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Despertemos también el sentido estético y contemplativo para su defensa
“La profecía de la contemplación” es uno de los más sólidos llamados del papa Francisco para que entre todos ayudemos a cumplir los cuatro sueños sobre la Amazonía: social, cultural, ecológico y eclesial. Buscar la protección de sus comunidades y del maravilloso mundo amazónico, solo desde el ‘análisis socio- económico-político’ corre el riesgo de envolvernos en las discusiones, polarizaciones y movimientos que nos ponen a la par de quienes solo han sido capaces de ser rapaces y secuaces de sus destructores.
La profecía de la contemplación es una invitación al recogimiento en la interioridad del Espíritu que soñó la Amazonía antes que los pragmáticos colonos aparecieran, para poderla ver desde dentro, hacerse uno con ella y transformarse en portavoz, profeta y eco del misterio que es ella. Hacernos, profetas, y poetas contemplativos, como tantos otros que han dado su vida en protección y cuidado de la Amazonía, es el primer paso desde el interior para tener las fuerzas y la inteligencia suficientes que convoquen a la humanidad su defensa, pues, como lo cita el Papa en su exhortación postsinodal: “Estos poetas, contemplativos y proféticos, nos ayudan a liberarnos del paradigma tecnocrático y consumista.”
Este esfuerzo contemplativo, silente, pero contundente, es el de tantos grupos, comunidades e individuos que, a lo largo y ancho de Latinoamérica, realizan a través de sus prácticas, de sus preocupaciones intelectuales y de sus acciones sociales sencillas, y que ya han ido tejiendo ‘redes’ en las que pueden descansar quienes, agobiados por la desidia de los hombres, se saben en las manos de Dios y defensores de la Tierra.
Es el caso de la Red CONTEMPLAR, quien se define como un tejido espiritual, fraterno y solidario que el Espíritu va entramando, con personas, grupos y comunidades que realizamos algún tipo de práctica contemplativa, en el respeto de la propia espiritualidad, en unidad con la casa Común y para la protección de las tradiciones místicas de nuestros pueblos ancestrales”, como lo recuerda Enrique Kosfelder, su coordinador desde Buenos Aires, Argentina.
Necesitamos nuevos ‘contemplativos urbanos’, franciscanos en pleno sentido, pero sobre todo fraternidad con nuestros hermanos de estos pueblos originarios, que tantas veces la violencia los ha expulsado a las cloacas de las inhumanas urbes, en donde el desarraigo de la tierra, de las aguas amazónicas, del aire con los aromas de la biodiversidad y del fuego que los reúne junto a una maloca, simplemente los condena a muerte.
Despertar el sentido estético mediante la poesía, la narrativa, pero también mediante la exaltación de la belleza humana de los pueblos amazónicos, de sus formas rituales, de sus cantos y de su cosmovisión, es un ejercicio inherente a la defensa de esta realidad humana tan ignorada. Seguiremos, con todos aquellos que no guardan silencio cómplice con el crimen étnico, ecológico y ancestral, en el que estos pueblos han sido abandonados, en medio de la pandemia.
Usted y yo, todos nosotros que hemos puesto los ojos en la Asamblea Mundial por la Amazonía del 18 y 19 de julio, ante “una situación de vulnerabilidad que nunca antes habíamos vivido”, y a la que nos hemos vinculado, personal y organizacionalmente, hagamos cotidianamente el ejercicio contemplativo, para “contemplar la Amazonia y no sólo analizarla, para reconocer ese misterio precioso que nos supera”, como hizo resonar Francisco en ‘Querida Amazonía’.
Ahora con la Conferencia Eclesial del Amazonas, que dará pasos proféticos desde las selvas que otros quieren arrasar e ignorar y con todas las organizaciones internacionales que buscan proteger el Amazonas, seguiremos las pautas que también Enrique Kosfelder nos recuerda de la Red CONTEMPLAR: “compartir las experiencias formativas, la diversidad de prácticas y los caminos para integrar la contemplación en la vida cotidiana, en la diversidad cultural latinoamericana y mundial, sin alterar las propias espiritualidades; en un continuo ejercicio de comunión, diálogo ecuménico e interreligioso, para la recuperación de la mística de nuestros pueblos originarios”.
En estos días varias Naciones Latinoamericanas celebran sus fiestas de independencia, de libertad, de emancipación. Un día después de la Asamblea Mundial de la Amazonía, el 20 de julio lo celebra Colombia, sea una fecha de buen augurio para el tan esperado grito de autodeterminación solidaria de la Amazonía.
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