Del cura de Momán al cardenal Parolin: "Rechace la adhesión de la Santa Sede a la Junta de la Paz para Gaza"
"Eminencia, le pido humildemente que la Santa Sede rechace de forma clara y pública dicha invitación, y que refuerce, en cambio, su papel como defensora inequívoca de los derechos humanos"
A Su Eminencia el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede:
Me dirijo a usted con respeto filial y en comunión con la Iglesia, como cura de Momán, movido por la conciencia evangélica y por el clamor de tantos inocentes que hoy sufren en Palestina, especialmente en Gaza.
Con profunda preocupación pastoral y moral, deseo unirme a las voces que piden a la Santa Sede que no se adhiera ni participe en la llamada “Comisión o Junta de la Paz para Gaza”, impulsada por la actual administración de los Estados Unidos. Considero, en conciencia, que dicha adhesión supondría un grave riesgo de legitimar una estructura política que encubre y blanquea la violencia sistemática y el genocidio que el Estado de Israel ha cometido y continúa cometiendo contra el pueblo palestino, con el respaldo explícito de EE. UU.
La paz no puede construirse sobre la negación del sufrimiento de las víctimas, ni sobre el silenciamiento de la injusticia. No puede llamarse “paz” a un proyecto que nace sin la participación real del pueblo palestino, que ignora el derecho internacional y que se apoya en quienes son responsables directos de la destrucción de vidas, hogares, hospitales y esperanza.
No hay paz sin justicia, ni reconciliación sin verdad
Desde el Evangelio, sabemos que no hay paz sin justicia, ni reconciliación sin verdad. Toda iniciativa que pretenda presentarse como pacificadora mientras tolera —o justifica— la ocupación, la limpieza étnica y el castigo colectivo, contradice frontalmente el mensaje de Cristo y hiere la credibilidad moral de la Iglesia.
La Santa Sede, llamada a ser voz profética y conciencia ética de la humanidad, no puede —ni siquiera indirectamente— aparecer asociada a una comisión que corre el riesgo de:
- legitimar la violencia del poderoso sobre el débil,
- sustituir los marcos del derecho internacional y de la ONU,
- convertir la reconstrucción en negocio,
- y silenciar el clamor de un pueblo martirizado.
Por ello, Eminencia, le pido humildemente que la Santa Sede rechace de forma clara y pública dicha invitación, y que refuerce, en cambio, su papel como defensora inequívoca de los derechos humanos, del alto el fuego inmediato, de la protección de la población civil y del acceso humanitario, escuchando a las víctimas y no a los victimarios.
La Iglesia no puede bendecir estructuras que sostienen la muerte. Está llamada a acompañar a los crucificados de la historia, no a los que clavan los clavos.
Pongo esta petición bajo su discernimiento pastoral y la encomiendo al Espíritu Santo, para que guíe a la Santa Sede por caminos reconocibles como caminos del Evangelio: «Bienaventurados los que trabajan por la paz», una paz justa, desarmada y verdaderamente humana.
Con respeto filial, oración y comunión eclesial,
Luís Ángel Rodríguez Patiño
Cura de Momán – Xestoso
España