Adiós al “pintor de la liberación”, Mino Cerezo, cuyos colores siguen gritando Evangelio en América Latina

In memoriam de Maximino Cerezo

Mino Cerezo
Mino Cerezo

Maximino Cerezo Barredo, claretiano, misionero y “pintor de la liberación”, ha muerto dejando tras de sí un inmenso retablo de colores al servicio del Evangelio y de los pobres. Desde las comunidades de base de América Latina hasta las parroquias más sencillas de España, sus murales y dibujos han alfabetizado la fe de generaciones enteras, traduciendo la teología de la liberación en rostros concretos, en manos callosas, en Cristos crucificados en la carne de los descartados.

Cerezo
Cerezo

El artista que unió altar y muro

Nacido en Villaviciosa (Asturias) en 1932, Cerezo Barredo ingresó joven en los claretianos y fue ordenado sacerdote en 1960, descubriendo muy pronto que podía “unir lo sacerdotal con el arte”. Tras una primera etapa en Filipinas, su vida dio un giro decisivo en 1970, cuando partió como misionero a Perú y comenzó a pintar grandes murales como la Historia de la Salvación en Juanjuí, donde el pueblo pobre se reconocía en las escenas bíblicas.

Desde entonces, su obra se expandió por Perú, Brasil, Panamá, Nicaragua, México o Guatemala, siempre con el mismo sello: una iconografía encarnada, donde los campesinos, indígenas y marginados aparecen como protagonistas de la historia de Dios.

El pintor de la liberación

Su trayectoria quedó íntimamente ligada a la teología de la liberación, a las comunidades eclesiales de base y a la opción preferencial por los pobres, hasta el punto de que muchos medios, entre ellos el nuestro, le bautizaron como “el pintor de la teología de la liberación”.

Ejemplares del libro de Mino Cerezo
Ejemplares del libro de Mino Cerezo

Él matizaba el título, pero asumía el fondo: “Mi pintura no es de mensaje neutral. Grita para ser liberación”, confesaba, convencido de que no podía ser cristiano sin defender los derechos de los oprimidos.

 En la prelatura de São Félix do Araguaia, junto a su amigo y hermano de congregación, Pedro Casaldáliga, pintó murales como Conquista de la tierra acaparada , donde la cruz se levantaba en medio de los conflictos por la tierra y la violencia contra los campesinos.

“No podía ser neutral. Era una sociedad dividida y había que optar, pero la opción por los pobres no es contra los ricos. Optar por los pobres es querer que los ricos también lo hagan”, explicaba, resumiendo en una frase su espiritualidad y su estética.

Por eso sus cuadros no adornan, interpelan y muestran un Jesús “liberador del pueblo en sus situaciones de opresión” y una Iglesia que camina entre mártires, refugiados, madres que lloran a sus hijos y comunidades que celebran la fe en medio de la lucha.

Mural de Maximino Cerezo
Mural de Maximino Cerezo

Un colaborador de la palabra y la imagen.

Además de sus murales, Cerezo se hizo popular por sus dibujos sencillos, de trazo limpio y fuerte carga simbólica, cedidos “al pueblo pobre y creyentes de América Latina” para catequesis, calendarios y materiales pastorales.

A través del Taller de Materiales de Evangelización en Panamá, sus viñetas recorrieron el continente y buena parte de Europa, convirtiéndose en un verdadero “lenguaje común” para las comunidades de base.

En el ámbito hispano, fue colaborador habitual de medios como Religion Digital, donde sus ilustraciones y reflexiones acompañaron durante años la lectura creyente de la realidad.

Viñeta de Cerezo
Viñeta de Cerezo

En una de sus últimas entrevistas para RD, ya nonagenario en la comunidad claretiana de Salamanca, resumía así su itinerario: “Mi pintura siempre fue encarnada en las distintas realidades que me tocó vivir”; “el punto clave para nosotros, los discípulos de Jesús, es volver a las raíces”, a la persona de Cristo, para que la Iglesia “no se preocupe tanto de sí misma, sino del anuncio del Evangelio”.

 Hoy, sus colores quedan como testamento de esa vuelta a las fuentes: un Evangelio dibujado desde abajo, donde los pobres ocupan el centro del lienzo y Dios se revela, tercamente, en sus rostros. Descansa en paz maestro y hermano Mino Cerezo. Seguiremos disfrutando de tus viñetas cada semana.

Pedro Casaldáliga y Mino Cerezo
Pedro Casaldáliga y Mino Cerezo

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