"El cristianismo es mi casa": muere Pere Lluís Font, el sabio que armonizó fe y modernidad
Su última etapa vital queda retratada en una entrevista en la Agencia Flama, donde el pensador mostraba lucidez y coherencia
El pensador y traductor Pere Lluís Font murió en Sabadell este pasado jueves 9 de abril, a los 92 años, dejando tras de sí una obra decisiva para la renovación del pensamiento catalán contemporáneo. Galardonado con el Premio de Honor de las Letras Catalanas en 2025, el filósofo de Pujalt fue uno de los principales referentes de la filosofía de la religión en Cataluña y un incansable impulsor de la lengua catalana en el ámbito filosófico.
Una de las últimas entrevistas de Font, concedida a la Agencia Flama el 14 de junio de 2025 en su casa, es hoy un testimonio especialmente valioso de su pensamiento y del momento vital que atravesaba. "No he encontrado ninguna razón lo bastante poderosa para dejar de pensar que el cristianismo es mi casa", afirmaba con serenidad, resumiendo una trayectoria intelectual marcada por el diálogo constante entre fe, filosofía y país.
Aquella tarde de junio, en su comedor con grandes ventanales abiertos a un jardín comunitario, Font mostraba con discreción el galardón recién recibido. No había ningún móvil a la vista: solo un teléfono fijo blanco, de otra época, sobre una mesita desde la que atendía las llamadas. La escena condensaba su manera de ser: austero, meticuloso, alejado de cualquier estridencia.
En el despacho, en una pared presidía lo que él mismo llamaba su "santoral laico", que revelaba sus fidelidades intelectuales: René Descartes, Baruch Spinoza, John Locke, Gottfried Wilhelm Leibniz, George Berkeley, Immanuel Kant, Søren Kierkegaard y Henri Bergson. Pensadores que, como él mismo, hicieron de la razón una herramienta para interrogar el mundo sin renunciar a las grandes preguntas.
En aquella conversación, Font insistía en la necesidad de distinguir con rigor la filosofía de la religión de la teología. "La primera —decía— no pretende ni defender ni atacar la religión, sino comprenderla desde una perspectiva aconfesional". Una idea que ocupó gran parte de su obra y que contribuyó a normalizar académicamente un campo casi inexistente hasta entonces en su entorno.
Nacido en Pujalt en 1934, licenciado en filosofía en Toulouse, ejerció durante más de tres décadas como profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona. Paralelamente, desarrolló una labor clave como editor y traductor, haciendo accesibles en catalán textos fundamentales del pensamiento europeo. Tradujo el Discurso del método de Descartes y editó obras de Michel de Montaigne, Spinoza y Kant, así como textos de Blaise Pascal.
Entre sus últimas aportaciones destacan la traducción de los Poemas esenciales de Juan de la Cruz, publicada en 2025 tras décadas de revisión, y ensayos como Cristianismo y modernidad o Filosofía de la religión. En todos ellos late la misma exigencia intelectual que también marcaba su manera de vivir: solo publicaba aquello de lo que estaba plenamente convencido.
Desde la Fundación Joan Maragall, de la que fue vicepresidente durante 27 años, promovió el diálogo entre cristianismo y cultura en un momento de grandes transformaciones. Y desde las aulas y las editoriales, contribuyó decisivamente a hacer posible que la filosofía se pensara y se escribiera con normalidad en catalán.
Hoy, aquella entrevista adquiere un relieve especial. No solo como documento periodístico, sino como retrato íntimo de un pensador que, hasta el final, mantuvo intactas la lucidez y la coherencia. Con su muerte desaparece una de las voces más sólidas del pensamiento catalán contemporáneo, pero permanece su legado: una obra rigurosa y una manera de entender la filosofía como un ejercicio honesto de comprensión del mundo.