Abilio Martínez: "La Iglesia concede una gran importancia al diálogo social y lamenta que en algunas materias no se alcancen acuerdos"
El obispo de Ciudad Real y responsable de Pastoral Obrera en la CEE señala en entrevista con RD que "muchas familias acogerán la subida del Salario Mínimo Interprofesional como una buena noticia"
A mediados del pasado febrero, Abilio Martínez Varea, responsable de Pastoral Obrera del Episcopado español, se dio un baño de realidad –"no siempre suficientemente conocida"– en los asentamientos de inmigrates en Almería. Concretamente, en el de Atochares, en Níjar. "Me he encontrado con una situación dolorosa: personas migrantes que viven y trabajan con unas condiciones laborales muy precarias; personas que no tienen acceso a una vivienda digna ni a los derechos sociales más elementales por no estar regularizadas", señala el también obispo de Ciudad Real.
De esa situación, de cómo es posible que una realidad lacerante –en la que la Iglesia está presente–, pero que permenece invisibilizada mientras se atiza el rechazo a los inmigrantes, habla monseñor Martínez en entrevista con Religión Digital, pero también de cómo "el individualismo y la desvinculación están afectando al mundo del trabajo".
Pregunta.Usted ha estado recientemente visitando los asentamientos de inmigrantes en Almería. ¿Qué es lo que se ha encontrado allí? ¿Qué es lo que más le ha llamado la atención?
Respuesta. En Almería me he encontrado con una situación dolorosa: personas migrantes que viven y trabajan con unas condiciones laborales muy precarias; personas que no tienen acceso a una vivienda digna ni a los derechos sociales más elementales por no estar regularizadas.
R. Por otro lado, me he encontrado con una sociedad que se organiza para dar respuesta a las necesidades de estas personas. He visto cómo entidades sociales y eclesiales dan una respuesta integral a esta realidad, en muchos casos supliendo el papel que las administraciones deberían desempeñar, lo que aporta la esperanza de que un mundo mejor, basado en los valores humanos y evangélicos, es posible.
P.¿Cree que esa realidad es suficientemente conocida en el resto de España? Sabemos que de la zona llega una parte importante de la verdura y la fruta que se sirve a nuestras mesas. ¿Pero sabemos quién, en última instancia, se encarga de su cuidado, recolección…?
R. Por desgracia, la situación que se vive en estos asentamientos no siempre es suficientemente conocida. El trabajo del campo es, en general, una vida muy sacrificada y, cuando vamos a comprar, normalmente nos quedamos en la superficie, sin profundizar en las durísimas condiciones humanas o laborales de estas personas migrantes que hacen posible que estos productos tan necesarios lleguen a nuestras mesas.
Los testimonios que hemos escuchado nos han hablado de un sinfín de situaciones verdaderamente tristes, sobre todo en los asentamientos
P. ¿Cómo diría que son aquellas condiciones laborales de estas personas, buena parte o la mayoría inmigrantes?
R. El encuentro ha sido con trabajadores migrantes, especialmente con aquellos que no tienen regularizada su situación en España, aunque también nos hemos encontrado con trabajadores que sí la tienen regularizada y que llevan más de 20 años en nuestro país.
R. Los testimonios que hemos escuchado nos han hablado de un sinfín de situaciones verdaderamente tristes, sobre todo en los asentamientos. No son la mayoría, pero sí una parte significativa de la población migrante, especialmente quienes se encuentran en situación irregular.
P.Hay ciertos ámbitos en los que se afirma que los inmigrantes que llegan a España les quitan los puestos de trabajo a los españoles… ¿Por qué cree que hay algunos empresarios que tienen en ese mar de plástico a inmigrantes, a veces sin papeles, en vez de contratar y asegurar a locales?
R. Las personas migrantes acceden a sectores de baja cualificación (a pesar de que en ocasiones tienen una mayor cualificación profesional o preparación académica), de alta intensidad de mano de obra y de servicios, destacando el servicio doméstico (71% de los empleados), la hostelería (45%), la construcción (32%) y la agricultura (31%).
R. La pregunta de por qué los empresarios contratan a personas migrantes en vez de a autóctonos deberían responderla los propios empresarios… Yo creo que hay una razón principal: existe una mayor disponibilidad de trabajadores migrantes para estos trabajos no cualificados.
