Cuidan la 'Casa Común' y la tecnología los conecta por todo el mundo Víctor R. Moreno: Monjes urbanos con hábitos ecológicos y tecnológicos

Nidia y Diego, monjes urbanos
Nidia y Diego, monjes urbanos

Viven en medio de las complejas urbes del mundo, la mayoría son profesionales, no buscan el éxito ni la fama. Casados y solteros, padres de familia, profesionales, abuelos, consagrados...

Son monjes porque buscan alcanzar la 'perfección', 'el centro' de su ser, ‘lo único necesario’; monjes urbanos con hábitos ecológicos y tecnológicos: 'están en el mundo, pero no son del mundo'

El 'monacato urbano' es un camino que día a día se abre paso con mayor fuerza en el siglo XXI, en el que ser místico es una necesidad urgente

Si los monasterios tradicionales se desocupan, el Espíritu asegura los monasterios urbanos tengan sus propios monjes, pues 'el arquetipo del monje' es una dimensión constitutiva del ser humano

Viven en medio de las complejas urbes del mundo, aunque buscan atravesar con sus hábitos el caos que los rodea. Se hospedan en pequeñas habitaciones, apartamentos o casas; en conjuntos residenciales, barrios populares o condominios. La mayoría son profesionales, llevan una vida social equilibrada y en armonía con la creación. Prefieren la privacidad, no buscan el éxito ni la fama. Casados y solteros, padres de familia, profesionales, abuelos, estudiantes, fieles de parroquia, empresarios, clérigos y consagrados. En el trato cercano se les percibe gozo, serenidad y profundidad. Son monjes porque buscan alcanzar la ‘perfección’, ‘el centro’ de su ser, ‘lo único necesario’; monjes urbanos con hábitos ecológicos y tecnológicos: ‘están en el mundo, pero no son del mundo’.

“Teníamos la vida propia de la gran ciudad, con sus afanes y dificultades; pero nos sentíamos en un sistema automático, deshumanizante, con las ambiciones de la sociedad de consumo, e intuimos en el fondo que nos faltaba algo”, dicen Nidia y Diego, de Bogotá, Colombia.

Están expuestos a las tribulaciones de todo citadino y a la dispersión de la cultura urbana. Por esto, urgen de una Escuela que les abra la puerta al Camino, les brinde herramientas, disciplina y acompañamiento para vivir disponibles al soplo del Espíritu, evadiendo la fragmentación.

“Casi sin buscarlo, conocimos la Escuela de Contemplación; una nueva visión de la religión; es espiritualidad: la escucha del silencio, la práctica de la oración centrante, el descubrimiento de nuestro cuerpo para la oración. Es un camino disciplinado, personal, de búsqueda interior, más allá de ideas, discursos, e imágenes; es unión con el Todo. No seguimos a un gurú, ni buscamos venerar figuras carismáticas.”, asegura esta pareja que lleva más de cinco años practicando. Por su parte, Ximena, que vive en Montreal, Canadá, asegura que “No ha sido fácil, voy poniendo en orden la vida. Nos reacomodamos. Ha sido un proceso de adaptación duro. Nos estamos mudando a un nuevo espacio. Con la responsabilidad de esposa y criar mis dos bebés, busco diariamente ser fiel a la práctica que me devuelve a la paz.”

Diego
Diego

Llegar a ser monje exige, ante todo, el anhelo interior. Cuando se realiza como monje urbano, todo está por hacer: es necesario dejarse guiar hacia el Maestro interior, descubrir el camino de ingreso al monasterio del alma y mantener la disciplina de escuchar al Espíritu silente en la cotidianidad. También se estudia. No hay muros. Saben que lo más coherente es hacer comunidad con las personas con las que conviven, así no compartan su mismo camino. La práctica de la contemplación está libre de estructuras burocráticas, de títulos y protagonismos; más bien despierta la fraternidad amorosa, la amistad propia del desierto. El monje urbano se descubre a sí mismo como un ‘nodo en la red humana, cósmica y divina’.

