¿Qué siente la mujer que un día dijo SÍ, sin conocer los mapas del dolor y de la gloria? Siente el peso sagrado de la historia temblando entre sus manos calladas.
Y, sobre todo, no te tomes tan en serio: Ríete de tus propios fallos, pide perdón cuando metas la pata y da gracias por estar vivo cada vez que te vayas a la cama.