Mística contemplativa en acción frente al Covid 19 Contemplación de ojos abiertos y compasión, convergen en estos ‘monjes urbanos’

Ingrid y Geraldine. Orantes contemplativas y comprometidas
Ingrid y Geraldine. Orantes contemplativas y comprometidas

En Bogotá la explosión de contagios en Latinoamérica ha superado los pronósticos. En Bogotá las excepciones al confinamiento han expuesto a muchos, disparando las cifras

Un grupo de conemplativos vive su experiencia de comunión con Dios, con la humanidad y con la creación, en medio de la pandemia del Covid 19, como una oportunidad de vivir la compasión por la ‘Casa Común’

Se trata de un amplio grupo y se han propuesto salir de esta pandemia con un estilo de vida renovado, por su opción en prácticas ecológicas, solidarias y meditativas; buscan escapar del frenesí consumista de la cultura que ha dejado tanto sufrimiento, pobreza e indiferencia

Ya hubo una alerta de contagio en la unidad de neonatos donde ella es enfermera desde hace más de 20 años: el personal sanitario entró en máximos cuidados, y se extremaron los protocolos durante los turnos de 12 horas que han acordado en medio de la pandemia: “Se evidencia la angustia que tenemos de contagiarnos, de contagiar a estos pequeños y, sobre todo, de contagiar a nuestras familias. Hemos padecido las consecuencias de estar tanto tiempo con el tapabocas: marcas en el rostro, rasguños en la piel, dolor de orejas, la cabeza parece estallar; en fin, es abrumador el estrés de estar expuestas; es duro, y hasta se ha alterado el sueño de muchas”, confiesa Ruth Ireneal norte de Bogotá, conservando en su mirada la paz de su segundo nombre.

Y es que la explosión de contagios en Latinoamérica ha superado los pronósticos. En Bogotá las excepciones al confinamiento han expuesto a muchos, disparando las cifras; y la apertura masiva del comercio con un día sin IVA ha generado aglomeraciones en las que no hay distanciamiento social: lo peor está por venir. Médicos, enfermeras, auxiliares y hasta conductores de ambulancias han sufrido los embates de la enfermedad y las absurdas discriminaciones, como dice Rober Mauricio: “cientos rechazaron el oficio de conductor de ambulancias, no solo por miedo al contagio, sino al maltrato de sus vecinos. Yo por mi parte supe que Dios me tenía guardada esta amorosa misión: transportar enfermos de Covid 19, que tristemente mis compañeros rechazan. Yo lo hago feliz; sé que he sido elegido; mi corazón late al estar en la primera fila de este combate”, mientras conduce a lo largo y ancho de esta urbe de nueve millones de habitantes.

A él, se le ve salir de una clínica universitaria de jesuitas, ayudando a empujar la camilla con un paciente protegido por la burbuja anti contagio; lo suben a la ambulancia que él mismo conduce, a pesar de las huellas de reumatismo que hay en sus manos. Cuenta con los equipos de protección, pero también ha comprado, -al igual que Ruth Irene-, más protección para ellos y sus familias. Ingrid Alexandra y Geraldine, suegra y nuera, por su parte, hacen parte de esas microempresarias que proveen en la demanda de tapabocas reutilizables para atender la emergencia, desde un punto satélite al occidente de la capital colombiana: “Ponemos todo nuestro amor en cada tapabocas; los hacemos con la técnica que garantice la perdurabilidad, con estética para imprimir belleza en medio de la angustia, pero sobre todo los hacemos con oración, nuestra oración contemplativa.”

Rober Mauricio
Rober Mauricio

Todos ellos tienen en común que hacen parte de esa red de ‘contemplativos anónimos’ de ‘místicos de ojos abiertos’, que viven su experiencia de comunión con Dios, con la humanidad y con la creación, en medio de la pandemia del Covid 19, como una oportunidad de vivir la compasión por la ‘Casa Común’.

“Me ha servido mucho la oración contemplativa en estos momentos de pandemia. Me ha ayudado el sentarme en silencio para estar en el presente, concentrada en el paciente, lo he aprendido en mi Escuela de Contemplación; vivir en atenta presencia convierte el trabajo en oración, -más este trabajo de servicio a los demás como enfermera-”, afirma Ruth Irene, mientras revisa el catéter que ha puesto a un bebé prematuro en su incubadora. Su esposo también es uno de esos ‘monjes urbanos’, que en la actualidad realiza un teletrabajo, junto a sus hijos, que siguen clases virtuales.

“Participamos en un Plan de Resurrección que emergió de nuestra Escuela de Contemplación, acogiendo la invitación del papa Francisco; por esto asumimos la confección de tapabocas, como una manualidad propia de nuestra Espiritualidad de Vida Plena, en la que ‘Cuidar, Amar y Contemplar’ son tres artes para construir una civilización del Amor”, comenta Geraldine, mientras Ingrid Alexandra muestra los últimos diseños de sus manualidades en un encuentro virtual con otros ‘monjes urbanos’.

Ruth Irene
Ruth Irene

“Soy un hombre afortunado porque sé que estoy cuidando la creación, puedo decir ‘Laudato Si´’, al salir cada mañana de casa, en la que me han acogido unos amigos, y me han respaldado en esta misión”, dice Rober Mauricio, quien además se sienta en meditación en la ambulancia mientras pasa el tiempo de ‘papeleos’ para sacar a cada paciente del hospital. “Esto es lo que aprendí con mi oración contemplativa: que cada momento es un tiempo sagrado para meditar y cada tarea se convierte en oración, porque orar y laborar van juntos”, asegura con la sonrisa de sus ojos; los labios están cubiertos por el barbijo.

“Siento la presencia de Dios en un prematuro de cinco meses –que aunque pequeñito- tiene todo su cuerpo completo. Tengo la certeza de que Dios está ahí. La oración contemplativa es como el aire que respiramos; imposible estar sin oración, sentirse agradecida, tener la oportunidad de un nuevo día, de poder servir. La oración contemplativa es la oración completa porque nos abre los ojos para ver la sencillez de la vida y valorar a cada persona”, confirma esta pacífica sonrisa de corazón grade, llamada Ruth Irene.

Un amplio grupo de orantes contemplativos se han propuesto salir de esta pandemia con un estilo de vida renovado, por su opción en prácticas ecológicas, solidarias y meditativas; buscan escapar del frenesí consumista de la cultura que ha dejado tanto sufrimiento, pobreza e indiferencia. “La oración contemplativa te va transformando sin darte cuenta, sé que soy una persona diferente, no sé cómo explicarlo, pero lo sé, uno no está solo, Dios te habita; susurra en el viento que sopla y en las aves que alcanzamos a ver en la ciudad. Es una metamorfosis, un crecimiento como el de un bebé en una incubadora; los demás se dan cuenta, uno es el último en darse cuenta”, parecen decir todos al unísono, cuando descubrieron en los encuentros virtuales que, juntos, sin saberlo, estaban cumpliendo su misión contemplativa de amar y cuidar enfermos del Covid 19, porque solo una mística de ojos abiertos puede responder al actual momento de la humanidad.

Ruth Irene
Ruth Irene

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