P.Recientemente se ha vuelto a aprobar una subida del Salario Mínimo Interprofesional, de nuevo sin consenso por parte de algunos agentes sociales y fuerzas políticas. ¿Qué le parece la aplicación de este SMI y que no haya un consenso para su actualización? ¿A qué cree que se debe?
R. El Informe FOESSA 2025 constata que uno de cada diez trabajadores está en situación de exclusión social; es decir, pese a tener empleo, sus ingresos no son suficientes para cubrir necesidades básicas. Muchas familias acogerán la subida del Salario Mínimo Interprofesional como una buena noticia.
R. La Iglesia concede una gran importancia al diálogo social y lamenta que en algunas materias no se alcancen los acuerdos necesarios para evitar el sufrimiento de muchas familias y, como recuerda la Doctrina Social de la Iglesia, poner en el centro a la persona.
R. Hay otro tema muy importante para las personas trabajadoras y sus familias: preservar la salud y la seguridad de trabajadoras y trabajadores. Tampoco en esto ha habido consenso. Más de 30.000 enfermedades profesionales registradas, más de medio millón de accidentes laborales con baja y 753 muertos en el trabajo. Estas cifras reclaman una mayor disponibilidad al consenso. La pérdida de salud y las muertes en el trabajo son un drama de primer orden al que la sociedad debe dar una respuesta eficaz y urgente.
P.Usted es el obispo de la Pastoral Obrera en España. La mayor parte de la fuerza laboral en el país podría considerarse obrera; sin embargo, la afiliación sindical está bajo mínimos, igual que la conciencia de pertenecer a la llamada clase trabajadora. ¿Cómo se explica esto desde su Departamento?
R. El individualismo y la desvinculación son males que se extienden en nuestra sociedad. Esto afecta a todos los ámbitos, también al mundo del trabajo. Hay una tendencia a buscar soluciones individuales que va calando en nuestra cultura.
R. Las personas somos seres sociales; a los católicos nos gusta más decir “seres comunitarios”, lo cual entra en contradicción con ese “sálvese quien pueda” tan extendido en nuestros ambientes. También es cierto que muchas instituciones deben revisar su respuesta a las necesidades de las personas a las que quieren servir. Todos estamos llamados a esa revisión permanente.
R. Desde este Departamento queremos crear conciencia y ayudar a fortalecer ese sentido comunitario. Como señalaba san Juan Pablo II en Laborem exercens, “son siempre necesarios nuevos movimientos de solidaridad de los hombres del trabajo y de solidaridad con los hombres del trabajo”.
Creemos la IA que no va a afectar tanto al empleo como a la forma de trabajar. Ciertamente, desaparecerán algunos empleos y otros emergerán y es posible es que se cree una mayor brecha entre trabajadores cualificados y no cualificados
P.¿Teme el impacto de la Inteligencia Artificial sobre los trabajadores, también los menos cualificados? ¿Vislumbra algún panorama? ¿Está trabajando la Iglesia en cómo prepararse pastoralmente para ese momento?
R. Es evidente que la IA tendrá un impacto sobre el trabajo, si bien no sabemos cuál será su alcance en un futuro. Ya empezamos a conocer su uso en la actualidad y cómo la IA empieza a utilizarse para la selección de trabajadores, para vigilar o rentabilizar la productividad.
R. Creemos que no va a afectar tanto al empleo como a la forma de trabajar. Ciertamente, desaparecerán algunos empleos y otros emergerán. Otra situación posible es que se cree una mayor brecha entre trabajadores cualificados y no cualificados.
R. La Iglesia está atenta a esta realidad y ya ha publicado algunos documentos que nos orientan y advierten de las bondades y riesgos de la IA. Por otro lado, esperamos un documento que aborde específicamente el tema de la IA y el trabajo, y que nos ayude a situarnos ante esta realidad. Ya al principio de su pontificado, León XIV señaló su intención de continuar y actualizar el legado de la Rerum novarum y de la Doctrina Social de la Iglesia frente a los nuevos desafíos del siglo XXI, e identificó la Inteligencia Artificial como uno de los principales retos que enfrenta la humanidad, comparándola con una nueva revolución industrial.