¡Grita las verdades para que las oigan los cansados
y los que no tienen fuerza!
| Alfonso Olaz OFS
I. El Misterio y la Encarnación
Tú, que no eres de este mundo,
y de este mundo eres.
Sin ser de él, te hiciste Hombre,
uno de nosotros.
Y por Amor te revististe
con la gala humilde de los lirios del campo.
Rostro dulce de vida,
que pacificas los horrores del hombre viejo.
¡Jesús, Tú eres!
II. La Presencia y el Poder
Tú, que te descubres como eres:
no eres del ruido,
y, sin esfuerzo, eres huracán
que doblega los corazones para hacerlos tuyos.
Todos los sentidos se adormecen en tu presencia.
¡Jesús, Tú eres!
III. La Dimensión Cósmica y la Luz
Paz insobornable del Espíritu del Cosmos,
que todo lo abarcas,
desde las simas más hondas
hasta las cumbres más altas.
Música itinerante de amor inacabado,
de tintineantes colores
que transforman la vida oscura
en noche clara y buena.
¡Jesús, Tú eres!
IV. Amor, Misericordia y el Hermano
Amor que a todos llega.
Paz que a nadie inquieta.
Misericordia que nunca cesa.
Fuego que todo lo abrasa
y no se consume en su gozo;
y con Él todo se funde
y se derrite de gozo
en la humildad del hermano.
Profundidad inacabada
en el rostro del hermano.
Rostro palpable de la inquietud del pobre.
¡Jesús, Tú eres!
V. Renacimiento
Renacimiento continuo de la creación,
que nunca duerme
y siempre está amando.
Exhortación final:
¡Ea, corazón valiente, levanta la voz!
¡Grita las verdades para que las oigan los cansados
y los que no tienen fuerza!