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Cristóbal López: “La Iglesia católica no puede avanzar sola en el Mediterráneo sin el mundo ortodoxo, el islam y el judaísmo”

El cardenal arzobispo de Rabat participará en los Encuentros del Mediterráneo MED 26, que tendrán lugar en Barcelona del 6 al 13 de junio

El cardenal López. | Agencia Flama

El cardenal arzobispo de Rabat, Cristóbal López, viajará el próximo lunes a Barcelona para participar en la 4.ª edición de los Encuentros del Mediterráneo MED 26, que se celebrarán entre el 6 y el 13 de junio en el Seminario Conciliar, coincidiendo con la visita del papa León XIV a la ciudad condal. "Tengo la maleta preparada, solo me falta ir llenándola a lo largo de la semana", confiesa a la Agencia Flama desde la diócesis norteafricana, donde los cristianos, en su mayoría extranjeros, representan el 0,1 % de la población.

Pregunta.¿Cómo vive el final del curso pastoral en su territorio diocesano?

Respuesta. Bien, gracias a Dios. Tenemos confirmaciones cada domingo; este año son 112, la mayoría de personas adultas. Hace unos días celebramos el consejo pastoral diocesano. El cansancio pasa factura después de un cierto tiempo de servicio y se plantean relevos de cara al próximo curso… cosas normales dentro de este período.

P.El próximo lunes 8 de junio por la tarde aterrizará en Barcelona para participar en los Encuentros Mediterráneos MED 26. ¿Cómo será este evento orientado a construir puentes de fraternidad entre las cinco orillas del Mediterráneo?

R. Los obispos nos reuniremos para compartir experiencias, pero no lo haremos solos, sino acompañados por teólogos, agentes de solidaridad comprometidos con el servicio al Mediterráneo y jóvenes adultos de diversas confesiones procedentes de 25 países distintos de la cuenca mediterránea. También está previsto que participen responsables de educación católica y de la pastoral de santuarios. Desde que comenzaron estos encuentros en Bari, hace cuatro años, se han puesto en marcha diversas coordinaciones para reflexionar, abrir puertas y lanzar ideas.

Cristóbal López. | Agenzia Info Salesiana

P.¿Habrá encuentro con el papa León XIV?

R. Todavía no lo sabemos. Nuestra reunión y la visita del Papa son cosas distintas, pero se hacen coincidir para dar más fuerza al mensaje. En cualquier caso, espero poder participar en la vigilia de oración en Montjuïc y en la misa del centenario de Gaudí, y que el papa León XIV pueda reunirse con todos los que participamos en la MED 26.

P.Después de tres ediciones en Bari, Florencia y Marsella, ¿qué cree que puede aportar la voz del papa León XIV a este nuevo encuentro de la Iglesia mediterránea?

R. El hecho de que el Papa haya querido venir a Barcelona ya es significativo, como también lo es su apoyo a las iniciativas del papa Francisco en esta región. Me refiero sobre todo a la posibilidad de crear una Asamblea Eclesial del Mediterráneo, al estilo de lo que se hizo en la Amazonía tras el Sínodo de 2019. Se trata de un organismo que va más allá de las conferencias episcopales por dos razones: porque comprende siete u ocho países y porque, además de obispos, participan laicos, religiosos, religiosas, sacerdotes… Algo similar encargó el papa Francisco al arzobispo de Marsella, Jean-Marc Aveline.

P.Teniendo en cuenta las diferencias entre la Amazonía y el Mediterráneo, ¿cuáles serían los principales retos a la hora de impulsar aquí esta asamblea?

R. Es complejo, porque si en la Amazonía hay menos de una decena de países, en el caso del Mediterráneo hablamos de unos 25, y muy diferentes entre sí: desde Oriente Próximo hasta los Balcanes y el mar Negro, pasando por el norte de África y la Europa suroccidental. Son muchas maneras de ver el mundo y situaciones muy diversas, con problemáticas por todas partes. Pero el Papa acompaña esta realidad y la apoya.

P.Son países muy distintos, como usted dice, pero la iniciativa pone el acento en lo que une: el mar Mediterráneo.

R. En efecto, en el primer encuentro de Bari se adoptó como lema “Mediterráneo, frontera de paz”. No estaba mal, pero quizá a mí me habría gustado más: “Mediterráneo, paz sin fronteras”. Porque es una zona en la que la alteridad está muy acentuada, aunque todos compartimos una cultura mediterránea. Nuestro mar es la cuna de las tres religiones monoteístas (cristianismo, islam y judaísmo), pero también de la civilización occidental y de la filosofía griega que modela nuestro pensamiento.

El papa Francisco, en Marsella, hace dos años. | Vatican Media

P.Sin embargo, los Encuentros del Mediterráneo tienen a la Iglesia católica como principal y —de momento— único motor.

R. Exactamente. Y la Iglesia católica no puede avanzar sola en el Mediterráneo sin contar con la Iglesia ortodoxa, que es muy fuerte, por ejemplo, en Grecia, Serbia y otros países mediterráneos. Tampoco podemos avanzar sin el diálogo con el islam, porque muchos países son musulmanes: Egipto, Libia, Marruecos… Por tanto, está bien lo que hacemos, pero en algún momento tendremos que dar un salto cualitativo y extender la invitación, como ya se ha hecho con los jóvenes, a todos los cristianos y a las demás religiones. Tenemos que avanzar juntos y que esto no sea algo exclusivo de la Iglesia católica.

P.¿Cómo vive usted el hecho de tener un papa hijo de san Agustín, un santo del norte de África, y qué cree que puede aportar este carisma congregacional a los jóvenes que buscan respuestas espirituales?

R. Debo reconocer que con León XIV estoy redescubriendo a san Agustín. Lo conocía por mis estudios de filosofía y teología, y hasta ahora era uno más entre los Padres de la Iglesia. Pero gracias al Papa, que lo cita con frecuencia en sus discursos y documentos, puedo profundizar con ojos nuevos en su pensamiento y su personalidad, que conservan una notable vigencia.

R. Creo que tiene expresiones maravillosas que pueden tocar el corazón de los jóvenes. Ayer mismo, que era la solemnidad de la Santísima Trinidad, me resultó muy inspiradora una descripción suya muy hermosa: dice que allí donde hay amor hay tres: el que ama, el amado y el amor mismo que los une. Es una forma sencilla, pero al mismo tiempo gráfica, bella y profunda, de expresar el misterio de la Trinidad.

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