¡Hay una cruz que no puede ser bendecida y adorada!

¡Hay una Cruz que no puede ser bendecida y adorada!
¡Hay una Cruz que no puede ser bendecida y adorada! Alfonso Jesús Olaz

¡Hay una cruz que no puede ser bendecida y adorada!


Crucificados que les han roto su sueño de paz y bien.
Crucificados que están en tierra de nadie, en la tierra de Jesús.
¡Hay Crucificados que son obligados a arrodillarse todos los días!
y pierden su dignidad!

¡Basta Ya!
Hay muchos hermanos y hermanas esclavizados y crucificados

Y también millones de hermanos que están sin empadronar en tierra de nadie y no constan en ningún registro civil.
Y esto también pasa en Europa.

Para estos Jesús les ha dado el nombre de Jesús, José y Maria, y luego los ha adoptado y cuidado para siempre.
Crucificados por nuestra falta de solidaridad y hombría
Crucificados obligados a arrodillarse y perder la dignidad por un pedazo de pan

¡No se puede permitir que al hijo de Dios y hermano nuestro crucificado lo vuelvan todos los días a machacar!

Crucificados obligados a arrodillarse por nuestro sistema bancario
y en lo alto en el sillón del poderoso, la calavera de la codicia que ríe a carcajadas

Crucificados a denunciar al hermano, por las amenazas del poderoso.

Crucificados que malviven en nuestras comunidades de vecinos.

Crucificados que perdieron para siempre su sueño de paz y bien.

Crucificados en el sistema esclavista del trabajo.

Los Crucificados no aparecen en los noticieros porque no interesan y nadie les da voz.

Están en nuestras ciudades, en nuestras calles y barrios
aunque les hayamos invisibilizado.

¡Todos somos cómplices!
desentenderse es ser cómplice!

El sistema teme el rostro del Crucificado, le espanta.

Pero lo más indecente
Son los Crucificados por el rostro del lujo, por el Tener, por el Yo.

No se puede adorar y bendecir la cruz.
¡La Iglesia no puede bendecir la Cruz, debe dejarse abrasar por el amor de Dios y así purificarse y dar testimonio!

¡No hay milagros para que Jesús cambie el corazón sin la ayuda del hermano!

¡Mientras no seamos testigos, habremos dejado para siempre enterrada la luz de Jesús y eso nos hará llorar!
¡Jesús envíanos hombres de Evangelio! 

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