Sentado parte el Pan y sus discípulos se iluminan al reconocerlo

La sentada como práctica espiritual

La SENTADA es una práctica espiritual que simboliza la experiencia de unidad con Dios. El momento culmen de Emaús está en la sentada en la que el Maestro parte el Pan. La biblia está colmada de sentadas que transformaron la relación del hombre con Dios. Todas las culturas y tradiciones conservan la sentada como una práctica de inmensa profundidad.

Sentado parte el Pan
Sentado parte el Pan | VR

Sentado parte el pan y sus discípulos lo reconocen. Sentado, el Maestro les parte el pan y ellos abren sus ojos, lo reconocen, se dan cuenta de su Maestro. Esta escena culmen de los discípulos de Emaús; es el punto hacia donde caminamos todos, hacia donde todos nos dirigimos con el corazón ardiendo durante el camino.

La escena plena del encuentro de la unidad con el Maestro ya la habíamos tenido en la multiplicación de los panes, donde el Maestro sentado le pide a la gente que se siente en el suelo, y los sentados, todos, reciben el pan que él ha partido. Todos los que estaban sentados recibieron el pan. Esa práctica profunda espiritual de intimidad con lo divino. Es la práctica profunda de unidad con Dios.

Es la práctica profunda en la que todos nos hacemos uno. Sentarse y partir el pan, darlo a sus discípulos, permite que ellos abran sus ojos, se den cuenta, despierten a la Vida Nueva, a la vida del resucitado. Mientras van de camino, su corazón arde. Pero ellos necesitan la experiencia de sentarse a estar en la unidad con él.

Sentados
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La plenitud de Emaús llega en la SENTADA

Y de allí emerge, además, un impulso para ir a anunciarlo, para ir a compartirlo con sus hermanos. El Maestro con los discípulos de camino a Emaús les explica la Palabra, les explica las Escrituras, purifica sus corazones torpes, sus mentes que están oscurecidas, pero además les abre la posibilidad de encontrarse con Él. Eso es lo que hace el Maestro durante el camino de Emaús.

Y la plenitud llega en la sentada compartida del pan. Es el gesto del dar la Vida Plena. Ya en muchas otras oportunidades Jesús, el Maestro, se ha sentado para hablar con la gente, para enseñarles, para mostrarles su unidad con ellos. Se sienta a anunciar las bienaventuranzas. Se sienta en la barca a enseñar a la gente. Se sienta en la sinagoga de Nazaret después de leer las Escrituras. La sentada del Maestro es la experiencia de profunda unidad en que podemos participar. La sentada del Maestro es la experiencia que nos abre la comunión íntima y espiritual con él. También por eso en el credo de los apóstoles leemos, recitamos y decimos con el corazón, “está sentado a la derecha del Padre”.

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La Sagrada Escritura colmada de sentadas

La sentada en la Sagrada Escritura, encuentra su plenitud en las sentadas de Jesús. La sentada de Jesús es el signo de la presencia divina que se une a su trono, a la humanidad, a la creación. El profeta Ezequiel en su visión mística ve una figura como con apariencia de hombre que desciende al trono. Desciende al trono. Se sienta al trono de Dios. Y el trono de Dios es la creación, donde el hombre es el signo pleno de esta creación. Y entonces, la sentada de esta figura como con apariencia de hombre, en quien vemos nosotros a Dios hecho hombre se sienta en la mesa de Emaús y en esa mesa lo reconocemos. Es ya uno plenamente con nosotros.

No es gratuita la expresión, es sentarse en la Sagrada Escritura. Se sienta Moisés cuando ora con los brazos en alto. Se sienta Débora bajo el árbol y a ella acuden los principales del pueblo de Israel. En el libro de los jueces, se sienta el rey de Nínive con todo su pueblo ante la predicación de Jonás. Se sientan. Por eso la práctica contemplativa primera que compartimos, que transmitimos en .S.A.L.M.O.S., viene con esa ‘S’ primera: SENTADA, que no es una simple disposición corporal, es todo un entrar en comunión con la divinidad. Todo un entrar en esa unidad donde lo reconocemos como el Misterio unido a nuestra naturaleza humana. Es en la sentada donde todos nosotros podemos descubrirnos, no solo uno con la luz divina, uno con la creación, uno con los demás, sino que además se unifica todo nuestro ser.

Eucaristía cosmoteándrica
Eucaristía cosmoteándrica

Recojan las partes, que nada se pierda

Nuestro ser que se rompe. Todas nuestras fragmentaciones, que se han roto a lo largo del camino, vuelven a unificarse. Todas las fragmentaciones de día a día y que a veces tenemos que recoger, se unifican en la sentada. Tal vez también por esto, en la escena de la multiplicación de los panes, el Maestro pide, recojan las partes que han sobrado, que nada se pierda. Recojan las partes, recojan los fragmentos de la existencia, que ninguna quede por fuera. Recójanlas, nada puede perderse. Y entonces en la sentada todo se unifica. En la sentada volvemos a ser uno. Todo nuestro ser se unifica y descubrimos que es el Espíritu del Maestro el que viviendo en nosotros nos da esa unidad.

La respiración como el Aliento y Alimento de Vida

Por eso nuestra invitación continua a solo sentarse es una práctica sencilla, profunda. Allí redescubrimos no solo la armonía de nuestro ser, nuestro cuerpo unificado en una postura amorosa, amable, profunda, sino que además percibimos esa primera página de la Biblia en la que Dios insufla su aliento en nuestra nariz. redescubriendo así la respiración como el diálogo profundo y espiritual con Dios. Es la respiración en la sentada el momento en el que Dios me alimenta. Es ese Pan de Vida, es esa vida divina, es esa plenitud que me es comunicada. Respiro sentado y entro en la plenitud de la comunión con Dios.

Sentados
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El Maestro enseña a sentarse

Como me lo ha enseñado mi Maestro, como se lo enseñó a la multitud de los 5000, siéntense en el suelo. Y allí les partió el pan y realizó la misma escena de Emaús, sentado les parte el pan, ellos lo reconocen y corren a la unidad con sus hermanos, con los demás discípulos, con la comunidad. La sentada como práctica espiritual no es una práctica egoísta, no es individualista, ni aparta al hombre, por el contrario, lo unifica, lo une con todos, lo une con Dios, con la creación, con los demás y lo unifica interiormente.

Y el alimento divino que llega simbolizado en la respiración, transforma la mente y el corazón como lo ha hecho con millones de personas que realizan la práctica espiritual de sentarse. Los invitamos ahora a asumir esta práctica, la sentada. como experiencia de unidad para descubrir a aquel que nos parte el pan.

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