“Decisión, perseverancia y lealtad a las prácticas de la Escuela, con la orientación que se nos ofrece, abrieron nuestros ojos al amplio mundo de la espiritualidad: la riqueza de la oración contemplativa, nuestro vínculo con la naturaleza, la atenta presencia en nuestros actos cotidianos de alimento, trabajo y descanso, son alabanza al Creador. Todo está conectado: Cosmos-Dios-Hombre”, afirman quienes ya que han participado asiduamente en retiros para perfeccionar y afianzar su práctica. “Dios ha sido muy generoso, estoy en el proceso de creer, entregar, confiar y aceptar”, confiesa Magda, desde Camberra, Australia

El cuidado de la ‘Casa Común’ en la urbe, es parte de sus prácticas contemplativas, además de sentarse en silencio meditativo y de escuchar la sabiduría de la Palabra. Es una disciplina que les permite mantener la armonía interior y con su entorno. La escucha amorosa de la creación es cotidiana. Desde clasificación de basuras hasta una siembra de plantas en un encuentro virtual, fue la actividad con que cerraron la semana ‘Laudato Sí’ en tiempo de cuarentena.

“El cambio de vivienda favoreció hacer más tangible y sencillo el encuentro con la naturaleza, así como un enamoramiento de Dios más consolidado. Las nuevas dinámicas y el contexto, eran acordes con el anhelo de tranquilidad y simplicidad para nuestra vida; se nos daba cada día mayor consciencia de la íntima conexión que existe entre la creación, la divinidad y el universo al descubrimos poco a poco como creaturas”, dice Nidia, mirando con serenidad hacia el horizonte.

Ximena
Ximena

Diariamente Ximena, Magda y todos los demás, reportan sus prácticas en un grupo de Whatsapp, para visualizar sus lazos cotidianamente; reciben las meditaciones de la Escuela SALMOS en la página de Youtube y semanalmente tienen un encuentro virtual fraterno, para compartir testimonios, inquietudes, profundizar en un tema e incluso hacer una práctica conjunta, desde distintas partes de Colombia, América y Europa. “El llamado sigue ahí, la ayuda de los videos en Youtube ha sido vital; siento que, en este momento de cambio de vida, en plena pandemia, es la oportunidad perfecta de hacer las cosas bien, desde un renacer espiritual”, sonríe Ximena, con casi ocho años de camino.

Diego y Nidia nos comparten: “ambos somos docentes, enseñamos a adolescentes, jóvenes y adultos. La tecnología es una herramienta cotidiana, y nuestros conocimientos también los hemos compartido para que la difusión del servicio espiritual de la Escuela de Contemplación llegue a más personas, podamos realizar encuentros virtuales y participemos activamente en diversidad de actividades, manteniendo recogimiento y silencio.”, nos comparten Diego y Nidia.

Carlos, en Madrid, España, aún no ha participado en ningún retiro presencial de la Escuela, pero participó en el de Semana Santa, siguiendo virtualmente las guías y video-prácticas por Facebook; tan pronto como le sea posible participará en un retiro de Introducción a la Contemplación que la Escuela ofrezca en la capital ibérica, o se escapará a Colombia con esa intención.

Así como estos ‘monjes de ciudad’, existen cientos de itinerantes que caminan hacia un ‘monacato urbano’, y comparten un mismo anhelo interior en diversas partes del mundo. Este camino no se puede hacer solo, so pena de terminar centrados en el ego, seguir las propias ilusiones o destruirse moralmente. Es un camino que día a día se abre paso con mayor fuerza en el siglo XXI, en el que ser místico es una necesidad urgente. Si los monasterios tradicionales se desocupan, el Espíritu asegura los monasterios urbanos tengan sus propios monjes, pues ‘el arquetipo del monje’ es una dimensión constitutiva del ser humano.

Nidia
Nidia

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