Confesar a Jesús Mesías con nuestras palabras y obras

Domingo XXI del Tiempo Ordinario (23-08-2026)

Jesús y Pedro
Jesús y Pedro

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas". "Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?". Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo". Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías (Mateo 16, 13-20).

El evangelio de hoy nos presenta la confesión de fe de Pedro, reconociendo en Jesús al “Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Si en evangelios anteriores hemos visto dudar a Pedro, aquí él se adelanta a todos los discípulos y afirma la fe mesiánica.

El texto nos permite ver que la gente del tiempo de Jesús lo está reconociendo como un profeta al estilo de Juan el Bautista, o de Elías o de Jeremías. Esto ya nos muestra que sus palabras y obras no están dejando indiferentes a sus contemporáneos y lo comienzan a ver cómo alguien importante. Pero la confesión de Pedro da un paso definitivo al reconocerlo como Mesías.

Es bueno recordar que los evangelios se escriben a la luz del misterio pascual, con lo cual, esta confesión de Pedro responde más a esta experiencia que a la vida histórica de Jesús. Si así hubiera sido, sería muy difícil que Pedro lo negara tantas veces. Pero, sin duda, el evangelio nos está mostrando la originalidad de Jesús, su diferencia esencial con cualquier otro personaje magnífico de la historia, originalidad que vendrá dada por la resurrección que hace posible el participar de la vida definitiva con Dios.

Las palabras de Jesús sobre la revelación que viene de Dios y no de la carne y de la sangre, muestran el don de Dios que se revela a nosotros, muy lejos de los esfuerzos humanos por querer alcanzar a Dios con nuestros propios méritos.

Una vez que Pedro ha hecho la confesión mesiánica, Jesús le revela la misión que le confía: ser piedra para edificar la Iglesia y abrir la puerta del reino a todos los que deseen incorporarse en este camino. La Iglesia solo tiene sentido por la confesión de fe en Jesús y esto nos ha de recordar siempre que, siendo una institución humana porque se encarna en la historia, es una iniciativa divina, teniendo como protagonista al mismo espíritu de Jesús. Y, a diferencia de los fariseos y escribas que, en otras ocasiones, Jesús crítica por cerrar las puertas o poner cargas pesadas sobre los demás, en este texto Jesús confía a los suyos, abrir la puerta a todos, liberarlos del poder de la muerte y que puedan entrar sin ninguna atadura que lo impida.

Jesús les ordena que no le digan a nadie que es el Mesías, mostrando, tal vez, que esta confesión es post pascual. Pero, en nuestro tiempo, ojalá que sepamos confesar a Jesús como Mesías con nuestras palabras y, sobre todo, con nuestras obras.

(Foto tomada de: https://www.dominicaslerma.es/monasterio/home-2/rincon-para-orar/2136-la-triple-confesion-de-pedro.html)

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