España se menoscaba a diario la igualdad de trato a nivel fiscal (impuesto de sucesiones e IRPF), sanitario (régimen de medicamentos y calidad de los servicios) y de asistencia social (ayudas a la dependencia).

España ya es una realidad federal donde las autonomías anteponen ilegítimamente sus intereses a los de los españoles. Somos un mercado y un Estado de Bienestar basado en los intereses comunes y en la solidaridad entre regiones e individuos. El separatismo niega la existencia de ambos rechazando la realidad e imponiendo la suya que es inventada. El federalismo pretende adaptarla, forzándola, para complacer los intereses de las oligarquías regionales suprimiendo para ello, la integradora e íntegra pertenencia a una común Nación española, creando las que sea menester para en último término mantener la corrupción estructural que rige en España gracias al Estado controlable y descontrolado de las autonomías.

Para sostener ese régimen de intereses comunes y solidaridad no necesitamos más de lo mismo (el federalismo). Necesitamos MÁS ESPAÑA.

Concluyo citando al Rey Fernando II de Aragón "el Católico" (odiado por Maquiavelo) refiriéndose a España: "La nación es bastante apta para las armas, pero desordenada, de suerte que sólo puede hacer con ella grandes cosas el que sepa mantenerla unida y en orden"
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