Felipe buscaba un “qué”, una prueba. Jesús ofrece un “quién”: una relación viva. Ver al Padre es descubrir que nuestra identidad más profunda está en el Tú divino, hasta poder decir: “Yo soy tú”. Esta experiencia se realiza en la tempiternidad: el arte de descubrir la eternidad en cada instante. No se proyecta hacia un futuro lejano, sino que se vive en el ahora, donde el Testigo interior reconoce su identidad en el Tú divino.
Nuestro camino requiere de una continua conciencia del presente, donde ‘Yo soy’; en el presente, viviendo en el presente. ‘Yo soy’ se vuelve el acceso, la puerta, al Maestro, que ‘nos da Vida en plenitud’. Ese versículo tan importante para nuestro camino: ‘he venido para que tengan Vida y la tengan en plenitud’. Esa Vida en plenitud está aquí, en el presente. UN SALUDO PARA TODOS LOS PASTORES QUE HAN APRENDIDO A VIVIR EN EL PRESENTE.
La SENTADA es una práctica espiritual que simboliza la experiencia de unidad con Dios. El momento culmen de Emaús está en la sentada en la que el Maestro parte el Pan. La biblia está colmada de sentadas que transformaron la relación del hombre con Dios. Todas las culturas y tradiciones conservan la sentada como una práctica de inmensa profundidad.
La espiritualidad contemplativa no calla ante el M.A.L. (Mentira, Asesinato y Latrocinio) de nuestro tiempo. Así como Jesús desenmascaró a Herodes y León XIV responde a los insultos de Trump con firmeza moral, hoy denunciamos con el Papa, el genocidio en Gaza y Líbano, el asalto a Irán y el silencio cómplice de la Unión Europea.
Tiene que haber en mí un proceso de insurrección que implica prácticas reales cotidianas, para que la Vida del Cristo Interior Resucite mi existencia. La insurrección contra la cotidianidad rutinaria, pesada, confusa encuentra en las prácticas contemplativas el camino de la Vida Nueva.
El Domingo de Resurrección se volvió fiesta urbana: no con desfiles ni fuegos artificiales, sino con la certeza de que la luz ha vencido a la oscuridad. Y en cada esquina, en cada gesto, se anunciaba lo mismo: la vida ha despertado, y la ciudad también.
Alguien pensó en el cuerpo de Jesús reposando en la tumba, en el silencio de los discípulos, en la incertidumbre de quienes lo habían seguido. Y comprendió que ese mismo misterio se repetía en la ciudad: la espera, el vacío, la esperanza que aún no se ve pero que late en lo profundo.
El grupo comprendió que allí, en la ciudad, se estaba levantando una cruz invisible. No hecha de madera, sino de dolores acumulados: la pobreza, la enfermedad, la indiferencia. Y entendieron que ser creyentes significaba cargar esa cruz, no con doctrinas, sino con presencia y compasión.
La mesa improvisada se convirtió en altar urbano. El pan y la fruta fueron sacramento de amistad y de cuidado del cuerpo. El gesto de servicio fue sacerdocio cotidiano. Y el grupo comprendió que el amor se hace presente en lo sencillo, en lo que parece insignificante, en lo que se ofrece sin esperar nada a cambio. Se ama cuando se presta atención, cuando se cuida.
Los monjes urbanos sabían que su devoción no estaba en adornos, sino en el cuidado de la ciudad. Su contemplación era mirar con amor, su oración era palabra de esperanza, su decoración era limpiar, sembrar, cuidar.
La Ermita se convirtió en Betania: un lugar donde el servicio, la contemplación y la vida nueva se entrelazaban. Allí, entre amigos, Jesús descubrió que su nombre lo había marcado desde siempre: ser “salvador” no era cargar con todo, sino ayudar a que otros descubrieran la libertad de vivir acompañados.
Estas meditaciones no pretenden sustituir la liturgia, sino prolongarla en clave urbana. Son invitaciones a reconocer que la Pascua se celebra también en las calles, en los parques, en los encuentros sencillos, en los gestos mínimos que anuncian la presencia divina.
Desde Bogotá y Colombia, se presenta una propuesta concreta llamada Monjes Urbanos, una escuela de espiritualidad integral que se atreve a encarnar este sueño en medio de la ciudad y la montaña, en la vida cotidiana y en la historia concreta de nuestro país. Es aquí donde la renovación espiritual se hace carne y comunidad.
Solo quien ha visto la unidad puede perfectamente sostener esa práctica. Y eso es lo que hacemos en nuestra práctica contemplativa, buscar descubrir como Dios-Hombre-Cosmos están siempre unidos.
Ser sal de la tierra, ser luz del mundo es una práctica. No nos quedamos solos con lo que recibimos allí. Salimos y estamos en la urbe para compartir esto que las bienaventuranzas tejen en nosotros, hacen crecer en nosotros. Un verdadero itinerante sabe de su práctica y sabe de su presencia en la urbe.
En la fiesta de la Presentación del Señor, el acto inaugural será en el Colegio Nuestra Señora de la Sabiduría, en Bogotá, durante la Eucaristía, con la participación de más de 400 niños, adolescentes y sus padres de familia, profesores y demás adultos, Monjas Urbanas y consagradas Hijas de la Sabiduría
Una propuesta contemplativa sólida de novedad y tradición en la ciudad y una comunidad abierta, donde hombres y mujeres, jóvenes y adultos, pueden encontrar un lugar para crecer en la fe