El silencio contemplativo
León XIV: un Papa amigo del silencio sagrado
El silencio contemplativo
"El primer lugar en el que puedes conocer la voluntad de Dios es el silencio." Parece sentenciar, León XIV, quien se dirigió a los miles de jóvenes reunidos en la Plaza de Lima de Madrid para la Vigilia que marcó uno de los momentos más intensos de su visita a España.
No fueron palabras vacías. La noche estuvo atravesada por largos momentos de silencio: jóvenes de rodillas, cabezas inclinadas, adoración ante el Santísimo Sacramento. Una imagen poco habitual en las plazas del siglo XXI, y sin embargo completamente espontánea. Como si el Papa hubiera dicho exactamente lo que ellos estaban esperando escuchar.
"Para reconocer la voz de Dios, puede ayudarnos ante todo el silencio, que favorece la atención y el recogimiento."
No es la primera vez que León XIV habla así. En su encíclica Magnifica Humanitas ya había propuesto algo que sorprendió a muchos: "educarnos en el ayuno de la IA", una desconexión deliberada que no nace del miedo a la tecnología sino de la necesidad de custodiar nuestra propia capacidad contemplativa. Porque pensar de verdad, decía, requiere tiempo, silencio y la paciencia del error. En Madrid lo dijo con otras palabras, pero con la misma convicción:
"Cuando buscamos el silencio, decidimos qué no escuchar y de qué ruidos no dejarnos distraer. Al liberarnos del estruendo de mil voces, reconocemos que algunas engañan nuestros deseos, otras nos compran sin alimentarnos, otras hablan por interés."
Para reconocer la voz de Dios, puede ayudarnos ante todo el silencio, que favorece la atención y el recogimiento.
Ante una generación bombardeada de estímulos, el Papa no ofreció más ruido. Ofreció criterio. Y recordó a los jóvenes que ser discípulo de Cristo no significa estar atrapado en el presente continuo de las pantallas, sino ser contemporáneo sin ser prisionero: libre de las modas, abierto al futuro, con los pies en la historia y los ojos en la eternidad. De ahí otra de las frases de la noche, sencilla y contundente:
"En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece."
La Vigilia, en la que como recuerda el Evangelio “Jesús se sentó con sus discípulos”, los jóvenes se sentaron en adoración”, terminó como había comenzado: con música sacra, cantos, oración y —de nuevo— silencio. Los jóvenes demostraron que no le tienen miedo. El Papa los había preparado bien:
"La adoración eucarística que esta noche compartimos es precisamente el lugar adecuado para guardar silencio, liberar el corazón y estar nosotros mismos ante el Señor, dialogando con Él, de modo que se haga elocuente en su amor, hecho alimento para la humanidad."
León XIV sabe rugir con la voz de Cristo cuando hace falta. Pero es, sobre todo, un hombre de silencio. Y esa noche en Madrid, miles de jóvenes lo entendieron sin que tuviera que explicarlo.
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