Carta abierta a la nueva Ministra de Educación en Colombia, Dra. Viviane Morales Hoyos
Educación y Espiritualidad
Primero que todo, la invito a disipar el fantasma de la confrontación religiosa en los ambientes escolares anunciando una propuesta de espiritualidad integral, respetuosa y reconciliadora. Una propuesta que sacie la sed de trascendencia, responda a la diversidad de búsquedas espirituales presentes en nuestro país y convierta la educación en un espacio para formar artesanos de paz. Esta educación en espiritualidad integral, anclada en la Constitución y en las leyes vigentes, acompaña los anhelos del corazón humano sin imponer dogmas y se puede sostener más allá de las coyunturas políticas o cambios de gobierno.
Choachí, Colombia/ Respetada Doctora Viviane Morales Hoyos
Ministra de Educación designada:
Soy Víctor Ricardo Moreno Holguín, sacerdote católico de la Arquidiócesis de Bogotá, magíster en Teología y catedrático universitario y formador escolar, dedicado desde hace más de quince años a promover la espiritualidad en ambientes interculturales, ecuménicos e interreligiosos.
En este momento en que nuestro país atraviesa una profunda división política, marcada por las recientes elecciones, y golpeado por diversas formas de violencia que parecen sembrar desesperanza en las nuevas generaciones, hablar de espiritualidad en la escuela puede parecer un terreno delicado, pero es también una urgencia: Colombia necesita reconciliación, sentido y espacios de interioridad que ayuden a sanar las heridas de la polarización y del conflicto.
Reconocer nuestra diversidad cultural, religiosa y espiritual no tiene por qué ser un problema; es una riqueza que nos bendice y se convierte en una tarea que se ha de promover en el ambiente educativo. Por eso me dirijo al Ministerio de Educación bajo su liderazgo, con respeto y esperanza.
Primero que todo, la invito a disipar el fantasma de la confrontación religiosa en los ambientes escolares anunciando una propuesta de espiritualidad integral, respetuosa y reconciliadora. Una propuesta que sacie la sed de trascendencia, responda a la diversidad de búsquedas espirituales presentes en nuestro país y convierta la educación en un espacio para formar artesanos de paz. Esta educación en espiritualidad integral, anclada en la Constitución y en las leyes vigentes, acompaña los anhelos del corazón humano sin imponer dogmas y se puede sostener más allá de las coyunturas políticas o cambios de gobierno.
Ya contamos con sólidos fundamentos legales que usted conoce:
Artículo 25 de la Ley 115 de 1994: establece la formación ética y moral como parte esencial del currículo, del ambiente escolar y del comportamiento de directivos y docentes. Se trata de un área distinta de la educación religiosa, aunque ambas están reguladas en la misma ley.
Decreto 4500 de 2006: reglamenta el área de Educación Religiosa en preescolar, básica y media, señalando que la formación integral de la persona incluye su “dimensión trascendente”. La asignatura es obligatoria en el currículo, pero los estudiantes pueden optar por un programa alternativo si no desean cursarla.
Cátedra de la Paz: creada por la Ley 1732 de 2014 y reglamentada por el Decreto 1038 de 2015, es obligatoria en todos los niveles de educación preescolar, básica y media. Su propósito es formar en reconciliación, convivencia pacífica, respeto a la diversidad y ciudadanía democrática.
Sistema Educativo Indígena Propio (SEIP) y etnoeducación afrocolombiana: el SEIP fue reconocido como política pública mediante el Decreto 481 de 2025, garantizando autonomía pedagógica y respeto a las cosmovisiones indígenas. La etnoeducación afrocolombiana, respaldada por la Ley 115 de 1994 y desarrollada en decretos como el 804 de 1995, asegura identidad cultural y autonomía pedagógica en las comunidades afrodescendientes.
Estos fundamentos muestran que la espiritualidad integral no es una agenda confesional, sino una dimensión reconocida por la ley y la Constitución, que perfectamente se puede esgrimir para absolver las dudas de quienes pueden caer en la trampa de convertir el aula escolar en un nuevo espacio de conflicto.
Para la arquitectura de esta propuesta en el siglo XXI, contamos con referentes complementarios que legitiman el pluralismo y enriquecen el debate pedagógico. Solo para no quedar en abstracto me permito citar voces reconocidas y sólidas en medio del actual ambiente consumista, conflictivo y polarizador que nos rodea: el actual llamado al silencio y la contemplación de Byugn-Chul Han, la hermenéutica diatópica y la mística como sustrato común de cualquier ambiente pluricultural, y ecológico, de Raimon Panikkar, el mapa psicopedagógico para educar en la integralidad de Ken Wilber, y la pedagogía dialogante de Julián de Zubiría Samper, ampliamente reconocida en Colombia, entre otros.
Estos pilares se articulan en una secuencia clara: Zubiría diagnostica el problema educativo, Wilber ofrece la solución en clave de desarrollo integral, y Panikkar garantiza que acompañar la dimensión espiritual no significa adoctrinamiento. Byugn-Chul Han nos pone de frente a prácticas concretas y abiertas como las que buscamos difundir por su profundidad sin adoctrinamiento. Son una muestra de posibilidades concretas.
La difícil misión de su Ministerio viene acompañada de problemas de infraestructura, de falta de agua potable y hasta de conectividad en altos porcentajes de escuelas, sobre todo en las periferias del país. Misión compleja que requiere de la convocatoria de diferentes actores, con diversidad de visiones, en las que este Ministerio podrá evidenciar que no viene a implantar visiones dogmáticas verticalistas.
Para que la propuesta tenga legitimidad, debe dialogar, y se hace un llamado para contar con la honesta participación de actores clave: FECODE, las Secretarías de Educación departamentales y municipales, CEDECOL, la Conferencia Episcopal de Colombia, las facultades de educación universitarias y organismos internacionales como la UNESCO, cuyo Informe Delors sobre los cuatro pilares del aprendizaje legitima la dimensión interior como parte esencial de la educación. Ninguna visión aislada tiene todas las respuestas a todos los retos de la educación en Colombia. Así el Ministerio de Educación será una escuela amplia de tejedores de paz.
Ministra Morales, Colombia necesita una educación que forme pensamiento crítico, competencias socioafectivas y sentido de vida: todo ello hace parte de la espiritualidad integral. Una educación que acompañe la búsqueda humana sin imponer dogmas, que reconozca la dimensión trascendente de la persona, que dialogue con las sabidurías ancestrales y que se apoye en metodologías ya probadas en colegios.
Como sacerdote, teólogo y promotor del diálogo intercultural e interreligioso, estamos dispuestos a participar si se superan las visiones parciales, la politización ideológica de la educación y el ambiente conflictivo en las aulas. Contamos con líderes de otras visiones religiosas para una propuesta educativa en Colombia. Estoy convencido de que, si se logra, la educación colombiana puede convertirse en un verdadero laboratorio de reconciliación, humanidad y paz, justo en el momento en que más lo necesita.
Con respeto y esperanza,
Víctor Ricardo Moreno Holguín, Pbro.
Arquidiócesis de Bogotá
monjediocesano@gmail.com