El Año Gaudí llega a los obradores: figuras de chocolate, escaparates llenos y una tradición que se transforma en plena Semana Santa
Los talleres trabajan al máximo rendimiento mientras la figura de Antoni Gaudí inspira desde piezas monumentales hasta creaciones solidarias.
La Semana Santa se impone en los obradores del Baix Camp con un ritmo acelerado y un olor constante a chocolate fundido. Es el momento culminante del año para el sector, cuando la mona concentra producción, expectativas y tradición. Este año, este paisaje incorpora un hilo conductor claro: la presencia de Antoni Gaudí, convertido en figura e inspiración en diversos establecimientos de Riudoms y Reus.
Entre calderas antiguas y encargos sin pausa
En Riudoms, la tienda de la familia Ventura refleja esta intensidad con un mostrador casi oculto bajo las monas. Tras esta acumulación, Maria Antònia Ventura repasa encargos con una libreta. “Estos días no podemos fallar en nada”, explica mientras organiza pedidos. La escena transmite una concentración sostenida, propia de un momento en el que la demanda obliga a un control absoluto del proceso.
Al fondo del establecimiento, unas calderas metálicas conectan con el pasado. “Son como las que hacía el padre de Gaudí”, dice Ventura, señalando también una fotografía antigua. “Esto viene de lejos, es un trabajo que hemos ido manteniendo en casa”. La continuidad se remonta a Miquel Ventura Cornella y se proyecta hasta la actualidad como una herencia viva.
La actividad se traslada al obrador, en otro punto del municipio, donde el olor a chocolate es aún más intenso. Entre carros llenos de figuras trabaja Adam Sáez Ventura. “Estos son los días más fuertes del año”, explica. “Todo lo que hemos preparado durante semanas —añade— se concentra ahora”. El movimiento es constante, con piezas que entran y salen en un proceso sin pausa.
Sáez es también el autor de una de las piezas más destacadas de la temporada: un Gaudí de chocolate a tamaño real. “Queríamos hacer algo especial para el Año Gaudí y nos ha salido esto —señala—, una pieza grande, inspirada en una escultura de Joan Serramià, pero al final tiene el mismo destino que todas: compartirla”. La dimensión de la obra no altera la naturaleza efímera de la mona, que culmina en el momento de ser consumida.
Gaudí detiene las miradas en el escaparate de Reus
En Reus, la Confitería Padreny presenta una figura de Gaudí que detiene a los transeúntes. Ante el escaparate, la escena se repite: familias que observan, comentan y señalan. “La gente se fija mucho, les llama la atención enseguida”, explican desde el establecimiento, convertido en un punto de paso obligado estos días.
La pieza, inspirada en una obra de Joan Serramià, ha sido elaborada por Glòria Vicheto y Marc Llop. “Había cierta incertidumbre porque nunca habíamos trabajado con este tipo de molde”, admite Vicheto. Serramià, en cambio, relativiza el proceso: “Al final, todos los moldes son iguales”.
El trabajo combina chocolate negro y blanco con elementos hechos manualmente. “Con Gaudí no habíamos hecho nunca nada”, añade Vicheto. Llop, encargado del mobiliario de la figura, destaca la parte artesanal: “La mesa y el banco los hemos hecho sin molde, todo a mano”, detalla. El resultado es una pieza detallada que mantiene una clara fidelidad formal.
La iniciativa tiene también una dimensión solidaria. “El dinero se destinará a la financiación del monumento a Gaudí que se instalará próximamente en Reus”, explican. La pieza, valorada en 400 euros, se mantiene expuesta hasta su venta. “Antes íbamos de cabeza tres o cinco días, ahora empezamos mucho antes”, apunta Vicheto, que recuerda la evolución del sector hacia un chocolate más artístico.
Arquitectura de chocolate en el Forn Huguet
En el Forn Huguet, la interpretación de Gaudí se desplaza hacia la arquitectura. El maestro pastelero Ramon de la Fuente trabaja con formas inspiradas en la Casa Milà (La Pedrera). “Estoy haciendo arquitectura desde el primer momento en que toco el chocolate”, afirma.
La colección incluye una treintena de piezas basadas en baldosas y chimeneas. “La gente lo reconoce enseguida, le hace gracia”, dice. Es la primera vez que incorpora este universo formal: “Es la primera vez que hago piezas gaudinianas”. El obrador, con cinco trabajadores, afronta ahora los días más exigentes. “Son los días más intensos del año, se nota que dormimos poco”, admite.
Con una trayectoria vinculada a figuras del cortejo festivo, el horno amplía así su repertorio. “Esto también es una manera de hacer arquitectura en pequeño”, resume De la Fuente. Y añade una lectura más cultural: “Gaudí era un hombre religioso, seguro que vivía la Semana Santa con intensidad”.
Las tres experiencias coinciden en una misma dirección: la transformación de la mona en una pieza cada vez más elaborada y conectada con referentes culturales. La figura de Gaudí actúa como eje común en un año conmemorativo que refuerza este vínculo. Mientras tanto, el chocolate sigue fundiéndose en los obradores, en un proceso que culminará, como siempre, con su desaparición.